“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Este lunes arranca una semana importante para la política española, ya instalada en un ambiente de campaña electoral permanente con la mirada puesta en Aragón, después Castilla y León y al final Andalucía. El PP ha calentado motores este domingo con un acto en Zaragoza de todos sus barones para mostrar poderío y usar como eje de su campaña la reforma del sistema de financiación, que sus dirigentes consideran un “regalo” del PSOE, obligado por sus pactos con ERC. Pedro Sánchez, por el contrario, reivindica esa reforma porque aporta 21.000 millones de euros nuevos para las arcas autonómicas, para gastarlos en sanidad, educación o vivienda, pero sobre todo intenta esta semana centrarse en la agenda internacional y las cuestiones de las que el PP apenas quiere hablar pero dominan la prensa y los debates de todo el mundo occidental, esto es la guerra en Ucrania y sobre todo el choque entre Donald Trump y la Unión Europea por Groenlandia.
Castilla y León celebrará sus elecciones autonómicas el 15 de marzo de 2026. El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco (PP), ha apurado al máximo la legislatura y se ha visto abocado a los comicios, ya que el Estatuto autonómico establece que se celebren cuatro años después de que se constituyeran las anteriores Cortes, algo que ocurrió el 10 de marzo de 2022.
Durante meses Jerome Powell se mantuvo estoico ante los ataques furibundos de Donald Trump. De figura quijotesca, enjuto, anodino y serio, el presidente de la Reserva Federal ha dicho basta. Está decidido a plantar cara para defender la independencia de la institución que dirige. El pasado domingo publicó un insólito video para denunciar que la fiscalía, dependiente del Departamento de Justicia, le ha abierto una investigación penal. La achacó a su negativa a doblegarse a la voluntad del presidente de Estados Unidos. Powell se ha rebelado. Su caso trasciende lo económico para situarse en lo político. Es un debate sobre los límites del poder presidencial que pone a prueba los controles sobre su autoridad: el Congreso y los mercados.
El lento proceso de renovación de la cúpula del Banco Central Europeo (BCE) empieza este lunes con la elección del sustituto de Luis de Guindos en la vicepresidencia. Media docena de candidatos aspiran al puesto. Hay pocas certezas más, si acaso que el Parlamento Europeo tiene sus favoritos: el portugués Mario Centeno y el letón Martin Kazaks, y que se va a intentar resolver todo esta tarde. No será fácil, porque ahora también empiezan a verse las cartas y los movimientos de los grandes Estados al posicionarse en la elección de los siguientes puestos, dos de ellos capitales: el economista jefe del banco y la presidencia. España aspira a lo máximo, advierten varias fuentes financieras y monetarias europeas, aunque el objetivo pragmático es no caerse del Consejo Ejecutivo cuando finalice este proceso de renovación parcial.
Francisco Granados lo fue casi todo en el PP de Madrid: concejal y alcalde (de Valdemoro, 85.000 habitantes); diputado autonómico; consejero de Transportes, Infraestructuras, Vivienda, Presidencia, Interior y Justicia; senador; secretario general del partido regional; y, sobre todo, hombre de confianza de la presidenta Esperanza Aguirre, que lo aupó a la primera línea política. Hasta que en octubre de 2014 comenzó su gran debacle, cuando fue detenido y encarcelado por el caso Púnica (una operación bautizada así por su apellido: el nombre en latín del árbol del granado es Punica granatum). Ahora, más de 10 años después de su arresto, el otrora poderoso dirigente popular se sienta en el banquillo de la Audiencia Nacional por esa trama. Desde este lunes, el tribunal celebra el primer gran juicio contra él por su implicación en el presunto amaño de contatos de la red de corrupción.
Las últimas horas no están siendo fáciles en el Ayuntamiento de Getxo (Bizkaia). La imagen de la policía entrando en sus instalaciones sigue muy presente entre el funcionariado y los responsables políticos. A primera hora del pasado miércoles, la Ertzaintza se presentaba, por orden judicial, en las oficinas de hasta tres sedes municipales para recabar información en el marco de la investigación abierta por el derribo de un palacete protegido, para después construir en el mismo solar 12 viviendas de lujo con vistas al mar. El aspecto más delicado del caso es que en la promotora que iba a levantar este bloque figuran como socios dos concejales del PNV del propio Consistorio.
Gorka Otxoa (Donostia, 47 años) tiene cara de niño bueno. Con ello ha tenido que convivir toda su carrera, desde que con 18 años empezó en la serie diaria en euskera Goenkale. Pero ahora está alejándose de los personajes imberbes de su época de Pagafantas o Vaya semanita. Acaba de interpretar a dos padres televisivos, uno doliente en la misteriosa Desaparecido (con versión en castellano y euskera) y, por supuesto, en Machos alfa, que acaba de estrenar la cuarta temporada en Netflix y ya tiene una quinta rodada que seguirá tocando temas candentes. La serie lo ha llevado a descubrir los caminos de la moderna soltería de Tinder y, este año, las aplicaciones de citas para ser copadres de un bebé. Cuando llega al hotel del centro de Madrid, ciudad donde lleva viviendo 20 años (y que retrata tan auténticamente la serie), el buen rollo en su expresión también se contagia.
Apenas unas decenas de soldados desplegados a petición de Dinamarca por siete países europeos en territorio de Groenlandia constituyen la primera prueba, modesta pero efectiva, de la voluntad europea de dotarse de un sistema de disuasión imprescindible para frenar los instintos expansivos de los dos vecinos, Rusia y Estados Unidos, con ambiciones imperiales. Poco podrían hacer estos militares de Francia, Alemania, Noruega, Suecia, Finlandia, Países Bajos y el Reino Unido ante una ocupación de la inmensa isla ártica planificada desde la Casa Blanca, pero el mensaje es inconfundible frente a la insistencia del presidente Donald Trump en sus amenazas y pretensiones anexionistas.
Donald Trump amenaza con apoderarse de Groenlandia —que es territorio de un aliado de la OTAN—, posiblemente mediante la fuerza militar, igual que Vladímir Putin intenta apoderarse de Ucrania. Aunque al final no lo haga, ya estamos en un mundo nuevo: un mundo posoccidental de desorden internacional iliberal.
Una escena recurrente estos días es ver a columnistas, políticas y youtubers que han hecho carrera contra el feminismo —ridiculizando sus demandas, tachándolo de histérico y victimista— descubriendo de pronto un entusiasmo militante: el verdadero feminismo, dicen, es el que hoy recorre Irán. Nadie debería despreciar esta solidaridad con las iraníes; al contrario. Pero cuesta no sospechar que, por encima de ella, pesa el interés por convertir la protesta heroica de esas mujeres en argumento contra la izquierda y su feminismo. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ofrece un ejemplo de manual cuando sale en defensa de Julio Iglesias ante las acusaciones de abuso sexual de dos de sus empleadas con un tuit bastante singular: “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda”. Queriendo decir que no están en Punta Cana. Irán como munición argumentativa, más que como una causa a acompañar.
España tiene un “número de teléfono”, como diría Kissinger. El problema es que funciona a través de dos líneas principales: una roja socialista y otra azul conservadora. Cada una va asociada a redes sociales y a visiones divergentes, sea Palestina, Venezuela, los saharauis, o China. ¿Y Europa? Sigue generando consenso (Eurobarómetro diciembre 2025: un 74% de españoles ve su futuro en la UE). Pero hay mucho ruido en los detalles.
Recordando a mi maestro Enrique Tierno Galván, en el 40º aniversario de su muerte.
Quizá el análisis más lúcido del totalitarismo siga siendo el de Hannah Arendt. Para la pensadora alemana, los movimientos totalitarios introdujeron un uso radicalmente nuevo de la mentira política. No se trataba ya de ocultar la realidad o de deformarla parcialmente, sino de sustituirla por completo. Hoy sabemos, gracias a la psicología cognitiva y la neurociencia, que aquella intuición de Arendt era extraordinariamente precisa. Numerosos experimentos muestran que, una vez que una explicación falsa se instala en primer lugar, resulta extremadamente difícil desactivarla, incluso cuando se presenta la verdad de manera clara y verificable. Por eso la mentira política contemporánea ya no triunfa porque sea verosímil, sino porque es rápida: llega antes que la verdad y organiza el sentido a partir del cual todo lo demás será interpretado.
Al día siguiente de la muerte de Enrique Tierno Galván a los 67 años, el lunes 20 de enero de 1986, el diario ABC le dedicaba íntegras la foto- del que fue alcalde de Madrid y el dibujante y escritor Antonio Mingote- y el titular de portada: “Un socialista honrado”. Dentro, además de una galería de fotos, una doble página titulada: “Enrique Tierno, una vida en favor de la libertad”. Se despedía entonces a una figura de consenso, como consenso parece haber cuarenta años después a la hora de homenajearlo. “El alcalde Martínez Almeida se ha portado de maravilla. Me dijo que lo que necesitáramos, y he conseguido que vengan todos”, cuenta satisfecho Juan Barranco, que fue también regidor de Madrid, primer teniente de alcalde con Tierno y una de las tres personas que acompañaron al viejo profesor en la habitación 517 de la Clínica Ruber que lo vio morir.
De pequeño, Unai Sordo (Barakaldo, 53 años) quería ser como Manolo Sarabia, el futbolista del Athletic que le ganó un pulso a Clemente. Su primer sueldo fue de repartidor de pasteles por Bilbao. Se licenció en relaciones laborales y trabajó en una maderera de la que fue despedido poco antes de asumir la secretaría de Juventud de CCOO en Euskadi. En junio fue reelegido para su tercer mandato al frente del sindicato, que cuenta, asegura, con casi un millón de afiliados. “El pico de influencia fue en el franquismo, con nuestros Mandelas”, cuando no eran legales. Hoy lamenta el “estancamiento” del diálogo social por una pinza entre la CEOE y la fragmentación parlamentaria.
“Lo de la derecha es un campo de limoneros abandonado”, explica Daniel Carbonell, un agricultor de 35 años, mientras conduce su furgoneta Citroen Jumpy de 1997 por los caminos de la huerta valenciana en un día caluroso de enero. La naturaleza liberada se expresa a su manera y los frutales adoptan formas salvajes entre la maleza. Carbonell, vecino de la Pobla Llarga, echa el freno de mano en uno de sus naranjales en el municipio de Carcaixent, de 21.934 habitantes, en la ribera del Júcar. “Necesitamos dejar de ser moneda de cambio en los tratados internacionales”, denuncia Carbonell en referencia al acuerdo de libre comercio firmado por la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) este pasado fin de semana.
La ruta del fuego madrileño es un paseo de apenas 20 minutos. Este recorre el eje noble de la Castellana, saliendo de la plaza de Colón hasta la estación de Metro de Gregorio Marañón. En estos dos kilómetros, hoy por hoy, se mire hacia donde se mire, es imposible no toparse con bengalas, botellas con luces pirotécnicas y antorchas que danzan entre las mesas de los comensales e iluminan la noche para quienes buscan la foto perfecta para la celebración soñada. De paso, ponen en riesgo la vida de clientes y trabajadores, como comprobaron recientemente en Fanático, el penúltimo local de moda en la capital. Allí, hace apenas unos días, un empleado se vio en la obligación de apagar un conato de incendio con un extintor. Pero las colas en la puerta del negocio continúan. La falta de regulación por parte del Ayuntamiento, que todavía anda pensando qué hacer, completa la tormenta perfecta. Entre quienes lo viven todos los días es más una certeza que un vaticinio: en cualquier momento, habrá una incidencia en la Castellana.
El debate sobre la financiación pública en Cataluña está muy focalizado, desde hace tiempo, en la necesidad de renovar el modelo de financiación autonómica, caducado desde 2009 y cuya mejora es clave para que la Generalitat afronte los retos pendientes. Pero hay un nivel de financiación por debajo que lleva todavía más tiempo sin tocarse y que tiene un diseño, a juicio de los académicos, desfasado para las necesidades acuciantes que tienen los municipios, ya sean pequeños o grandes. La ley de financiación local española es de 1988, y solo tuvo una pequeña reforma en 2002. Un informe del Instituto de Economía de Barcelona analiza la realidad de las poblaciones catalanas, y pide que el modelo se renueve para dar más autonomía fiscal a los municipios y que puedan tener más presupuesto. El objetivo es que puedan hacer frente a una serie de desafíos propios de nuestro tiempo que están tensionando sus finanzas: el envejecimiento y la despoblación en los pueblos, la masificación en las ciudades, los efectos del cambio climático, la desigualdad creciente, el desbordamiento de los servicios públicos o el drama de las infraestructuras, entre otros.
Jéssica Albiach, presidenta del grupo parlamentario de los Comuns, de 46 años, avisa al Govern de que no negociará los Presupuestos si no cumple e incoa sanciones contra quienes incumplen y defrauden los topes de la ley del alquiler. Los comunes se reúnen con el Ejecutivo y plantean el encuentro bajo el dilema del todo o nada.