“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
El escudo social para la vivienda capotó. El Congreso rechazó la prórroga de la prohibición de los desahucios por impago de alquileres, que endosaba el coste de la protección social a los caseros privados. Pero eso no cancela el problema.
Donald Trump es un político, no un estratega militar y mucho menos un matemático. Tres días después del ataque conjunto con Israel a Irán, el presidente estadounidense afirmó en su red social que EE UU tiene “munición virtualmente ilimitada” y puede “luchar guerras eternamente”. La realidad es más simple: no hay guerras sin armas y cada nuevo conflicto, como el de Irán, supone un impulso adicional para la defensa en Bolsa, como demuestra la bonanza reciente del sector. Las empresas del ramo, tanto en Europa como en EE UU, han duplicado su valor en los últimos dos años, impulsadas por el rearme europeo tras la invasión rusa de Ucrania, el regreso de Trump a la Casa Blanca y, más recientemente, la amenaza de una invasión estadounidense de Groenlandia en enero.
La palabra crisis es una etiqueta, y como tal, está sujeta a interpretaciones. No hay una frontera a partir de la cual se entre automáticamente en ese terreno resbaladizo, aunque los 100 dólares por barril de crudo, o los 100 euros por megavatio hora (MWh) de gas —niveles que no se alcanzan desde el fatídico 2022 en que Rusia atacó Ucrania— serían umbrales para removerse en el asiento. La primera semana de conflicto en Oriente Próximo no ha empujado al mundo a una crisis energética de las dimensiones de la acontecida hace cuatro años, pues el desabastecimiento es más un riesgo que una realidad. Pero el impacto en los precios de la energía ya es un hecho, y va a tener implicaciones significativas para la inflación. La advertencia lanzada este viernes por el presidente estadounidense, Donald Trump, de que no habrá acuerdo con Irán “salvo rendición incondicional” no invita al optimismo sobre una pronta resolución del conflicto y, por tanto, de la normalización del mercado energético ni de sus consecuencias.
El ataque a Irán de Estados Unidos e Israel ha desatado un fuerte debate en Italia, donde el Gobierno de Giorgia Meloni ha guardado silencio durante días y al final ha decidido mantenerse al margen. Pese a estar en las antípodas ideológicas del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, al final Meloni ha seguido la misma línea respecto al uso de las bases de EE UU en su territorio. La oposición de centroizquierda también celebra mayoritariamente la posición española. La excepción en este panorama es el ex primer ministro Matteo Renzi (Florencia, 50 años), líder del partido de centro Italia Viva y buen conocedor de los países del Golfo, que tiene una opinión distinta.
El pasado fin de semana fue caótico, según admiten fuentes gubernamentales. Las noticias que llegaban del otro lado del Atlántico eran ambiguas, si no contradictorias. El presidente estadounidense, Donald Trump, emprendía una guerra que ha incendiado Oriente Próximo desde su residencia privada de Mar-a-Lago, con un reducido grupo de colaboradores, mientras los Estados Mayores y altos funcionarios del Pentágono esperaban instrucciones en Washington. El Gobierno español no fue avisado de la inminencia del ataque. Tampoco lo fue ninguno de los aliados, incluida la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, la más afín a Trump, cuyo ministro de Defensa, Guido Crosetto, quedó atrapado en Dubái, donde pasaba un fin de semana familiar. La negociación que estadounidenses e iraníes mantenían en Ginebra sobre el programa nuclear en Teherán parecía encarrilada hacia un acuerdo. Hasta que empezaron a caer las bombas.
Las guerras son, siempre, espejos morales. La guerra ilegal lanzada por Estados Unidos e Israel contra el infame régimen iraní no es excepción. Basta con fijarse sin anteojos de intereses espurios para ver retratos elocuentes. Algunos con espalda recta, muchos con patéticas contorsiones o en posturas de arrodillamiento político.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amaneció este viernes, séptima jornada de la guerra, dio una entrevista a la CNN y después acudió a su red social, Truth, para, como acostumbra, dar un nuevo bandazo en el discurso sobre un conflicto que parece guiado por sus caprichos y centrar la conversación en un Washington que baila cada día irremediablemente a su son. “No habrá acuerdo con Irán salvo rendición incondicional”, escribió en Truth. Y la capital estadounidense y el mundo entero se lanzó a analizar las consecuencias de ese anuncio.
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“¡Oh maldad! Nada respeta, de nada se avergüenza una mente llena de pestífero veneno, no rehuye nada abominable”. El clérigo francés Giraldo de Beauvais se despachaba a gusto contra la reina Urraca (1081-1126) en la Historia Compostelana, esa obra colectiva del siglo XII dedicada a narrar las hazañas del, también poderoso, primer arzobispo de Santiago, Diego Gelmírez. El jefe eclesiástico y la soberana mantuvieron una tensa relación por puro interés político y de dominio territorial. En ese tira y afloja con el arzobispo por el control en Galicia, la monarca llegó a padecer en sus carnes un amotinamiento ciudadano (que en realidad iba contra el prelado) en las calles de Compostela, donde fue desnudada, golpeada, arrastrada por el fango. Y a la hora de contar su reinado para la posteridad, tal y como recogen María Carmen Pallares y Ermelindo Portela (en su análisis La reina Urraca y el obispo Gelmírez. Nabot contra Jezabel), los escribas del momento pasaron de llamarla “nobilísima” dómina a describirla como “fiera Erinia”, “Jezabel” o “hija de Babilonia”. Y a asegurar que gobernaba, por las veleidades de su sexo femenino, “tiránica y mujerilmente”.
Diana Walsh Pasulka ha escrito uno de los libros recientes sobre el fenómeno ovni más exitosos. Tras la publicación de American Cosmic en 2019, fue entrevistada por The New York Times y apareció en el podcast de Joe Rogan, el más popular del planeta. Ahora, la editorial Errata Naturae publica el libro en castellano con el título Los creyentes. Un ensayo sobre ovnis, tecnología desconocida y el inesperado origen de una nueva religión.
Un comercial de una inmobiliaria vinculada a Redpiso ideó lo que pensó que sería un plan perfecto para engañar a varias personas que querían comprar casa en la periferia de Madrid. Para ello usaba el coche de la empresa, llevaba el uniforme y enseñaba documentos con el logo de la compañía para parecer un agente de confianza. Todo era parte del engaño. Y lo consiguió.
Todos los que nacimos en costas bellísimas, pero bravas y escarpadas, tenemos seguramente algún muerto entre las rocas. En esos acantilados de Santander donde estos días han fallecido seis personas murió un buen amigo de la niñez, Javi Lastra, pura sonrisa perdida entre las olas. No fue el único. El paseo junto al faro de cabo Mayor deja otros monolitos de recuerdos aciagos de una zona peligrosa, especial, ansiada por muchos que han arriesgado y perdido.
La nostalgia ya no es lo que era. Así tituló su libro de memorias la gran Simone Signoret, que sin duda tenía material para nostalgias de primera clase, desde el amor con Yves Montand hasta su participación en algunas de las mejores películas del cine francés, desde los años treinta hasta aquella obra maestra de Jean-Pierre Melville de los últimos sesenta, El ejército de las sombras, donde Signoret era una serena heroína de la Resistencia. La intensidad de la nostalgia no depende del mérito objetivo de lo añorado, así que lo mismo puede suscitarla una pasión estremecedora que el olor escolar de los lápices o la tiza. En mi caso, noto señales alarmantes de nostalgia por cosas de muy poco valor, un empobrecimiento que tal vez se corresponda con el de lo que se espera del mañana. La expectativa podría ser una nostalgia no del pasado sino del porvenir. De hecho, las épocas de mayores expectativas son aquellas de la primera juventud en las que uno acumula tan poco material del pasado que no ha tenido tiempo de añorarlo.
La guerra es la paz (Estados Unidos)
La abogada Mónica Fernández tuvo que regresar a la casa de sus padres a sus 47 años. La planta superior de esta vivienda típica de Catarroja ―un inmueble bajo, con la puerta de madera robusta y una fachada con dos ventanales en el segundo nivel― es un pasillo largo con cuatro habitaciones y un baño: una para ella con su hija de 11 años, una para sus padres, otra para guardar todos los enseres que logró rescatar la familia y la última, en un extremo, para su despacho. Hace más de un año, la dana de Valencia arrambló completamente su casa y con los precios del alquiler por las nubes no le quedó de otra que trasladar su vida hasta aquí, incluyendo su trabajo.
Solicitar una hipoteca es una de las decisiones financieras más importantes en la vida de una persona y elegir el momento adecuado para firmar puede marcar la diferencia entre asumir una carga sostenible o enfrentarse a cuotas difíciles de afrontar durante décadas. En España, el mercado hipotecario, marcado por un contexto de tipos ligeramente al alza, se enfrenta a la escalada del conflicto en Oriente Próximo y su impacto en el encarecimiento de los precios de la energía. De prolongarse la guerra en Irán, las subidas de tipos serían una probabilidad muy cierta y esa incertidumbre preocupa a quienes planean endeudarse a largo plazo. En este entorno, la pregunta que muchos hogares se hacen es si conviene aprovechar las ofertas hipotecarias actuales o esperar a que la situación se estabilice, aunque a riesgo de asumir tipos de interés más altos.
En un partido tan ciclotímico como el PSOE de Andalucía, las cuatro palabras pronunciadas el pasado miércoles por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, han disparado el estado de ánimo al punto más alto. Las cuatro palabras son: “No a la guerra”.
En septiembre de 2022, el nombrado este viernes director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, el comisario José Luis Santafé Arnero (Madrid, 60 años), asumía el cargo que ha ocupado hasta ahora, el de jefe superior en Baleares. Y lo hacía con un discurso en el que, ante el director general Francisco Pardo, la entonces delegada del Gobierno en esta comunidad y hoy secretaria de Estado de Seguridad, Aina Calvo, y el en aquel momento DAO, el también comisario José Ángel González, recordaba sus orígenes humildes: “Gracias por confiar una vez más en aquel muchacho del [madrileño] barrio de Malasaña que en la década de los 80 deseaba con todas sus fuerzas ser policía en un entorno que empujaba a acabar siendo todo lo contrario”.
Jordi Fibla llegó al mundo con buenas cartas. Era el benjamín de siete hermanos, la cuarta generación de una saga de carniceros, los Fibla, arraigada en el centro de Badalona. Un auténtico btv, sigla con la que se conoce a los badalonins de tota la vida, familias que pueden buscar la huella de sus antepasados en la ciudad y a quienes se atribuye cierta ascendencia social y económica. Pero esa buena mano al nacer no le ha evitado una muerte desgraciada. El 4 de marzo, Jordi Fibla, de 52 años, se convirtió en la cuarta persona sin hogar que muere en lo que va de año en las calles de Badalona, una ciudad con los servicios sociales bajo cero, que durante el gobierno de Xavier Garcia Albiol (PP) ha cerrado el único albergue social del que disponía y que ha vivido recientemente el drama del desalojo del B9, un viejo instituto que fue el mayor asentamiento informal de migrantes de Cataluña.
La candidata de Unión del Pueblo Leonés (UPL), Alicia Gallego (51 años), percibe una fuerza leonesista clamando por dejar Castilla y León junto a Zamora y Salamanca. La aspirante acusa al PP de inacción en sus 38 años al frente de la Junta de Castilla y León y apela a la constitucionalidad de su causa. UPL, con tres procuradores, aspira a conseguir un cuarto y ganar al PSOE en su bastión.