“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Con la canción de la lluvia sobre los paraguas e incluso con nieve, si es que nieva; o a pleno sol y con la hebra de sudor cayendo por la espalda. Sea como sea, el último viernes de cada mes, los integrantes de la asociación Oncobierzo se manifiestan ante la sede de la Junta de Castilla y León en Ponferrada para pedir que se complete la plantilla de oncólogos y se mejoren los servicios y las listas de espera en el Hospital del Bierzo, que atiende a los 120.000 habitantes de las comarcas del Bierzo, Laciana y la Cabrera, en León. Para reclamar esto, ha habido manifestaciones multitudinarias, tanto en Ponferrada como en Valladolid, con pancartas y carteles donde se podía leer el lema de la organización: “Algún día es mucho tiempo”. Y así es. Para quien espera lo importante, un tratamiento médico, un trabajo, una vivienda, una plaza en una residencia de mayores, que eso llegue algún día significa mucho, demasiado tiempo.
Si Santiago Abascal fuese el presidente del Gobierno de España, y la cumbre Shield of the Americas fuera, no solo americana, sino iberoamericana, y Donald Trump lo hubiese invitado a acudir junto a Nayib Bukele, Javier Milei o José Antonio Kast, Abascal —no cabe duda— habría ido. Y allá habría estado cuando Marco Rubio pidió permiso a Trump para hablar en español, y cuando Trump dijo: “No voy a aprender vuestro maldito idioma”, y otros comentarios jocosos y despreciativos de emperador hablando para sus sátrapas bananeros, como cuando el secretario de Guerra, Pete Hegseth, dijo “yo solo hablo estadounidense” (“I only speak American”). Y se hubiera reído, y hubiera aplaudido, como todos los demás. Habría llegado allí impulsado por los votos de un pujante movimiento ultranacionalista que venera al almirante Blas de Lezo, que se dice que decía que meaba siempre mirando hacia Inglaterra; que pregona que el Imperio español fue generador, civilizador de indios, y el inglés, depredador, genocida; que vocea a todas horas y en todos los soportes que puede su indignación furiosa contra la leyenda negra antiespañola, anglosajonamente pergeñada. Pero habría aplaudido, sí, y se habría reído con las gracietas del Nerón de la Casa Blanca, renombrador de golfos, borrador de la herencia hispana de esos Estados Unidos que Álvar Núñez Cabeza de Vaca ya estaba explorando un siglo antes de que los puritanos del Mayflower pusieran un dedo gordo del pie en las playas de Massachusetts. Porque así de paradójicas son las cosas de la ideología, de cualquier ideología.
La malograda Megalópolis del genial Francis Ford Coppola especulaba sobre las potenciales similitudes que tendría que la caída de la República Estadounidense con la de la Republica Romana, incluyendo el papel que los políticos populistas, con su natural predisposición a cruzar rubicones. Lamentablemente, en 2026, el presidente Donald Trump se ha saltado la única línea roja que parecía autoimponerse, su Rubicón particular, y que afortunadamente limitaba la volatilidad de sus decisiones. Ya que su deshonestidad —también llamada carácter transaccional— era hasta ahora compatible con una fidelidad numantina a sus promesas electorales, verdaderos compromisos con sus votantes, más allá de la cuestionable lógica social y económica de las mismas.
“Siempre he sido una empollona”, dijo hace unos días la escritora Sara Barquinero a Sergio C. Fanjul en este periódico. La autora acaba de publicar La chica más lista que conozco, un libro sobre una joven que acaba envuelta en un grupo de universitarios crueles y cultos, y explica que siempre le gustaron “esas novelas que dicen cómo empieza el curso, qué asignaturas tienen los protagonistas, qué notas sacan, ese tipo de cosas”. Barquinero es doctora en Filosofía con una tesis sobre lo sublime kantiano y su anterior obra pesó cerca de un kilo. A las autoras siempre se les ha presupuesto la sofisticación intelectual, pero últimamente estamos viendo cómo ―especialmente dentro de la cultura digital― el término empollona se lo han reapropiado mujeres que lo exhiben orgullosas y se dirigen sin complejos a otras como ellas, sin rastro de ese origen despectivo ligado al colegio. Tampoco parece que sientan ya la necesidad de encajar con los tópicos de la alta cultura, tradicionalmente masculina. Son nerds cómo y sobre lo que a ellas les parece.
Martin Amis escribió que siempre andamos escasos de genios cómicos. Con la muerte de Alfredo Bryce Echenique a los 87 años hemos perdido a uno de los mejores de nuestra lengua. Bryce escribió una novela conmovedora e inolvidable, Un mundo para Julius, una evocación divertida y a veces tristísima de la infancia. Pero mi libro preferido de Bryce es La vida exagerada de Martín Romaña, una novela rabelesiana llena de humor autodenigratorio, con un “hombre inútil” que en su monumental despiste sigue a una amante a las barricadas de mayo del 68 y hace el ridículo de casi todas las maneras posibles. La lectura del capítulo “El vía crucis rectal de Martín Romaña” me provocó un ataque de risa que me tiró del sofá de la casa de mis abuelos.
Miguel Ángel Llamas (Melilla, 39 años) accedió al cargo de coordinador de Podemos en Castilla y León hace menos de un año. La papeleta que comparte con Alianza Verde tiene la difícil tarea de mantener el único escaño que ha ocupado esta legislatura en las Cortes Pablo Fernández, el número tres del partido, cuando casi todas las encuestas vaticinan su desaparición.
Juan Gascón (Alcañiz, 50 años) defiende que el “No a la guerra” entonado ahora por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, solo es “patrimonio de la mayoría social”. Profesor de secundaria y coordinador de Izquierda Unida en la codamunidad, el candidato a la Presidencia de la Junta por la coalición que reúne a IU, Movimiento Sumar y Verdes Equo critica la “hipocresía” de la extrema derecha con el campo.
Romanticismo (publicada en 2001) convirtió Madrid en una ciudad del mundo que, a la muerte de Franco, se veía de otra manera. El cogollito, es decir, el centro neurálgico de lo que había sido la capital, se estaba preparando para el futuro democrático. El autor del libro, Manuel Longares (Madrid, 1943), periodista y narrador, ya había escrito en abundancia: La novela del corsé, Soldaditos de Pavía, Operación Primavera… Romanticismo marcó el pasado y el resto de su obra y él es ahora un clásico que tiene como antecedentes a Pérez Galdós, a Valle-Inclán o a Juan Benet. Ahora es autor de un libro que parece salir de las entrañas de las monarquías de los Austrias, pero que hoy, con sus risas y sus pareados, convoca, a veces cruelmente, a veces a carcajadas, siempre con risas, a la sátira contemporánea. Cortesanos (Galaxia Gutenberg), esta nueva obra suya, sucede en el siglo XVIII de Madrid, pero en este tiempo puede ser contada como una evocación despiadada de lo que sucede en la corte de estos días.
CortesanosManuel Longares Galaxia Gutenberg, 2026 120 páginas. 14,50 eurosLa confesión aparece en el peor lugar: el Boletín Oficial del Estado. Allí, la semana pasada, el Gobierno de España reconoce a ojos de todo el mundo que le debe al de Castilla-La Mancha 3.105,22 metros cuadrados desde hace 40 años. Es el fruto de la construcción de la España de las autonomías. A finales del siglo XX, el Estado traspasó a las distintas regiones personal, servicios, funciones y competencias. Eso debía ir acompañado, también, del uso o la propiedad de los edificios en los que se prestarían los distintos servicios a los ciudadanos. En el caso de Castilla-La Mancha, se acaban de traspasar 54,75 metros cuadrados pendientes desde 1983 correspondientes a la sede de la Delegación Provincial de la Consejería de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital. Pero quedan muchos más pendientes: 2.434,97 desde que en 1984 se traspasaron las carreteras, 651 desde que en 1995 se traspasó la competencia en materia de casinos, apuestas y juegos; y 19,25 desde que en 1996 ocurrió lo mismo con agricultura.
La Liga Europa, segunda competición continental, ha deparado que el Betis se cite con el Panathinakos en los octavos de final. Este jueves (18.45, Movistar LC), en la ida, tendrá lugar el primer capítulo de un duelo que enfrenta al quinto clasificado de la Liga española con el cuarto de la Liga griega. Un choque donde jugadores como Antony, Fornals o el Cucho se medirán a rivales como Renato Sanches, Tetê o Vicente Taborda; y en donde también se citan dos de los entrenadores con más experiencia y palmarés del fútbol europeo. Rafael Benítez y Manuel Pellegrini, a sus 65 y 72 años, son dos de los tres entrenadores más veteranos —junto con Gasperini, de 68, al frente de la Roma— de una competición donde abundan los técnicos que apenas llegan a los 50 años.
Hace dos semanas, después de que el Celta tumbara al PAOK en Vigo y certificara su regreso a los octavos de final de la Europa League casi una década después, el entrenador que dirigió una gesta que no hacía tanto parecía imposible atendió a los micrófonos de Movistar+. “Estamos en un sitio que no nos corresponde, en el que no deberíamos estar por la juventud de nuestros jugadores y por la reconstrucción del club. Somos un club en crecimiento y estamos viviendo un momento muy bonito en el que hay un arraigo descomunal de la gente con los jugadores y de los jugadores con los aficionados. Yo nunca lo había vivido aquí en Balaídos, y llevo toda la vida viniendo. Todo es muy natural y muy bonito, y ese arraigo de la gente gallega hace que se viva algo muy especial y que noches como hoy nos queden en la memoria a todos”, resumió Claudio Giráldez, de 38 años.
Hay algo agradable, tranquilizador, lindando con lo casero, en la posibilidad de explicar a una persona en apenas dos tuits. “Votaré a Laporta porque es el mejor presidente que ha tenido el Barça desde que tengo uso de razón. Ahora bien: no le compraría un coche de segunda mano”, escribió la semana pasada Arròs de mort, socio culé y uno de los tuiteros más en forma del momento. El segundo, menos trabajado, más de andar por casa ajena, posiblemente con el albornoz sin ajustar del todo a la cintura, lo escribió 4amiguetes y dice así: “Laporta habla para golfos y anormales. Los que no lo son, son fanáticos cegados por su antimadridismo. Si gana el domingo (y no tengo dudas de ello), pensaré en esa masa de golfos, anormales y hooligans”. No sé si era así como hablaba Zaratustra -he leído poco a Nietzsche-, pero ojalá.
La mayoría de los equipos femeninos de fútbol que están ahora en el primer nivel nacieron bajo el paraguas de clubes masculinos históricos. El FC Badalona Women es uno de los pocos de la actual Liga F que ha crecido como proyecto independiente, sin esa gran estructura detrás. Un club que empezó como equipo de barrio, y que se ha ido transformando a base de mudanzas, cambios de identidad y ahora también con inversión internacional. Mercury 13, grupo inversor multiclub, entra de lleno en el Badalona como su máximo accionista con una idea clara: profesionalizar el club, potenciar su desarrollo deportivo y aspirar a competir en la parte alta de la Liga F y, algún día, en Europa. “Es el comienzo de un proyecto de crecimiento. No pasará de la noche a la mañana, pero hay mucha gente con muchas ganas de elevar el nivel. Espero que llene de ambición a nuestras jugadoras, cuerpo técnico y comunidad de Badalona”, asegura Mario Malavé, cofundador de Mercury. La fecha del anuncio no es baladí: este jueves el Badalona, octavo clasificado de la Liga F, se enfrenta al Barça (21.00, Teledeporte y RTVE Play) en la primera semifinal de la Copa de la Reina de su historia.
Poco antes de morir José Guirao —Pepe para los amigos— reunió a su círculo más cercano y le contó dónde guardaba todo aquello que había escrito durante su vida y que nunca había publicado. Las letras dormían en diferentes pendrives y ordenadores, también en todos los cuadernos que le gustaba comprar, en la casa de Madrid, en su pueblo Pulpí, Almería, en La Vera, Cáceres, un refugio donde cuidaba su jardín japonés, paseaba con los perros y escribía para que nadie le leyera. Por ahí se encontraba desperdigada una obra dispersa e inconclusa consistente en poemas de juventud, apuntes, notas, alguna obra teatral, algún intento de novela. “Haced con ello lo que creáis conveniente”, les dijo.
Hay apellidos que imponen, sobre todo a sus portadores. El compositor Gabriel Prokófiev (Londres, 41 años) no llegó a conocer a Serguéi, el enfant terrible de la modernidad soviética, pero desde pequeño sintió una gran admiración y respeto por su abuelo. “Cuando mi padre [Oleg, pintor y escultor abstracto] emigró a Gran Bretaña tuvo mucho cuidado de no imponernos esa herencia”, cuenta en conversación telefónica. Su infancia no transcurrió, como cabría imaginar, entre estrictas clases de solfeo. “En casa sonaba siempre su música, pero la asimilábamos con cierta naturalidad”, recuerda. “Me encantaba su ballet Romeo y Julieta y el segundo de sus conciertos para piano”.
Hace casi 40 años, en 1988, Aitana Sánchez-Gijón (Roma, Italia, 57 años) se subió al escenario del Teatro Español de Madrid para interpretar a Acacia, una mujer de la que se enamora su padrastro en La malquerida, la obra cumbre de Jacinto Benavente. Tenía apenas 19 años, casi nulo recorrido en la interpretación y no auguraba la dilatada y exitosa carrera que le esperaba. “Era una actriz jovencita, era mi segundo montaje teatral. Me sentía un poco apabullada por todo: el elenco, el lugar, el texto…”, recuerda. Este viernes volverá a la misma obra y al mismo teatro, pero con el papel de Raimunda, la madre de aquella a la que interpretó tantos años antes, en una nueva producción dirigida por Natalia Menéndez.
El libro Water Over Thunder reúne por primera vez los escritos del fotógrafo estadounidense Larry Sultan (Nueva York, 1946–California, 2009), una figura fundamental de la fotografía de la segunda mitad del siglo XX. Lejos de constituir un mero complemento a su obra visual, estos textos revelan que la escritura constituía una parte integral de su quehacer artístico. Su correspondencia con curadores, sus continuas anotaciones en libretas, las transcripciones de sus clases, los borradores de cuentos, así como las sinceras entradas de sus diarios, donde los sueños encuentran un lugar privilegiado, junto a ensayos más pulidos, permiten al lector seguir el pensamiento del artista mientras reflexiona sobre el acto de mirar, la memoria familiar y los límites de la fotografía.
Dicen que las últimas palabras que pronunció el poeta alemán Goethe antes de morir fueron “Licht! Mehr Licht!” (“Lluz, más luz!”), aunque no se sabe si se debía a su ansia por adquirir más conocimientos o porque quería que alguien corriera las cortinas. Uno puede levantarse por la mañana, escribir un poema, dejar que la luz entre por la ventana y esperar tranquilamente la llegada de la muerte antes de que se ponga el sol. La figura del spoken word y persona no binaria Andrea Gibson reformula esa claridad poética en torno a la muerte en su documental Come See Me in the Good Light, en el que muestra los últimos momentos y conversaciones junto a su pareja, la también poeta Megan Falley, mientras atraviesan el cáncer terminal de Gibson.
Una noche, mientras escribía, la poeta y escritora Maggie Smith (Columbus, Estados Unidos, 49 años) reparó en el maletín de su marido, abierto encima de la mesa del comedor. Atraída por ese descubrimiento, se acercó a él, hurgó entre las carpetas y blocs de notas, y encontró una postal dirigida a una mujer que vivía en la ciudad que él había visitado últimamente por trabajo. El descubrimiento de esa —en aquel momento hipotética— infidelidad fue el principio del fin de su matrimonio y de la familia que habían creado juntos.