“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
En Fenghuang me encontré con un restaurante que ofrecía platillos con gusanos. Intrigada, subí una foto a ChatGPT. La inteligencia artificial (IA) me explicó que eran gusanos de seda, un manjar que se consume en varias regiones de China. En Chengdú, al preguntar a mis lentes con IA por el edificio que estaba contemplando, una voz me respondió: “Estás parada frente a las Chengdú Twin Towers”. Así entendí que ya formo parte de una tendencia que redefine la forma de viajar: apoyarse en la tecnología para interpretar, traducir y contextualizar el mundo en tiempo real. Una dinámica que transforma tanto la experiencia como la oferta de los prestadores turísticos.
Comidas familiares, cambios de horario, reuniones con los amigos y familiares o la llegada de Papá Noel y los Reyes Magos. Se trata de la dinámica habitual de la Navidad. Pero si se le suma el hecho de que sea la primera vez que se celebra con un bebé, la ecuación se torna más complicada para lograr conciliar la vida personal, laboral y familiar con los compromisos de estas fechas. Aunque puede ser un momento especial por la presencia del nuevo pequeño, también pueden ser días de más estrés y caos. Los niños también lo notan y pueden sentirse descolocados e intranquilos con tantos cambios y novedades.
Me estremecí de placer cuando hace unos días me convocaron a asistir a una fiesta en el rancho Dutton, el de la serie de la Paramount Yellowstone, elevado a la categoría de lugar tan mítico como O.K. Corral, La Ponderosa o el propio rancho de John Wayne, La Joya, en Durango (tararéese aquí Romance en Durango, de Bob Dylan, “pronto bailaremos el fandango”). Desgraciadamente la jarana no era en el verdadero rancho Yellowstone Dutton (YD), que en puridad no existe sino que es el Chief Joseph Ranch de Darby, Montana, bautizado así para conmemorar el paso en 1877 por el lugar del gran jefe José de los Nez Percés durante su famosa revuelta, en la que el cacique recibió el apodo de “Napoleón rojo” por parte de Sheridan (el general y presidente de EE UU William Tecumseh Sheridan: no confundir, ¡por favor!, con el guionista de Yellowstone, Taylor Sheridan). Mi fiesta era en el menos famoso pero con una larga historia a la que yo mismo he contribuido en lo peor durante notables farras Club Viladrau, y el convocante, en vez de Kevin Costner (el patriarca John Dutton), Santiago Bofill, gran seguidor de la serie y cuyo entusiasmo por la misma alcanza cotas de fanatismo solo un poco por debajo de las mías. Santi realizó un magnífico despliegue escenográfico en el club —por lo demás un honesto equipamiento de vigelliattura burguesa de mucha solera en cuya piscina el primer bikini en los sesenta provocó que se dieran de baja muchos socios-: llenó el porche con balas de paja, los techos de banderitas de barras y estrellas como en la fiesta funeraria de Emmet Walsh, forró las paredes con pieles de vaca y hasta colocó la cabeza disecada de un becerro que parecía una res Hereford como Vindicator, el protagonista, con perdón de James Stewart, de Una dama para un vaquero. Unos caballos de plástico (appallosas y palominos), que diríanse llegados del Four Sixies (6666), completaban la decoración.
“Tengo una planta que lleva en flor un año y medio, no tira sus pequeñas flores, me tiene fascinado”, le dice un hombre a su vecina. “¿Son unas pequeñas campanitas rosadas o blancas?”, le replica ella. “Sí, más bien fucsias, y tienen una consistencia como de papel”, vuelve a contestar el primero. “Pues, entonces, estás regando una planta muerta”, concluye la vecina. Se trata de un brezo, una planta peculiar porque, si muere en plena floración, conserva cierto color verde en sus finas hojas y, sobre todo, sus flores permanecen con la tonalidad de cuando el vegetal estaba vivo. No en pocas ocasiones se puede observar un brezo muerto en tiendas, escaparates o en casas particulares como la de estos dos personajes, y los aplicados dueños los siguen regando como si nada, aunque sea una planta cadavérica.
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