“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Preferiría no haber leído este libro. Sin embargo, el motivo por el que a lo largo de sus apenas 140 páginas llegué a odiarlo y a amarlo, y luego a odiarlo, y luego a amarlo otra vez, es el mismo por el que considero necesario sentarme aquí, ante ustedes, y hablarles de manera entusiasta sobre sus hallazgos.
En la naturaleza las cosas crecen Yiyun Li Traducción de Virginia Higa Chai Editora, 2025. 160 páginas, 20,28 eurosA la natura les coses simplement creixenYiyun Li Traducción de Marc Rubió Rodon L'Altra Editorial, 2025 176 páginas. 20 euros¡Reenvía esta newsletter! Compártela con quién quieras para que llegue más lejos. Apúntate aquí para recibir la próxima.
El debate se escucha a intervalos al otro lado de una sala del ayuntamiento de Villamanín (León, 860 habitantes, unos 70 en invierno). “Estamos jodidos”, se exclama. “No firma ni Dios”, trasciende. “¿Y qué me va a pasar con la papeleta?”, preguntan retóricamente. “Hasta ahora la estrategia de comunicación no ha sido buena”, autocrítica. “Redactadlo vosotros lo antes posible y luego ya se ponen las comas”, se recomienda. Chirrían las sillas a las 16.05 de este lunes y desfila fugaz la comisión de fiestas de Villamanín, que ha traído millones primero y polémica después por vender 50 participaciones que no consignó en la administración antes del sorteo de la Lotería de Navidad. Cristina Sanz, portavoz del grupo, clama por el entendimiento: “Nuestro objetivo es proteger la convivencia del pueblo”. Para ello se contempla que los premiados legítimamente den parte del pastel a los desafortunados afortunados sin boleto legal. Para ello, es clave que nadie denuncie, pues paralizaría el proceso. De momento no constan visitas al juzgado.
La televisión de 2025 ha dado momentos virales globales nacidos en España (el caso Montoya), la caída al hoyo de la audiencia de Telecinco, la exitosa apuesta de TVE por las tertulias informativas y series convertidas en fenómenos incontenibles como Adolescencia. Y como cada año, también han nacido interminables polémicas eurovisivas. Estos son los protagonistas de este año que termina, que incluye éxitos, fracasos, sorpresas y algún que otro momento polémico.
Cuando los historiadores nos sentamos a ver una película ambientada en la época que estudiamos, experimentamos una punzante incomodidad. Lo mismo nos pasa con las novelas históricas o los programas de humor que hablan del pasado en la radio. Una verdadera enfermedad profesional. Cómo es posible que se cometa tal o cual error de fechas y situaciones, nos preguntamos. Nos parecen imperdonables las caricaturas o simplificaciones de personajes y asuntos complejos, los anacronismos, las burdas manipulaciones de los enfoques presentistas. Tras años de archivo, muchos investigadores se indignan por la mala calidad de los relatos más difundidos. Algunos, no obstante, consiguen calmarse y distinguir entre dos géneros diferentes: por un lado, la historia, que debe atenerse a lo comprobable, aunque se esfuerce en resultar atractiva; por otro, la ficción, que se permite inventar lo que sea con tal de mejorar una trama.
El resentimiento es traicionero. No quieres darle cobijo, pero algunos episodios quedan grabados a fuego. Como aquel día, ya pasados los 30, cuando después de una jornada de 15 horas, un señor te suelta que el periodismo es un sacerdocio y que hay que sudar ―rollo “la fama cuesta”― si quieres abrirte hueco. Léase: que te contraten por un sueldo digno. Me lo dijo un hombre de la generación del baby boom con cuyo sueldo se podía contratar a tres millennials como yo, que llevábamos una década picando piedra.
S. B. se escapó de casa después de que su pareja le diera una paliza en mayo. Estaba embarazada de tres meses. Denunció y obtuvo una orden de alejamiento de su agresor. Ingresó en un centro de emergencia y después pasó a un piso de protección para iniciar un proceso de recuperación con psicólogos y poder seguir su embarazo con tranquilidad. Pero en julio la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGPPIA) abrió expediente por desamparo preventivo sobre su futuro hijo. El 30 de octubre, tres semanas antes de dar a luz, las trabajadoras sociales la citaron en la sede de Barcelona para explicarle que, cuando naciera su bebé, no podría quedarse con él.
En la calle de Manuel y la calle de Duque de Liria, a escasos 100 metros del Palacio de Liria —propiedad de la Casa de Alba—, no hay ningún vecino de origen belga u holandés. Sin embargo, una vieja advertencia del siglo XVI, acuñada en los Países Bajos para acongojar a los niños que se portaban mal, sobrevuela desde hace unas semanas las cabezas de las cerca de 75 familias que pueblan la manzana, compuesta por cinco portales. “Que viene el duque, que viene el duque”, se le decía a los más pequeños, amenazándoles con la severidad de Fernando Álvarez de Toledo, el III duque de Alba, durante la Guerra de Flandes. Cinco siglos después, ya no es la mano dura de Fernando Álvarez de Toledo la que asusta, sino los planes inmobiliarios de sus sucesores, el actual duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo y, sobre todo, su hijo Fernando Fitz-James Stuart, el duque de Huéscar, último heredero de la casa ducal:
Era un sábado de principios de noviembre y Pablo Sánchez, gerente de la empresa de mudanzas ServiMoving, vio algo raro en internet: una reseña de una estrella en su página de Google Maps. “Revisamos con el equipo para ver qué había pasado, qué cliente estaba descontento”, explica este trabajador a EL PAÍS. “Al poco rato entró otra y otra ... Nos empezamos a alarmar”, añade. Enseguida vieron que no eran clientes reales. “Estábamos desconcertados”, dice. Poco después averiguaron qué pasaba. Recibieron un mensaje desde un móvil extranjero: les decían que otra empresa les había pagado para escribir esas reseñas y que por 200 euros las borraban y les decían quién era el culpable. El hombre dudó y llegó a hablar por teléfono con los atacantes: “Se notaba algo organizado, en plan call center donde mucha gente estaba llamando”, explica.
Unos días antes de inaugurar en Milán el viernes 6 de febrero los Juegos Olímpicos de Invierno, la presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), Kirsty Coventry, tomará seguramente su primera gran decisión al poner en marcha un test genético mediante una prueba PCR que determine el sexo biológico de todas las mujeres que se clasifiquen para participar en futuros Juegos Olímpicos. Seguirá el COI la senda marcada en julio pasado por World Athletics (WA), la federación internacional de atletismo, que obligó a las 1.015 mujeres participantes en los pasados Mundiales de Tokio a superar un PCR SRY que identifica el gen del cromosoma Y, el que marca la masculinidad. Quedarán eliminadas de la competición deportiva a nivel internacional en la categoría femenina de cualquier deporte aquellas que no lo superen, sean atletas transgénero, sean atletas con variaciones de las características sexuales (DSD), mujeres a las que se asignó el sexo femenino al nacer pero poseen cromosomas masculinos, mujeres como Caster Semenya, la campeona olímpica surafricana, o Imane Khelif, la boxeadora argelina medallista de oro en los Juegos de París.
Comer una buena carne es un placer que empieza antes del primer bocado. Arranca en la elección de la pieza y en el cuidado con que se trata. Continúa con el olor que se escapa del fuego —mejor si es parrilla—, con el chisporroteo de la grasa al fundirse con el calor o con el crujiente final de un buen asado. La carne es rotunda, jugosa y profunda. Y casi nunca, aunque esto vaya de gustos, necesita salsas ni adornos que distraigan: basta sal y un poco de paciencia. Además, casi siempre se comparte. Los expertos de EL PAÍS que han participado en la elaboración de la Guía Gastro 2026 eligen ocho restaurantes en los que disfrutar de una buena carne.
Más de 3.000 colegios e institutos de toda España han mejorado sus resultados académicos gracias al programa PROA+, un Plan de Refuerzo, Orientación y Apoyo financiado principalmente con fondos europeos que busca mejorar los resultados del alumnado vulnerable. El programa entiende por tal al que presenta necesidades asistenciales —de alimentación o vivienda— o escolares —relacionadas con el clima familiar, la brecha digital o el material escolar—. Pero también al que tiene necesidades educativas especiales, ya se trate de altas capacidades, de dificultades específicas de aprendizaje o de las que se derivan de una incorporación tardía al sistema educativo.
Todos los actores implicados en la guerra en Ucrania dicen desear la paz. Una paz que cada uno entiende a su manera y que nada indica que vaya a llegar como resultado de una victoria o derrota decisiva en el campo de batalla, sino por vía negociada. El dato que mejor lo ejemplifica es el hecho de que, a pesar de su evidente superioridad de fuerzas, en el año que termina Rusia tan solo ha sido capaz de añadir unos 6.000 km² (el 1% de Ucrania) al territorio que controlan directamente sus tropas. Y todo ello al coste de unas 400.000 bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos.
Si el calvo de la lotería tenía una apariencia ligeramente siniestra era porque de las tres cosas que hay en la vida él era el portador de la más oscura. Nadie puede poner objeciones a la llegada del amor o la salud, pero ay, la irrupción del dinero. Es casi imposible no perderse en el jardín de los lugares comunes al referirse al vil metal y por eso el refranero ya dejó zanjado el asunto desde todos los puntos de vista posibles menos desde dos. El primero, el que se observa desde el alto del Pico Fontún. Desde allí es posible comprobar cómo abajo, en Villamanín y alrededores, llevan una semana frotándose los ojos para salir del pasillo de los malos sueños. ¿Cómo va a ser verdad que nos tocó el Gordo, nos abrazamos de alegría, y ahora que no está muy claro si podemos quedarnos el parné, sacamos las quijadas de burro, para darnos de hostias?
Semanas atrás el representante de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, concedió una entrevista a La Vanguardia. En ella, tras constatar la falta de apoyos parlamentarios del Gobierno, reclamó que el presidente Sánchez se sometiera a una moción de confianza o que en caso contrario adelantara las elecciones. Fue una intervención de crítica política que levantó suspicacias. Aunque es habitual que los representantes de la Iglesia se involucren en la política, suelen utilizar canales menos llamativos. El anterior Papa, que solía dejarse llevar por las ganas de hablar de todo, en ocasiones puso el acento sobre cuestiones de alarma humanitaria y con ello automáticamente se ganaba el desprecio de algunos representantes políticos que llegaron a desvestirlo de las túnicas del cargo para rebajarle, con desprecio, al apelativo de Ciudadano Bergoglio. El Ciudadano Argüello, sin embargo, tuvo a los pocos días una oportunidad de oro para involucrarse de nuevo, y con motivo, en las visiones políticas de nuestro país. En Badalona, el alcalde logró consumar el desalojo policial de un antiguo instituto abandonado en el que malvivían 400 personas. Lo hizo además con chulería chabacana, convencido de que el rédito electoral de tan grosera medida bien valía pasar un ratito de sonrojo.
Llegado al páramo de la mitad de la vida, siento nostalgia de la juerga loca. Salir de noche, salir a tope, es, probablemente, la actividad a la que más esfuerzo y dedicación he aplicado, y en la que, sin duda, he logrado mayores cotas de excelencia. Salía con la precisión estética del orfebre, con el tesón del deportista de élite, con la inconsciencia del suicida: siempre presto para el mejor baile, para el plan más loco, para la conversación más profunda, gritada al oído, en las profundidades del club. Era salir como quien practica una de las Bellas Artes, o una de las Mixed Martial Arts (MMA). Y así acababa, extasiado y dolorido, entre el síndrome de Stendhal y K.O.
Las negociaciones para la investidura extremeña avanzan sin pausa y con cierta prisa pragmática. María Guardiola busca el apoyo de Vox, como desea su partido, sin romanticismos democráticos en forma de líneas rojas. El precio de los de Abascal, previsible, nos regala una fotografía de sus preferencias y de las políticas que ofrece como alternativa.
El año previo a las elecciones municipales de mayo de 2011 la ciudad de Jaén sufrió una transformación sin precedentes de su entramado urbano. La Junta de Andalucía invirtió 120 millones de euros en tiempo récord para hacer posible el que había sido el principal reclamo electoral del entonces Gobierno de coalición entre PSOE e Izquierda Unida. El tranvía circuló en pruebas en las semanas previas a los comicios locales, pero el abrumador triunfo electoral del PP en esas elecciones actuó como una sentencia condenatoria para un sistema de transportes que desde entonces vive en el ostracismo más absoluto y que simboliza mejor que nadie las consecuencias nefastas del eterno enfrentamiento entre PP y PSOE.
“El año que viene dejo de fumar”, dijo Diego con seguridad mientras cenaba con sus amigos el sábado. La afirmación fue seguida por una risa colectiva. Le han escuchado pronunciar las mismas palabras cada Navidad durante los últimos cinco años. La llegada de un nuevo año suele venir acompañada de una lista de propósitos que no siempre se cumplen y que, en muchos casos, se repiten por inercia. Dejar el tabaco encabeza cada enero esa lista. No es casualidad. Aunque la decisión es individual, los expertos coinciden en que el papel del entorno resulta determinante para que el intento se consolide o se diluya con el paso de las semanas. Pero, ¿cómo debe actuar ese entorno para convertirse en apoyo y no en obstáculo?