“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Las compañías eléctricas propietarias de la central nuclear de Almaraz (Cáceres) ultiman la petición de prórroga de su vida útil, para evitar su cierre programado para noviembre de 2027. Iberdrola, que tiene la mayoría del capital y cuenta como socios a Endesa y Naturgy, prevé que se presente la petición antes de fin de mes, cuando cumple el plazo para tramitar el plan de desmantelamiento, que el Consejo de Seguridad Nuclear analizará hasta marzo. El apagón nuclear español se decidió en 2019, cuando el contexto mundial era distinto al actual. El Gobierno fijó un calendario de cierres para todos los reactores que empieza con Almaraz I (2027) y termina con Trillo (2035). Cuando en 2020 se publicó en el BOE la última prórroga para Almaraz, se estableció que sería la última. El partido socialista confirmó este calendario en su programa electoral de 2023 y en el pacto con Sumar para investir a Pedro Sánchez.
Los autónomos son como un ecosistema: bajo una misma palabra conviven especies muy distintas. Algunas prosperan al sol y otras sobreviven en la penumbra. Son el diseñador freelance, la abogada con despacho propio, el artesano que vende por internet, el fontanero de toda la vida, el camionero y el dueño del bar de la esquina. Durante décadas, la teoría económica observó un patrón sólido: a mayor desarrollo, menos trabajo por cuenta propia. Pero cualquier predicción sobre la extinción de los autónomos ha resultado errónea. Tras un descenso sostenido, el autoempleo lleva desde 2015 estabilizado en torno al 15% del empleo total, unos 3,3 millones de personas. En otras economías avanzadas se observa un estancamiento similar, e incluso un repunte. El trabajo autónomo no es un vestigio preindustrial, sino una forma de empleo consolidada: flexible, desigual y a menudo sin red de protección.
Resulta que el Gobierno decide camuflar el impulso de una ley socialmente muy sensible con el expedito disfraz de una proposición de ley. Resulta que el Parlamento la aprueba por los pelos, sabiendo que su constitucionalidad, de afirmarse, será por esos mismos pelos. Resulta que, como era previsible, la decisión del árbitro de tal constitucionalidad es criticada por una mitad de la población, capitaneada con acritud y poco acatamiento por el jefe de la oposición. Y resulta, en la última de la serie de catastróficas desdichas, que ese árbitro había decidido sin pensárselo mucho y con indisimulado estrépito interno.
Hay trabajos para los que se requiere pasar un test psicotécnico y, en cambio, para el ejercicio de algo tan serio como ser representante de los ciudadanos en el Congreso no se pide más requisito que el de ser incluido en las listas de un partido cualquiera. Yo voy bajando el listón en mis expectativas con respecto a la clase política. Si en mi ingenuo idealismo creía que debíamos escoger a quienes mejor pudieran desempeñar las tareas de gobierno, ahora me conformaría con que no tuvieran perfiles con rasgos psicopáticos.
En un pasado, más o menos reciente, los mensajes políticos no llegaban a todos los que tienen que votar. O solo llegaban en momentos muy concretos, cuando los candidatos se acercaban a los rincones más agrestes, remotos y olvidados durante las campañas electorales. Ahora no. Ahora cada uno tiene su móvil, incluso en los parajes más apartados del barullo en el que se cuecen los propósitos de los partidos. Es verdad que la radio y la televisión dieron grandes pasos para acercar las tensiones y los avatares del mundo a quienes habitan en la periferia del sistema, pero ahora con los móviles cada persona es el centro alrededor del que pivota todo lo demás. En cada móvil está la realidad entera a gusto de su propietario.
Las guerras culturales no existen. Solo existe la guerra cultural que consiste en afirmar que mucho de lo que nos importa es, en realidad, una guerra cultural. La disputa sobre la autonomía reproductiva y el envite de las derechas contra el aborto no forman parte de ninguna guerra cultural. Tienen consecuencias materiales muy palpables que condicionan nuestras vidas, y no hablo solo de la vida de las mujeres. De hecho, cuando se limita o se prohíbe el derecho al aborto se pretende imponer un programa político muy amplio que va mucho más allá del feminismo y los derechos de las mujeres.
La presa de Siles (Jaén), que se inauguró en octubre de 2015, permanece sin tuberías ni canalizaciones una década después ante la indignación de los agricultores de la comarca de la Sierra de Segura, que contemplan impotentes cómo sus olivos se secan año tras año mientras los 30 hectómetros cúbicos de este embalse se pierden aguas abajo de dos ríos afluentes del Guadalquivir. Y en medio de esa insólita situación, provocada por la disputa política entre el Gobierno de la nación (que financió la construcción de la presa) y la Junta de Andalucía para ver quién paga las tuberías, la principal cuenca hidrográfica andaluza acumula un déficit hídrico de más de 1.100 hectómetros cúbicos.
“Galicia es un puzle de 20 millones de piezas. Tiene 53 comarcas, 313 ayuntamientos, 3.771 parroquias y 30.000 aldeas y lugares, uno por cada kilómetro cuadrado del territorio”. Hay “más de 19 millones de fincas, cada una con su nombre, que pertenecen a 1,7 millones de propietarios”. Esa atomización, la propiedad más dispersa de Europa, “daba para sobrevivir más que para vivir y nunca para soñar. Por ahí empieza a entenderse la emigración”.
La remor dels confins ens du a la memòria un llibre de naturalesa autobiogràfica d’Octavio Paz, Itinerario, on localitzem una frase que hauria pogut servir de faixa promocional: “Lo que he pensado de mi tiempo es inseparable de lo que he sentido y siento”. En una de les respostes a les quatre preguntes formulades per Manuel Baixauli i que serveixen de pròleg, Julià de Jòdar (Badalona, 1942) diu que la seva manera d’estar en el món i de contemplar-lo no ha sofert canvis rellevants al llarg dels prolífics i creatius anys en què ha estat embarcat titànicament en l’elaboració d’una d’aquelles obres literàries que haurien d’enorgullir els lectors afortunats de ser coetanis seus: “el pessimisme sobre la condició humana, la necessitat de fer-se una posició moral enfront del món, el paper de la col·lectivitat com a motor de la història, les lliçons de la història com a eina de coneixement”.
La remor dels confins Julià de Jodar Ensiola 228 pàgines. 20 eurosEn su ensayo El poder de lo cuqui, Simon May apuntaba a cómo detrás de lo “cute” —término que aglutina a la tendencia estética de lo tierno, mono y adorable— se esconden muchos de los miedos e inquietudes de este tiempo. Según esa teoría, bajo lo cuqui y su apariencia de felicidad redonda color rosa, subyace todo lo que no va bien.
DecoradoDirección: Alberto Vázquez.
Género: drama. España, 2025.
Duración: 96 minutos.
Estreno: 24 de octubre.
En Todo lo que asciende tiene que converger, uno de los abundantes cuentos de Flannery O’Connor que muestran a personajes peligrosamente enraizados en el desconcierto, la alienación y el abatimiento, la escritora estadounidense resume así el hastío mental de uno de ellos: “Nunca hablaba de la casa sin desprecio, y nunca pensaba en ella sin deseo”. En My Father’s House, tema perteneciente al álbum Nebraska, sobre cuya creación bascula la película Springsteen: Deliver Me From Nowhere, el cantante de Nueva Jersey clama: “La casa de mi padre resplandece con fuerza y brillo / se yergue como un faro que me llama en la noche (…). Brillando a través de esta oscura carretera / donde nuestros pecados yacen sin expiar”.
SPRINGSTEEN: DELIVER ME FROM NOWHEREDirección: Scott Cooper.
Intérpretes: Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Odessa Young, Stephen Graham.
Género: drama. EE UU, 2025.
Duración: 120 minutos.
Estreno: 24 de octubre.
Desde una concepción quizá un tanto simplificadora, frente al habitual calificativo de misógino ejercido hacia August Strindberg y su teatro, Henrik Ibsen, el otro gran dramaturgo escandinavo de finales del siglo XIX, ha sido concebido a menudo como precursor del feminismo literario, sobre todo gracias a Casa de muñecas. Sin embargo, ante Hedda Gabler, otro de los grandes títulos del genio noruego, resulta bastante más complejo encontrar su poder emancipador, ya sea como férrea defensa de la mujer, o como descripción palpable de las poderosas razones que llevan a su mezquino personaje principal a hacer lo que hace a lo largo de la obra.
HeddaDirección: Nia DaCosta.
Intérpretes: Tessa Thompson, Nina Hoss, Imogen Poots, Tom Bateman.
Género: drama. EE UU, 2025.
Plataforma: Prime Video.
Duración: 107 minutos.
Estreno: 29 de octubre.
Por suerte, y aunque parezca mentira, todavía hay en televisión historias inspiradas en hechos reales que no giran alrededor de asesinos en serie ni escrabrosos true crimes. Porque aún hay relatos vitales tan interesantes y únicos, pero de rutina mucho más costumbrista, que merecen ser contados. El de la activista trans y escritora Paris Lees es uno de ellos, uno que se siente como un tortazo a los discursos considerados transexcluyentes que lidera con vehemencia la escritora J.K. Rowling desde hace unos años.
Nochevieja. Reyes Magos. El cumpleaños. Fechas muy señaladas, por únicas. Casi como ir al cine en 2024, cuando cada español compró apenas 1,5 entradas de media, según el Anuario estadístico recién publicado por la SGAE. Supone la asistencia más baja que se haya registrado jamás, salvo en la crisis de la covid. Y coincide, a la vez, con un crecimiento inédito: el 15% de la población ve filmes en casa diariamente y el 60,7% al menos una vez por semana, en porcentajes aportados por la Encuesta de Hábitos y Prácticas del Ministerio de Cultura. Nunca el público ha consumido más cine. Nunca, sin embargo, ha acudido tan poco a disfrutarlo en una sala. Una maldición que bien resume Frankenstein, de Guillermo del Toro, el estreno más esperado de este viernes: Netflix ni siquiera ha accedido a detallar a EL PAÍS los cines donde se proyecta, antes de pasar a su catálogo digital en dos semanas. Y eso que ofrece un espectáculo fílmico hecho aposta para una pantalla colosal.
Durante cuatro años lo visitó en la cárcel de alta seguridad. La escritora chilena Nona Fernández (Santiago, 54 años) y el recluso Mauricio Hernández Norambuena (Valparaíso, 67 años) se reunían los viernes, en horas de conversaciones donde ella anotaba recuerdos, reflexiones y penas. El comandante Ramiro, su nombre de combatiente, fue uno de los miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez que participaron en el atentado contra el dictador Augusto Pinochet en 1986. La autora decidió contar su historia para entender qué lleva a un hombre a vivir la vida que él vivió: “Tomar las armas para defender a una ciudadanía en dictadura no me parece que sea algo enjuiciable, todo lo contrario”, defiende ella.
En tiempo récord, Isabella Hammad (Londres, 1991) se ha afianzado como una de las escritoras más destacadas de su generación, en diálogo constante con su herencia palestina, siempre atenta a las fracturas de su tierra de origen. Tras debutar con El parisino, inspirada en la historia de su bisabuelo, la escritora publica Entra el fantasma (Anagrama). La protagoniza Sonia, una actriz anglopalestina que viaja de Londres a Haifa, donde es reclutada por una compañía que trata de montar Hamlet en los territorios ocupados. Acabará interpretando a Gertrudis mientras los ensayos se estrellan contra controles militares, cortes de financiación y los espectros personales y políticos derivados de la ocupación. La novela llega apenas cuatro meses después del ensayo Reconocer al extraño, nacido de una conferencia en Columbia pronunciada nueve días antes del 7 de octubre de 2023: una mirada teórica a los “puntos de inflexión narrativos” que ordenan —y, a menudo, falsean— los relatos históricos, con Palestina siempre en el visor.
Entra el fantasmaIsabella Hammad Traducción de Antonio-Prometeo Moya Anagrama, 2025 400 páginas. 21,90 eurosReconocer al extrañoIsabella Hammad Traducción de Antonio-Prometeo Moya Anagrama, 2025 88 páginas, 11,90 eurosEn la distancia larga o en la corta, Eduardo Mendoza es el extraterrestre que no merecen las letras españolas desde hace lo menos 50 años, cuando sin esperar nada de nada publicó en Seix Barral y en 1975 La verdad sobre el caso Savolta de la mano de su amigo Pere Gimferrer: es una novela llena de cabriolas, melodramas, asesinatos, corrupciones, recortes de prensa, recortes de sumarios, periodistas y desastres sentimentales (más o menos como ahora). Bueno, no exactamente, porque este hombre debió nacer con la media sonrisa puesta encima, encabalgada sobre el mostacho que debió lucir ya de niño, como ahora también, pero más oscuro y con una suerte de placidez de lord británico y contemplativo sin ínfulas y sin miedo a casi nada. Cuando fue a recoger a una oficina bancaria de Nueva York el dinero que le correspondía por las ventas de esa primera novela, tuvo que volverse a casa para agenciarse un par de carretillas de operario donde cupiesen las sacas gigantes de billetes que le correspondían y que no cabían en los bolsillos de su americana, seguramente de tweed.
La descripción de lo que cada cual lleva en su maleta para enfrentar las vacaciones en una urbanización neohippy de acomodados burgueses, que juegan a vivir con lo mínimo en plena naturaleza, ofrece una buena síntesis de cuatro personajes en Los nuevos (Destino), la novela con la que Pedro Mairal (Buenos Aires, 55 años) ha regresado a la mesa de novedades después del fenómeno que supuso La uruguaya (Libros del Asteroide, 2017). Por eso resulta algo irónico ver al escritor, guionista y músico, ganador del premio Clarín con su primer libro Una noche con Sabrina Love, arrastrar, una tarde de principios de octubre, su equipaje por el parque del Retiro de Madrid casi listo para regresar a Montevideo, tras las múltiples presentaciones que ha tenido por España. Mairal ha dejado atrás la crisis del escritor cuarentón de La uruguaya, y en Los nuevos da voz a tres adolescentes amigos. Hay sexo, drogas y problemas familiares, también humor, música y peligros.
El mercado cripto se ha quedado en el limbo. A poco menos de dos semanas de su histórica caída, cuando las tensiones comerciales entre EE UU y China hicieron que se evaporaran hasta 19.000 millones de dólares (unos 16.300 millones de euros) en un solo día, los activos digitales cotizan sin rumbo. Un contexto plagado de incertidumbres (economía, geopolítica, banca regional en EE UU) parece haber embestido de lleno a los activos de más riesgo como las criptos, a pesar de que las Bolsas mantienen el tono en zona de máximos. El mercado de activos digitales tradicionalmente más propenso a las apuestas fuertes y arriesgadas, va por su cuenta y parece adentrarse en el otoño cripto.