“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Hoy es sábado, en un rato saldremos del piso del Ensanche en el que vivimos para ir a ver el partido de nuestro hijo y tomaremos el metro en dirección contraria a la del curro del día a día. Esta temporada tenemos dificultades para sumar puntos, para qué nos vamos a engañar, pero milagros incluso los hemos visto alguna noche de gloria en Albacete y la semana pasada por fin ganamos tres puntos en nuestro campo que en un tiempo va a desaparecer porque allí se trasladará un gran hospital. El equipo que nos ha tocado este año es un pequeño microcosmos de una de las Barcelona reales, que es más bien acomodada y con pocos problemas materiales. Bastantes compañeros del chaval son hijos de padres extranjeros que han venido aquí a trabajar en multinacionales o pasan parte de la semana trabajando en el extranjero. Son expats de mi edad, camino de los 50 —50, aquí os espero, cabrones—, que llevan a sus hijos a escuelas privadas o concertadas, como nosotros, en las que se imparten las clases en la lengua materna de sus casas: en el vestuario del equipo se habla en español, también inglés o francés, apenas en catalán. Los partidos fuera de casa son otro mundo, otra ciudad, en la que vivimos y desconocemos porque apenas vemos y no la habitamos.
La izquierda a la izquierda del PSOE vuelve a movilizarse para reemprender su proyecto común. Es una vuelta a empezar, pero se comprende que no había más remedio, el divorcio de Podemos con Sumar fue muy lesivo electoral y simbólicamente y las encuestas dibujan su peor situación desde hace años. Todo ello a pesar de que, como vimos en Extremadura, bien liderado y con las ideas claras es un espacio con gran potencial. No tienen más remedio que intentarlo. El problema es cómo hacerlo, ya que está saturado de siglas, liderazgos poco conocidos y soporta una pesada mochila de desacuerdos y disputas internas. Por otro lado, tanto las muestras de fatiga del Gobierno, que les afecta directamente porque comparten coalición con él, como el trasvase de parte de su electorado más joven hacia la extrema derecha, les obliga a enhebrar un discurso propio que no se vea como una repetición mecánica de las mismas consignas.
Pocos asuntos han evidenciado el marcaje que Vox, la escisión, ejerce sobre el partido matriz, el PP, como la política exterior y, en concreto, los movimientos de Donald Trump en Venezuela. El presidente de EEUU capturó a Nicolás Maduro en una operación que viola el derecho internacional, según los juristas consultados por este periódico; despreció a la opositora María Corina Machado para pilotar el cambio; alaba en público a la que era número dos del régimen autoritario, Delcy Rodríguez, y no parece tener ninguna prisa en que el país celebre elecciones: “Algún día”, dice su portavoz en la Casa Blanca cuando le piden una fecha orientativa. Pero en ese contexto cuesta encontrar una declaración de algún dirigente del PP mínimamente crítica con el mandatario estadounidense.
Walter Yasmani F., un líder histórico de los Trinitarios de Cataluña conocido como Pukita, volvió a verse esposado y sentado en un coche policial el dos de diciembre. A sus 35 años, con antecedentes por lesiones, tráfico de drogas o estafas, había hecho de la pandilla una forma de vida. Ya fue condenado a nueve años de prisión por mandar “hacer la X” en la espalda a un antiguo miembro que empezó a verse con miembros de una banda rival, la Mara Salvatrucha en el 2012. “Da gracias que te hemos marcado y no te hemos matado”, dijeron sus soldados a la víctima después de hacerle una salvajada que requirió 83 grapas de sutura. Ahora, Pukita vuelve a estar investigado por dirigir, junto a otro veterano de la banda llegado de EE UU, un grupo que cometía robos con extrema violencia, especialmente a latinos que salían de fiesta en la provincia de Barcelona, y que estaban empezando a recibir encargos propios de sicarios, como palizas. El tempor a que fueran más allá detonó la actuación.
Más allá del parvulario, no hay niño escolarizado en Galicia que no sepa identificar la cara de pómulos anchos, enmarcada por una espesa cabellera, de Rosalía de Castro; un icono cultural e identitario al que solo logra aproximarse Castelao, con sus gafas redondas y su sombrero. Pero la imagen de la escritora que ha llegado al siglo XXI sufrió una larga metamorfosis, desde el original a los retratos idealizados tras su muerte; o desde su uso comercial como representación de una mujer enferma y débil hasta su popularización en camisetas, tazas, bolsos y murales urbanos, que la convierten en superheroína, abanderada feminista y hasta Power Ranger.
Un grupo de amigos guiris viaja desde París a los sanfermines y se suceden las borracheras y los enredos. Sus excesos y broncas transcurren en un escenario, las fiestas de Pamplona, que les enfrenta a la violencia y al vacío existencial que les consume. Hay un chico, el narrador, y una chica que se gustan mucho, aunque lo cierto es que todos están locos por ella. Son bastante diletantes, hijos de papá. Se portan mal. Arrastran algún que otro trauma. No acaban de encontrar un sentido claro a sus vidas y les va mucho la juerga. Esta trama, que serviría para armar una buena historia hoy, es la misma que lleva un siglo enganchando a los lectores de la primera novela de Ernest Hemingway (Chicago, 1899- Idaho, 1961), con la que conquistó a la crítica y reventó las ventas. Fiesta coronó a su autor como figura totémica de la literatura estadounidense en el siglo XX, puso nombre a la desazón que consumía a los jóvenes de entreguerras —“la generación perdida” como les bautizó Gertrude Stein—, y renovó el cliché español para extranjeros.
La vida en la elegante urbanización de Bellaterra pasa tranquila. Los pocos que pasean un jueves por la mañana, muchos de fuera, lo hacen en la plaza del Pi, que concentra los escasos comercios: un supermercado, una peluquería, una entidad bancaria, una farmacia o una inmobiliaria con una oferta de casas que no bajan del millón de euros. Pero la placidez que se respira es solo aparente. “La situación es muy tensa”, comenta una trabajadora, no residente, de un comercio. La propuesta impulsada por una comisión vecinal para que Bellaterra —a unos 20 kilómetros de Barcelona y plagada de torres con piscina— deje de pertenecer a Cerdanyola del Vallès y se integre en la vecina Sant Cugat del Vallès, con mayor nivel de renta, despierta opiniones enfrentadas entre los vecinos y las formaciones políticas.
Blindar un vertederoLa propuesta de anexión incluye el territorio delimitado por la EMD, principalmente casas de alto standing, además de la estación de tren, varios comercios y centros educativos, todos privados. Pero también se ha incluido la zona de Can Fatjó dels Aurons, con una masía histórica, varias industrias y un polémico vertedero que los vecinos quieren blindar, ya que lograron que el agujero de la antigua cantera tenga que ser rellenado con tierras y runas de la construcción y no otro tipo de residuos menos inocuos. “Había miedo que se usara para colocar residuos peligrosos y desconfianza de que Cerdanyola lo permitiera, por su histórico con los vertederos en el municipio”, apunta Josep Maria Riba, presidente de la EMD Bellaterra. Can Fatjó también se incluye para que no quede como una pequeña isla rodeada de territorio de Sant Cugat. En cambio, quedan fuera de la anexión la Universidad Autónoma y la zona del Parc del Alba, incluido el Sincrotrón, que permanecerían en Cerdanyola.
“Crecí viendo fútbol cuando en Estados Unidos casi no existía”. La de Pellegrino Matarazzo (Wayne, Nueva Jersey, 48 años), el nuevo entrenador de la Real Sociedad, es una historia poco común, marcada por la emigración, la identidad y una pasión por el fútbol que nació muy pronto. Se aficionó de verdad al deporte rey viendo al Nápoles de Diego Armando Maradona, cuando aún era un niño y vivía en Estados Unidos. “Mis sueños de niño eran con el fútbol, crecí viendo fútbol en la pequeña televisión de la habitación de mis padres. Soy de la época en la que Maradona jugaba para el Nápoles. Así aprendí el fútbol, viéndolo y hablando con mi padre, porque en Estados Unidos casi no era considerado deporte, pero yo tenía pasión por él por mis raíces italianas”, recuerda el nuevo inquilino del banquillo de la Real Sociedad, que este domingo recibe al Barcelona (21.00, Movistar), en una entrevista concedida a los medios oficiales del club.
A once puntos del liderato en la Liga, metido en la pelea por acabar la liguilla previa de la Champions entre los ocho primeros y en cuartos de la Copa, Diego Pablo Simeone inicia la fase decisiva de la temporada este domingo en el Metropolitano ante el Alavés (16.00, Movistar) sin dos fichajes de calado en su momento, Conor Gallagher (traspasado al Tottenham) y Giacomo Raspadori (al Atalanta), y sin dos jugadores residuales, Javi Galán (Osasuna) y Carlos Martín (Rayo).
Capitalismo de Estado (intervención pública en el mundo empresarial), proteccionismo (aranceles), amenazas constantes a la libertad de expresión, imperialismo en busca de nuevas materias primas con las que consolidar su hegemonía, una especie de ejército personal del presidente en las calles de las ciudades buscando inmigrantes, presiones del Ejecutivo a las otras instituciones (intentos de desbancar al presidente de la Reserva Federal para que el próximo sea más dócil y baje los tipos de interés), domesticación de las universidades, liquidación de los acuerdos multilaterales que permiten luchar contra el cambio climático, desmantelamiento de la ayuda al desarrollo, etcétera.
La verdad, te levantas cada día con un susto. Con Trump es todo al revés, si a otros presidentes los criticamos por no hablar con la prensa, con él estamos deseando que se pase al plasma y pase una semana sin decir tonterías. Al menos podríamos negociar que cambie el huso horario, así el disparate del día nos pillaría a la hora del vinito antes de cenar, cuando relativizas todo. Pero recién despertado tiene un efecto deletéreo sobre tus escasas ganas de levantarte. Ya enciendes la radio acojonado y dudas si descender de la cama, como si fueras a poner el pie en un planeta hostil. Según escuchas que piensa atacar otro país metes la cabeza bajo la almohada. Yo podría decir ahora, como algo sabido, que va a invadir Trinidad y Tobago y ustedes se lo creerían, simplemente pensarían que no se habían enterado porque ayer tenían médico o yoga y apagaron el móvil.
El silencio de esta habitación concentra el dolor de 90 años. Es profundo y está acompañado de lágrimas. “Mamá, la hemos encontrado, la hemos encontrado…”, repite una y otra vez en sus pensamientos Ángel González. Su madre, Nieves, está muerta pero intenta hablar con ella. Intenta decirle que ha encontrado a la abuela Carmela, madre de Nieves y cuyo cuerpo estuvo en una fosa común desde que fue asesinada el 15 de agosto de 1936 por los sublevados que, liderados por Franco, propiciaron el 18 de julio de ese año la guerra civil española. Ha caído la noche en Víznar y el frío es cortante en este viernes, 19 de diciembre de 2025, cuando Ángel, de 79 años, da los primeros pasitos hacia la caja que guarda los restos de Carmen Rodríguez Parra, conocida como Madre Carmela por la hospitalidad con la que trataba a todos los que acudían a su taberna de Granada. Detrás de él, como una piña, están su hermano Antonio, de 75 años, y su primo Marco, de 66, acompañados de María Estrella, la esposa de Ángel, y de dos de sus hijas. Se disponen a abrir la caja. “Abuela, abuela, abuelita…”, dice Ángel para sí mismo sin dejar de llorar mientras es el primero en observar el cráneo que preside una caja de menos de un metro de largo con muchos huesos. “Eres tú, abuela. Estás con nosotros”. Más allá del tiempo y de la historia, la voz de la cabeza de Ángel resuena en el silencio pesado de una habitación austera.
“Hi ha dècades en què no passa res de res i hi ha setmanes en què passen dècades”. La frase, atribuïda a Lenin, resumeix perfectament l’acceleració dels temps viscuda amb especial intensitat a Catalunya a partir de l’any 1976, després de la mort del dictador el mes de novembre anterior. No sense resistències, va començar una metamorfosi que convertiria una dictadura acabada de soterrar a Cuelgamuros en una incipient democràcia parlamentària amb un reconeixement previ de l’autogovern català. Ara fa cinquanta anys i de la mà dels diferents moviments socials, cívics i culturals, la mateixa política institucional es va començar a transformar.
Lectures recomanadesLa gran conspiració. Crònica de l'Assemblea de Catalunya. Antoni Batista i Josep Payà. Empúries, 1996. Un estudi sobre l'Assemblea de Catalunya, fundada el 7 de novembre de 1971 en un acte clandestí celebrat a l'església de Sant Agustí, i una part decisiva en el camí de l'autogovern català.
Catalonia since the Spanish Civil War: reconstructing the nation. Andrew Dowling. Liverpool University Press, 2013. Dowling analitza la transformació de la nació catalana en termes socioeconòmics, polítics i històrics, des de la Guerra Civil fins a l'actualitat.
Catalunya al mirall de la immigració. Demografia i identitat nacional. Andreu Domingo. L’Avenç, 2014. El llibre analitza el discurs sobre la immigració i la identitat nacional a Catalunya des dels anys 1930 fins a lactualitat.
La cuestión catalana. Cataluña en la transición española. Carme Molinero i Pere Ysàs. Crítica, 2014. Des de la mort del dictador fins a l'aprovació de l'estatut d'autonomia el 1979, el llibre narra l'organització de la societat catalana a molts nivells, iniciant el que Sánchez Terán anomenaria "la batalla de la transició".
Barris, veïns i democràcia. El moviment ciutadà i la reconstrucció de Barcelona (1968-1986). Marc Andreu. L’Avenç, 2015. El moviment ciutadà forjat als barris durant la dictadura va ser un dels components destacats de la lluita antifranquista que va fer possible la transició a la democràcia i la defensa dels interessos de les classes subalternes en el procés de canvi polític i institucional. Aquest moviment popular, alimentat per l'oposició comunista i per militants cristians de base, es va articular a Barcelona, a partir de l'any 1972, entorn de la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB).
Una nova cultura per al poble. El Congrés de Cultura Catalana i la modernització de la catalanitat (1975-1977). Mariona Lladonosa i Manuel Lladonosa. Enciclopèdia Catalana, 2021. El Congrés de Cultura Catalana, impulsat entre el 1975 i el 1977, va ser una de les experiències de mobilització social i cultural més importants del catalanisme contemporani sorgit de la iniciativa de nombroses entitats, grups i persones vinculades a les formes de renovació cultural dels anys setanta. Aquest llibre fa un recorregut a fons per la seva gestació, trajectòria i influència.
La nostra cançó. Antoni Batista. Pòrtic, 2024. Serrat, Raimon, Llach, Maria del Mar Bonet, Sisa, La Trinca, Pau Riba, Gato Pérez i tants altres cantants van constituir el moviment artístic de la Nova Cançó, que va canviar la fesomia del país i que forma part per sempre més del patrimoni cultural dels Països Catalans.Antoni Batista explica les claus del fenomen.
Estábamos allí. Memorias de un militante de Comisiones Obreras (1963-1984). Josep Maria Rodríguez Rovira. Ediciones de Intervención Cultural, 2024. Un llibre que combina el record personal i la crònica col·lectiva per trebar un relat sobre l'organització i la lluita de CCOO de la mà de Josep Maria Rodríguez Rovira, que va exercir fins al 1978 com a secretari general de CCOO de Barcelona.
Les batalles de Barcelona. Imaginaris d'una ciutat en disputa (1975-2025). Jordi Amat. Edicions 62, 2025. Avui Barcelona és la seva gent? Poques ciutats han travessat mutacions tan profundes com Barcelona al llarg del darrer mig segle. D’urbs provinciana durant la dictadura a ciutat democràtica durant els anys previs als Jocs Olímpics, d'admirat model d'urbanisme socialdemòcrata a marca reconvertida en mercaderia turística i immobiliària que expulsa cada vegada més els seus ciutadans.
Les manifestacions per l’amnistia i la llibertat. David Ballester i Manel Risques. Editorial Base, 2026. El febrer de 1976, Barcelona va viure dues mobilitzacions històriques que van desafiar obertament la dictadura i van marcar un punt d’inflexió en la lluita per l’amnistia, les llibertats i l’autogovern. El llibre reconstrueix aquells dies decisius a través de testimonis directes, documents inèdits i la mirada de la premsa de l’època.
Quiero hacer un anuncio importante. Una declaración para mí colosal. A estas dilatadas alturas de mi vida he descubierto que soy trans. Pasmoso, pero cierto. Para ser exactos, soy transtemporal. Antes de seguir, me gustaría dejar bien claro que este texto no encierra ni el más mínimo asomo de burla sobre la transexualidad, que siempre he defendido y apoyado plenamente. Pero es que lo que me sucede tiene curiosos paralelismos con la transexualidad, esto es, con el convencimiento de que no te reconoces dentro de tu aparente identidad. Un sentimiento, lo sé, muchísimo más doloroso para las personas transgénero. Pero lo mío también tiene bemoles.
El sábado 3 de enero Paco Triana y su mujer luchaban para salvar su chiringuito en la playa de Matalascañas. Con tornillos y maderas, iluminados con el móvil de un vecino, ya de noche, aseguraban la estructura mientras las olas de la borrasca Francis empezaban a golpear con fuerza. Esa noche, los daños parecían controlados. Pero el domingo todo cambió. “Los postes que sostenían el chiringuito empezaron a ceder y la policía y los bomberos no nos dejaron acercarnos”, cuenta Triana a unos metros de los restos del negocio que regenta desde hace 32 años. Horas después, se vino abajo como un castillo de naipes.
“Hay un momento de la vida de los hombres que tenemos que elegir, y yo elegí”, explicó Julio Iglesias a EL PAÍS Semanal en junio de 1985. “¿Elegir entre qué, Julio?”, le preguntó el periodista Juan Cueto, que había viajado hasta el Caribe para entrevistarlo. “Entre el psiquiatra o las Bahamas”, respondió Iglesias. El cantante acababa de conquistar Estados Unidos con su primer álbum en inglés, 1100 Bel Air Place, pero estaba triste. Había perdido la voz en un concierto en Fráncfort y había tenido que someterse a una cirugía. En vez de ir al psiquiatra, se refugió en la isla caribeña de Nueva Providencia, en una villa de estilo colonial llamada Capricornio, donde, según sus palabras, hacía “una vida casi de anacoreta”.
Una sombra recorre desde el pasado 3 de enero los despachos, cuarteles, embajadas y mentideros de Caracas. También los de Washington. Es la sombra de un hombre al que muchos temen y de quien depende que la nueva Venezuela no descarrile en un escenario de caos desatado por fuerzas armadas paralelas y lealtades heridas. Diosdado Cabello, el militar que encarna el ala más dura del chavismo, es la gran incógnita de esta etapa inédita en la que el régimen dialoga, como nunca antes, con Washington.
“Estamos practicando la amabilidad. Tú también puedes hacerlo”. La frase, lista para ser usada en un contexto cotidiano —un atasco, una cola que va lenta en el supermercado— suena casi subversiva en tiempos de rabia algorítmica y agresividad cotidiana. Robin Wall Kimmerer (Nueva York, 1953) —que en el perfil de su web se describe primero como madre, después como científica y profesora distinguida de Biología Ambiental y también como miembro de la Nación Citizen Potawatomi— la propone como un acto de resistencia. “Necesitamos dotarnos de un nuevo lenguaje”, explica, “algo que afirme que esto es lo que significa ser humano”. En un mundo donde la bondad genera desconfianza o es desdeñada, la amabilidad —admite— se está convirtiendo en un gesto militante.
El Neri es una anomalía en forma de hotel de cinco estrellas. Para empezar, no es un cinco estrellas al uso. Los clientes ni siquiera pueden llegar en coche hasta la puerta. El servicio es casi invisible. La palabra “lujo” parece proscrita entre estas cuatro paredes (esto ya sería en sí mismo un debate: es curioso cómo la industria del lujo, incluidos los medios de comunicación que informan de ella, de un tiempo a esta parte abominan de la palabra “lujo”). En las calles que rodean el hotel a veces huele a ese indefinible aroma que marca la frontera entre las piedras nobles y el alcantarillado de barrio viejo. Las ventanas de su restaurante dan al patio de un colegio y en los recreos no es raro que un crío pegue un balonazo contra una de ellas o que se acerque, aplaste la cara contra el cristal, mire tu plato y recorra sus labios con la lengua como diciendo “¡mmmmm, qué rico!”. Esas cosas no gustan a cualquier cliente de un cinco estrellas. Y sin embargo…
En 1990, mientras el comunismo soviético se derrumbaba y parecía que estábamos ante el fin de la historia, el escritor V. S. Naipaul alabó la americanización del mundo. En una conferencia pronunciada en el Manhattan Institute, una institución neoyorquina de derechas, afirmó que la idea estadounidense de la búsqueda de la felicidad había puesto fin al largo debate ideológico sobre qué vida y qué sociedad eran mejores y estaba creando una civilización universal.