“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Durante décadas, la economía global fue un espacio regido por reglas, mercados y bancos centrales. La intervención en Venezuela recuerda, sin embargo, que el poder político y militar vuelve a entrar directamente en la ecuación económica, alterando precios, riesgos y alianzas económicas. La lucha contra la inflación en las economías avanzadas se ha librado tradicionalmente empleando los tipos de interés. Sin embargo, el episodio venezolano parece mostrar un cambio de enfoque para controlar uno de los componentes más inflacionarios como es la energía. Y en concreto, asegurar la oferta petrolífera mediante intervención directa. Aunque Venezuela hoy no es de los que más aporta al mercado mundial de petróleo, su potencial —si se reactiva— tiene efectos anticipatorios. La expectativa de que su crudo pueda reincorporarse a los circuitos occidentales presiona a la baja los precios y actúa como un estabilizador indirecto, favoreciendo el control de la inflación. No es tanto el barril real como el esperado en unos meses el que influye en los mercados. La geopolítica a la fuerza empieza así a complementar, y en algunos casos sustituir, a la política monetaria. Habrá que ver si esta estrategia afecta al fracking—modelo que también ha apoyado la administración americana— que requiere precios elevados del petróleo para ser rentable.
La pintura catalana del tombant del 1900 no passa pel seu millor moment. Les antigues col·leccions es desfan i els hereus no les continuen. N’hi ha molta oferta i poca demanda, amb la qual cosa es devalua. La idea de construir un museu al cor de Barcelona per promocionar-la, en teoria, és bona. El MNAC, que conserva les millors peces d’aquest període, queda psicològicament lluny i, a més, estarà parcialment tancat per ampliació a partir del 2027 fins no se sap molt bé quan. Per tot plegat, el projecte del Museu Carmen Thyssen Barcelona, ubicat a l’antic cinema Comèdia, ocuparia un nínxol més que necessari, gairebé a temps per prendre el relleu del MNAC si, com es pretén, està acabat el 2029. Té al darrere el grup d’inversió hispanosuís Stoneweg Places & Experiences, que ara fa tres anys va fitxar per a la seva divisió cultural Juan Manuel Sevillano, exgerent de la Fundació Gala-Salvador Dalí de Figueres. Abans, el mateix grup inversor ja havia intentat portar una franquícia de l’Hermitage al port de la ciutat, però el govern d’Ada Colau no va veure clara la proposta. Més èxit va tenir la col·laboració de Stoneweg amb altres particulars en un dels espais d’exposicions que han destacat més en aquests últims anys a Barcelona, el Palau Martorell, al carrer Ample.
Cine, series, libros, música, arte, teatro y videojuegos se cruzan en una conversación junto a Raquel Vidales, jefa de la sección de Cultura y especialista en teatro que recomienda los mejores estrenos este año y Jorge Morla, experto de videojuegos que anticipa por qué 2026 estará marcado por el impacto cultural y económico del GTA VI y por el debate en torno a la inteligencia artificial en la industria.
Realizan:Presenta:Diseño de sonido:Nicolás Tsabertidis
Edición:Ana Ribera
Coordina:Dirige:Ana Alonso
Sintonía:Jorge Magaz
La polvareda de la última guerra al interior del Cartel de Sinaloa parece asentarse, dejando ver la forma de lo que queda, las estructuras criminales supervivientes, después de 15 meses de batalla. La lucha entre clanes ha dejado maltrechos a los principales, sobre todo al que comandan los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, viejo capo del narco regional. De los cuatro hijos originales, solo quedan libres dos, que viven a salto de mata, despojados de sus principales ayudantes, asesinados o capturados. Sus enemigos, hijos y seguidores del antiguo socio del padre, Ismael El Mayo Zambada, han salido fortalecidos de la guerra. Pero el gran ganador del caos violento de todo este tiempo no pertenece ni a una facción ni a otra.
Los efectos del cambio climático se han convertido en una de las principales causas de la migración y los desplazamientos en todo el mundo. Y su impacto sigue creciendo cada año. Se calcula que en la última década, más de 1.700 millones de personas se han visto afectadas por desastres relacionados con el clima. En 2023 fueron 20,3 millones. Las cifras son enormes y afectan a todo el planeta, aunque su impacto resulta más grave en las comunidades más vulnerables. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que hasta 2030 unos 700 millones de personas podrían verse desplazados solo en el continente africano por culpa de la escasez de agua.
En uno de los grupos de WhatsApp de Suma Comunidad, llamado Colombianos en Madrid, hay 525 miembros. A diario, el chat se llena de mensajes breves y directos: preguntas sobre cómo alquilar un local para montar un negocio, recomendaciones de gestores para declarar impuestos, direcciones donde comprar desayunos colombianos o dudas prácticas sobre cómo empadronarse en la capital. Las consultas se responden casi en tiempo real, y en la última semana han convertido el grupo en una oficina improvisada para muchos de quienes intentan orientarse en la ciudad desde fuera del sistema.
La escena en la Sala Este de la Casa Blanca este viernes era casi la de una corte medieval. En el centro un emperador, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eufórico, tras la operación militar de su país en la que se secuestró en Caracas a Nicolás Maduro, y rodeado de sus principales asesores. A su alrededor, empresarios de las grandes multinacionales petroleras, llegados de todo el mundo para rendirle pleitesía y aspirar a un pedazo en el reparto del sector energético de Venezuela. “Es algo histórico”, le aseguró su secretario de Estado, Marco Rubio. “Una operación magnífica”, le felicitó su vicepresidente, J.D. Vance. “Ha dado esperanza a la gente de Venezuela”, declaró Ryan Lance, de Conoco Phillips. “Gracias por lo que ha hecho”, dijo Bryan Sheffield, de Parsley Energy.
Venezuela ha vivido una semana de vértigo desde la intervención militar de Estados Unidos el pasado sábado en Caracas para derrocar y capturar al presidente Nicolás Maduro, acusado de narcoterrorismo, hasta la reunión del viernes en la Casa Blanca entre Trump y las mayores petroleras del orbe para repartirse la industria venezolana del crudo. Este es el relato de los siete días que han cambiado la historia de Venezuela, pero también del mundo.
Un día, Venezuela se despertó y Nicolás Maduro ya no estaba. El hombre omnipresente en la vida de los venezolanos durante más de una década desapareció de golpe. Si se encendía la televisión, la radio o abría sus redes sociales aparecía el líder chavista en cualquiera de sus facetas. Su ausencia ha abierto un cráter en un país acostumbrado a que su retrato cuelgue de las paredes de todas las dependencias públicas y los cuarteles, junto al del comandante Hugo Chávez. Maduro por la mañana, por la tarde y por la noche. Y de repente, ya no más.
Nicolás Maduro ha pasado de dormir en la Casa de Los Pinos, un palacio bunkerizado en Caracas, a hacerlo en un catre metálico, arropado con un jergón de lana, en el Centro de Detención Metropolitano (MDC) de Brooklyn. Es una de las peores prisiones de Nueva York, conocida como el “infierno en la tierra”. Allí espera a ser juzgado por delitos de narcoterrorismo. El presidente derrocado de Venezuela fue capturado el pasado sábado junto a su esposa, Cilia Flores, por un comando de las fuerzas especiales estadounidenses, que trasladaron a ambos a Nueva York para ponerlos a disposición de la justicia. La fiscal general, Pam Bondi, publicó ese mismo día el nuevo escrito de acusación, en el que se le imputan cuatro delitos relacionados con el narcoterrorismo y posesión de ametralladoras. Se le acusa de conspirar y urdir un plan junto con altos funcionarios de su Gobierno para inundar Estados Unidos de cocaína.
Hace ya 67 años y La Habana todavía recuerda la entrada victoriosa de Fidel Castro y el resto de sus barbudos. Tras salir por la mañana de un colegio militar, un convoy de camiones avanza a medio día desde el Malecón atravesando la ciudad por la misma ruta original. Subidos en los camiones verde oliva, hay chicos y chicas jóvenes con banderas rojas, puños en alto y vivas a Fidel. En la acera, se ha ido arremolinando gente: alguna bandera, alguna pancarta, pero lo que más resalta son las camisas amarillas de los teleoperadores de la agencia de turismo estatal y los uniformes del colegio. Es también tradición que cada 8 de enero, los trabajadores públicos y los estudiantes tengan permiso, por utilizar el eufemismo oficial, para tomarse una pausa y salir a celebrar el insólito triunfo armado del socialismo en esta isla del Caribe. Un experimento que, después de tantas décadas de equilibrios geopolíticos, idealismo, mano dura autoritaria y aislamiento, atraviesa una de las etapas más frágiles y difíciles de su historia.
“El fascismo puede definirse como una forma de comportamiento político que se caracteriza por la obsesión por el declive, la humillación o el victimismo de la comunidad y el culto compensatorio a la unidad, la energía y la pureza; y en la que un partido de masas formado por militantes nacionalistas entregados —con los que colaboran de forma incómoda pero eficaz las élites tradicionales— abandona las libertades democráticas y persigue, con violencia redentora y sin restricciones legales, unos objetivos de limpieza interna y expansión externa”. Robert Paxton, Anatomía del fascismo, 2004 (Ed. española, 2019)
La batalla política española también se libra en Latinoamérica, sacudida por el terremoto de Caracas. En la izquierda, el Gobierno ha estrechado la alianza anti-Trump con Brasil, México, Colombia y otros países. En la derecha, la crisis ha internacionalizado el terreno de disputa entre el PP y Vox. Detrás de las maniobras no solo hay una búsqueda de aliados e influencia, también una prolongación de la pugna por el poder en España. ¿La explicación? El creciente peso del voto latino, que será aún mayor con la nacionalización de descendientes de exiliados republicanos y que multiplica la importancia de los acontecimientos latinoamericanos en España.
Todos los imperios han adornado hipócritamente sus ímpetus depredadores con explicaciones benevolentes e incluso mesiánicas: desde la salvación de las almas en los imperios medievales hasta la empresa supuestamente civilizatoria y progresista que justificaba la colonización de pueblos presentados como salvajes. El rebrote imperial y colonizador que está protagonizando Donald Trump no tiene, en cambio, escrúpulos para confesar cínicamente sus interesados propósitos y su confianza en el uso de la fuerza militar como instrumento de su diplomacia y organizador de las relaciones internacionales. El imperialismo trumpista, feroz como todos, se adorna de la brutalidad de exhibir la violencia y el designio personal como las únicas leyes en sus proyectos expansivos y en sus intromisiones en soberanías ajenas. También su desprecio por la legalidad y las instituciones: las internacionales y las de su propio país.
Por inútil que sea fijarse en las palabras —en su caótica y contradictoria explosión cotidiana más vale mirar los hechos— me atrevo a detenerme un momento en la semejanza casi calcada entre lo expresado por el consejero de seguridad de Trump, Stephen Miller, y Calicles, el personaje de Platón que, en el Gorgias, defiende el argumento de que “si se consulta a la naturaleza, lo justo consiste en que el más poderoso tiene derecho a apoderarse de lo que pertenece al más débil”. En diálogo con CNN esta semana, Miller declaraba lo mismo: “Vivimos en un mundo en el que tú puedes decir todas las bellezas internacionales que quieras, pero también vivimos en el mundo real, que es gobernado por la fuerza, que es gobernado por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.
Menudo carrusel. En una semana, Donald Trump bombardea Caracas, secuestra un jefe de Estado, amenaza con anexionarse Groenlandia y entrar en Cuba, Colombia e Irán. Su policía política asesina a una mujer, ciudadana estadounidense, en Minneapolis. No es caos, es un sistema, el de un poder que muere si se detiene y solo conoce dos estados: avanzar o colapsar. Mientras la democracia se sostiene en la pausa institucional, el poder del autócrata lo hace en el movimiento. En la tradición liberal, el poder es un mal necesario: se limita, se canaliza, se justifica por el procedimiento y se ejerce para algo. Aquí el poder no gobierna: irrumpe. No administra: se impone. Es músculo en tensión permanente. Y un poder que solo existe para sí mismo necesita algo contra lo que existir: enemigos fuera para unificar, enemigos dentro para disciplinar. Los primeros legitiman la expansión; los segundos garantizan el silencio. Por eso Caracas y Minneapolis son estaciones de un mismo trayecto. Fuera, el autócrata con petróleo que estorba. Dentro, la ciudadana que observa y documenta. El mensaje es idéntico y brutal: quien desafía el monopolio del poder deja de ser sujeto político y pasa a ser un problema a resolver.
Nuestra época acelerada contempla estupefacta como Estados Unidos regresa a la época de la depredación belicosa e imperial que dominó el espacio europeo y atlántico en el siglo XIX hasta el brutal enfrentamiento continental en las dos grandes guerras entre 1914 y 1945. Nacido como república democrática de una contienda revolucionaria contra la monarquía británica, ahora está mimetizándose en una autocracia también imperial como las que dominaron Europa y colonizaron el continente americano, preparada para disputar la hegemonía global con Rusia y China, al igual que hicieron los imperios europeos tanto en su continente como en ultramar.
‘La nación imperial (1750-1918)’Josep Maria Fradera (Edhasa, 2015)‘The Monroe Doctrine: Empire and Nation in Nineteenth-Century America’Jay Sexton (MacMillan, 2011)‘Trump, Venezuela and the doctrine that wouldn’t die’Greg Grandin, ‘Financial Times’, 10 de enero.“Alrededor de mí todo es música”. “Eso de que si soy o no roquera siempre me ha dado igual”. “Siempre he navegado en muchos mares”. Es Luz Casal hablando. Tiene 67 años, es gallega (y asturiana). Su nuevo disco, Me voy a permitir, es un desafío musical y humano. Es el primero que publica desde que el Rey le concedió el título de marquesa de Luz y Paz, en junio del año pasado. En Toledo, el pasado 2 de enero, estrenó la gira. El 17 de enero hace el estreno mayor en el Movistar Arena de Madrid, dentro del festival Inverfest. Ella (música de Charles Aznavour) forma parte de las canciones del disco nuevo, y en este caso la acompaña Carla Bruni, cantante italiana y esposa del expresidente francés Nicolas Sarkozy.