“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Cuando sonó la sirena en la calle frente a la sastrería del señor Kofi en Ikeja, Lagos, eso solo podía significar una cosa: la red eléctrica había vuelto. Su equipo había estado a oscuras casi todo el día porque se había acabado el combustible del generador. Kofi bromea diciendo que la NEPA —abreviatura local de la Autoridad Nacional de Energía Eléctrica, desaparecida hace tiempo, que en su día gestionaba la red eléctrica nacional— debía de saber que iba a recibir una visita, y que por eso “habían devuelto la luz”. Lleva 25 años al frente de su sastrería. La tienda se encuentra en la Banda A, la zona eléctrica de máxima prioridad de Nigeria, a la que se prometieron 20 horas de suministro eléctrico al día en virtud de la reforma tarifaria introducida en abril de 2024. El combustible para cubrir las carencias cuesta ahora alrededor de 1.300 nairas por litro (80 céntimos), frente a una media nacional de 1.034 nairas (60 céntimos) en enero, según la Oficina de Estadística de Nigeria.
No es común ver por la calle, en cualquier barrio y en cualquier momento, accesorios de un diseñador nacional. De hecho, es algo casi impensable. Pero esas mochilas de tela de colores con un aspa como logo son de Daniel Chong. Es ecuatoriano, pero desde que acabó la carrera en Argentina vive en España y provee a nada menos que 200 puntos de venta en todo el mundo desde su taller de Lavapiés, en el que trabajan doce personas. Lo suyo es una especie de milagro porque, además, como él mismo remarca, “si hubiera empezado la marca con una inyección económica no habría llegado a hacer el producto que hago”. La historia, obviamente, es mucho más larga, pero puedo resumirse así: la madre de Chong emigró a Pamplona y comenzó a regentar un taller de arreglos; él, que durante su carrera de Comunicación en Argentina hacía bolsos con retales y una máquina de coser “casi de juguete” para sacar algo para sus gastos, se vino a vivir con su madre cuando se licenció, y la cosa fue a más. “Utilizaba las máquinas de mi madre y sus retales e iba por las tiendas de Pamplona colocando las mochilas, empezaron a agotarse y vi un filón”. Se mudó a Madrid, se trajo a su madre, la cosa fue todavía a más y lo que eran retales terminaron siendo metros y metros de tela de varios proveedores. “Antes las mochilas eran únicas, y salían más caras. Ahora puedo hacer decenas del mismo modelo”, explica, Después encontró una fábrica en Elche, “Maricruz y Ramón iban a cerrar porque ya se han llevado todo a China. Estuve con ellos formándolos para la confección de los bolsos. Eran tres o cuatro y ahora son 16”.
El siglo XXI para las universidades europeas vino de la mano de la Declaración de Bolonia y de su promesa de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Bajo el marco legal del Acuerdo General de Comercio de Servicios de 1995 de la Organización Mundial del Comercio, y el propósito político de la Unión Europea contenido en la “Quinta Libertad”: la libre circulación de conocimientos, las sociedades europeas empezaron a cambiar su mirada sobre la universidad. Un proceso tan exitoso como impreciso en sus términos.
YouTube, TikTok o Instagram afrontan una avalancha de contenido generado por IA y dirigido a público infantil. Es fácil de crear y rápido. Se multiplica de manera industrial. Pero tiene los fallos propios de la generación de vídeo con IA: inconsistencias visuales, incoherencias narrativas y de verosimilitud. Aún es pronto para que haya estudios al respecto, pero ya han surgido voces de especialistas que hablan del impacto de este tipo de vídeos en el aprendizaje cognitivo de los más pequeños.
Eva Baltasar (Barcelona, 1978) recibe en su casa de Cardedeu, a unos 40 kilómetros de Barcelona, en esa frontera difusa donde el área metropolitana se convierte en bosque. Acaba de publicar Peces (Random House, en castellano; Club Editor, en catalán), una novela sobre una relación tóxica entre una escritora y una vendedora ambulante de pescado. Desde el éxito inesperado de Permafrost, monólogo interior de una mujer aislada y suicida que ahora se representa en versión teatral en el Espai Texas de Barcelona, Baltasar se ha convertido en una de las voces más influyentes y leídas de la literatura catalana. Habla despacio, piensa mientras responde y corrige sus frases sobre la marcha. “Soy muy voluble”, dice. “Lo que pensaba en enero quizá ahora ya no lo pienso”, decía a finales de abril. A saber qué opinará a mediados de mayo.
Es probable que a usted le suene esta fórmula bien porque la emplea cuando las relaciones se tornan demasiado íntimas, o porque ha salido con alguien que se comporta de esta manera. Una relación amistosa, amorosa o familiar va cobrando fuerza hasta que una de las partes, en el momento en el que siente que se están forjando vínculos demasiado íntimos, se aleja instintiva e instantáneamente como forma de defensa. La terapeuta Kati Morton habla de personalidades ‘pez globo’, un concepto que creó cuando su psicóloga le dijo que posiblemente sus relaciones nunca llegaban a buen puerto porque temía mostrarse vulnerable. “Eres como un pez globo. Si alguien se acerca demasiado y empiezas a sentir que estás dejando al descubierto tu vulnerabilidad, sacas las espinas en lugar de comunicarte”, le dijo. Sandra Ferrer, psicóloga sanitaria, asegura que este tipo de comportamiento, pese a que a priori parezca contradictorio, tiene mucho sentido. “Conforme nos sentimos decepcionados, rechazados, abusados, abandonados, ninguneados o no correspondidos en relaciones pasadas, los seres humanos vamos desarrollando estrategias adaptativas para sobrellevar de la mejor manera el dolor que experimentamos en los vínculos y evitar sentirnos de nuevo así”, asegura. “Estas estrategias fueron funcionales en su día, pues su misión era protegernos. El problema es que esos mecanismos de defensa a los que llamamos protectores se solidifican con el tiempo y, lo que tenía un objetivo de hacernos sentir a salvo, acaba volviéndose en nuestra contra. Necesitamos actualizar esos mecanismos que en su día nos ayudaron a no sentir ese dolor punzante”, explica.
Primera novela del mago Pynchon desde Al límite (2013) y, a juzgar por su edad provecta, presumamos que la última. Y sí, era de prever que el calado de esta entrega fuese menor que el de sus míticas obras maestras, La subasta del lote 49 (1966), El arco iris de gravedad (1973) o Mason & Dixon (1997), amparadas casi todas ellas por la más ortodoxa estética de la posmodernidad, y no cabía a estas alturas esperar nuevos trucos. A oscuras, sin embargo, es una extraordinaria criatura pynchoniana, promiscua y miscelánea como sus antecesoras, una fiesta concurrida y pasada de vueltas que actúa de caja de resonancia de su obra entera, a la que no alude de forma explícita o desde la tentación de la autoparodia sino con la traviesa intención de despedirse de ella involucrando a su lector, que pronto entiende que le ha sido encargada una labor detectivesca, la de seguir las pistas que en el texto han ido dejando las novelas anteriores.
A oscurasThomas Pynchon Traducción de Vicente Campos González Tusquets, 2026 400 páginas, 23,90 eurosSon muchas las vidas que ha tenido Safo desde la Antigüedad hasta nuestros días. Si según Christine de Pizan, en La ciudad de las damas, a la muerte de Platón encontraron bajo su almohada unos poemas de Safo, seguro que Lawrence Alma-Tadema se inspiró en la lírica de Alceo cuando pintó a la bella Safo con cabellos ceñidos de violetas y dulce sonrisa. Aristóteles alabó su don de palabra y Ovidio nos recuerda que ella misma se lamentaba de no ser bella, de baja estatura y de piel morena. Muchos han visto en ella a la verdadera reveladora del amor en Occidente, “esa pequeña bestia dulce y amarga”; otros se han valido de su figura en la reivindicación de la igualdad de género. Quizás es ahí donde hallamos más usos y abusos de la poetisa de Lesbos, para unos una tríbada impúdica amante de mujeres que debería arder toda la eternidad en el infierno, para otros la sacerdotisa de un culto que propagaba la revolucionaria y justa idea de que ni se nacía mujer ni se llegaba a serlo si una no quería. Ambos extremos nada tienen que ver con la realidad.
Las nueve vidas de Safo Laure de Chantal Traducción de Susana Prieto Mori Siruela, 2025 197 páginas, 19,95 eurosEn 1934, Florián Rey rodó una segunda versión del filme La hermana San Sulpicio. Basada en la novela de Armando Palacio Valdés, esta historia ya había sido llevada al cine por el mismo realizador en 1927. La primera versión, claro, era muda, así que Rey puso en marcha la segunda para el lucimiento vocal de Imperio Argentina. La cantante y bailarina bonaerense interpreta a una monja bella, chispeante y de gran voz que pasa unos días en el balneario de Marmolejo. Ese emplazamiento, naturalmente, es ficticio. La película se rodó, en realidad, en el balneario de Cofrentes, que fue inaugurado en 1908 y rápidamente se convirtió en el lugar de moda para la burguesía valenciana. Cofrentes es un pueblo de mil habitantes a cien kilómetros de Valencia, en la comarca del Valle de Ayora.
Un cuadro del artista Toon Kelder (Róterdam, 1894-1973), titulado Retrato de una joven, robado por los nazis al famoso marchante de arte Jacques Goudstikker, ha aparecido en el domicilio de la nieta de Hendrik Alexander Seyffardt, un general neerlandés que durante la Segunda Guerra Mundial comandó la Legion de Voluntarios de Países Bajos. Era esta una unidad de las Waffen-SS que luchó en el frente oriental. Un descendiente del militar, que desconocía el parentesco, ha hecho pública la existencia de la obra a través de Arthur Brand, apodado el “detective del arte”.
Componer la obra de arte comentada en este vídeo requiere una exquisita mezcla de conocimiento profundo del ajedrez -sobre todo, de los recursos tácticos-, creatividad, paciencia, tenacidad y precisión suma. Además de su indiscutible belleza, contiene un gran valor didáctico porque recuerda la enorme importancia de los detalles, de la exactitud en la resolución de los problemas que pueden surgir durante una partida.
En la saga de películas que tiene de protagonista al liquidador de la CIA Jason Bourne (interpretado por Matt Damon), hay varias escenas en las que los agentes oyen a distancia una conversación, aislándola del ruido ambiental. Hollywood exagera, pero algunos neurocientíficos están cada día más cerca de lograrlo. Un estudio publicado en Nature Neuroscience presenta el resultado de 14 años de trabajo: un dispositivo que descodifica las ondas cerebrales generadas cuando un humano se centra en oír una parte determinada del paisaje sonoro. Aún les quedan unos cuantos obstáculos, pero han abierto un camino a la esperanza para los millones de personas que tienen una discapacidad auditiva que les impide discriminar lo que quieren oír entre el ruido.
Pasaron los flashes, los titulares, las polémicas, los looks para epatar. Una semana después de celebrarse la este año altamente criticada gala del Met, ahora arranca el motivo, la verdadera razón por la que tiene lugar la fiesta: la apertura de la exposición anual del Instituto del Traje, el departamento dedicado al arte del vestir del Museo Metropolitano de Nueva York. Y este año, precisamente y más que nunca, la muestra reivindica eso: que el vestir es un arte. Costume Art se ha venido a llamar la exhibición que, con 400 objetos y más de 1.100 metros cuadrados, habla de la importancia de lo que llevamos puesto y de cómo, más que cubrir una simple necesidad, es también parte del arte, lo configura y lo moldea.
Las alarmas están sonando y las universidades empiezan a reaccionar ante la amenaza que supone para la credibilidad de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) el aumento en el uso de dispositivos tecnológicos para copiar aprovechando la potencia de la IA. Cuatro comunidades autónomas emplearán en la próxima convocatoria de la Selectividad, en junio, detectores de frecuencia para descubrir a los alumnos que utilizan aparatos como los nanopinganillos que no se ven a simple vista (hay que sacarlos del oído con un imán) para escuchar las respuestas que les dictan desde fuera del aula, usando el teléfono móvil como antena: Galicia, Murcia, Cataluña y Aragón.
Una unidad de narcóticos de Miami se fractura por dentro tras descubrir el escondite de un cártel con un jugoso botín de 22 millones de dólares, lo que hace que los agentes se cuestionen en quién pueden confiar. Esta es la premisa de El botín, la película protagonizada y producida por Matt Damon y Ben Affleck que se estrenó el pasado mes de enero en Netflix. La trama se inspira en un caso real de corrupción policial y narcotráfico ocurrido en Miami en 2016, pero, como ocurre a menudo con las historias basadas en hechos reales, sus verdaderos protagonistas no están de acuerdo con la forma en la que han sido representados. Jason Smith y Jonathan Santana, los agentes que inspiraron a los personajes de Damon y Affleck —aunque no son mencionados por su nombre en el filme—, presentaron el pasado 5 de mayo una demanda ante el tribunal federal de Florida alegando que el thriller policial los retrata erróneamente como corruptos.
El estrecho de Gibraltar concentra el 10% del tráfico marítimo mundial. Algunos cálculos cifran en más de 100.000 los mercantes que lo cruzan cada año. A eso habría que añadir los veleros, los ferris que conectan Europa con África, el trasiego de las narcolanchas, la flota pesquera, las pateras y hasta los barcos turísticos dedicados al avistamiento de ballenas. Tanto motor emitiendo ruido debe tener consecuencias. El seguimiento a decenas de ballenas piloto de aleta larga (Globicephala melas) muestra ahora que elevan el nivel de sus vocalizaciones para superar la contaminación acústica. Sin embargo, el trabajo, publicado en el Journal of Experimental Biology, también desvela que no logran incrementar sus decibelios por encima de los generados por los humanos.
Mientras los negociadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) abandonaban Ginebra el pasado 1 de mayo sin lograr cerrar el anexo clave que debía activar el tratado global contra las pandemias aprobado en 2025 —el mecanismo llamado a evitar que en la próxima emergencia sanitaria se repitan los desequilibrios vividos durante la covid—, un brote de hantavirus comenzaba a encender las alarmas internacionales. Al día siguiente, las autoridades sanitarias informaron de varios casos confirmados y sospechosos en el crucero ártico MV Hondius, que había partido de Argentina. La secuencia —fracaso diplomático un día y alerta sanitaria al siguiente— pone en evidencia que la comunidad internacional sigue discutiendo las reglas para afrontar la próxima pandemia mientras los patógenos continúan propagándose sin esperar a los consensos políticos.
La educación pública valenciana afronta a partir de este lunes, 11 de mayo, su primera gran huelga indefinida en décadas —desde 1988— con 78.000 docentes de Infantil, Primaria, ESO, Bachillerato y FP llamados a secundarla después de meses de infructuosas negociaciones entre el Gobierno de Juan Francisco Pérez Llorca (PP) y los sindicatos para conseguir mejoras salariales, rebajas de la ratio de alumnos por clase, una menor carga burocrática, respeto a la educación en valenciano o un plan de climatización en los centros educativos. La huelga, convocada por los sindicatos más representativos —STEPV, CC OO, UGT, CSIF y ANPE— coincide con el final de curso y puede afectar a algo más de medio millón de alumnos, entre ellos 24.000 matriculados en segundo de Bachillerato, que en unas semanas se enfrentarán a las pruebas de acceso a la universidad. Los servicios mínimos decretados por la Generalitat obligan a todo el profesorado de 2º de Bachiller a estar disponibles para las evaluaciones a solo unas semanas de las pruebas de acceso a la universidad. Los sindicatos los han impugnado ante el TSJCV.
A mediados de los ochenta, The Clash no atravesaban su mejor momento. En un giro pasmoso, el líder Joe Strummer (Ankara, Turquía, 1952, fallecido en 2002 a los 50 años) y su controvertido mánager, Bernard Rhodes, prescindieron de media banda –el guitarrista Mick Jones y el baterista Topper Headon– por, presuntamente, mala conducta profesional. Mientras preparaba Cut The Crap (1985), álbum final del grupo, por el que recibiría sus peores críticas, Strummer se refugió en Andalucía para “sanar y curarse las heridas”, según contó al Diario de Granada en su única entrevista allí. También para recobrar ese anonimato que, por lo dispar de la situación geográfica, hacía pasar a una de las mayores estrellas de rock planetarias por un extranjero borracho en un bar cualquiera.
Domingo García mira con unos prismáticos la margen derecha y boscosa del río Guadalquivir desde el mirador Félix Rodríguez de la Fuente, en el parque natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, y suspira. “Allí arriba estaba el cortijo en el que nací y del que salí con nueve años”, me comenta. “Nos expropiaron, igual que a la mayoría que había por ahí, eso estaba lleno de aldeas, de cantidad de gente que había por ahí. Nos fuimos, unos un día; otros, otro día, y así. Llevamos en Cotorríos desde noviembre del 71”, recuerda. Domingo es la imagen viva de una generación que vivió la transición de una vida rural, dura y autárquica pero arraigada en unas montañas perdidas en los lindes de las provincias de Jaén y Albacete al desarraigo en pueblos de colonización, todos iguales, hechos durante el franquismo, como el de Cotorríos al que se refiere, donde se dio casa y una pequeña parcela a cambio de lo expropiado a quienes quisieron quedarse. La otra opción fue la emigración y el exilio en Barcelona, en Valencia o en Madrid para aquellos que decidieron, como cantaba Serrat, tomar su mula, su hembra y su arreo y seguir el camino del pueblo hebreo en busca de otra luna, a donde quizá les sonriera la fortuna.