“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Un tercio de los 12 magistrados del Tribunal Constitucional arranca el año con el mandato caducado: el 17 de diciembre pasado expiró el de los cuatro nombrados por el Senado, lo que incluye al presidente, Cándido Conde-Pumplido, además de Ricardo Enríquez, María Luisa Balaguer y José María Macías, aunque este último, en caso de acordarse la renovación a lo largo de este año, podría continuar dado que no habría cumplido aún los tres años en el cargo (fue nombrado en julio de 2024). Pero la renovación es improbable, según asumen tanto en el tribunal como en el Senado, y así lo han dejado claro los dos partidos políticos de los que depende en última instancia: el PSOE acusa al PP de no querer acordar nada y el PP dice que el PSOE no lo merece. Entre tanto, el tribunal seguirá ejerciendo.
“Verifica tu reembolso recibido”, reza el correo que imita perfectamente al de una gigantesca plataforma comercial y fue recibido los últimos días del año. No hay devolución. Ni siquiera hubo compra, pero el anzuelo está echado. Se acompaña un enlace donde, al pinchar, se abre la puerta a ceder tus datos personales y bancarios. La delincuencia electrónica ha hecho su agosto en estas Navidades. Como cada año, con la llegada de las vacaciones, la atención se relaja, se programan viajes, aumentan las compras a su mayor nivel del ejercicio y crecen las gestiones online particulares. Los apenas 40 días que van del Black Friday a los Reyes se consolidan como la época de mayor incidencia de fraudes a través de medios electrónicos.
Las agendas de las principales monarquías europeas han estado cargadas de compromisos en 2025. Con el objetivo de mostrarse más cercanos y activos en su trabajo, los reyes, reinas y herederos a las coronas buscan acaparar la atención, tanto en actos públicos como en otros de carácter más privado e institucional. En el nuevo estudio elaborado por UFO NO MORE, página web especializada en analizar anualmente las agendas públicas de los royals, se muestra quiénes han sido los que más han trabajado en los últimos 12 meses. En total, jerarquizan a los 27 que más han participado en actividades de carácter público y también privadas, pero cuya presencia se ha conocido. Conviene puntualizar que solo se contabiliza los días de trabajo, y no el número de compromisos que se ha tenido en cada uno de ellos.
Una noche de agosto de 2008 Oliver Hemsley (Cambridgeshire, Inglaterra, 38 años) iba por su barrio del este de Londres cuando fue atacado sin motivo por unos adolescentes. Le dieron una paliza y le apuñalaron en la espalda, en el cuello y en el pecho. Llegó al hospital clínicamente muerto y allí se le practicó una toracotomía en bisagra, un inciso en el tórax para levantar el corazón del cuerpo y reanimarlo, con un porcentaje de éxito del 20%. Hemsley sobrevivió, pero al despertar supo que un corte en la médula le había dejado paralizado. El entonces estudiante de moda tenía 20 años.
España encara 2026 con el impulso de haber sido la gran economía de la zona euro que más ha crecido el año anterior. La fortaleza de la actividad invita al optimismo, y da muestra de lo que ha evolucionado el modelo productivo español, pero no debe llevar a la complacencia, porque persisten anomalías e incertidumbres. Y la bonanza está lejos de traducirse en una mejora del nivel de vida apreciable para la mayoría de los ciudadanos.
Son muchas las voces que expresan una bien fundamentada alarma por la banalización de múltiples formas de violencia verbal, con exabruptos que en otros tiempos hubieran resultado intolerables y provocado reacciones conformes a la dignidad de la persona a quien iban dirigidos. Aunque desde luego no exclusivamente, esta desmesura se da a menudo entre la clase política, contagiando a los seguidores y extendiéndose a los lemas esgrimidos en manifestaciones y otras formas de protesta. Es un síntoma lamentable la pasividad general ante estos hechos, aunque afortunadamente hay alguna excepción. Así, también entre adversarios del presidente del Gobierno hubo cierto revuelo cuando el pasado noviembre se gritó su nombre apelando directamente a la dialéctica de las pistolas, en una expresión que formaba una suerte de pareado (de arte bien menor) con otra alusiva a la condición de la madre del mismo político, expresión reiteradamente oída los pasados meses.
Es difícil encontrar una estrella tan icónica en el cine como Brigitte Bardot y que tenga menos películas memorables en su currículum. Lo memorable era ella, con ese físico incandescente, piernas de bailarina experta coronadas por aquella boca y los ojos de un bello y ligero estrabismo. El deseo que despertaba no venía avalado por promesas decentes, sino por la irrefrenable pulsión sexual. Y sostener ese edificio con personalidad le costó la persecución y la constante crítica moral. Chantajeada por todos, desde sus empleados hasta las asociaciones de ultraderecha durante la guerra de Argelia, no se avino a ningún trato y es más famosa la lista de buenas películas que rechazó que la de las que finalmente rodó. Fue la amante oficial del planeta y pensar en ella ya era de alguna manera una infidelidad al orden establecido. Tuvo una especie de vida paralela con Marilyn Monroe, con la que se cruzó en una ocasión en Londres. Su intento de suicidio con barbitúricos precedió en dos años a la muerte de la estrella norteamericana. No es difícil pensar que aquel intercambio de destinos le ayudara a dejar definitivamente la profesión de actriz con 38 años para volcarse en las reivindicaciones animalistas.
Llevo años pensando cuál es el mal menor cuando de Venezuela se trata. Lo pienso desde el cansancio estructural, desde esa sensación que regresa, puntual, año tras año, como un Macondo sin final. Estaciones emocionales que vuelven aunque el calendario avance. Han pasado 33 años desde el golpe de 1992. Recuerdo cada regreso a Venezuela para votar, creyendo una y otra vez que a golpe de votos las cosas podían cambiar. Recuerdo también la tristeza acumulada de cada visita: ver la decadencia hacerse más visible, el deterioro del país, pero sobre todo vi algo más doloroso: el destrozo lento de la autoestima de mi pueblo. ¿Cuál es el mal menor cuando ninguna opción es buena?
Archivos del Museum of Art Modern (MoMA) de Nueva York, recientemente puestos a disposición del público en formato digital tras permanecer inéditos durante décadas, revelan nuevos datos sobre la censura franquista y cómo el régimen intentó resignificar a su conveniencia el arte abstracto. El matrimonio de artistas estadounidenses formado por Helen Frankenthaler y Robert Motherwell, cuyas obras dialogan estos días con las de Joan Miró en la exposición Miró y los Estados Unidos, en la fundación del artista catalán en Barcelona, vivió en España un legendario episodio que ha atravesado la historiografía de la posguerra española sin que llegara a ser esclarecido hasta ahora.
Un adolescente camina por la mitad de la calle mientras fuma un cigarro. En las casas y chabolas que están a medio hacer hay niños jugando, abuelos que conversan y algunos grupos de personas bebiendo alcohol y consumiendo diferentes sustancias. Todo pasa al mismo tiempo y en el mismo lugar. Esa es la vida diaria de Toni, el protagonista de la película Ciudad sin sueño, un filme que muestra el crudo día a día del barrio chabolista de La Cañada Real Galiana de Madrid. Pero también es el retrato de la vida de Jorge, Alberto, Adnan y Jalil, cuatro internos que disfrutaron de la proyección de la cinta en la cárcel de Valdemoro (Madrid) —y cuyos nombres han sido modificados para proteger su identidad—. La historia ficcionalizada de una hora y 37 minutos dirigida por Guillermo Galoe es el recuerdo real de muchos de los que están sentados en las sillas blancas de plástico del salón de actos del centro penitenciario. Algunos de ellos murmuran dentro de esos muros grises y paredes de color naranja en las que hay una advertencia: “Este es un espacio libre de humo”.
Entronizada con solo 14 años, Alissumoye Diedhiou acaba de cumplir un cuarto de siglo en el trono de Usui, un reino tradicional en el sur de Senegal. Su mandato se enfoca esencialmente en la garantía de los derechos de las niñas, tal vez porque ella misma se identifica como víctima de un matrimonio precoz y forzado, pese al honor que siente al haber sido elegida reina por los ancestros de la localidad.
Ese muchacho sentado en una silla, de piernas cruzadas, se encuentra en el primer tramo de los 30. Las paredes de la cafetería están decoradas con un papel de tono pastel. No lo dice, pero le rondan por la cabeza, como insectos que pican, los grandes asuntos que conciernen a los hombres de su edad: la paternidad, un apartamento más grande, no faltar al gimnasio, el peso y la alimentación, cuidar a tus amigos de siempre y rezar para que no se te caiga el pelo. Los ventanales, mientras bebe Coca Cola Zero, se han llenado de vaho por el frío de esta mañana desapacible en Madrid.
A Luisa Neubauer (Hamburgo, 29 años), cara visible en su país de Fridays for Future, el movimiento juvenil nacido al calor de las huelgas escolares contra la crisis climática, la apodaron durante años “la Greta Thunberg alemana”. “Al principio me ayudó a que se entendiera lo que hacía. Ahora estoy un poco cansada de la comparación. Somos muy distintas”, dice en un café de su calle, en el barrio berlinés de Kreuzberg. Consciente del desgaste de los asuntos medioambientales en la agenda política, Neubauer acaba de activar una nueva fase de movilización, con protestas en las calles y proyectos de mayor impacto. En pocos días viajará a la Antártida con un equipo científico. Desde allí conectará con colegios para que los niños vean el deshielo en tiempo real. La misión: convertir un fenómeno lejano en una evidencia, capaz de sacudir más conciencias que cualquier informe repleto de cifras.
Enguany m’he proposat, un cop més, consumir menys cultura americana, i us vull convèncer que feu el mateix. Sé que no me’n sortiré del tot, perquè costa molt escapar-ne, especialment si tens fills. Si vull fugir de la cultura americana no és només perquè el que m’explica, en línies generals, m’interessa molt menys, sinó que també la vull evitar per motius polítics: estic fins a la figa de l’americanització del món que m’envolta i crec que consumir cultura americana és una manera de contribuir a l’expansió d’aquest model cultural.
Este libro, El abuelo Delibes (Destino), de Germán Delibes, el segundo de los 18 nietos del escritor vallisoletano, se lee como si uno hubiera entrado en las casas, en el inolvidable retiro familiar de Sedano, en el entorno familiar de Valladolid, e incluso en el alma dolorida, pero tantas veces alegre, del autor de Señora de rojo sobre fondo gris, en el que Delibes vuelca el inolvidable amor de su vida, su mujer, Ángeles. Para contar esa vida en la casa y en el campo, Germán (Valladolid, 1973) habló con sus padres, con sus hermanos, con sus primos (entre ellos, Elisa Silió, compañera en EL PAÍS, el periódico que pudo haber dirigido su abuelo), y el resultado de la pesquisa es ahora un recuento que parece escrito para ser leído en una de las estancias tranquilas de Sedano. Él es maestro de primaria en Castilla y León. Como el abuelo, como todos en esa casa, es un apasionado de los deportes.
El hombre que miraba a los pájarosMiguel Delibes se pasó la vida mirando a los pájaros y a los niños. Al campo, al aire y al alma. Ahí estaban sus lugares soñados. Ese ámbito de literatura y de soledad ha inspirado ahora un libro insólito a Gustavo Martín Garzo, vallisolitano cuya raíz poética está aquí como un abrazo al maestro. El libro (Delibes, los pájaros y los niños, Fotografías de Navia, publicado por Eolas Ediciones) es el retrato del mundo según el autor de Los santos inocentes. Y coincide en las librerías con El abuelo Delibes.
El poeta que es Martín Garzo traslada, en Delibes, los pájaros y los niños, aquel modo de mirar la vida que distinguió el ser y la escritura de Delibes. “Paul Klee”, señala Garzo, “dijo que la misión del arte no es representar lo visible, sino hacer visible lo que no vemos. Miguel Delibes no nos ofrece en sus textos la imagen ya sabida del mundo, sino la de aquello que no solemos ver”.
Las ratas fue para el joven Martín Garzo la lectura inaugural de Delibes. ¿Qué queda de ella en su memoria? “Es la más audaz y honda, la más arriesgada y poética de sus obras. El Nini, su niño protagonista, aún no ha renunciado a la magia de la infancia. Él nos enseña a mirar las cosas desde lugares inimaginables, como hacen los niños cuando dibujan. No pintan el caballo sino su emoción al descubrirlo. Pintan su asombro al verlo en el prado, su fusión con él. Pintan pequeños centauros. Así es la mirada de El Nini en esta novela inolvidable, tan cercana, a pesar de su aparente realismo, al mundo del mito”.
Los Santos Inocentes fue un estampido, y “Milana Bonita" fue el sonido mayor de aquel libro. Perdura. “Si esa expresión sigue conservando tantos años después su poder encantatorio es porque, como las cosas que las madres les dicen en secreto a sus niños pequeños, pertenece al mundo de la canción. Tiene que ver con el anhelo del milagro, y esta es la razón por la que la grajilla acude a Azarías cuando la llama. Recuerda el parloteo dulce del amor y del juego. Y nosotros temblamos al escucharla porque, como escribió Canetti, ‘en los juegos verbales desaparece la muerte”.
Dice Martín Garzo sobre lo que aprendió de aquel hombre que miraba a los pájaros: “Me ha enseñado que hay una continuidad en la existencia de las cosas y de los seres, a pesar de su diferencia de aspecto, que la vida es una corriente inmensa que compartimos no sólo con los otros individuos de nuestra especie, sino con los animales y los ríos, con los campos de espigas y los cielos salpicados de estrellas. Y que debemos aprender a respetarla y a amarla”.
El libro tiene fotografías del mundo de Delibes realizadas por José Manuel Navia. Dice el autor del libro: “Tanto Navia como Delibes nos llevan con sus obras a esos lugares donde ver y soñar se confunden”.
Es posible reconocer en la Sexta sinfonía de Beethoven los paisajes rurales de los alrededores de Viena, pero nadie hasta ahora se había atrevido a trasladar las coordenadas de la Pastoral al entorno digital. Así sucede en el videojuego Final Score, en cuyas praderas virtuales los granjeros cantan a sus cultivos para hacerlos crecer. En esta aventura de Roblox ―una célebre plataforma virtual que permite crear y disfrutar de miles de títulos―, la música clásica no funciona como mero acompañamiento, sino que sirve de herramienta de aprendizaje: hay que recopilar notas, desbloquear instrumentos y reconocer acordes para restaurar la armonía perdida y vencer al temible Cazador de Ratas.
Cuando visitó Rumania como mochilero por primera vez en 2002, al madrileño Jesús del Cerro no se le pasó por la mente que se convertiría casi dos décadas después en uno de los cineastas más taquilleros en este país de Europa del Este. Su película Miami Bici —es un juego de palabras en rumano, la última palabra significa fusta, pero se lee como “playa” en inglés— sumó casi 600.000 espectadores en las tres primeras semanas de proyección en las salas en 2020, uno de los mejores datos de la historia para un filme rumano. La irrupción de la pandemia que obligó a confinar a la población interrumpió el triunfo del cineasta. Aunque solo lo aplazó.
“Soy yo, en un momento un poco difícil, es un autorretrato”, dice Be Fernández (Madrid, 32 años) mientras señala un bodegón colgado en la pared en el que se ven un paquete de Malboro, una cadena dorada con su nombre —Blanca— un cubo de Rubik, unas píldoras y una cámara de fotos, entre otros objetos. Todos, a punto de ser devorados por una llamarada. “El cuadro es como un sueño: yo sueño que se está incendiando la casa donde estoy y en lugar de huir trato de ir al incendio para salvar mis cosas, sin ese instinto de supervivencia de alejarte de las llamas. Es un fuego que quema todo lo que yo era y ya no soy”, desgrana la artista, que llama a estas piezas “retratos simbólicos”. El primero se lo hizo a su madre: “Empezaba una nueva vida, se mudó de casa y quería hacerle algo especial, pero pintar un retrato se me quedaba muy pobre y le hice un bodegón que era ella. Luego descubrí que los bodegones han estado muy asociados a la pintura femenina, porque como las mujeres no tenían acceso a las academias pintaban con lo que tenían a mano; ha habido bodegonistas maravillosas a lo largo de la historia. Me encanta la capacidad simbólica que tienen y las historias que permiten contar”.
La actualidad de la violencia en Palestina y Ucrania, por no hablar de los otros más de 110 conflictos armados activos en el mundo, lleva inevitablemente a preguntarse, como hace este ambicioso ensayo, ¿por qué la guerra?, pensando que, si conocemos sus causas, podemos concebir la erradicación de este fenómeno que acompaña a nuestra especie desde los inicios de su organización social. El título no es original, porque el problema no es nuevo ni la pregunta que suscita tampoco. El propio autor, Richard Overy, identifica seis libros con el mismo título (sólo en inglés) entre 1934 y 2021, de los cuales el más famoso recoge una carta de Albert Einstein a Sigmund Freud y la respuesta de éste. Hay, por supuesto, un sinfín de otros estudios sobre los orígenes y causas de la guerra con títulos distintos. Si nos preocupa esta dolorosa realidad, es provechoso leer, junto al libro de Overy, el ganador del Premio Nacional de Ensayo 2024, Tierra arrasada. Un viaje por la violencia del Paleolítico al siglo XXI (Crítica, 2023). Son dos perspectivas distintas, porque Alfredo González Ruibal es arqueólogo y sigue el rastro de los huesos, pero ponen de manifiesto que no se trata de una pregunta de hoy, sino que necesitamos hacérnosla periódicamente, debido al difícil reto de darle respuesta.
¿Por qué la guerra?Richard Overy Traducción de Francisco García Lorenzana Tusquets, 2025 384 páginas, 22,90 euros