“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Nadie elige dónde ni cuándo nace. Ese azar determina una parte esencial de nuestra biografía económica y de nuestra esperanza de vida. Todos venimos al mundo condicionados por el lugar de nacimiento (país, familia, entorno sociocultural, etcétera) y la cohorte demográfica a la que pertenecemos.
A veces me pregunto si la paloma que se cruza en mi camino al atravesar la plaza de la Cibeles de Madrid es la misma que picotea los restos de un donut en Trafalgar Square, Londres, frente a un tipo algo perplejo que observa a la suya como yo a la mía. ¿Podrían ser esas dos aves el producto de un desdoblamiento? No hay manera de comprobarlo. Muere una paloma en Madrid y a la misma hora muere una en Londres. Mueren a la vez porque eran la misma, estaban duplicadas para proporcionarnos sensación de abundancia. ¿Cómo asociar esas dos muertes? Quizá la pierna de cordero al horno que me estoy comiendo yo en Ávila es la misma que se está comiendo usted en Segovia porque pertenecieron a dos corderos que eran un único cordero. Y esa mosca que acabo de fumigar cruelmente en mi despacho de Madrid es la que usted se ha cargado por el mismo método en su casa de México. ¿Todas las moscas son la misma mosca? ¿Todos los gorriones son el mismo gorrión? ¿Todos los peces son el mismo pez? ¿Todos los hombres son el mismo hombre?
Embarazos sin revisiones ni vitaminas, madres anémicas, partos sin anestesia, lactancia marcada por el hambre extrema, abortos y bebés prematuros: Israel ha ejercido una “violencia reproductiva” en Gaza desde octubre de 2023 al privar a mujeres y recién nacidos de su derecho a recibir cuidados médicos y tratamientos básicos. Estos métodos “forman parte de un patrón más amplio cuya intención deliberada es impedir los nacimientos entre los palestinos, lo que cumple los criterios del artículo II de la Convención sobre el Genocidio”, afirman dos informes publicados por la organización Médicos por los Derechos Humanos (Physicians for Human Rights, PHR) en Estados Unidos y en Israel.
Cuando la recién creada Unión Soviética se consideraba tan peligrosa que no tenía ni embajadas donde situar a los típicos espías bajo la tapadera de diplomáticos, los servicios de inteligencia soviéticos desarrollaron un excepcional y audaz programa para infiltrar a los suyos en Occidente. Eran los llamados ilegales, agentes exhaustivamente entrenados para plantarlos en otro país con identidades falsas tan convincentes que ni sus propios hijos sabían que sus padres eran rusos, y mucho menos, espías. Ahora, tras la expulsión de cientos de diplomáticos y agentes secretos, especialmente por la invasión a gran escala de Ucrania, Rusia mantiene activo el operativo, que fue los ojos y oídos de Moscú durante la Guerra Fría. A la vez, ensaya “nuevos enfoques tan innovadores como peligrosos en el espionaje”, como cuenta Shaun Walker, autor de Los ilegales. La historia jamás contada del programa de espionaje más secreto de Rusia (Salamandra, con traducción de Eduardo Hojman).
Marcos Benito y Manuel Gil se graduaron de Bachillerato el verano pasado sin haber pisado nunca su instituto. Nunca caminaron por los pasillos, ni hicieron deporte en el gimnasio, ni se sentaron en el patio a conversar con sus amigos. Sus recuerdos de primero de la ESO a segundo de Bachillerato transcurren entre aulas cedidas en colegios ajenos y compañeros que los miraban como “apestados” por ser de ese instituto fantasma que se llama Ana Frank, el único público del barrio Aravaca, que por ahora solo es un grupo de estudiantes y profesores que peregrinan por edificios prestados a espera de que la Comunidad de Madrid inaugure el suyo propio.
Jaume Claret Muxart (Sant Cugat del Vallès, 27 años) dice que tiene tres familias: “Está en la que nací, la del programa educativo en colegios Cinema en Curs y la de la Elías Querejeta Zine Eskola (EQZE)”. De conversación superdotada y cargada de referentes, nieto de pintores de vanguardia e hijo de arquitecto y profesora de educación física, este cineasta iba para bailarín, pero se enamoró del cine cuando vio los entresijos de un rodaje a los 14 años. Así que se hizo crítico de cine en blogs y publicaciones especializadas para cubrir festivales, esquivar la universidad y convertirse en programador joven del gremio y colaborador de Cinema en Curs, el pionero programa pedagógico que ha acercado las formas de hacer cine a decenas de institutos y colegios. Fue a los 19 cuando decidió irse a estudiar a Donosti en la EQZE, un centro que no forma cuadros técnicos ni tiene profesores tradicionales y cuyo modelo se dirige a quienes buscan levantar un proyecto de largometraje.
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El día de su boda con Cristina de Borbón, 200.000 personas salieron a las calles de Barcelona para aplaudirlos. Quince años después, en 2012, cuando Iñaki Urdangarin bajó la denominada “cuesta de la vergüenza” hasta los juzgados de Palma para declarar como imputado en el llamado caso Nóos, dos centenares de personas lo esperaban con abucheos. El medallista olímpico, padre de familia numerosa y yerno perfecto había hecho un viaje del olimpo al infierno. Condenado a cinco años de prisión por corrupción, malversación, fraude y delitos fiscales, en 2024 saldó sus cuentas con la justicia. A punto de publicar su libro Todo lo vivido, relata a El País Semanal su paso por la cárcel y responde a las preguntas que no había contestado hasta ahora. “He aprendido a no gustar”, asegura. “Pero su tono y sus gestos durante una larga entrevista y sesión fotográfica en Barcelona desprenden, sobre todo, sus ganas de agradar; de presentarse como un hombre nuevo”, relata Natalia Junquera, la periodista que realizó la entrevista con Urdangarin. Con fotografía de Jacobo Medrano, es el tema principal de El País Semanal este domingo 25 de enero.
Después de haber sido aprobado por la Comisión Europea y el Consejo, y de ser firmado en una ceremonia en Asunción el pasado sábado, el Parlamento Europeo ha congelado el acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur. El pleno aprobó el miércoles una propuesta para remitir el pacto al Tribunal de Justicia de la UE para que valore si cumple con los tratados europeos. El dictamen del TJUE puede demorarse hasta dos años, lo que arroja incertidumbre jurídica y política sobre el futuro de un acuerdo necesario que crearía la mayor área de libre comercio del mundo con 780 millones de ciudadanos y el 20% del PIB global.
Amamos y nos enamoramos de nuestros chatbots. Disfrutamos de su disponibilidad constante, de su amabilidad inmutable, de su aparente conocimiento sin límites, de su supuesta empatía y, cómo no, de su maestría para la adulación constante. De hecho, en una sociedad marcada por la soledad y la crispación, podemos llegar a pensar que son lo mejor que nos ha pasado. Por ello, cada vez más buscamos refugio en nuestro chatbot favorito para que nos consuele, nos aconseje, nos escuche y, por qué no, nos haga un poco la pelota como tan bien saben hacerlo. A nadie le amarga un dulce, especialmente en momentos en que la realidad es amarga.
Witold Gombrowicz ha regresado hace un par de meses a las librerías españolas de la mano de Mercedes Halfon, quien recrea los días argentinos del escritor polaco en Extranjero en todas partes (Anagrama). Witoldo, como lo llamaban allí, llegó a Buenos Aires a bordo del Chokry, un crucero de lujo que había zarpado de Polonia y que llevó, invitados por la compañía, a diplomáticos, empresarios, políticos y algunos escritores a realizar su primer trayecto. En Europa se estaban entonces poniendo las cosas feas y Gombrowicz decidió no volver; a los pocos días empezó la Segunda Guerra Mundial. El escritor había publicado ya cuentos, alguna obra de teatro y una novela, Ferdydurke. Es una suerte de sátira heterodoxa, con “el tono altisonante y cómico del teatro de marionetas” —dice Halfon—, en la que pone de valor la inmadurez (lo que está por hacerse, y fluye) frente a la madurez (lo que ha alcanzado ya una fijeza). Y de eso trata siempre su literatura, de lo que escapa a la Forma, de lo que se cuela por los intersticios del sistema y se niega a ser clasificado.
Junts ha entrado en pánico. Alcaldes y dirigentes de la formación que dirige desde Waterloo Carles Puigdemont saben que muchos de sus electores darán su voto en las próximas elecciones municipales a Aliança Catalana. Una preocupación que comparten los demás partidos catalanes, ya que las encuestas señalan que, de celebrarse ahora autonómicas, la formación de Silvia Orriols pasaría de 2 a más de 20 diputados. Pero para eso faltan todavía dos años y medio y antes hay elecciones municipales, en las que no sólo Junts sino también ERC y la CUP ven peligrar sus alcaldías por la irrupción de la nueva ultraderecha independentista. ¿Cómo es posible que un partido que en 2023 sólo se presentó en tres municipios ahora se vea como una amenaza que ha provocado que Junts endurezca su discurso sobre la inmigración?
Para Sarah Knafo, la candidata a la alcaldía de París del partido xenófobo Reconquête, una ciudad feliz ―el lema de su campaña― es una ciudad limpia de inmigrantes sin papeles. Una ciudad en la que la policía patrulla armada y con perros las 24 horas del día por “las zonas de no derecho” (sic) de la capital. Para la pareja y mujer en la sombra de Éric Zemmour, una ciudad feliz implica no solo bajar el IBI y reducir de mitad el número de funcionarios municipales, sino también privatizar la recogida de la basura y reinstaurar el tráfico en las vías que bordean el Sena y llevan años peatonalizadas. Por eso me llamó poderosamente la atención que esta asumida admiradora de Donald Trump decidiera copiar el spot y los códigos de campaña nada menos que del socialista Zohran Mamdani, el primer alcalde musulmán de Nueva York, lo más parecido al anticristo para el partido de Zemmour. Publicado en noviembre de 2025 en Instagram, el famoso spot de Mamdani en el que se veían las puertas de un vagón de metro neoyorkino abrirse al llegar a la estación City Hall, donde se encuentra la alcaldía, generó 2,5 millones de likes. Como resistirse…
El Instituto de las Mujeres tiene en su página web un vergonzoso documento en el que defiende el uso del hiyab entre las jóvenes musulmanas españolas en el sistema educativo. Empieza diciendo que en España no hay ninguna ley que prohíba el uso de esta bandera del más rancio machismo en los centros públicos. Y claro que no la hay cuando desde hace décadas se vienen desoyendo, cuando no sofocando con inquina, las reivindicaciones de las feministas partidarias de la coeducación que permita a niñas y jóvenes vivir en igualdad por lo menos en los espacios en los que son educadas en esos valores. Todas las españolas tienen derecho a la soberanía sobre sus propios cuerpos, a hacer con ellos lo que les venga en gana, excepto si esas españolas tenemos la desgracia de nacer en familias musulmanas. Entonces nos debemos a nuestra religión, al padre, al marido, al hermano, al imán de la mezquita y todos los predicadores que pululan tanto en el mundo físico como el virtual y nos debemos también a ese brazo femenino del fundamentalista que son las hiyabistas, las que dicen que se tapan porque quieren y que si su identidad y no sé qué más. El ideario completo del islamismo está en ese documento del organismo que tiene que protegernos a todas por igual en boca de los testimonios de unas veloportantes que ya han sido adoctrinadas por las organizaciones político-religiosas que tienen el velo como bandera. Que las chicas crean realmente que tienen libertad para escoger taparse o no hacerlo es lógico teniendo en cuenta la alienación que supone el extremismo religioso y a que nadie le ponga freno. Nadie les pregunta de dónde sale esa elección que, curiosamente, comparten tantas chicas musulmanas, ¿por qué de repente a todas se les ocurre la misma idea, la de cubrirse para poder mostrar su identidad? ¿Acaso los hombres no tienen identidad? ¿No tienen religión?
Pocas películas se vuelven inolvidables para el público. Solo los autores, quizás, guardan recuerdos de todos los filmes que crearon. La realidad pone a dura prueba incluso su memoria (y su bolsillo): un 40% de los cineastas y guionistas que estrenaron un largo europeo en salas en 2015 no volvió a firmar otro en toda la década siguiente, según un estudio lanzado hoy jueves por el Observatorio Audiovisual Europeo. Se supone que el director rueda cine, y el escritor lo narra. Pero casi la mitad de esos profesionales apenas lo hizo una vez en 10 años. A la vez, más del 50% de las películas estrenadas cada año está representado por óperas primas, calcula el mismo informe. Números para hacerse muchas preguntas, y alcanzar varias conclusiones. El documento, de 41 páginas, sugiere desde el principio al menos dos: “Un impresionante recambio, y una gran precariedad”.
Cuando pensamos en aprender de la historia, solemos centrarnos en evitar que vuelvan malos tiempos —“aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, escribió el español George Santayana—. El filósofo público Roman Krzanaric (Sídney, 55 años) ha querido darle la vuelta al argumento y se ha pasado cuatro años buscando ejemplos históricos positivos para enfrentarnos a los retos actuales, de la emergencia climática o el agotamiento de los recursos a la Inteligencia Artificial. El resultado es Historia para el mañana (Capitán Swing), recién publicado. “No se puede conducir un coche sin mirar el espejo retrovisor. He intentado mirar lo que ha salido bien para superar crisis o resolver problemas. La historia está llena de sabiduría oculta”, explica por videollamada.
João Fara (Minas Gerais, 21 años) se lo pensó dos veces antes de decidir venir a estudiar a España. Entre los largos trámites del visado y la dificultad para conseguir una habitación donde vivir, el alumno matriculado en Ingeniería Química en la Universidad Politécnica de Madrid, estuvo a punto de abandonar su sueño. Fara llegará a Madrid la próxima semana y se convertirá en uno de lo más de 600.000 estudiantes internacionales que llegan a España cada año para estudiar un grado y posgrado académico. Pero los expertos en movilidad estudiantil temen que esta cifra se reduzca debido al encarecimiento de la vivienda en el país, en especial en ciudades como Madrid y Barcelona. El estudio Alojamiento de estudiantes y captación internacional: Desafíos y oportunidades en España 2025 señala que cerca del 30% de los estudiantes internacionales considera el hospedaje un criterio decisivo a la hora de decidir dónde estudiar, un factor que señalan especialmente crítico para escoger universidad los alumnos de Italia, Alemania, Estados Unidos, Canadá e India.
La renuncia a la construcción de una sede del museo Guggenheim en Urdaibai, la única reserva de la biosfera en el País Vasco, es un hecho irrevocable y ya es historia. La retirada definitiva del proyecto, hecha pública por las instituciones a mediados de diciembre pasado, fue un hito para los activistas (plataformas ciudadanas y ecologistas) que pelearon durante varios años por impedir que el principal museo vasco se instalara en la principal riqueza natural vasca, pero su lucha no ha acabado ahí. Ahora quieren que las autoridades se comprometan a recuperar el estado original de la marisma de Urdaibai, para lo cual exigen que la empresa Astilleros de Murueta devuelva los terrenos que ha ido ocupando con el paso de los años sin contar con respaldo jurídico ni estar en propiedad de esos suelos.