“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Se la encontraron con la sujeción abdominal cruzada debajo del brazo hasta el cuello y el hombro izquierdo, quedando totalmente atrapada. Ya no respiraba”.
El juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, ha concedido la libertad condicional a seis presos de ETA en lo que va de año. Se trata de Iñaki Reta Frutos, Arkaitz Agote Cillero, Mikel Ayensa Laborda, Juan Manuel Inciarte Gallardo, Alicia Sáez de la Cuesta e Iratxe Yáñez Ortiz de Barrón, según la documentación judicial a la que ha tenido acceso EL PAÍS. Los cuatro primeros ya han sido excarcelados, mientras que las dos últimas lo harán en los próximos días. Desde 2019, la justicia ha aplicado esta medida a 59 reclusos de la organización terrorista, según un recuento realizado por este diario a partir de datos propios y de los recopilados en los últimos años por el Observatorio de Política Penitenciaria de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT).
-¡Todos al suelo, quien grite o quien haga algo raro le pego un tiro!"
La batalla en la que fuerzas rusas se hicieron con la ciudad de Mariupol en mayo de 2022 ha sido probablemente de las más sangrientas de la ofensiva de Moscú sobre Ucrania. Las autoridades locales estiman los civiles muertos en más de 20.000 y fueron varios miles los soldados hechos prisioneros. Algunos todavía hoy siguen en penales del Kremlin. Poco a poco, gracias a los intercambios que van acordando las partes, otros van quedando en libertad. EL PAÍS ha entrevistado a dos de los que regresaron a su país el 5 de marzo. Ambos reconocen que se acabaron entregando junto a sus compañeros a las tropas invasoras siguiendo las órdenes del presidente Volodímir Zelenski. Tanto el grupo de uno como el del otro acabaron rodeados, bajo fuego enemigo, sin escapatoria, sin munición y sin alimentos. Hoy tratan de rehacer su vida tras cuatro años que describen plagados de todo tipo de torturas.
Gabriel Attal (Clamart, 1989) tenía 34 años cuando, en enero de 2024, se convirtió en el primer ministro más joven de la V República francesa, el sistema político creado tras la II Guerra Mundial. Ha sido, también, el último jefe de Gobierno en una Francia relativamente estable, la de antes de la crisis desatada tras la decisión del presidente, Emmanuel Macron, de disolver la Asamblea y convocar elecciones legislativas anticipadas seis meses después del nombramiento de Attal.
Vivir en Roma suele dar una sensación de estar rodeado de misterios, algunos maravillosos y otros no tanto, su lado oscuro. Se convive con ellos con cierta familiaridad. Por ejemplo, desde hace más de cuatro meses las fuerzas del orden excavan en los jardines y sótanos de una vieja mansión, y hasta han llegado a las antiguas catacumbas, sin saber bien lo que se van a encontrar. Y a lo mejor no encuentran nada. Es el enésimo episodio de uno de los grandes misterios italianos: la desaparición en 1983 de Emanuela Orlandi, hija de un empleado del Vaticano, un caso sin resolver al que se han dedicado series y documentales.
Hoy es un día especial en el Instituto Cultural del Mócheno. Unos periodistas españoles han llegado a la minúscula localidad de Palù del Fersina, en la provincia italiana de Trento, al noreste del país, para interesarse por un idioma desconocido que apenas habla hoy en día un millar de personas y que, a cada año que pasa, se siente más y más débil. “Lo usamos unos 200 jóvenes. A veces comentamos que nos vemos como dinosaurios, como si fuéramos animales en peligro de extinción”, asegura David Toller, uno de los pocos veinteañeros que han hecho realidad el sueño de vivir y trabajar en el mismo lugar donde sus ancestros desarrollaron a partir del siglo XIII este dialecto germánico variante del bávaro. La mayoría de chicos de su edad, por el contrario, se ven obligados a mudarse a la cercana ciudad de Trento, donde prácticamente nadie ha oído hablar del mócheno.
Reportaje elaborado en el marco del proyecto 'Europa Informada', financiado por el Parlamento EuropeoLa hostelería en general y la restauración en particular gozan de buena salud. Según los últimos datos disponibles de la Asociación de Hostelería de España, hay 266.837 bares o restaurantes en nuestro país. Uno por cada 182 personas. Dan empleo a 1,38 millones de trabajadores y producen cerca de 116.000 millones de euros al año. No obstante, pese a las contundentes cifras, las empresas del sector tienen un problema. La expresión “cerrar el bar” no se aplica solo a la clientela más trasnochadora: año tras año, una buena parte de estos negocios bajan la persiana.
Hay dos tipos de personas en el gimnasio. Los que llegan cuando aún no ha amanecido, con el café en la mano y la determinación intacta. Y los que aparecen al caer la tarde, cuando el cuerpo parece por fin haber despertado del todo. Y ambos creen tener razón.
Desde hace algo más de dos años separo siempre los restos de comida del resto de la basura: en la localidad donde vivo existe un programa municipal de procesamiento de residuos orgánicos para crear compost, que se reparte entre todas las personas que colaboran en su elaboración.
Durante años, Silicon Valley se ha amparado en la ley que establece que las compañías no son responsables del contenido generado por sus usuarios y ha defendido que la tecnología es neutra y que los algoritmos solo persiguen mejorar la experiencia de navegación. Esta semana, sin embargo, un jurado de Los Ángeles ha dictaminado que las aplicaciones de dos de las grandes tecnológicas, Meta y Google, son adictivas, que han sido diseñadas expresamente para mantener a los usuarios enganchados y que sus propietarios han sido negligentes en la protección de los niños y adolescentes que las utilizan. En otro caso en Nuevo México, un jurado ha condenado a Meta —matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram— por no haber prevenido la explotación sexual infantil en sus plataformas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha revelado esta semana su nuevo consejo asesor en ciencia y tecnología (PCAST, por President’s Council of Advisors on Science and Technology) y, como tal vez cabía esperar de este millonario por nacimiento e indocto por formación, parece haber elegido a sus miembros en la lista Forbes. Si tiene tanta pasta será que es muy listo, habrá pensado Trump en un alarde de sofisticación intelectual, y allá que nos ha metido a medio Silicon Valley en uno de los pocos organismos que podría haberle desasnado en una serie de materias que quedan mucho más allá del radio de su ingenio.
Parece que mis abuelos invadieron la Argentina. No estoy segura, pero intento averiguarlo desde que el presidente Javier Milei le dijo a Orbán, el primer ministro húngaro: “Cuando la inmigración no se adapta culturalmente al lugar donde va, deja de ser inmigración para convertirse en invasión”. Orbán quedó contento porque considera que la inmigración es “un veneno”.
El milagro puede estar ocurriendo. En los últimos años, la ultraderecha olió sangre y dominó el discurso hablando directamente a las vísceras y agitando el miedo a la inmigración y a la pérdida de identidad en un mundo cambiante donde las decisiones económicas se nos escapan. Lo saben bien Trump y una ultraderecha europea que utilizaron los recelos contra el orden legal, contra el feminismo, las nuevas libertades y el wokismo.
Se acercan las elecciones en Hungría -previstas para el 12 de abril-, una cita de importancia incalculable para el futuro de Europa. Viktor Orbán es desde hace tiempo un agente político cuyos objetivos son indistinguibles de los de Putin y Trump. Su entierro político no supondría la eliminación completa de los obstáculos para que la UE avance en el proceso de adaptación a un nuevo tiempo especialmente hostil, pero sin duda sería un extraordinario alivio que allanaría el camino reformista al menos durante un año, hasta las presidenciales de Francia. Observar el carrusel electoral en Budapest es un sano ejercicio de análisis de los enemigos del proyecto europeo. Son muchos y poderosos.
Una silla del salón, de la cocina o de la terraza bien puede servir de trinchera en el barrio de Santa María de Cádiz. Lo fue en la década de los 80, cuando Lola Delfín descubrió que bajar una silla de su partidito a la puerta de su finca cortaba “el tejemaneje” de los camellos que inundaban de droga a un barrio abandonado entonces a su suerte. Y lo es ahora cuando, la víspera de cada Jueves Santo, agarra con una cuerda el mueble venido de su piso a un busto que está enfrente del portal para que sus tres hijos, que hace ya años tuvieron que mudarse fuera de Cádiz, puedan ver salir al Nazareno. Pero este año la tradición se ha adelantado tanto que ha obligado a la Policía Local a intervenir.
Sonita Kamara está de parto, pero surge una complicación que puede ser mortal. El bebé no puede atravesar el canal del parto a pesar de las fuertes contracciones. La trasladan de urgencia al gran hospital materno-infantil de Sierra Leona. “Si no operamos en 30 minutos, el bebé podría morir”, sentencia la Dra. Rosetta Cole, la jefa de ginecología, mientras se prepara para realizar una cesárea de urgencia. Pero la operación no puede comenzar. El hospital se ha quedado sin material quirúrgico básico: suturas, anestésicos y líquidos intravenosos. La familia de Kamara corre a la ciudad para buscarlos en farmacias.
Las olas de calor ya forman parte de una nueva realidad en Alemania: los veranos son más largos, calurosos y secos. Para hacer frente al calentamiento del planeta, Berlín va a plantar miles de árboles hasta el año 2040 para tener de media un árbol cada 15 metros en las calles, siempre que sea posible, y desarrollará proyectos para transformarse en una ciudad esponja para recoger y almacenar el agua de lluvia.
La España rural se rebela contra las plantas de biometano. En Cuenca, los vecinos del pequeño municipio de Campos de Paraíso, que suma 600 habitantes repartidos entre Carrascosa del Campo, Loranca del Campo, Olmedilla del Campo, Valparaíso de Arriba y Valparaíso de Abajo, llevan meses organizándose para frenar la tramitación de tres proyectos, uno de ellos con capacidad para tratar 140.000 toneladas de residuos orgánicos, la mayoría purines de cerdos. Un volumen de desechos que, aseguran, no generan los ganaderos de esa comarca, sino que llegarán de otros puntos. Demasiados proyectos, dicen, en tan poco espacio, mal dimensionados y muy cerca de sus casas. Dos de las instalaciones ya cuentan con informes urbanísticos favorables de la Diputación de Cuenca y la tercera está en fase de evaluación ambiental.