“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Ningún gobierno se mete por placer en el jardín que supone reformular la financiación autonómica. El último que se atrevió fue José Luis Rodríguez Zapatero, bajo presión de los nacionalistas catalanes —de quienes dependía en buena medida— y de dos barones tan potentes en la época como el catalán José Montilla y el andaluz Manuel Chaves. De ello hace ya 17 años y nadie más ha osado entrar en el mismo fregado pese a que el actual sistema venció en 2014. Si ahora Pedro Sánchez ha decidido abrir el melón tampoco es por gusto, sino para dar aire a quien es su principal apoyo dentro de la familia socialista, el presidente catalán, Salvador Illa, cuya investidura fue posible gracias a acordar con Esquerra Republicana ni más ni menos que un sistema de financiación “singular” para Cataluña.
El calendario de declaraciones de la investigación judicial de la dana de Valencia de 2024 arranca el año con la comparecencia este viernes del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. La jueza de Catarroja (Valencia) que indaga la causa, Nuria Ruiz Tobarra, citó el pasado diciembre al dirigente en calidad de testigo, una condición que obliga a decir la verdad. El objetivo: aclarar la información que recibió de Carlos Mazón “en tiempo real” el día de la dana.
EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es
Costó 162 millones. Nunca se usó. Pero su infraestructura básica, que lleva hecha casi 20 años, ofrece ahora una oportunidad inesperada: rediseñar la red de transporte público del suroeste de Madrid, tanto en tren como en autobús, en colaboración con el Consorcio Regional de Transportes. Así se lo confirma a EL PAÍS una fuente del gobierno de España que conoce el proyecto para estudiar la viabilidad de resucitar el Cercanías entre Móstoles y Navalcarnero que dejó sin terminar el gobierno de Madrid con Esperanza Aguirre (2003-2012), lo que incluye evaluar la opción de combinarlo con la extensión de la red férrea a Villaviciosa de Odón o Boadilla del Monte, que lleva tiempo en estudio. Una revolución en potencia del transporte público de la zona, que se podría hacer incluso en forma de “Y” con Móstoles como corazón; que beneficiaría a los cientos de miles de vecinos que la Comunidad tiene censados en esos municipios, y a otros tantos de los colindantes, gracias a líneas de bus; y que permitiría al gobierno de España (PSOE y Sumar) apuntarse un tanto en el pulso permanente que le mide con el de Madrid (PP).
Cuando Anna Alarcón tenía ocho años, un psiquiatra ordenó su aislamiento en la planta pediátrica del hospital de Barcelona en el que estaba ingresada por una anorexia nerviosa. “Me negaba a comer un plato de salchichas con tomate. Se puso como un loco y me dijo: ‘Ya está, te quito las visitas y el contacto con la familia’. Vino el técnico y desatornilló el teléfono y la televisión. Al quedarme incomunicada fue cuando mis padres, desesperados, buscaron a André”. André era André Malby, un chamán mediático, habitual de radios y televisión de mediados de los ochenta, conocido de Dalí, Umbral y de los Bosé, colaborador de El mundo por montera, de Fernando Sánchez Dragó. “Mis padres lo contactaron por un amigo en común. Malby pidió una foto mía, preparó unos polvos que después ingerí a escondidas en el hospital y a los tres días empecé a comer con normalidad, como si no hubiera pasado nada”, rememora esta actriz barcelonesa sobre el episodio que padeció de niña.
Es bastante probable que alguno de los versos de alguna de las 12 canciones del disco Viaje a Roma hable de usted. Porque tal vez en algún momento de su vida tomó una decisión sin tener muy claros los motivos; o hizo un viaje en coche con un amigo cantando —o gritando— canciones de su adolescencia; o vivió una historia de amor pasajera en una ciudad que no es la suya y que, por momentos, le recordó a la escena de alguna película; o habló de más sin querer —o sin saber que en realidad quería, para abrir una vía de huida— y se arrepintió inmediatamente después, cuando se dio cuenta de que unas pocas palabras pueden cambiar una relación para siempre; o porque guarda en la memoria proustiana el sabor de un plato o un vino; o porque miró compulsivamente el móvil esperando un mensaje que, cuando por fin llegó, resultó demoledor; o porque, ante un problema de esos que aparecen a los veintipocos años, actuó de manera desesperada, como si al día siguiente no fuera a salir el sol.
Es paradójico: justo cuando los conservadores de media España se habían acostumbrado a que alguien en la mesa cenara un filete de seitán en Nochevieja en vez de cordero, pollo o bacalao, la llama del veganismo empieza a titilar. Aún es pronto para evaluar la consistencia del retroceso en el movimiento que rechaza el consumo de alimentos y artículos de origen animal. Las conclusiones de los estudios, en función de quién los encargue, apuntan en direcciones opuestas. En todo caso, de haber un descenso de la población veggie (incluye veganos, vegetarianos y flexitarianos), no es especialmente significativo. El cambio es más cualitativo que cuantitativo.
La Iglesia católica y el Gobierno de España firmaron ayer un acuerdo para el reconocimiento y la reparación a las víctimas de abusos sexuales en el seno de la institución eclesiástica. El pacto supone la asunción de la responsabilidad por parte de la Iglesia sobre los miles de casos de pederastia que durante décadas fueron minimizados y silenciados, cuando no directamente negados por sus jerarquías, y permitirá así que obtengan reparaciones un número indeterminado de casos que no pueden ser juzgados por vía penal porque los delitos han prescrito o porque el agresor ya ha fallecido.
Las reglas del orden internacional y los valores de paz, diálogo y seguridad en los que se sustenta están en juego en estos momentos. Las fuerzas políticas que quieren debilitar la democracia y destruir el proyecto europeo ya no se esconden. Lo que somos y representamos está en juego. La opción es volver a la ley de la selva y la arbitrariedad de la violencia. El respeto al derecho internacional está desafiado en Ucrania, en Gaza y en Venezuela.
La intervención militar orquestada por Estados Unidos para secuestrar a Nicolás Maduro ha tenido la impronta de una gran producción televisiva en la que los guionistas han construido un relato heroico en la que no ha habido sangre por ninguna parte. Las explosiones de fondo, los disparos, el barullo de los aviones y los helicópteros, y de inmediato la transición hacia la figura de un líder esposado y humillado: el chándal gris, las gafas oscuras, los cascos, la botella de agua. Los muertos solo aparecen como un detalle menor, una cifra en letra menuda. Donald Trump, el artífice de la maniobra, la presentó como si se tratara de un gran espectáculo —otro más de los suyos—, una aparatosa exhibición del apabullante poderío estadounidense. Y ha tenido, además, el formato de un sofisticado juego de ordenador trasladado al mundo real, en el que el presidente depuesto felicita el Año Nuevo a sus carceleros y posa después con los pulgares hacia arriba como si el vencedor de la partida fuera él.
La política comenzó a divorciarse de la vida cuando aceptamos como inevitable la precariedad laboral, o los salarios insuficientes, o la imposibilidad de acceder a una vivienda digna. También cuando admitimos el hecho de que los hijos no se fueran de la casa de los padres (o de que volvieran a ella tras el intento fallido de independizarse). Tal vez cuando asumimos que la corrupción formaba parte de la naturaleza de las cosas. La política sigue produciendo grandes palabras, pero la existencia cotidiana transcurre por las vías de los cuidados domésticos, de los miedos discretos, de la sensación agobiante de empezar de cero cada día.
La intervención de Estados Unidos en Venezuela deja un panorama de incertidumbre política que determina el futuro petrolero del país. El descarte por parte del presidente Donald Trump de una transición rápida y su insistencia en controlar el crudo venezolano ha descolocado a propios y extraños. Esta incertidumbre se proyecta sobre un sector petrolero arrasado por casi tres décadas de nacionalismo, mala gestión y corrupción con el chavismo, agravados por una década de sanciones estadounidenses. Como resultado, el país pasó de producir casi 3,5 millones de barriles diarios en 1998, antes de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia, a apenas 800.000 barriles/día en diciembre de 2025, menos del 0,7% de la producción mundial. Venezuela cuenta con cerca del 20% de las reservas de petróleo del mundo —las mayores— pero también unas de las más caras de extraer y procesar por su alta densidad.
En 2006, la revista Nature publicó un estudio sobre algunas familias en Pakistán que no sufrían dolor por una mutación en el gen SCN9A. Una de esas personas, un adolescente que se ganaba la vida como faquir, murió al saltar desde un tejado con solo 13 años. El dolor es algo que evitamos continuamente, pero no sentirlo es un defecto catastrófico porque deja ciegos ante el peligro. Pero esa señal imprescindible también se puede convertir en la fuente de sufrimiento más inútil. Hasta una de cada cinco personas viven con dolor crónico, un padecimiento que, muchas veces, continúa años después de la curación de una herida.
El Gobierno andaluz (PP) no aprecia irregularidades en el contrato otorgado a dedo al cantante José Manuel Soto por 14.762 euros para diseñar su proyecto Senderos del Rocío, aunque sí le reclama 30.000 euros por gastos inconvenientes incluidos en dos subvenciones a dedo que suman 550.000 euros. La Oficina Antifraude denunció hace un año supuestas irregularidades del contrato menor tras una denuncia del partido Por Andalucía, pero ahora el organismo fiscalizador ha archivado sus pesquisas porque el Gobierno ha revisado de oficio el expediente de contratación. En dicha revisión, el Ejecutivo autonómico no aprecia irregularidades, pero la última palabra la tiene el Consejo Consultivo, que se pronunciará al respecto el próximo mes en el ámbito administrativo. Mientras, en el penal el Juzgado 10 de Instrucción de Sevilla investiga dicho contrato.
Maria Rodríguez Soto (Barcelona, 39 anys) no para: amb Frontera (una història real de gent que ajuda jueus a entrar a Espanya durant la Segona Guerra Mundial) a la cartellera, ha rodat la sèrie Matar a un oso (sobre la mort de l’os Cachou a Movistar+), està assajant La reina lloba al TNC, ja té clar com serà l’adaptació teatral de la novel·la Permagel, d’Eva Baltasar… i compra regals per a la Lupe, la seva filla, que ja té vuit anys i va ser l’autèntica protagonista d’Els dies que vindran. Aquesta pel·lícula, que segueix l’embaràs real de l’actriu, va ser un primer punt d’inflexió a la seva carrera.
El campo catalán empieza el año como lo comenzó en 2025: con los tractores en las calles para protestar contra decisiones que se toman en Bruselas. Hace un año, el Govern de Salvador Illa logró desactivar la ira de los agricultores con una serie de promesas para aliviar la carga burocrática que sufren. Este año las protestas, que este jueves lograro colapsar la AP-7, la N-II y los accesos al puerto de Tarragona, se centran en el rechazo al acuerdo de la Unión Europea con los países de Mercosur, que se está terminando de negociar, y puede que en esta ocasión el malestar sea aún más difícil de desactivar. El sector acumula mucho enfado y hastío, especialmente tras la sucesión de crisis sanitarias que han afectado a los ganaderos durante los últimos doce meses, así como por los constantes desencuentros con Bruselas, entre los que el acuerdo con los países latinoamericanos ha resultado ser paradigmático. La extrema derecha es consciente de ello, y mientras los tractores bloqueaban las carreteras ya estaban lanzando mensajes de apoyo. Y en este caso no hay distinción entre nacionalismos: tanto Vox como Aliança Catalana han intentado hacer suyas las reivindicaciones de los campesinos.
El Departamento de Educación ha puesto en marcha la evaluación de un conjunto de 250 centros con el objetivo de mejorar los resultados académicos, especialmente en los dos puntos débiles del sistema: la lengua y las matemáticas. Este trimestre ya ha pasado el examen un conjunto de escuelas e institutos, que valoran positivamente la iniciativa, aunque admiten que los aspectos a mejorar señalados por la inspección ya los habían detectado internamente y piden que el análisis vaya acompañado de recursos. Se trata de un programa piloto, bautizado como Evaluación integral para la mejora (AVIM, en sus siglas en catalán) que empieza con una pequeña muestra, pero la idea es ampliarlo progresivamente y que llegue a todos los centros, según ha explicado el Departamento a las direcciones.