“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Quedamos en el centro comercial Alcalá Magna, en Alcalá de Henares, el típico zoco urbano de franquicias que está estos días a reventar de gente comprando regalos de Reyes. Hace un frío que pela, pero Mamadou Dhianka llega desde el cercano centro de acogida de migrantes, su casa desde hace ocho meses, a cuerpo gentil. Viste una camisa estampada y una corbata a juego, las prendas más elegantes de su guardarropa, compuesto por el equipamiento que les proporciona Accem, la ONG que gestiona el campamento, y las que les donan entidades públicas y vecinos de la ciudad. Esta cita es muy importante para él y quiere otorgarle empaque y formalidad. Acompañado de una trabajadora social del centro, Dhianka habla un correcto aunque limitado español, acorde con el certificado B1 que acaba de aprobar, pero trae unas cuartillas manuscritas en una funda de plástico, a las que acude cada vez que escucha una pregunta. En ellas ha escrito exactamente lo que quiere decir. Lo que más le gusta de su nuevo idioma son los refranes, confiesa, porque le recuerdan a dichos de su país que expresan lo mismo con otras palabras. El último que ha aprendido le encanta: “A quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, recita, dejando el dulce rastro de su maliense francés materno entre tanta erre y tanta jota. Esa es su obsesión ahora, dice: adaptarse a su país de acogida.
UNO DE TANTOS, UNO ÚNICOMamadou Dhianka (Fatou, Mali, 24 años) es el mediano de una familia de siete hermanos, procedente de la región maliense de Kayes. Hace dos años salió de su país, asolado por la violencia de grupos yihadistas, y pasó un año malviviendo en Mauritania, trabajando en lo que podía hasta lograr reunir el dinero para una plaza en una patera, con la que llegó con otros 110 migrantes a la isla de Hierro en febrero de 2025. A los dos meses, fue trasladado al centro de acogida de migrantes de Alcalá de Henares (Madrid), donde reside desde entonces en espera de que se resuelva su solicitud de asilo, aceptada por el ministerio del Interior en septiembre de ese año. En ese tiempo, Dhianka, herrero como su padre, ha logrado el certificado B1 de idioma español y realizado cursos de formación de manipulación de alimentos, carretillero y mantenimiento de carrocería de vehículos. Para los alcalaínos es uno más de los más de 1.000 ocupantes del cuartel Primo de Rivera, antigua sede de los paracaidistas, la mayoría subsaharianos, que deambulan por la ciudad cada día a la espera de la documentación para poder buscar un trabajo. Pocos, por no decir ninguno, les miran a los ojos o se paran a hablar con ellos. Él, dice, no se rinde y sigue su camino.
Las listas son finitas. Es lo mejor y lo peor de hacer ránkings de las mejores series, películas, libros o música. Pero en el caso de la televisión, la oferta global de plataformas y canales es tan salvaje (como se puede consultar día a día en nuestro calendario de estrenos), que siempre se queda mucho por el camino. Por si todavía tienes tiempo para incluir un nombre a la lista, estas son las recomendaciones no tan populares como Adolescencia, pero con mucha calidad.
Me he levantado con las inquietantes noticias de lo que está ocurriendo en Venezuela y con la captura de Nicolás Maduro y su esposa. Me siento conmocionada por lo que se avecina en este mundo liderado por un loco y aunque Maduro es un dictador todo lo que está pasando es ilegal. El pueblo venezolano siempre ha sido un país amigo de España y nos sentimos agradecidos por todos los españoles que encontraron un lugar huyendo de la dictadura franquista. Les deseo que esta invasión de Estados Unidos sea frenada por los organismos competentes y puedan con nuevas elecciones recuperar su soberanía.
Feliz Año Nuevo Electoral, querido lector. A partir de ahora, aunque en realidad ya comenzara en Extremadura, todo va a ser un transitar hasta llegar a la meta final de las generales. Lo malo de este proceso electoral en cadena es que acabará perdiéndose esa cierta magia que siempre tiene el ejercicio del derecho de sufragio. Me refiero a la cercanía que de repente muestran los políticos por los ciudadanos, concentrados ahora en hacerles ver que en realidad les importan, con esa continua subasta de servicios y prestaciones públicas, de relatos en los que predomina el afán competitivo por ver quién ofrece más o, incluso, quién es más digno de representarnos. El peligro de estos largos procesos electorales en cadena es, sin embargo, que lleguemos exhaustos al final del viaje, hartos y descreídos por tanta ración de la misma matraca. Hartazgo ante la reiteración de las mismas consignas y saturados de tanta carga afectiva como exige la polarización en la que estamos.
Sí, las listas están en auge. Se hacen listas de los mejores libros del año, de los diez últimos, de los últimos cincuenta, listas de los que vendrán, de las mejores series, de los filósofos más influyentes, de las mejores canciones de este siglo y del XX; por hacerse listas se han hecho hasta de los mejores suplementos de decoración (creo que en The New York Times, que refulge de listas a diario); listas de las mejor vestidas, de los divorcios más escandalosos, de las 15 appliances de cocina imprescindibles, de los diez ejercicios de fuerza que te harán llegar a centenario tan pichi, de los mejores panettones y roscones, de los diez músicos que se nos fueron en 2025, de las artistas pop que aumentan el PIB, de los diez acantilados que deberías visitar una vez en tu vida, de las mujeres más influyentes. Una puede vivir leyendo listas, no solo en los periódicos, sino las de instagramers que, con muchos o poquitos seguidores, han decidido que el mundo no puede vivir sin sus listas, y las hacen de libros, películas o canciones que no aparecieron en las “oficiales”. Se hacen listas de lo que podrías perderte si solo obedeces a las listas, y luego hay listas muy específicas, esas que enumeran las diez novelas románticas que no enfurruñarán a la crítica literaria o las diez del nuevo gótico novelístico. Contagiados por esta fiebre de la cuantificación, los politólogos nos anuncian con tiempo los diez acontecimientos cruciales del próximo año y los sociólogos las 20 cosas por las que deberíamos creer que este mundo, aunque no lo crean, va de puta madre. En aquel mítico film de Leslie Nielsen sobre una plúmbea gala de los Oscar había premios hasta para la mejor película con perro. ¿Para cuándo la mejor novela con mascota? Las listas modelan los gustos del pasado y el futuro, para que no dependamos de eso que se llamaba la independencia de criterio.
“Recuerdo cuando le dije a mi madre que dejaba Google y me iba a emprender. Casi se muere. Para ella emprendían los que no conseguían trabajo”. Quien habla es el barcelonés Albert Nieto, de 40 años, economista formado en la Universidad Pompeu Fabra y uno de los dos fundadores de Seedtag, una multinacional de publicidad digital sin cookies con casi 800 trabajadores y que hace tres años costaba 500 millones de dólares. Su hermano también ha triunfado con una ginebra producida en México. Pero el caso de los hermanos Nieto es particular. En el año 2000, el 35% de los encuestados españoles reconocía el temor al fiasco empresarial frente al 51% de un cuarto de siglo más tarde, según el informe del Observatorio del Emprendimiento de España 2024/2025. Se abre el debate. ¿No hay iniciativa porque falla la educación recibida? ¿Es un problema cultural?
Era una cuestión de Estado. El miedo a alguna filtración que echase por tierra el trabajo policial hizo que los últimos pasos se activaran apenas dos horas antes de su arresto. La detención de Wilmer Geovanny Chavarría Barré, alias Pipo, el delincuente más buscado de Ecuador, fue posible gracias a una investigación llevada casi en completo secreto, salvo para un puñado de personas. Hasta que el pasado 16 de noviembre el narcotraficante subió al avión que le llevó desde Marruecos hasta España no se activaron todos los procedimientos. Apenas 120 minutos que culminaron un trabajo que permitió confirmar que Chavarría había resucitado tras fingir su muerte por covid en 2021. Desde ese año residía, invisible para las autoridades, entre Dubái y Málaga, donde gracias a una identidad falsa consiguió en 2024 un permiso de residencia. Tras ser puesto a disposición de la Audiencia Nacional, permanece en prisión a la espera de ser extraditado a su país, una decisión en manos del Consejo de Ministros.
Sinvergüenza, caradura, estafador, hipócrita, tramposo, saqueador, trilero, soberbio, sectario, carroñero, marioneta, incompetente, ridículo, corrupto, indecente, asesinos, gentuza. Todos estos son insultos recogidos este año en el diario de sesiones del Ayuntamiento de Madrid. Una lista en la que no faltan fórmulas compuestas del tipo: “histérica climática” o “indigente intelectual”.
El desplome del Real Madrid en los últimos meses de 2025 cabe entre dos sustituciones de Vinicius en el Bernabéu. El 26 de octubre se fue del clásico en el minuto 71, con 2-1 y una estruendosa colección de aspavientos de queja hacia Xabi Alonso, que mantenía la mirada alejada del desplante. Menos de dos meses más tarde, el 20 de diciembre, el brasileño salió del partido contra el Sevilla en el 82, con 1-0 y bajo una estruendosa pitada mientras su entrenador le aplaudía desde la banda, donde le esperaba con un abrazo. Además del desfondamiento del equipo, estas dos escenas marcan también el desenamoramiento de la grada con el brasileño, a quien se había entregado incluso en sus inciertos comienzos, la época de las bromas y la desconfianza de Zidane. El estadio siempre le quiso. Hasta la última noche que estuvo allí.
El Betis, sexto clasificado de la Liga, vive momentos de cierta felicidad. Sin embargo, no puede ser plena en un equipo que sigue vivo en tres competiciones porque su gran estrella, Isco, pasó por el quirófano el pasado lunes 29 de diciembre. Un problema en el cartílago de su pierna izquierda, producto de una acción surrealista en un choque con su compañero Amrabat en el duelo europeo frente al Utrecht el pasado 27 de noviembre, ha acabado con una nueva operación del atacante, la tercera en apenas dos años.
Antoine Griezmann (Macon, Francia; 34 años) vuelve a casa y lo hace con un rol muy diferente al de años pasados o al que tenía cuando abandonó su querida Real Sociedad en el verano de 2014 para convertirse en santo y seña del Atlético de Madrid. A sus 34 años ya no es indiscutible para el Diego Simeone, pero su importancia continúa siendo capital. Así lo confirma la manera en la que terminó 2025 con goles en los tres últimos partidos del año del equipo (dos en los dieciseisavos de Copa ante el Atlético Baleares y otros tantos ante Valencia y Girona).
Nueve meses preparando una carrera de esquí de montaña de poco más de tres minutos de duración con una posible plaza olímpica a las puertas. Nueve meses de entrenamientos sin competición alguna entre abril y principios de diciembre, muchos de ellos sin nieve, montando en bici, en roller, corriendo y deslizando las tablas sobre el verde pasto del modesto Bianditz (Navarra). Nueve meses de preparación psicológica desbaratados finalmente por un pisotón. Un esquí varado en la nieve. La crueldad del deporte que no ha borrado la sonrisa y el optimismo de Iñigo Martínez de Albornoz, que no estará en el estreno de su deporte en unos Juegos de Invierno —del 6 al 22 de febrero—, pero que sueña con llegar a los que se celebren en 2030. Mientras tanto, se centra en 2026 y en la Copa del Mundo, que empieza en 12 días, tratando de no rememorar demasiado 2025.
En 1984, Metallica publicó Fade To Black, una balada acústica integrada en su disco Ride The Lightning. Que una banda de thrash metal incorporara una canción lenta y melódica fue suficiente para desatar una reacción inmediata entre parte de su público: querían sonar más accesibles, más comerciales. Eran, en definitiva, unos “vendidos”. La acusación no era nueva entonces ni lo sería después: cada vez que un grupo de rock se alejaba de la crudeza original, una parte de la audiencia interpretaba el gesto como una traición a un imaginario. En España, uno de los casos paradigmáticos es el de Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records. La banda representó desde los años 80 un punk antisistema. Cuando comenzaron a llenar recintos y Evaristo pudo vivir de la música, el éxito económico se leyó como una ruptura con el espíritu original del género. En los noventa fue un debate recurrente: si eras indie no podías fichar por una multinacional. Décadas después, en un registro distinto, C. Tangana recibiría el mismo calificativo al abandonar su etapa inicial de rap underground para abrazar, como El Madrileño, sonidos melódicos y folclóricos bajo la multinacional Sony Music. En todos estos casos, la acusación responde menos a hechos concretos que a una expectativa cultural: un artista auténtico debería comportarse de determinada manera.
La realidad y la ficción a veces empatan.
He empezado este año a lo tribal, embriagado por el entusiasmo de la masa, como un hooligan que festeja la victoria de su equipo. Me he rendido al encanto descacharrante de Yannick Nézet-Séguin en el Concierto de Año Nuevo, y es una sensación extraña y vivificante por desacostumbrada: me suelo quedar en minoría en estos asuntos. Mi sitio natural está con los escépticos y los gruñones en tono menor, que tampoco quieren aguarle la fiesta a nadie, pero no encuentran incentivos para levantarse del rincón desde el que observan el entusiasmo ajeno y participar de él.
En la Exposición Universal de 1958 el pabellón del Vaticano colocó un símbolo del mal: Brigitte Bardot. Ya, era como para que ella los denunciara por difamación, pero la Iglesia católica aún iba muy sobrada, censuraba libros y películas, segura de hablar por una mayoría biempensante (no deja de ser curioso que hoy esa prerrogativa de censurar libros y películas también sea del feminismo majara, pero no nos desviemos del tema). Ante las personas de bien estaban las personas de mal, como Brigitte Bardot, que llevaban a la gente por mal camino. Por ejemplo, en esas fechas tres chicos de buena familia de Angers asesinaron a un señor en un tren y hubo familias que denunciaron a la actriz como responsable, pues sin duda los jóvenes habían sido pervertidos por su película Y Dios creó a la mujer. Esto lo contó Simone de Beauvoir en un ensayo sobre la intérprete, muy interesante, en el que analizaba su condición subversiva de bomba sexual: “Brigitte Bardot no es ni perversa, ni rebelde, ni inmoral, así que con ella no valen los sermones. El bien, el mal, forman parte de las convenciones y someterse a ellas es un pensamiento que ni se le ocurre”. Cómo cambia el mundo, ahora la Conferencia Episcopal le da un premio a Rosalía cuando hasta hace nada, si acaso, le habría dado uno a la ordinariez (encantadora palabra en desuso), pero se ve que ya consideran un logro cualquier sucedáneo de espiritualidad.
¿Se acuerdan del futuro? Ese era el destino hacia el que nos encaminábamos, cada vez más cerca de la famosa ciudad sobre la colina. Desde 1945 y, todavía más, tras la caída de la Unión Soviética, el futuro fue la promesa de crecimiento económico y justicia social sin fin, de desarrollo global y derechos humanos, de un mundo cada vez más democrático y liberal, basado en el comercio pacífico. “El futuro está asegurado, es el pasado lo que se ha vuelto impredecible”, decía un viejo chiste soviético.
Los puentes fronterizos se mantuvieron abiertos a lo largo de este sábado de bombardeos y vértigo. Ni siquiera la intervención militar de Estados Unidos para capturar de madrugada a Nicolás Maduro en Caracas, rechazada por el Gobierno de Gustavo Petro, detuvo el flujo de personas y vehículos por el Simón Bolívar, el más tradicional de los cruces que conectan la colombiana ciudad de Cúcuta con la vecina Venezuela, sacudida por un vacío de poder sin precedentes. Hasta los autobuses de transporte público, los taxis y los omnipresentes mototaxistas cruzaron como de costumbre esa vetusta estructura, con más de medio siglo de servicio, mientras una fila de cuatro tanquetas de las Fuerzas Armadas se asomaba vigilante en la boca del puente del lado colombiano.