“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Uno de los momentos que más se agradecen durante el invierno es ese momento en el que vienes de la calle muerto de frío y, cuando llegas a casa después de un largo día de trabajo, como si se tratase de un ritual, te das una ducha para entrar en calor y ponerte un pijama cómodo y calentito para disfrutar de ese momento de descanso que llevas esperando todo el día. Aunque en invierno, a diferencia del resto del año, es muy importante que el pijama, además de ser cómodo, abrigue de verdad. Si no eres muy fan de los pijamas de forro polar con capucha y buscas un pijama de corte más clásico sin renunciar a un tejido suave y grueso, en Amazon puedes dar con la solución por menos de 20 euros.
Esta semana Pedro Sánchez se reúne con los grupos parlamentarios para sondear un eventual envío de tropas a Ucrania cuando llegue el alto el fuego. En paralelo, el Gobierno se mueve en otro frente sensible: participar en una misión europea de vigilancia en Groenlandia, en plena tensión con Donald Trump por el Ártico.
El presidente estadounidense, Donald Trump, cifra en 1.000 millones de dólares (unos 864.000 millones de euros) el precio que los países deben abonar para adquirir un asiento permanente en la Junta de la Paz, el incipiente proyecto internacional que el mandatario lidera con el supuesto objetivo de conseguir la paz en Gaza y otros territorios del planeta. La Casa Blanca ha invitado a por lo menos 60 líderes mundiales a unirse a un organismo que Washington vinculó inicialmente con la resolución de la guerra en el enclave palestino, pero que adquiere la forma de una asamblea mundial que tendría como líder con amplios poderes a Trump, según detalla un borrador de la carta fundacional al que han tenido acceso Reuters y Bloomberg.
El desgaste que supone soportar una guerra que ya dura casi cuatro años se puede apreciar en Ucrania en casi cualquier cosa: desde en los carriles de una piscina a la clientela de una peluquería, desde la ubicación de un cementerio a la lista de bajas, desde el toque de queda a los cortes de luz. Sobre todo, en el estado de ánimo de la población cada día más cansada. Lo que sigue es un intento de describir la carcoma de la guerra en un país entero.
Miedo y una sensación de profundo abandono son los sentimientos que prevalecen entre los iraníes tras las multitudinarias manifestaciones que, en las últimas semanas, han sacudido la República Islámica y han sido ahogadas a sangre y fuego por las autoridades. Miedo por lo visto, lo vivido y por las posibles represalias que puedan tomar contra quienes lo cuenten. Y abandono de la comunidad internacional. En especial, del presidente estadounidense Donald Trump, quien hasta hace solo unos días pedía a los iraníes que siguiesen protestando y prometía que “la ayuda” estaba “en camino”.
Los ministros de Exteriores de Dinamarca y Groenlandia, Lars Lokke Rasmussen y Vivian Motzfeldt, sabían que no habían conseguido mover un ápice la determinación de Donald Trump a anexionarse la isla ártica tras su reunión del pasado miércoles en la Casa Blanca. Pero las conversaciones habían sido, decían, constructivas. Copenhague y el territorio semiautónomo se comprometían a trabajar junto al resto de países aliados para reforzar la seguridad groenlandesa. Apenas tres días más tarde, el sábado, Trump lanzó una bomba de acción retardada, su anuncio de aranceles hasta del 25% para las ocho naciones de la OTAN que participan en maniobras militares de la isla. Una carga de dinamita que hace temblar los cimientos de la alianza. Una nueva puñalada a ese orden internacional que detesta y al que a lo largo de su año de mandato tanto ha hecho por derribar.
Una delegación rusa de unos 40 miembros encabezada por el general Andrei Averianov, jefe de la milicia Africa Corps, se reunió a finales de diciembre con el presidente interino de Madagascar, el coronel Michael Randrianirina. Durante dicho encuentro, Rusia ofreció protección personal al líder malgache, quien ha asegurado en varias ocasiones sentirse amenazado. De esta manera, el líder ruso Vladímir Putin pretende sumar a Madagascar a la creciente lista de países africanos bajo su influencia directa siguiendo el mismo patrón de protección y cooperación militar a cambio de acceso a recursos, en la que ya se encuentran República Centroafricana (RCA), Malí, Burkina Faso, Níger, Libia y Guinea Ecuatorial, entre otros.
Líderes políticos y empresariales de todo el mundo se reúnen a partir de este lunes en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, en un momento de inestabilidad excepcional. El riesgo de confrontación ha dejado de ser la excepción para convertirse en la condición permanente de las relaciones internacionales. Al igual que los ciudadanos, la élite que estos días va a analizar el estado del mundo, sobre todo en lo que afecta a sus negocios, ve que la fragmentación geopolítica y la confrontación económica han desplazado al multilateralismo como principio organizador.
Cuando un gobierno corta el acceso a internet a parte o la totalidad de la población, suele ser con dos objetivos. El primero, impedir que los ciudadanos se organicen y participen en acciones coordinadas, como por ejemplo una manifestación, o un referéndum. La lógica es autoevidente: cómo hacer la revolución sin móvil cuando ya no sabemos ni organizar una cena sin hacer un grupo de WhatsApp. El segundo, reprimir esas acciones con violencia extrema sin que el resto del mundo pueda verlo y documentarlo. Son dos objetivos distintos pero compatibles, como estamos comprobando en Irán
Hacer lo correcto no siempre sale rentable. Al contrario de lo que repiten algunos gurús corporativos con micrófono de diadema, cumplir con lo debido suele tener un precio. A veces económico, a veces político, casi siempre moral. La ética, conviene recordarlo, no es una estrategia de optimización, sino una forma de exposición al riesgo.
Uno se acostumbra a agradecer las enseñanzas de los grandes maestros. Artistas, escritores, periodistas decentes o catedráticos universitarios son parte decisiva de nuestra formación. Pero no conviene olvidar que la vida nos educa y que hay gente sin reconocimiento público que nos regala sus lecciones, su manera de ser, al cruzarse en la vida con nosotros. Aprendemos de un vecino del barrio, una compañera de estudios, el camarero del bar de siempre o la señora que lleva la tienda de la esquina. Según pasan los años, me acuerdo mucho de Enriqueta, la portera del edificio en el Paseo de la Bomba al que mis padres se mudaron cuando yo acababa de cumplir 11 años. La recuerdo en el portal, sentada con la costura en sus manos y con una paciencia amable para soportar las travesuras de los niños del edificio y de los amigos del barrio. La bomba del Paseo se relacionaba con una antigua bomba de agua, pero los niños éramos un bombardeo muy ruidoso, una crispación que subía o bajaba las escaleras con los zapatos sucios y los gritos en la boca.
Adolphe, una de las nouvelles que integran el libro que nos ocupa, Los amores inconstantes,de Benjamin Constant, alude al alter ego del autor y sus amores con Éllénore, inspirada en Germaine de Staël, la famosísima madame de Staël, escritora, pensadora, protofeminista, la mujer culta y audaz conversadora con la que Constant mantuvo una relación intensa y prolongada que marcaría sus vidas. El volumen también reúne las obras Cécile, Amélie et Germaine y El cuaderno rojo.
Los amores inconstantesBenjamin Constant Traducción de Manuel Arranz Periférica, 2025 328 páginas, 21,90 eurosEl pasado sábado, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, llegó en ambulancia a las urgencias del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona aquejado de un fuerte dolor y pérdida de fuerza en las piernas. En las horas posteriores, el equipo médico que lo atendió pudo descartar los cuadros más graves, que suponen un riesgo vital inminente, como el ictus, pero casi 48 horas después del ingreso, todavía no han dado con las causas de su cuadro clínico. Illa está en la unidad de cuidados intensivos (UCI) y seguirá ingresado en los próximos días. Esto es lo que se sabe —y lo que no se sabe— del estado de salud del president catalán.
Este lunes arranca una semana importante para la política española, ya instalada en un ambiente de campaña electoral permanente con la mirada puesta en Aragón, después Castilla y León y al final Andalucía. El PP ha calentado motores este domingo con un acto en Zaragoza de todos sus barones para mostrar poderío y usar como eje de su campaña la reforma del sistema de financiación, que sus dirigentes consideran un “regalo” del PSOE, obligado por sus pactos con ERC. Pedro Sánchez, por el contrario, reivindica esa reforma porque aporta 21.000 millones de euros nuevos para las arcas autonómicas, para gastarlos en sanidad, educación o vivienda, pero sobre todo intenta esta semana centrarse en la agenda internacional y las cuestiones de las que el PP apenas quiere hablar pero dominan la prensa y los debates de todo el mundo occidental, esto es la guerra en Ucrania y sobre todo el choque entre Donald Trump y la Unión Europea por Groenlandia.
Castilla y León celebrará sus elecciones autonómicas el 15 de marzo de 2026. El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco (PP), ha apurado al máximo la legislatura y se ha visto abocado a los comicios, ya que el Estatuto autonómico establece que se celebren cuatro años después de que se constituyeran las anteriores Cortes, algo que ocurrió el 10 de marzo de 2022.
Durante meses Jerome Powell se mantuvo estoico ante los ataques furibundos de Donald Trump. De figura quijotesca, enjuto, anodino y serio, el presidente de la Reserva Federal ha dicho basta. Está decidido a plantar cara para defender la independencia de la institución que dirige. El pasado domingo publicó un insólito video para denunciar que la fiscalía, dependiente del Departamento de Justicia, le ha abierto una investigación penal. La achacó a su negativa a doblegarse a la voluntad del presidente de Estados Unidos. Powell se ha rebelado. Su caso trasciende lo económico para situarse en lo político. Es un debate sobre los límites del poder presidencial que pone a prueba los controles sobre su autoridad: el Congreso y los mercados.
El lento proceso de renovación de la cúpula del Banco Central Europeo (BCE) empieza este lunes con la elección del sustituto de Luis de Guindos en la vicepresidencia. Media docena de candidatos aspiran al puesto. Hay pocas certezas más, si acaso que el Parlamento Europeo tiene sus favoritos: el portugués Mario Centeno y el letón Martin Kazaks, y que se va a intentar resolver todo esta tarde. No será fácil, porque ahora también empiezan a verse las cartas y los movimientos de los grandes Estados al posicionarse en la elección de los siguientes puestos, dos de ellos capitales: el economista jefe del banco y la presidencia. España aspira a lo máximo, advierten varias fuentes financieras y monetarias europeas, aunque el objetivo pragmático es no caerse del Consejo Ejecutivo cuando finalice este proceso de renovación parcial.
Francisco Granados lo fue casi todo en el PP de Madrid: concejal y alcalde (de Valdemoro, 85.000 habitantes); diputado autonómico; consejero de Transportes, Infraestructuras, Vivienda, Presidencia, Interior y Justicia; senador; secretario general del partido regional; y, sobre todo, hombre de confianza de la presidenta Esperanza Aguirre, que lo aupó a la primera línea política. Hasta que en octubre de 2014 comenzó su gran debacle, cuando fue detenido y encarcelado por el caso Púnica (una operación bautizada así por su apellido: el nombre en latín del árbol del granado es Punica granatum). Ahora, más de 10 años después de su arresto, el otrora poderoso dirigente popular se sienta en el banquillo de la Audiencia Nacional por esa trama. Desde este lunes, el tribunal celebra el primer gran juicio contra él por su implicación en el presunto amaño de contatos de la red de corrupción.