“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Supongamos que, ante las matanzas, sufrimientos e injusticias mundiales, alguien siente un irrefrenable pálpito de tristeza. Muchos le dirían que no entiende las reglas del juego ni la lógica de la dura y despiadada realidad que habitamos. Tacharán a esa persona de ingenua, sentimental o narcisista en pose de bondad. Le recordarán que la solución es fácil: los bobos apenados y los insensatos benevolentes pueden hospedar en su propia casa a quien reclama ayuda o refugio. La compasión gozó en ocasiones de buena reputación, pero su aura se desvanece hoy ante nuestros ojos.
La primera baja en una guerra es la verdad, aunque resulte un tópico. La principal dificultad que sufre el periodismo al abordar los hechos es la contaminación de la propaganda de uno y otro bando. En la escalada bélica en Oriente Próximo, que cumplió el viernes una semana, se dan circunstancias que agravan esta situación. Los principales actores son administraciones —el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, el de Benjamin Netanyahu en Israel y el régimen de los ayatolás en Irán— poco dadas a dar cuenta fiel de sus actos y con tendencia a la hipérbole. A ello se añade que el conflicto se ha extendido sobre una decena de países, entre ellos Líbano, Qatar y Arabia Saudí, que en su mayoría cercenan el derecho a la información. Y, como ocurrió antes en Gaza con el veto de Israel, el régimen de Irán controla la información, ha cerrado la puerta a los periodistas que puedan contrastar sobre el terreno y apenas unos pocos medios informan desde dentro. En aras de la transparencia con los lectores, veamos cómo cuenta EL PAÍS esta guerra:
En septiembre de 2022, Mahsa Amini murió bajo custodia de la policía de la moral iraní por llevar el velo supuestamente mal puesto. Su muerte convirtió en consigna global el lema: “Mujer, vida, libertad”. Esta semana, en plena guerra contra Irán, Emmanuel Macron anunció que Francia reforzará su arsenal nuclear, y dijo: “El próximo medio siglo será una época de armas nucleares. Seamos poderosos, estemos unidos, seamos libres”. Dos invocaciones de la libertad, una acompañada de cabezas nucleares y otra de un cuerpo sin vida. Pero el orden de las palabras importa. Macron llega a la libertad desde la potencia destructiva: primero el arsenal, luego el poder, luego la libertad. Las mujeres iraníes hacen el camino inverso: primero ellas, sus cuerpos; luego la vida, la condición de existencia; finalmente el anhelo político, la libertad. No empiezan por una abstracción, sino por lo que no se puede eludir. Hay algo en su lema que en Europa no hemos sabido leer. “Mujer, vida, libertad” no es un eslogan sino una doctrina política. La mujer no funciona en ella como identidad sino como principio, pues el cuerpo de las mujeres es precisamente el territorio donde primero se instala el poder autoritario, y desde donde se le puede desmontar. El feminismo de estas mujeres no pide representación, o no solo; más bien impugna la gramática del poder desde la experiencia de quien lo sufre en su propia piel. Paradójicamente, el país desde donde ese lema sacudió al mundo está hoy siendo bombardeado en nombre de la seguridad nuclear. Las mismas mujeres que Occidente aplaudió como símbolo de libertad viven y mueren bajo las bombas de quienes invocaban esa hermosa palabra. Mientras, Macron la utiliza vestido de luto, y con un submarino nuclear detrás.
Hacía casi 20 años que en Alicante apenas se construía vivienda protegida. En una ciudad donde las casas han visto duplicar su precio en una década, la promoción de Les Naus, de 140 pisos y equipada con piscina y pistas de pádel, había creado grandes expectativas. Eran caros, unos 200.000 euros de media, pero mucho más baratos que los anunciados en las inmobiliarias de las inmediaciones. Sin embargo, los más de 5.000 demandantes de vivienda protegida de la ciudad no tuvieron ninguna opción. Muchas de esas moradas acabaron repartiéndose entre altos cargos afines del PP, algunos con responsabilidades en Urbanismo, y familiares de esos empleados públicos y de empresarios en lo que ha resultado ser una nueva vuelta de tuerca a la cultura del pelotazo: la especulación con vivienda pública, cuya producción sigue bajo mínimos desde el estallido de la burbuja inmobiliaria. El escándalo, que está siendo investigado por la titular del juzgado de instrucción número 5 de Alicante, también pone en cuestión el sistema de adjudicaciones vigente en la Comunidad Valenciana implantado bajo el mandato de Carlos Mazón y sume en otra grave crisis al PP de Alicante, que solo hace seis meses recibió un duro golpe con la dimisión del expresidente por su gestión de la dana.
Pilar Gil (Madrid, 53 años) lleva más de 25 años en Prisa, grupo editor de EL PAÍS. En julio de 2022 fue nombrada directora financiera, en 2023 sumó la vicepresidencia de la compañía y desde 2025 está al mando, como consejera delegada (CEO), del negocio de medios. El Plan Estratégico 2026-29 prevé que Prisa Media crezca con todas sus marcas y alcance unos ingresos de 520 millones de euros en cuatro años, frente a los 438 millones de 2025, con una mejora de márgenes en términos de ebitda (resultado bruto de explotación) desde el 11,5% al 14,2%.
Alberto Polanco (Santander, 55 años) es un veterano del grupo Santillana, con una trayectoria de 31 años, de los cuales 25 los desempeñó en América Latina, con responsabilidades en Bolivia, Argentina, Centroamérica, Colombia y México. Tras asumir el puesto de consejero delegado (CEO) a principios de año, tiene bajo su mando la ejecución del Plan Estratégico 2026-2029, en el que la compañía de educación tiene como objetivo alcanzar unos ingresos de 600 millones de euros, un ebitda (resultado bruto de explotación) de 175 millones y un flujo de caja operativo de 75 millones. Y todo en medio de la revolución de la inteligencia artificial (IA).
A una semana de las elecciones de Castilla y León, las únicas de las tres últimas convocatorias autonómicas que se celebran cuando tocaba, la campaña muestra algunas diferencias respecto a las que le precedieron. Los mensajes del presidente en funciones y candidato popular, Alfonso Fernández Mañueco, han estado, en términos generales, más pegados al territorio y menos a la política nacional que en la campaña aragonesa del pasado febrero, cuando Jorge Azcón pidió el voto “para joder a Sánchez” y participó en cinco mítines junto al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que en Castilla y León solo compartirá dos con Mañueco. Y las encuestas no auguran el batacazo con el que el PSOE convivió durante toda la campaña extremeña del pasado diciembre (finalmente, perdió 10 escaños) y la aragonesa (cinco menos).
La investigación de los agentes de la Unidad Central Operativa de Medio Ambiente (UCOMA) de la Guardia Civil que esta semana ha derivado en la detención del dueño de la empresa Forestalia, Fernando Samper, y del ex alto funcionario del Ministerio para la Transición Ecológica Eugenio Domínguez ha destapado toda una trama para favorecer supuestamente los proyectos eólicos y solares de esta empresa aragonesa y que recibieran el aval medioambiental. Hasta tal punto que Domínguez —subdirector general de Evaluación Ambiental del Ministerio entre 2017 y junio de 2023, y luego unos meses más asesor del mismo departamento— se autoasignaba los proyectos de Forestalia para tramitarlos. Creó presuntamente una “caja negra” en “la que los expedientes desaparecían del circuito de supervisión ordinario, concentrando en su persona un conflicto de funciones al ser supervisor y gestor a la vez”, como explica la UCOMA en uno de los informes incorporados al sumario del caso al que ha accedido EL PAÍS.
La reunión que descartó vínculos con el ‘caso Leire’No es la primera vez en los últimos meses en que la empresa Forestalia, epicentro de la supuesta trama desmantelada en Aragón, es investigada por la justicia. El 12 de diciembre agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil registraron las sedes de esta sociedad en Madrid y Zaragoza por orden del juez de la Audiencia Nacional Antonio Piña dentro del llamado caso Leire, una investigación en la que fue detenida la exmilitante y exconcejal socialista Leire Díez, el expresidente de la SEPI Vicente Fernández Guerrero y el empresario vasco Joseba Antxon Alonso, socio y amigo del exdirigente del PSOE Santos Cerdán. El objeto de aquellos registros fue recabar indicios sobre la existencia de una red que adjudicaba de manera presuntamente fraudulenta contratos y subvenciones públicos. Las pesquisas, como ahora, también salpicaban al Ministerio de Transición Ecológica.
Este hecho llevó a los responsables de la investigación sobre las presuntas irregularidades en la concesión de las declaraciones de impacto ambiental (DIA) en Teruel, la Unidad Central Operativa de Medio Ambiente (UCOMA) de la Guardia Civil, a mantener una reunión con sus compañeros de la UCO dos semanas después para saber si ambas pesquisas podían solaparse. Sobre el contenido de aquel encuentro, los agentes de la UCOMA remitieron un oficio el 29 de diciembre al juez de Teruel en el que le informaban que “a priori, UCO investiga a Forestalia por motivos distintos”. Poco más de dos meses después, las sedes de la empresa en Madrid y Zaragoza eran de nuevo registradas. Esta vez, por la trama que favorecía de manera supuestamente irregular proyectos eólicos y solares en Teruel.
Tras décadas de pintar a los paleolíticos europeos como simples devoradores de carne, algún pescado y, como mucho, los frutos silvestres que se iban encontrando, la arqueología más reciente está mostrando que disfrutaban del marisco, recolectaban algas para alimentarse y, en general, tenían un gran abanico de vegetales en su dieta. Ahora, un nuevo trabajo que ha estudiado al microscopio la costra requemada de decenas de cazuelas y vasijas confirma, además, que los cazadores recolectores europeos cocinaban lo que cazaban o pescaban con tallos y hojas que recuerdan a las espinacas, con frutos rojos y flores o tubérculos silvestres emparentados con los ajos o la remolacha en recetas ya sofisticadas.
Inés, alumna de 6º de primaria del instituto escuela Can Llobet de Barberà del Vallès, observa a Oscar, el nombre con el que han bautizado al esqueleto del aula de ciencias. “A mí lo que me flipa es que haya tantos huesos y tan pequeños en la mano”. Su compañera Laia, pone el foco en la pelvis, más ancha en las mujeres “para poder tener un bebé”. Pero también plantea otras dudas. ”¿Por qué los hombres tienen una nuez en la garganta?”. Para responder estas y otras muchas preguntas, cuentan con una maestra especial: Aroa Casado, investigadora del Departamento Médico-Quirúrgico de la Universidad de Barcelona.
Si mostrar voluntad para garantizar los compromisos previos o aumentar más de un 20% el gasto presupuestario no ha sido suficiente; quizás lo sea apelar al sentido de la “responsabilidad” ante el contexto bélico y la incertidumbre geopolítica. El presidente de la Generalitat Salvador Illa confirmó ayer el cambio de estrategia del Govern para seducir a ERC para que valide los Presupuestos autonómicos el próximo 20 de marzo en el Parlament. Sin acabar de encontrar en Madrid el encaje para blindar la cesión del IRPF a Cataluña, compromiso adquirido por el PSC y ahora reclamado por los republicanos en Cataluña, el president pidió ayer a los líderes políticos “responsabilidad y estar a la altura” para combatir los impactos económicos derivados de la guerra de Irán. No lo citó, pero sus palabras se dirigían directamente al líder de ERC, Oriol Junqueras.
Fue un martes, en el campo de arena —embarrado por el aguanieve que había caído— de la colonia Boetticher, en el distrito madrileño de Villaverde, barrio obrero del extrarradio, aún más obrero y más extrarradio en el final del franquismo. Aquel 8 de diciembre de 1970 se celebró el primer partido de fútbol femenino en España. Al menos el primero serio, que si no oficial, sí con maneras oficiales: árbitro colegiado, dos equipos y hechuras de acontecimiento.
No lo sabe mucha gente. Como ya no tengo Instagram, no lo he contado demasiado. Lo sabe quien me ha visto sin camiseta: tengo un dibujo de Basquiat tatuado en el brazo izquierdo. Es la corona. Basquiat la utilizaba para investir de grandeza aquello que no había sido considerado digno de ella, para convertir al outcast en el centro del sistema. Esa corona me da fuerza.
Ya escribió Luz Sánchez-Mellado —y yo, cuando Luz escribe, solo asiento y aplaudo, no me atrevo a apostillar ni a replicar— que Ofelia Hentschel “puede ofender, y ofende, pero es inofensiva”. Su tragicomedia de regreso de sus vacaciones de Dubái interrumpidas por la guerra de Trump ha dado para mucho meme y muchas horas de tele mañanera y vespertina y la han elevado a María Antonieta de Aliexpress. Inofensiva por lo inane, pero con un potencial simbólico muy revelador: me pregunto si Ofelia nos representa. No solo a los españoles, sino a los europeos o a esa cosa que llamamos Occidente.
Josep Lluís Núñez presidió el FC Barcelona durante 22 años y se le ha dedicado una serie televisiva donde se retrata la metamorfosis que sufre quien logra sentarse en la butaca central del palco del Camp Nou: pasó de ser un millonario constructor anónimo a una figura popular a la que pedían autógrafos por la calle, solicitado e imitado en los medios y con autoridad para decidir el futuro de figuras como Cruyff, Maradona o Romario. El club tiene un tirón colosal, hasta la mega influencer Rosalía se ha mostrado esta semana vibrando en el estadio, y ese poder de arrastre le confiere una capacidad de influencia muy codiciada en Cataluña, donde ahora manda un socio del Espanyol, Salvador Illa, que reconoce que “el Barça es muy importante para Cataluña”. Quien controla el Fútbol Club Barcelona maneja un poder que va mucho más allá de los 1.000 millones de euros de presupuesto anual que baraja la entidad. Las elecciones del 15 de marzo afloran un juego de intereses que sobrepasa la lucha entre Joan Laporta y Víctor Font y activa a partidos políticos, empresas, y entidades económicas a tejer alianzas para estar cerca del lado vencedor cuando se haga el recuento. O, por lo menos, para no perder por goleada.
El último Estudio Europeo de Competencia Lingüística (EECL), que data de 2012, concluyó que solo el 24% de los estudiantes españoles del último curso de la ESO se manejaba con independencia en inglés, lo que situaba a nuestro país en el furgón de cola de los 14 países analizados. Desde entonces no se ha vuelto a realizar otro estudio similar. Recientemente, no obstante, el último EF English Proficiency Index situó a España como el cuarto peor país de la UE en nivel de inglés con 540 puntos (datos de población mayor de 18 años), una puntuación en la que, con pequeñas bajadas y subidas anuales, el país parece haberse estancado en la última década.
Exposición social a la lengua extranjeraComo coinciden en señalar los expertos consultados, el hecho de que el español sea una lengua con gran fortaleza internacional (segunda en el mundo por número de hablantes nativos) tiende a reducir en España los incentivos de aprendizaje de otros idiomas. Algo a lo que tampoco ayuda que el país sea la primera potencia mundial en doblaje. Estas limitaciones históricas, según Miguel Martínez-López, director del Departamento de Filología Inglesa y Alemana de la Universitat de València, hacen que no baste con más horas de inglés en las aulas o con una mejor formación del profesorado, sino que es necesario, también, aumentar la exposición real al inglés en la sociedad mediante campañas que prioricen el subtitulado por encima del doblaje o que expliquen el valor económico, social y cultural de las lenguas en el siglo XXI. “No sería justo descargar sobre el profesorado —que en general desempeña un trabajo ejemplar y a menudo hasta heroico— el bajo nivel oral en lengua extranjera de los estudiantes. Aquí hemos de apelar a la cultura de relativa hostilidad hacia las lenguas extranjeras, que priva a los estudiantes de casi todo contacto con el inglés fuera de clase”, lamenta.
Su mano se desliza de manera pausada e insegura entre las dos líneas que delimitan el espacio en el que tiene que encajar la palabra que, con sus pequeños dedos, esboza una y otra vez. Una práctica que se realiza durante la infancia en el aprendizaje de la escritura y que requiere sostener un lápiz con los dedos, presionar sobre una superficie y mover la mano para trazar letras y palabras; una acción que parece sencilla pero que supone una labor cognitivo-motora compleja en la que debemos poner toda nuestra atención. “Durante los primeros años de vida, la escritura a mano constituye mucho más que una habilidad gráfica: es un proceso de integración neurocognitiva que contribuye al desarrollo motor, lingüístico y ejecutivo”, declara Joaquim Valls, profesor-investigador en Euncet Business School de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).
Caligrafía, una seña de identidadLa escritura manuscrita es una habilidad motora aprendida que se automatiza con la práctica. Aunque partimos de un modelo escolar común, cada persona consolida patrones propios de ritmo, presión, tamaño e inclinación según su control motor fino y coordinación visomotora. “Los modelos neuropsicológicos explican que, una vez estabilizados, estos programas motores generan una variabilidad individual consistente: esa es la base científica de la llamada letra personal”, manifiesta Monica Gallerani, reeducadora y consultora didáctica para el Aprendizaje de la Escritura y la Prevención de las Dificultades Grafo.
Cuando la escritura no alcanza suficiente legibilidad y automatización, el niño destina más recursos al gesto motor que a la planificación y revisión del contenido. “La evidencia indica que esta falta de fluidez puede asociarse a menor rendimiento escrito en etapas iniciales. En la vida adulta el impacto es menor en contextos digitalizados, aunque la claridad sigue siendo relevante en ámbitos profesionales”, dice Gallerani.
La caligrafía evoluciona con el transcurso del tiempo y puede producirse de forma involuntaria o deliberada. En este sentido, la escritura puede modificarse, aunque no de forma inmediata ni completamente libre de restricciones biológicas, “dado que, como toda conducta motora compleja, puede reorganizarse mediante práctica deliberada y repetida”, apunta Joaquim Valls, profesor-investigador de la UPC.
Desde el punto de vista neurobiológico, el cerebro mantiene capacidad de plasticidad a lo largo de la vida. Mediante entrenamiento se puede mejorar la fluidez, la legibilidad, el ritmo o la presión, aspectos vinculados al control motor y atencional. “Sin embargo, cuanto más automatizada está una pauta motora, mayor esfuerzo consciente y mayor tiempo requiere su modificación”, concluye Valls.
Visualicemos una cómoda llena de cajones. Muchos están desordenados, descuidados; algunos guardan suciedad, otros, asuntos oscuros, incluso perversos. La vida es un poco como esa cómoda. Y ningún otro movimiento ha abierto tantos de estos cajones como el feminismo. “Es la gran revolución del siglo XXI”, resume la periodista Luciana Peker, que huyó de Argentina y del libertarismo de Milei y vive hoy en España.
Suena el timbre. Cambio de clase. El profesor abre la puerta acompañado por tres funcionarios de la Agencia Tributaria. La escena nace como respuesta a los mitos sobre los impuestos que se han colado en el imaginario del alumnado. “Creen que es contestatario, pero es mainstream”, resume Juan F. Moreno Palomo, profesor de Secundaria y Bachillerato. El experimento desmoraliza; desde los pupitres se repiten argumentos de tertulia, sin evidencia. “Las opiniones valen si se fundamentan”, insiste. “El espíritu crítico pasa por distinguir datos de opiniones y para ello hacen falta saberes y contenidos”.
Amplitud de enfoquesEl debate sobre pantallas y pensamiento crítico tiende últimamente a resumirse así: o todo es culpa de la tecnología, o no pasa nada. Pero la discusión real es más compleja: depende de edades, usos, contexto y de si la escuela entrena (o no) la capacidad de hacerse preguntas y sostener argumentos. Con ese enfoque multidisciplinar se plantea el próximo congreso Educación y tecnología: una visión ético-crítica, organizado por la Federación de Enseñanza de CC OO, entre otras, en Madrid el 14 y 15 de marzo. Marta Cerezo, doctora del departamento de Psicobiología y Metodología en Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid, es una de las ponentes. Aunque pide evitar el esquema de causa-efecto, asocia “la exposición temprana y abusiva a pantallas” a un menor desarrollo de funciones ejecutivas (atención, autocontrol, planificación). “Sin acompañamiento escolar, la curiosidad y el hábito de formular preguntas se empobrece”, apostilla.
En Abril (1998), de Nanni Moretti, hay una escena que resume la impotencia de la izquierda ante la derecha populista. Entonces era Silvio Berlusconi, que hoy casi parece un simpático estadista conservador, y no sé cuál de los tres términos nos queda ya más lejos, supongo que “simpático”. Berlusconi debate en la tele con D’Alema, y Moretti se desespera porque no reacciona a su torrente de tonterías y falacias. Entonces le pega un grito a D’Alema que ya es legendario: “Di qualcosa di sinistra!” (di algo de izquierdas). Decir algo de izquierdas ya es casi tan difícil como hacerlo, pero por algo se empieza. Por eso no se imaginan la ola de fervor que ha despertado Pedro Sánchez en Italia por plantarse ante Trump. Sí, es perfectamente posible que lo haga pensando en sus cosas, pero eso no quita que pueda tener razón. Igual que si lo dijera Feijóo en clave electoral también habría tenido razón, pero es que le cuesta ver estas cosas porque no están en el guion. En todo caso, ¿oponerse a apoyar a EE UU en Irán es de izquierdas o de derechas? Veamos el historial del paciente. El fin de la Guerra Fría trajo tiempos de euforia, se pensaba que el bien había triunfado (la democracia y el capitalismo) y, es más, se había terminado la historia. Tal cual, recordarán que era el título del célebre libro de Fukuyama publicado en 1992. Ese año, con ese espíritu, EE UU se metió en la guerra de Somalia, avalado por la ONU, e iban tan sobrados que el desembarco fue transmitido en directo por la CNN desde la playa. Pero aquello era más complejo de lo que parecía, con mucha tribu rara, y acabó en desastre (vean Black Hawk derribado). Todavía sigue, 34 años después, con el país partido en tres, creo.