“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Un tipo con barba se pone farruco con una empleada de atención al cliente que acaba de anunciar, solo unos minutos antes de la salida, que el AVE Madrid-Sevilla de las 11.00 de la mañana del viernes solo llegará hasta Córdoba. La trabajadora, que lleva toda la semana soportando quejas, explota:
A les cerimònies dels Gaudí hi ha anys molt ploraners en què la màxima autoritat de l’Acadèmia del Cinema Català es plany del desastre del sector. I d’altres... on plana la satisfacció. A la darrera gala, la presidenta, Judith Collell, va dir que “aquest any serà recordat sobretot perquè hem assolit la fita més desitjada, hem aconseguit el públic”. I aquest diumenge, què dirà? No sembla que pugui desdir-se d’un cert optimisme.
En un contexto marcado por la prisa, la hiperconexión y una ventana de atención cada vez más estrecha, dedicamos estas recomendaciones culturales de febrero a pensar el encierro no como castigo, sino como condición cultural y creativa. A partir de libros, películas, música y experiencias personales, Tommaso Koch, Sergio C. Fanjul y Jimena Marcos conversan sobre la posibilidad (y el privilegio) de parar el mundo para pensar, escribir o simplemente... estar.
En Tapia de Casariego, un precioso municipio al borde del Cantábrico en el occidente asturiano, los vecinos llevan muchos años pendientes del precio del oro. “Me acuerdo de que, cuando en 2008 pasó por primera vez de los 1.000 dólares la onza, nos acojonamos todos”, cuenta el geólogo jubilado Evaristo Álvarez. Forma parte de una asociación que se opone al proyecto que desde hace dos décadas intenta abrir allí —de momento, sin éxito— una mina para explotar el que dicen que es el mayor yacimiento de oro de Europa. “Imagínate la presión ahora que una onza [31,1 gramos] vale casi 5.000 dólares”, añade sobre la formidable subida de precios de los últimos meses. Una escalada que también mantiene pegado al móvil a Diego Ramos, un joven de origen colombiano que trabaja en un call center en Madrid y tiene sus ahorros vinculados al oro.
Los fabricantes de eléctricos de China están recibiendo demasiados golpes. Las acciones de Nio o Xpeng han caído aún más esta semana después de que BYD informara de que las ventas de enero en el país se desplomaron un 30% en comparación con un año antes. Esto provocó que el gigante cayera en Bolsa hasta un 8%, lo que lo dejó un tercio, unos 70.000 millones de dólares, por debajo de su máximo de hace un año. Si añadimos Nio, Xpeng, Geely y Zhejiang Leapmotor, socio de Stellantis, la cifra asciende a casi 100.000 millones. Aunque hay que actuar con cautela, los accionistas están exagerando.
Podría haber sido un aparcamiento o un locker de maletas, pero se ha convertido en un símbolo de resistencia. Un cine de barrio a contracorriente que funciona y que ha logrado cerrar el supermercado contiguo para hacer dos salas más y sumar espectadores. Los Verdi cumplen 100 años en Barcelona, ahí está el milagro, mientras siguen su andadura también en Madrid, en el barrio de Chamberí. Esta es su historia en siete capítulos. Un cuento de cine de barrio que no tiene final.
Una foto en blanco y negro con el reverendo Jesse Jackson y un retrato junto a Joe Biden, firmado por el expresidente demócrata, cuelgan de las paredes de la oficina en la que el senador independiente Bernie Sanders recibió a EL PAÍS el miércoles pasado en el Capitolio. Otro día, como cada día desde hace más de una semana, la ciudad amaneció cubierta por la nieve. También, como hace un año, pendiente del último sobresalto del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Esta vez, había pedido a los republicanos que arrebaten a los Estados la organización de las elecciones, que es lo que manda la Constitución, a tiempo para la próxima cita con las urnas; está en juego un tercio del Senado, la totalidad de la Cámara de Representantes y la viabilidad de la segunda mitad de la segunda presidencia de Trump.
El fútbol, dice el chascarrillo, es un juego donde compiten 11 contra 11 y siempre gana Alemania. Las elecciones en Estados Unidos, cree el presidente Donald Trump, son una carrera donde compiten dos partidos y siempre se impone él. No es un chascarrillo.
“¿Crees que eres el demonio?”. Jeffrey Epstein hace una breve pausa y frunce el ceño al escuchar la pregunta. “No, pero sí tengo un buen espejo”, contesta con ironía el millonario pederasta tras dibujar una pequeña sonrisa. Su interlocutor no está conforme con la respuesta e insiste unas tres o cuatro veces. “No lo sé, ¿por qué dirías eso?”, se defiende Epstein. “El demonio me da miedo”, bromea el financiero antes de que se corte la grabación, que dura casi dos horas. Se trata de una entrevista con Steve Bannon, antiguo estratega de Donald Trump y polemista de extrema derecha, que forma parte de los más de tres millones de documentos, 180.000 imágenes y 2.000 vídeos que el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó la semana pasada.
Con el debate encarando la recta final, el candidato de Vox, Alejandro Nolasco, lanzó su enésimo pronóstico sombrío. Aragón, solemnizó, va camino de convertirse en “Aragonistán” por culpa de la inmigración importada por el bipartidismo. El mensaje provocó la reacción del presidente, Jorge Azcón, que lo interrumpió con una discrepancia, ante la que Nolasco se revolvió. El encontronazo estaba servido. Tras un rifirrafe, el aspirante a la reelección por el PP dejó el momento de la noche.
Por lo que dicen las encuestas, este ciclo de sucesivas elecciones regionales lleva trazas de replicar lo ocurrido en Extremadura: clara mayoría de derechas, con un PP dependiente de Vox para asentar su gobernabilidad, y un PSOE a la baja. En el flanco de la izquierda, ya sea nacional o regionalista, sopa de letras, aunque aquí es donde pueden preverse más oscilaciones según la comunidad autónoma de que se trate. Cuando le toque a Andalucía, ahora sacudida por las inundaciones, será el único momento en el que puedan percibirse algunas oscilaciones interesantes. Primero, porque una de las candidatas es la vicepresidenta del Gobierno; y, en segundo lugar, porque será puesta a prueba la solidez de Vox. Es también la zona donde el PP presenta a su candidato más popular. La gran pregunta es ver hasta qué punto este regionalismo electoral encadenado puede tomarse como una muestra de lo que pueda pasar en las generales.
Durante meses, una concejala del Partido Popular en Móstoles (Madrid, 214.000 habitantes) pidió a su partido que investigara lo que consideraba un caso de acoso contra ella por parte del alcalde del municipio, Manuel Bautista, de su mismo partido. No pidió una condena pública ni acudió de inmediato a los tribunales. Reclamó que se activaran los mecanismos internos previstos para estos casos y que se analizara su situación. El partido no abrió una investigación efectiva, su comité nacional de derechos y garantías archivó el caso sin avisarla, sin escucharla ni citar a sus testigos y el caso quedó enterrado. Cuando ha salido a la luz, esta semana, la respuesta del partido ha sido emprender una estrategia de desprestigio y acoso y derribo. Esta es la historia, en tres actos, de un caso que plantea, una vez más, lo que arriesga una mujer que decide denunciar estas situaciones.
Ha vuelto a pasar. Cada vez que la jefa de Miguel Ángel Rodríguez se encuentra en peligro, él reacciona rápido, sin miedo a equivocarse, confiado en sus canas. El jueves, horas después de que EL PAÍS revelara que el PP madrileño de Isabel Díaz Ayuso había ignorado a una concejala que denunció internamente por acoso al alcalde de Móstoles, el gabinete de presidencia que él dirige filtró un documento con los correos enviados por ella, entre ellos a la propia presidenta, sin ocultar el nombre hasta entonces anónimo de la denunciante y aparentemente sin calcular que esos mensajes reforzaban la idea de que el partido la desatendió. Luego, los escuderos de Ayuso, de los cuales él es capitán de operaciones, recurrieron a las medias verdades y a los bulos para deslegitimar a la presunta víctima. Esa manera de responder cuando se siente golpeado la resumió en una entrevista de 2024 con una frase que suena a consigna interna: “A cada insulto, dos”.
“Absolutamente nadie del PP me ha ofrecido durante estos meses un mínimo gesto de comprensión. Ni una sola llamada”, declaró Nevenka Fernández, exconcejal popular del Ayuntamiento de Ponferrada, en la rueda de prensa posterior a la condena de su acosador, el alcalde Ismael Álvarez, la primera contra un político por ese delito. Era el año 20O2. Antes del juicio, el entonces secretario general de los populares, Javier Arenas, calificó el asunto como “de naturaleza privada”. En sus declaraciones como testigos, compañeros del consistorio y del partido acusaron a la víctima de “hacer teatro”, incluso de haberse presentado a propósito con mal aspecto el día que anunció la denuncia ―“Estaba desarreglada. Se preparó para la ocasión”, declaró Juan Elicio Fierro, concejal de Urbanismo― y criticaron su trabajo en el Ayuntamiento.
Queda muy claro que Alfonso Serrano no sabe cómo ligamos los ciudadanos comunes en general, pero nosotros ya sabemos cómo liga él o al menos cómo le parece natural ligar si eres un alto cargo del PP y te atrae una subordinada: al ataque, sin considerar su voluntad, ni su posición de inferioridad.
Donald Trump asegura que no sabe “quién es” Bad Bunny. “Nunca he escuchado hablar sobre él”, afirmaba hace unos meses el presidente estadounidense sobre el artista más escuchado del mundo. Al republicano le parece “pésima”, “ridícula” y “horrible” la decisión de la NFL de seleccionar a la superestrella puertorriqueña para el espectáculo de la Super Bowl de este domingo y, en medio de su berrinche, declinó asistir al mayor evento deportivo de Estados Unidos, al que sí acudió el año pasado.
“Como las maternidades, las paternidades requieren y merecen ser contadas en su complejidad. Y con ellas, todas las masculinidades”. Quien habla es Alauda Ruiz de Azúa, la directora de Los domingos, una de las películas de la temporada. En su drama, el padre de la protagonista, adolescente con alma de novicia, es un hombre que juega al respeto filial para esconder un pozo de egoísmo. Otro más de los progenitores que han aparecido en los últimos meses en las pantallas, hombres ausentes o contritos en su relaciones con sus vástagos, figuras masculinas que en sus acciones erróneas también albergan humanidad.
En 2016, cuando un joven de 28 años irrumpió con un rifle de asalto en una pizzería de Washington en donde los bajos fondos de internet habían situado el centro de una fraternidad de pedófilos capitaneados por Hillary Clinton, yo aún creía que las mentes que producían esos delirios solo podían brotar en Estados Unidos. Hace diez años pensaba que el influjo que ejercía el imperio sobre nosotros, cultural en gran medida, no nos empujaba como sociedad a reproducir comportamientos patológicos. Aquella creencia delirante, bautizada como QAnon, creyó ver en Trump al David bíblico designado desde el más allá para limpiar de inmundicia este mundo. Lo alzaron como el líder del Gran Despertar, y Trump, proclive a alimentar con cualquier idea pestilente su propio pedo, se dejó abrazar por la conspiranoia y auguró que los papeles de Epstein serían la prueba definitiva que señalaría a toda una cofradía de pedófilos demócratas. Los papeles de Epstein protegieron, paradójicamente, al hombre amoral del que ya conocíamos comportamientos abusivos en todos los campos. Pero este cuentagotas de revelaciones enfurece al presidente: aunque lo desvelado aún no justifica imputación alguna para ese plantel de individuos repugnantes, Trump brilla con demasiada frecuencia en sus páginas; aunque jamás lleguemos al fondo del caso más sórdido de depravación protagonizado por figuras poderosas de la política internacional, la realeza, la academia y la cultura, todo nombre que asoma se convierte a nuestros ojos en partícipe o cómplice de esta fiesta inmunda.
Un grupo de inconformistas se reúne en casa de un amigo para beber vinos y arreglar el mundo. La conversación se adentra en la noche, y fluye y sigue. Saben que les ha tocado vivir malditos tiempos interesantes. A sus ojos, la política se parece cada vez más a una despiadada guerra de bandos. En la atmósfera de una democracia nerviosa y amenazada, hasta el lenguaje empieza a transformarse; muchos desprecian la moderación como disfraz de pusilánimes y la inteligencia como incapacidad para la acción. Consideran digno de confianza al más furibundo; y al que no, sospechoso. La adhesión de los exaltados recibe aplausos, mientras la razón sosegada solo cosecha burlas. Estamos en El Pireo, hace unos 2.500 años. Quien inicia el debate es un tal Sócrates. Lo narran las primeras páginas de La República de Platón.