“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
La escasez de combustible ha dejado Cuba paralizada: largas filas para obtener unos pocos litros de gasolina, transporte público reducido a casi nada, apagones que superan las 12 horas diarias y la falta de productos básicos que atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana. El desastre, tal como lo describen muchos cubanos, se siente apocalíptico.
Está bien agradecer a conciencia aquello en lo que uno ha sido afortunado. Yo he conocido, como todo el mundo, mis dosis de sinsabores y de infortunios, pero sé que he tenido suerte en las dos o tres cosas fundamentales de la vida. Una de ellas es que nunca me ha faltado el refugio, el consuelo, el vicio, el sustento de la literatura, y de la lectura, para ser más exactos. En el oficio de escribir hay demasiada incertidumbre, y si uno tiene un poco de conciencia crítica es probable que al cabo de un tiempo sienta el remordimiento de los errores cometidos, y que al revisar por encima un libro ya publicado se fije en los descuidos, en las imprecisiones, en los excesos verbales en los que no debía haber incurrido. En Alemania y en Estados Unidos es habitual que en sus presentaciones un autor lea en voz alta algunas páginas del libro recién publicado. Cuando he tenido que hacerlo, he mirado las caras del público temiendo detectar en ellas una aburrida somnolencia, y no se me ha ocurrido otro remedio que suprimir palabras, hasta frases enteras, que de pronto me parecían innecesarias, corregir retrospectivamente lo que podría haber sido mucho mejor.
Por definición, una no puede tener acceso a la historia que no sucedió. El pasado está enterrado bajo sedimentos de huesos y palabras, muchos de ellos olvidados; y, aunque a veces se revise o permitamos porosidades con el presente, lo que jamás podremos documentar es lo no ocurrido, pues no dejó improntas investigables. Sin embargo, sí somos capaces de desempolvar las posibilidades de aquel pretérito y, con ello, aprender tal vez de lo que se hizo bien. Uno de los acontecimientos que no hemos experimentado es una masiva guerra nuclear, considerada factible en quienes estaban vivos en los años sesenta del siglo XX. Por qué no pasó lo cuenta Roman Krznaric en Historias para el mañana (Capitán Swing, 2026). Según el politólogo australiano, frente a la tensión global que generó la crisis de los misiles en Cuba, el presidente John F. Kennedy decidió empaparse de las lecciones contenidas en Los cañones de agosto, un ensayo de Barbara Tuchman que narra cada uno de los errores políticos que condujeron a la Primera Guerra Mundial. Esta lectura le influyó tanto que, finalmente, promovió una desescalada, librando al mundo de la que habría sido la peor catástrofe bélica de todos los tiempos. Su gestión más exitosa, poco antes de ser asesinado, fue sin duda salvar a la humanidad o, al menos, contribuir a ello de una manera decisiva.
Nos hemos alejado de las buenas intenciones iniciales y acabamos confundiendo democracia con votar. Durante 1945, la idea de democracia se asoció a algo más que a elecciones: implicaba un compromiso con la igualdad y con la protección frente a los efectos excluyentes del mercado y de la competencia. Se incorporaron así en las constituciones de la posguerra sistemas de derechos sociales, negociación colectiva e instituciones internacionales que intentaban evitar que los inevitables conflictos se desbordaran. Esa arquitectura no era perfecta, pero transmitía la idea de que las mayorías podían influir en el rumbo de sus sociedades y que existían “amortiguadores” frente a las crisis. Nosotros llegamos tarde a ese modelo, pero llegamos. Ahí está el artículo 9.2 de nuestro texto constitucional, que hace referencia a la participación política, social y cultural de los ciudadanos.
El proyecto para ampliar una mina de caolín en la Serranía baja conquense amenaza con causar una brecha social más grande que los mordiscos que desde los años 70 propina la extracción de este mineral en los montes que circundan el pequeño pueblo de Arguisuelas. Buena parte de sus apenas 130 vecinos se oponen a los planes de SICA-Euroarce para ampliar una de las dos minas que ya opera en el municipio y llevarla hacia el mirador de El Viso, un paraje muy querido por sus habitantes por los atardeceres que brinda. En diciembre, el ayuntamiento, gobernado por el PP, llevó a cabo una consulta entre los empadronados. De los 64 votos emitidos, 48 se opusieron a la ampliación. Pero el rechazo, aseguran desde la Plataforma SOS Arguisuelas, es mayor si no se ciñe únicamente al censo. “Hay mucha gente que vive fuera y tiene casa en el pueblo y que también se opone”, asegura Andrea Bustamante, que abandera la oposición vecinal al proyecto.
Uno de los videojuegos más famosos de internet es el GeoGuessr, donde ganas si adivinas el lugar a través de una foto aleatoria de Google Maps. Hay muchos trucos para descubrir donde estás y uno de los más básicos es fijarse en el idioma de los carteles y el nombre de las tiendas. Imagine que lo que lee en la imagen es: CBD oil, adventure hostel, concept store, make your own candle, sales 20% off, bed and gastro, superfood, roost chicken, lock and enjoy. ¿Sabría decir, al menos, en qué país se encuentra? En uno de habla inglesa, parece. Tal vez sea Londres o alguna ciudad estadounidense. O Singapur, donde el inglés es una de las cuatro lenguas oficiales. Si esa es su respuesta, ha perdido. Es el barrio de Malasaña, en pleno centro de Madrid. En cuatro décadas, la zona ha sufrido una transformación tras otra, y con cada una de ellas, más negocios, los históricos y los del día a día, han ido muriendo. Este periódico ha hecho un recorrido por el Malasaña de 2026 y un recuento de los bares, fruterías, librerías, cines, herbolarios o salas de conciertos que han desaparecido en los últimos 10 años.
Móstoles es un caramelo para Isabel Díaz Ayuso. Es la segunda ciudad más poblada de la región, con 214.000 habitantes, y una de sus más celebradas conquistas tras las elecciones de 2023, en las que el PP de la Comunidad de Madrid se marcó el objetivo de recuperar aquellas localidades que la izquierda le había arrebatado, con Móstoles como premio gordo. Lo consiguió en este y en varios municipios clave más, pero con una nota al pie: el Partido Popular tendría que gobernar con Vox. Así, Manuel Bautista, un hombre sin trayectoria política de renombre en la ciudad y muy próximo al núcleo duro de la presidenta autonómica, se convirtió en alcalde de la mano de la formación de Santiago Abascal, con un pacto que se advirtió fuerte durante los tres primeros años de legislatura. Ahora, tras las acusaciones de acoso sexual y laboral por parte del regidor a una edil mostoleña, reveladas por este periódico y que el partido encubrió, la agrupación de ultraderecha pide a Bautista que dimita y considera “inaudito” que no lo haya hecho ya. Esta dureza pudiera extrañar, al tratarse de un compañero en el ejecutivo municipal, pero 15 días antes de que se hicieran públicas las acusaciones, el pacto entre Vox y PP saltaba por los aires después de semanas de fricción constante.
En lo que va de temporada, la montaña se ha cobrado la vida de ocho personas en los Pirineos, la cifra más alta en tres décadas. Las dos últimas fueron el pasado 29 de enero en Cerler (Huesca) cuando dos jóvenes de 22 y 25 años quedaron atrapados en una avalancha en una zona fuera de pista. Desde la pandemia, el esquí de montaña y el freeride (esquí fuera de pistas marcadas) se han popularizado hasta el punto de que muchas estaciones promocionan abiertamente las salidas fuera pista.
El relevo de Carles Puigdemont como líder de Junts per Catalunya sigue siendo un tabú en el partido independentista y en su entorno. Lo pudo comprobar Artur Mas la semana pasada, cuando se vio obligado a rectificar en 24 horas unas muy prudentes y respetuosas consideraciones sobre el cambio de liderazgos en la derecha nacionalista realizadas en una entrevista periodística. Para los suyos, Puigdemont es intocable.
El auge de la ultraderecha global puede verse como una epidemia. No estalla de golpe: primero es una fiebre leve, casi imperceptible; luego se propaga, muta, se vuelve contagiosa; finalmente, se instala como un clima y deja de alarmar, porque se ha vuelto cotidiana. “Estamos en la fase más desarrollada de la epidemia”, dice Franco Delle Donne, el investigador argentino autor de Epidemia ultra. Del fascismo europeo a Silicon Valley: anatomía de un fenómeno que está conquistando el mundo (Península), donde defiende que las fuerzas democráticas cometieron un grave error al subestimar los brotes ultras hasta que se extendieron... y fue demasiado tarde. Ya están aquí.
A sus 60 años, Uwe Boll (Wermelskirchen, Alemania) es plenamente consciente de que su nombre muchas veces va acompañado de una descripción: “el peor director vivo”. Con el tiempo ha aprendido a abrazar ese apelativo y a encontrar su público: “Al principio es complicado que todas las críticas te pongan a caldo. Pero luego te quedas con lo positivo. De repente, décadas después, mis películas están en lo más visto en plataformas”, cuenta en inglés con su fuerte acento alemán en su visita a la CutreCon de Madrid, donde abraza plenamente el cine trash, con chistes del público durante las proyecciones de su obra, y no tomándoselo demasiado en serio.
Cuando era niño, Antonio Najarro (Madrid, 50 años) patinaba desde su casa hasta el Conservatorio. Su vocación era el baile y la desarrolló hasta convertirse en una destacada figura de la danza española y el flamenco, llegando a dirigir el Ballet Nacional de España de 2011 a 2019. No sabía entonces que el patinaje sería otra manera de darle forma y difusión al baile. Ni siquiera lo tuvo claro cuando en 2002 recibió aquella primera petición de crear una coreografía para los patinadores olímpicos franceses Marina Anissina y Gwendal Peizerat, que habían estado un tiempo por Andalucía trabajando con otros creadores de flamenco, al parecer sin mucho éxito. “Me pareció muy difícil. El flamenco es tan de tierra y de raíz, que hacerlo sobre hielo me resultaba casi una locura. Pero me pudo la curiosidad”, cuenta por teléfono a EL PAÍS. “Vieron mis trabajos y que yo también había coreografiado para moda y cine, y entiendo que esa apertura de llevar la danza más allá de la escena les interesó”.
El mundo va mal, pero al menos tenemos a Lucinda Williams. Es decir, Dios aprieta, pero no ahoga. World’s Gone Wrong, o “El mundo va mal”, es el título del nuevo álbum de la cantante estadounidense y, dentro de los grandes sinsabores y desastres que afectan al planeta, es buena noticia que aparezcan propuestas artísticas dispuestas a dar candor y, más difícil todavía, que lo hagan mirando de frente a los tiempos. Williams, una de las mejores retratistas emocionales del folk-rock norteamericano, ha compuesto un disco en el que disecciona algunos de los problemas más acuciantes de EE UU y, por consiguiente, un poco de todos, aunque solo sea por el efecto rebote de la aún primera potencia.
World’s Gone Wrong Lucinda Williams Highway 20 Records / Popstock!La muerte de Fernando Esteso el 1 de febrero ha desatado en algunos aficionados al cine una cierta llamada a la nostalgia. Y el recuerdo del llamado “cine de destape” ha asaltado algunos medios de comunicación. Los nombres de Esteso, Andrés Pajares, Mariano Ozores y los de muchas actrices (que fueron quienes, en realidad, sostuvieron aquellas películas) han regresado desde la memoria. Pero toda nostalgia encierra trampas, y esta ocasión las muestra con claridad. El cine de destape tuvo una corta vida, pero prolífica. Y sumó a las arcas del cine español abundantes entradas vendidas en las salas. No era de extrañar en un país que se asomaba al final de 40 años de dictadura. Fernando Esteso, junto con Andrés Pajares, siempre será, en la memoria, el paradigma de aquel cine, un cine popular, sí, pero también desmañado, pedestre y finalmente cavernícola.
Paseamos por la exposición que el Guggenheim Bilbao dedica a la obra poliédrica de Maria Helena Vieira da Silva con la sensación de atravesar un mundo en descomposición, sometido a un desgaste silencioso. Sus cuadros transcurren en una ciudad sin centro ni periferia, donde las líneas nunca llegan a ser avenidas y los edificios dudan entre derrumbarse o resistir. El espacio urbano, en sus cuadros, es un caleidoscopio de formas trabajosamente irregulares, poblado por bailarines exhaustos y jugadores atrapados en partidas de naipes que querrían abandonar. En la pintura de la artista portuguesa, la geometría no es la cuadrícula heroica de las vanguardias, sino un ajedrezado imperfecto y poscubista, hecho de ejes cruzados que prometen simetría solo para traicionarla.
Aissatou Ndiaye no encontraba en España, cuando llegó en el año 2000, hoja bissap, okra o querékeré para cocinar los platos de su Senegal natal. Algo similar vivió la chilena Daniela Aravena al llegar a Madrid, que se sintió perdida, sin algún rincón para refugiarse y en el que se encontrara como en su país. Domingo Cañeso no recordaba las recetas que su madre le cocinaba en Manila, pero sí los sabores filipinos, que desde entonces intenta recrear a golpe de memoria. Migrar significó para los tres, no solo dejar atrás a su familia y cultura, sino también su gastronomía, parte fundamental de su identidad.
Las sombras sobre el sector tecnológico se alargan. La inquietud del mercado por los descomunales planes de inversión y unas valoraciones que exigen unos beneficios futuros que de momento son solo promesas viene de atrás, pero ha cristalizado tras la campaña de resultados de 2025, ayudada por una acumulación de circunstancias que ha dado al índice Nasdaq un mordisco del 4,5% en tres sesiones.
Pete Carroll, el entrenador de los Seattle Seahakws que asombraron con quizás la mejor defensa de la historia del fútbol americano, será recordado por una decisión que le explotó en las manos. “Acepto un puñetazo”, dijo un par de horas después de tomarla, el 1 de febrero de 2015. Menos de una yarda separaba a su equipo del touchdown de la victoria ante los New England Patriots en la Super Bowl XLIX con 26 segundos por jugar. Y tenía al mejor running back de la liga, un tren de mercancías llamado Marshawn Lynch, para transitarla y levantar su segundo título seguido. Si había un momento para hacer lo previsto, era ese, pero eligió una jugada de pase que permitió el milagro, el de Malcolm Butler: el novato que no había entrado siquiera en el Draft firmó la primera intercepción de su carrera. Así acabó con una dinastía, la de una defensa que siguió unida, pero no volvió a ganar. Y revivió a otra, la de Tom Brady y Bill Belichick: el quarterback y entrenador que habían ganado tres títulos entre 2001 y 2004 pusieron fin a una década de barbecho y sumaron dos títulos más a aquel milagro en Arizona. Ambas franquicias se citan este domingo en San Francisco en una Super Bowl redonda, la LX.
No hace falta saber cuánto pesa Joan Laporta porque los kilos nunca han limitado su excelente cintura, acostumbrado a caer de pie, tan dichoso de poder ser el presidente del Barça que seguramente querría que el cargo fuera vitalicio, convencido como está de ganar siempre las elecciones, también las próximas a celebrar el 15 de marzo en la explanada del Camp Nou. Vive por y para el Barça. Una dedicación plena no retribuida para un abogado del despacho Laporta&Arbos Advocats Associats. Ahora no tiene más remedio que dimitir por unos días, poco más de un mes a partir del lunes 9, para volver a ser candidato, un perfil que también domina muy bien porque se trata de demostrar que nadie sabe y entiende más del Barça. No piensan igual los demás aspirantes, que son Víctor Font, Marc Ciria y Xavier Vilajoana, cuyas aspiraciones pasan por una movilización social que compita con el voto fidelizado por Laporta.