“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Quan un jove Josep Pla proclamava, en un sorprenent atac d’eufòria, que “Itàlia és el meu país. L’italià és la meva llengua, la pasta el meu menjar i el chianti el meu beure”, poc es podia imaginar que cent anys després la traducció italiana d’El quadern gris s’ompliria d’elogis a les pàgines de cultura dels principals diaris transalpins. Ja és sabut que, des dels any vint, Pla va viure llargues temporades a Itàlia, un país que va recórrer de dalt a baix en cotxe i en tren i que va resseguir en petits vaixells per totes les seves illes, sobretot en una novel·lesca travessa en un piroscafo des de l’Alguer fins a Trieste l’estiu de 1938. Pla va escriure dotzenes d’articles sobre la Itàlia del seu temps i li va dedicar un dels seus llibres més coneguts, Cartes d’Itàlia, el 1954. També va llegir apassionadament el Zibaldone de Leopardi, es va entusiamar amb l’obra de Pirandello i va admirar indissimuladament la gran premsa italiana.
Como ya viene siendo habitual en los últimos años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado al alza las previsiones de crecimiento para la economía española, impulsada por el aumento de la fuerza laboral, gracias al incremento de la inmigración, y por los servicios ligados al turismo. Los técnicos del organismo prevén que España crecerá un 2,3% este año (tres décimas más de lo previsto en octubre) y un 1,9% (0,2 puntos más) en 2027, unas estimaciones que superan a las del Banco de España (2,2%) y que sitúan a España como la locomotora de la zona euro. La economía española mantiene un ritmo de crecimiento más próximo al de Estados Unidos (2,4% en 2026) que al de sus socios de la eurozona (1,4%) y en él destaca por primera vez la contribución a la actividad de la inversión relacionada con la tecnología (centros de datos, entre otros) aunque lejos de los niveles de Estados Unidos. Todo ello ha permitido a España capear mucho mejor que sus socios un entorno internacional marcado por las turbulencias.
Mientras no se reconozca un tercer sexo en el Registro Civil, cualquier candidato en una lista electoral deberá declararse como hombre o mujer, según declaró recientemente la Junta Electoral Central.
La primera vez que vine a Madrid fue en el verano de 1965. Al final de un seminario de administración universitaria en el que había participado en Berlín a lo largo de un mes, hice una escapada a España antes de regresar a Nicaragua, gracias a que las líneas aéreas, menos cicateras que ahora, calculaban los boletos trasatlánticos por millas, y era posible agregar otros destinos sin cargo.
La justificación de Donald Trump para invadir Venezuela y secuestrar al dictador Nicolás Maduro fue el narcotráfico. Como se sabe, Trump ya se ha olvidado del asunto y ha asumido públicamente su interés por el petróleo (y otros recursos) del país amazónico, con el objetivo de controlar el continente y dificultarle el acceso a China. Ahora Trump se centra en Groenlandia. Pero hay una imitación que no puede descartarse en esta falsa justificación del crimen organizado. Trump se comporta como el líder de un cártel: invade y domina por la fuerza territorios que no le pertenecen e ignora las leyes para tener acceso y controlar lo que pertenece al pueblo, en Venezuela y quizás en breve en Groenlandia. Y, claro, mantiene las apariencias de que las instituciones y los gobiernos siguen funcionando al garantizarles a los agentes públicos locales los beneficios de la corrupción. Es exactamente lo que hace el crimen organizado.
Hay depredadores, carroñeros, y animales que combinan ambas tareas, como las hienas, que cazan en grupo, pero no les hacen ascos a los cadáveres que ha dejado otro. Su característico aullido, similar a una risa de bruja malvada, ha contribuido a su mala fama. Ríen, según los expertos, cuando se sienten amenazadas, por ejemplo, si temen que les arrebaten su alimento.
La investigación sobre lo ocurrido en el accidente de trenes de Adamuz (Córdoba) arrancó la misma noche del domingo cuando el Juzgado que estaba de guardia en Montoro —un municipio cercano de unos 9.000 habitantes— recibió la llamada que la Guardia Civil hace cuando hay que iniciar el levantamiento de cadáveres. Pero la instrucción está todavía en una fase muy inicial y centrada aún en recibir las autopsias de los 42 fallecidos hasta el momento. Quedan cuerpos por identificar y esa es la prioridad, explican fuentes jurídicas, que avanzan que están a la espera de un primer informe de la inspección ocular de los investigadores y que, entre las primeras diligencias que deberán hacerse, estará tomar declaración al maquinista del tren Iryo que ha sobrevivido. Será Cristina Pastor, una jueza recién salida de la Escuela Judicial, la que tomará las riendas del juzgado a mitad de febrero y se hará con la que, de momento, será la primera gran causa que poner en su currículum.
La minitregua política que se sostenía en torno a la tragedia ferroviaria de Adamuz no va a durar mucho tiempo. La presión interna en el PP es creciente para que Génova afile los cuchillos contra el Gobierno por el accidente, que ha provocado hasta ahora 42 muertos confirmados. Sectores de peso del partido consideran que “el PP tiene que pedir responsabilidades al Gobierno” por la catástrofe. No de inmediato, porque todavía se está trabajando para localizar a todos los desaparecidos, pero sí pronto. A última hora de ayer, la tregua empezó ya a resquebrajarse. Dirigentes de la cúpula popular salieron en tromba a cuestionar la decisión de Adif de limitar la velocidad en el tramo Madrid-Barcelona, y empezaron a responsabilizar al Gobierno del descarrilamiento. “Despreciaron los avisos técnicos sobre la degradación de las vías”, disparó la portavoz adjunta del PP en el Congreso Cayetana Álvarez de Toledo.
Un Donald Trump más envalentonado que nunca, y con intenciones abiertamente más imperialistas de lo admitido antes, partirá este miércoles hacia el Foro de Davos para reunirse con los líderes atlánticos, en una cumbre que se perfila como clave para el futuro no solo de Groenlandia, sino de toda la OTAN. El republicano, cuyo vuelo se ha retrasado por un problema eléctrico en su avión Air Force One, no parece dispuesto a contemporizar ni a ceder en sus ambiciones de anexionarse la isla ártica, territorio soberano del Reino de Dinamarca. Tampoco a sus aspiraciones de convertirse en el árbitro mundial.
EL PAÍS ha cerrado un 2025 excepcional. Ha registrado la mayor subida de lectores digitales de los grandes medios españoles, hasta situarse en los puestos de cabeza de la audiencia, según las mediciones de GfK. Además, cuenta ya con la confianza de más de 450.000 suscriptores y su edición impresa ha reforzado su liderazgo. Las métricas de GfK confirman, además, el liderazgo digital durante el año pasado del conjunto de los medios de Prisa (grupo editor de EL PAÍS) dentro del ecosistema de los grupos de comunicación española.
¿Qué haces cuando una promotora inmobiliaria se convierte en la dueña de tu edificio de un día para otro? Conmoción, desasosiego, conversaciones en el rellano, búsquedas en internet y, en el caso de Carlos Rubio, de 29 años, un diario muy detallado de todo lo que pasa, descubre, ve y oye. Desde que él y otros 17 vecinos del edificio, ubicado en la calle de Valverde 42, en pleno barrio de Malasaña, en Madrid, recibieron el pasado noviembre la carta en la que les comunicaban que la empresa Vencar Capital era la nueva propietaria de sus casas y que no les renovaría los alquileres, Rubio ha dejado cada hallazgo por escrito. También se ha hecho dos preguntas: ¿A dónde se tendría que mudar para pagar lo mismo por un piso de iguales características al que tiene ahora?, y ¿cuánto pagaría por mantener esas condiciones en su zona? Encontrar estas dos respuestas no le costó mucho tiempo: si quiere un piso igual en su mismo barrio tendrá que pagar 2.600 euros en lugar de los 918 de ahora. Y si quiere un piso parecido con el mismo precio, se tiene que ir hasta Navalcarnero o Colmenarejo, a 35 kilómetros de su actual residencia.
Ricardo Godino, concejal de Festejos del PP en el Ayuntamiento de Moraleja de Enmedio (Madrid, 5.500 habitantes) durante más de una década, se ha convertido en el primer acusado en confesar en el juicio que acoge la Audiencia Nacional desde el pasado lunes sobre el caso Púnica, que sienta en el banquillo a media docena de exalcaldes del PP y al exconsejero Francisco Granados por una supuesta trama de amaño de contratos en ayuntamientos y en la Comunidad de Madrid. A través de un escrito enviado al tribunal, al que tuvo acceso EL PAÍS, Godino admite su implicación en la manipulación de adjudicaciones en favor del empresario José Luis Huerta y señala al antiguo regidor de su municipio, Carlos Alberto Estrada: “Cumplía con las instrucciones del alcalde”.
La campaña oficial para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Portugal —que se celebrará el 8 de febrero— comienza a finales de este mes, pero los dos aspirantes, el socialista António José Seguro y el populista André Ventura, volvieron este martes a la carretera. Ambos, a la conquista de los votantes que no estuvieron entre los leales que les respaldaron el pasado domingo (1,7 millones a Seguro y 1,3 millones a Ventura). En juego están, como mínimo, los 2,5 millones de votos que fueron a parar a los restantes nueve candidatos. Para Ventura, se trata de elegir entre socialismo o no socialismo. Para Seguro, entre democracia y extremismo.
El Gobierno español ha recibido una invitación del presidente Donald Trump para formar parte de la llamada Junta de la Paz que debe supervisar la reconstrucción de Gaza tras el alto el fuego acordado en octubre pasado entre Israel y la milicia yihadista Hamás, pero “todavía no ha tomado una decisión” sobre si la acepta o no, según fuentes de La Moncloa. Las mismas fuentes han añadido que España está en consultas con sus socios y aliados invitados también a participar en este organismo diseñado y presidido por el propio presidente estadounidense.
Si está leyendo esto, es de suponer que usted cree en la libertad de prensa. Nosotros también. Sin embargo, este año, el Día Internacional de los Derechos Humanos, que conmemora la firma de la Declaración Universal, coincide con un momento en el que esa libertad está más amenazada que nunca; y más que en ningún lugar, en Gaza.
Se sienta Paco León (Sevilla, 51 años) a hablar a resguardo del frío matinal, en la sede de la distribuidora de su Aída y vuelta, y en algún instante resucita Luisma. Durante el éxito de la serie Aída (una década que se cerró en junio de 2014 tras 237 episodios), tampoco se dejó vampirizar por el personaje, y aprovechó aquel impulso no solo para dirigir cine, sino para experimentar además con los canales de distribución en Carmina o revienta (2012) y Carmina y amén (2014). “Como tengo mala memoria, soy cero nostálgico”, arranca. “Pero sí, la nostalgia es una gran arma”. Y de aquel final de etapa, se refugia en lo mismo: “No fue como en la peli. Nada de aquello pasó, pero podría haber pasado [risas]. Los personajes son versiones de nosotros mismos. Carmen Machi nunca ha ido a Tu cara me suena. Insisto en mi mala memoria, y eso me provoca malas jugadas, mezclando realidad con ficción. Me ocurrió con las Carmina. ¿Cuáles de sus momentos eran hechos reales y cuáles ficciones? No soy capaz de separarlos. Del final de Aída recuerdo que estábamos muy quemados, deseando acabar, y por otro nos daba mucha pena. Vamos, sensaciones de tristeza y alivio”.
[Esta pieza es una versión de uno de los envíos de la newsletter semanal de Televisión de EL PAÍS, que sale todos los jueves. Si quiere suscribirse, puede hacerlo a través de este enlace].
La última ocurrencia dentro de la voracidad imperial de Donald Trump es la conformación de una “Junta de la Paz” pensada para gobernar la Franja de Gaza, pero con la declarada vocación universal de resolver conflictos en todo el planeta, hasta el punto de que ni siquiera se nombra la Gaza en una carta remitida por la Casa Blanca a alrededor de 60 jefes de Estado y de Gobierno para invitarles a formar parte de la nueva organización. Trump pretende presentar la iniciativa el jueves en Davos.
Cuando se produjeron los atentados en Bataclán hizo fortuna en mi pandilla la frase “pude ser yo”, pues el amigo que la pronunció había estado en París tiempo antes (quizá, ahora que lo pienso, de niño). De hecho, no conocía ni Bataclán. Su exageración, sin embargo, necesitaba de la indulgencia y comprensión que no tuvo. Hay una reacción natural ante la tragedia que parece obligarte a medir la distancia respecto a ella. Cuando nos comunican que alguien ha muerto, no pocas veces reaccionamos llevándonos las manos a la cabeza: “¡Pero cómo puede ser! Si hablamos hace unos días”. Como si hablar contigo asegurase diez años más de vida. Como si ver a alguien, o hablar por teléfono, o escribirse el día anterior, nos parezca incompatible con la lección principal: ayer no estuvimos, hoy estamos, mañana no estaremos. Mi amigo tenía razón: pudo ser él, y hasta yo. Lo terrible de esas muertes es que pudimos ser todos, solo que algunos se acercaron más que otros. Podemos ser nosotros todo el rato, la mayoría de las veces sin enterarnos. Pudimos haber llegado a la estación a tiempo y coger ese tren; teníamos entradas para Bataclán pero un jefe cabrón, al que hoy adoramos, nos quitó el día libre; teníamos que haber subido a esa noria que se rompió; nacimos, incluso. Nadie dice, sin embargo, “pude ser yo” cuando el que muere lo hace por un infarto, ni calcula las posibilidades de haberlo sido, aunque a lo mejor se haya quedado a un phoskito o un paquete de tabaco de distancia y no lo sepa nunca. La procesión va por dentro, pero cuando sale fuera es más ruidosa e impacta más. Por eso no veo tanto egocentrismo en las reacciones de quienes tuvieron que haber cogido los trenes estrellados de Adamuz, o de quienes suelen cogerlos, como sorpresa y alivio por haber visto tan de cerca la vida, no la muerte: que así funciona, que así lleva funcionando desde el principio. Que no nos horroriza tanto la muerte ajena como descubrir que seguimos vivos de casualidad.
A algunas de las cosas que pasan no se les pueden poner palabras, porque se quedan cortas o porque no alcanzan. Por eso suele sobrevenir el silencio ante un horror así: porque no se puede decir nada ni parece que pueda hacerse nada más que estremecerse. Por mucho que se describa, será imposible imaginar lo que debieron de ser aquel descarrilamiento, aquellos 20 segundos y aquellas horas siguientes que quienes sobrevivieron no olvidarán nunca. De ahí que ese sea el primer deber de los demás: el de no olvidar nosotros tampoco, para que el tiempo no extinga esta solidaridad de ahora. La conmoción es inmensa, pero la memoria es fugaz.