“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
El invierno siempre reaviva la importancia de contar con un buen tendedero plegable en casa. Este tipo de utensilios nos permite colgar la ropa de una manera cómoda y segura, especialmente durante los días de más lluvia o frío. Normalmente se trata de estructuras plegables, aunque existen alternativas mucho más prácticas e ideales para espacios reducidos.
Evitar despertarse con dolor de espalda, mala postura o tensión en el cuello empieza por algo básico: un descanso de calidad. Aquí es donde entran en juego las almohadas diseñadas para cuidar la zona cervical.
El colapso de la economía cubana ha supuesto un revés muy importante para las aerolíneas y los hoteles que llevan trabajando desde hace décadas en el archipiélago. El endurecimiento del embargo desde Estados Unidos, que ha prohibido el suministro de crudo desde Venezuela o México, ha sido el detonante de una crisis económica sin precedentes, que ha obligado a improvisar planes de contingencia para esquivar la falta de combustible o la ausencia de turistas. El impacto de ese seísmo ha sido mucho más amplio y se ha extendido al resto del tejido español con intereses en Cuba. Las empresas españolas declaran que el Gobierno cubano les adeuda como mínimo alrededor de 300 millones de euros (entre deudas y otros fondos que no se pueden sacar de la isla), aunque es probable que las cifras sean superiores porque el dato se extrae de un documento en el que el grueso de las compañías con presencia en la isla no suministra sus cifras.
A veces tengo la sensación de que, en España, hablar de vivienda es hablar de nosotros mismos. De nuestras rutinas, de nuestras renuncias, de esos pequeños miedos que se cuelan en la cabeza cuando llega el día de pagar el alquiler. Del vértigo que nos entra cuando decidimos comprarnos un piso y vemos verdaderamente lo que cuesta.
Hamdan Ballal se adelanta a la previsible pregunta y la responde entre la molestia y el hartazgo. “Sé que me lo vais a preguntar: ‘Si esto no es vida, ¿por qué te quedas?’. Pues porque no tengo por qué irme de mi tierra […] Es una pregunta que pone la responsabilidad en la víctima. La cuestión es por qué si la ley internacional prohíbe lo que me pasa, no sucede nada”. En su situación, agrega, irse no sería “una elección” como las que toman cada día muchas otras personas en el mundo, sino el cumplimiento de la “orden” que le dan cada día los colonos israelíes a su alrededor y las autoridades militares que los apoyan, por acción u omisión.
Mai Sato, relatora especial para los Derechos Humanos en Irán de Naciones Unidas, habla en presente de la represión de las últimas manifestaciones contra la República Islámica. La razón es que esta socióloga nacida en Tokio asegura que las detenciones, la presencia de fuerzas de seguridad en las calles o los registros de los móviles de los transeúntes “siguen sucediendo”, un mes después de que esas manifestaciones fueran aplastadas y miles de personas murieran en las calles. En una videollamada este martes desde Londres, Sato, también directora del Instituto para el Crimen y la Investigación de Políticas de Justicia en Birkbeck (Universidad de Londres), cree que la violencia del régimen ha sido inédita más por su alcance masivo que por la opresión en sí, que dura ya décadas.
“La vida queda dividida en un antes y un después”, dice Vladímir Rasskazov, veterano ruso de la guerra contra Ucrania, mientras recorre el centro de rehabilitación que fundó para ayudar a otros militares que han sufrido amputaciones, Prótesis para los Nuestros (nombre con cuyas siglas hace un juego de palabras en ruso, pues coinciden con las de lo que el Kremlin llama “operación militar especial” contra el país vecino). “Se puede decir que la empresa nació en noviembre de 2022”, agrega, exhibiendo varias medallas al valor y la “picadora de carne de Bajmut”, una condecoración que entregaron los paramilitares del grupo Wagner a las tropas que participaron en aquella ofensiva sangrienta. La idea del centro en Rostov del Don, cerca de la frontera con Ucrania, nació el día en el que Rasskazov perdió una pierna por la explosión de una mina en esa batalla.
Hay silencios que dan miedo o que parecen de mala educación y, en verdad, son los únicos que tienen sentido cuando no lo tiene nada más: ante una muerte imprevista, por ejemplo. Ante una muerte a deshora. La gente trae palabras que quieren ser de consuelo, sin caer en las veces en las que conviene hablar sin decir nada. Lo más que puede hacerse en ocasiones es estar y punto. Estar, o hacer saber que estás.
La unidad de izquierdas no debe ser ni una consigna romántica ni un gesto simbólico, sino una respuesta estratégica ante un panorama político en el que la derecha avanza hacia postulados cada vez más autoritarios. La división progresista resta escaños, desactiva la esperanza, confunde al electorado y deja el campo libre para que los discursos racistas, antifeministas y autoritarios se vendan bajo un falso barniz de rebeldía o sentido común, cuando no lo son. Frente a quienes pretenden demoler el Estado social, la izquierda no puede permitirse la introspección narcisista. Construir una alianza amplia no implica diluir identidades ni renunciar a matices. Implica generosidad política e inteligencia estratégica. Una candidatura unitaria tendría la fuerza de movilizar a quienes se sienten desencantados o resignados. El objetivo es ganar para impedir que el autoritarismo desmantele la convivencia. La historia se muestra implacable en sus lecciones. Es hora de que la política empiece a cuidar la herramienta que permite transformar la realidad: la unión.
El Congreso unicameral de Perú destituyó ayer de su cargo al presidente, José Jerí, por sus vínculos poco claros con empresarios chinos de dudosa reputación, a quienes visitaba de noche y de forma clandestina en restaurantes de Lima. La resolución del evidente escándalo se ha ido demorando durante un mes por el cálculo de los mismos legisladores que en octubre pasado votaron por Jerí para reemplazar en la presidencia a Dina Boluarte, quien había perdido todo el crédito político por la profunda crisis de inseguridad que vivía el país. La inminencia de las elecciones, previstas para el próximo abril, no detuvo al Congreso. Después de semanas de especulaciones, la Cámara decidió que era mejor cambiar al presidente, cuyo partido, Somos Perú, se define como democristiano, que administrar una situación que ahora solo se agravará.
Antes de que TikTok se llenara de tutoriales con chicas metiendo su cabeza en recipientes de agua con hielo y de que Kylie Jenner repitiera el gesto para preparar su maquillaje en los Globos de Oro, el frío, como atajo barato y efectivo hacia la ‘buena cara’, ya formaba parte de la rutina de belleza de millones de mujeres. Mucho antes de que el ritual se hiciera viral y del auge de rodillos de hielo, piedras frías o criomascarillas, Joan Crawford, una de las grandes divas del Hollywood dorado de los años treinta, sumergía su rostro en agua helada como un paso más de su rutina diaria. Cada mañana, tras limpiar su piel, salpicaba el rostro (¡hasta 25 veces!) con agua y cubitos convencida de que el choque térmico despertaba su tez, reducía la hinchazón y le ayudaba a mantener un aspecto firme y descansado. En Mommie Dearest (1981), la película que reconstruye la figura de Crawford, quedan retratados algunos de los rituales poco convencionales que la actriz utilizaba para mantener su apariencia deslumbrante ante la cámara que incluyen, además del uso del frío, limpiarse los ojos con ácido bórico, utilizar mayonesa como mascarilla capilar o aplicar una capa espesa de crema hidratante sobre el rostro antes del maquillaje.
Una crónica de mi compañera María Martín desde Bogotá publicada el 27 de enero incluyó un recurso estilístico muy interesante. El texto se refería al cura guerrillero colombiano Camilo Torres, fallecido en 1966 a los 37 años, cuyos restos mortales habían sido recuperados días antes por un grupo de antropólogos forenses; y contaba que su féretro se depositaría con honores en el campus de la Universidad Nacional de Colombia, donde él había compartido pasillos con jóvenes escritores y periodistas, “entre ellos Gabriel García Márquez cuando todavía no era García Márquez”.
Isabel Díaz Ayuso vive su mayor crisis interna desde que es presidenta a cuenta de la colisión entre dos facciones dentro de su Gobierno que durante algo más de dos años habían convivido en paz. El choque venía anticipándose desde hace tiempo, pero nadie lo imaginaba de esta magnitud. Los pocholos, unos jóvenes preparados pero con poca experiencia, llamados así con ironía en los pasillos por sus pintas de niños pijos, estaban hasta ahora al mando de Educación, una de las consejerías más importantes de Madrid. Seguían los consejos de un personaje extravagante, Antonio Castillo Algarra, un dramaturgo y gurú que asesoraba a Ayuso sobre colegios y universidades. Los veteranos han convencido esta semana a la presidenta de que era un error y que debía devolver esta cuota clave de poder al ala más dura del PP.
El lunes fue cesado el consejero de Educación de Madrid Emilio Viciana y el martes salieron otros cinco políticos de su órbita: tres diputados y los directores generales de Universidades y Secundaria. Muchos no ocultaron las lágrimas en público. Los seis llegaron a la política en 2023 de la mano del dramaturgo y dueño de una academia, Antonio Castillo Algarra, un hombre que, durante al menos una década, ha susurrado al oído de la presidenta Isabel Díaz Ayuso, y al que los otros le deben absoluta obediencia y en el que confían ciegamente. Tanto, que los diputados se han podido ver arrastrados por él a la hora de renunciar a sus cargos.
Cuando se trata de buscar atención, Vito Quiles sabe lo que se hace. El agitador ultraderechista, un experto en sumar visualizaciones en sus canales digitales, siempre ha tenido claro a qué diputado de izquierdas debía perseguir micro en mano para garantizarse el mejor material: Gabriel Rufián. No es casual. Instintivo, rápido, con talento para la frase afilada y el mensaje viral, el portavoz de ERC ha convertido estas cualidades en una popularidad que puede cifrarse en número de seguidores en X, más de un millón, Instagram, cerca de 750.000, y TikTok, más de medio millón. Para Rufián, sus audiencias constituyen, y así lo ha dicho él mismo, una base de poder político. “El poder digital es el más poderoso de cuantos poderes hay hoy en día”, tuiteó este lunes. Pero ese “poder digital” de Rufián ha chocado con otro poder, más antiguo y asentado en la política española, el de los partidos, que uno tras otro han ido mostrando que no se sienten atraídos ni convencidos por su planteamiento.
Dos proposiciones de ley para prohibir el uso del niqab, que solo deja a la vista los ojos de las mujeres musulmanas que lo portan, y del burka, que cubre su rostro y su cuerpo, coincidieron ayer en el Congreso. La propuesta de Vox, que fue rechazada con el voto decisivo de Junts, y la que registró el mismo grupo parlamentario de Junts, cuya admisión deberá decidirse en una próxima reunión del pleno, y que tampoco cuenta con una mayoría suficiente para salir adelante. Curiosamente, ambas propuestas, despejada la retórica política que cada una articula, tienen un único artículo y coincidente: vestir esas prendas quedaría prohibido en la calle y en cualquier espacio con proyección pública. Un fin sobre el que la justicia europea ya se ha pronunciado favorablemente. Pero, de aprobarse, probablemente ninguna de las dos pasaría el filtro del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. No por el fin en sí mismo, sino por las formas. La Corte de Estrasburgo defiende que la prohibición de las prendas que ocultan la cara es aceptable. Pero exige que también lo sean los motivos que la promuevan.
Ya no se trata de prohibir el burka o el niqab. Ni siquiera de regular su uso en el espacio público. Lo que se lleva estos días es una reñida competición para ver quién es más duro con las mujeres que —más o menos obligadas, más o menos sometidas— tienen que utilizar estas prendas de ropa si quieren salir de sus casas. Con su propuesta de prohibición, Vox ha fijado el marco —la extrema derecha siempre hace bien estas cosas— y el resto de partidos se están viendo obligados a posicionarse. Y, claro está, si la pregunta que toca responder es si a uno le gusta ver a mujeres con el rostro tapado en 2026, obviamente la respuesta es que no.
Cuando Gabriel Rufián salió elegido diputado por Barcelona en 2015, Vox era un grupo marginal con menos poder que un club de bailes de salón: no llegaba a los 60.000 votos y era rebasado por el PACMA, que le cuadruplicaba los sufragios. Once años y cinco legislaturas después, Rufián se sienta en la misma Asamblea, pero rodeado por diputados de Vox, que constituye la tercera fuerza parlamentaria y, tras dos exitazos autonómicos en Extremadura y Aragón, se acerca al 20% de intención de voto en las encuestas.
Se llama Alberto Sánchez, pero lo conocen como El Coletas o El Indio, aunque es español de pura cepa. Todo el mundo —y se supone que la Policía también— sabía a qué se dedicaba, dónde vivía y qué carácter gastaba el tal Alberto; también que su negocio era la venta de droga y que desde hace tiempo salía con una mujer marroquí llamada Salma, a la que hace casi dos años se la dejó de ver por San José de la Vega, una pedanía murciana de unos 2.100 habitantes. Nadie se extrañó, nadie la buscó, ni siquiera en aquella ocasión en que Salma, acompañada o más bien vigilada por una amiga de su novio, acudió a un hospital con signos evidentes de haber sufrido maltrato. Teniendo en cuenta estos datos, no hay que elucubrar mucho para imaginar cuál habría sido el destino de Salma si no hubiera logrado escapar —sola, sin ayuda y malherida— de la casa de campo donde desde hacía 22 meses Alberto la mantenía secuestrada, maniatada, violada.