“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Matthias Schmale, alemán nacido en Botsuana hace 63 años y jefe de Naciones Unidas en Ucrania, muestra en su despacho un dron como símbolo de la invasión rusa a gran escala, que desde este martes se adentra en su quinto año. A corto plazo, la ONU afronta un desastre humanitario en el peor invierno de la guerra; a nivel estructural, le preocupa que haya paz sin justicia.
En el norte de Crimea, en la fina lengua de tierra de Dzhankói que separa la península del continente, varias líneas de fortificaciones abandonadas rusas evocan el momento en el que el ejército ucranio revertió el curso de la guerra. La hierba se mece hoy entre infinitas filas de dientes de dragón, trincheras y búnkeres construidos por los rusos a toda prisa a finales de 2022, cuando las fuerzas de Kiev recuperaron la mayor parte del territorio conquistado por el Kremlin y expulsaron a su enemigo a la orilla contraria del Dniéper en una serie de contraataques sorpresa. Occidente prometió entonces a Ucrania una ayuda tardía que sigue llegando a cuentagotas. Y Moscú frenaría la esperada ofensiva, previsible y aplazada varias veces, apostando por una guerra de desgaste a la espera del advenimiento de Donald Trump. El conflicto se enquistó, Trump decepcionó a todos, y sobre las zonas ocupadas de Jersón y Zaporiyia se extendió un manto de opacidad impuesto por las autoridades rusas. Al otro lado del río miles de civiles han abandonado sus hogares y quienes quedan viven bajo dos amenazas: los bombardeos de una guerra sin horizonte y la estrecha vigilancia de las fuerzas de seguridad rusas, recelosas de los sabotajes en un territorio que controlan desde hace cuatro años.
Una polvareda de nieve se levanta cuando los helicópteros SH-60 Seahawk descienden sobre esta playa del mar Báltico. Los militares españoles se deslizan por una cuerda con el perro Jimmy, especialista en detectar explosivos. A lo lejos, la silueta del buque Castilla de la Armada. Son las 10.50 horas de la mañana del 18 de febrero y esto es Putlos, en el Estado federado de Schleswig-Holstein.
Tras un año de parón, el EPT de París (European Poker Tour) en Le Palais des Congrès ha abierto sus puertas de nuevo hasta el 1 de marzo, torneo planetario y parada obligatoria donde se retan los mejores, como lo harán más adelante en Montecarlo y Barcelona. Allí están, entre otros, Adrián Mateos —el mejor del mundo— y Leo Margets —la primera mujer en 30 años en clasificarse para la final del torneo más prestigioso, el Main Event de las World Series of Poker (WSOP)—, que la semana pasada se encontraron en una partida. Era televisada, pero no había dinero en juego, solo risas y poco más, envueltos entre famosos como el expiloto Jorge Lorenzo o el youtuber Spursito. Era el evento de Winamax, la marca que los patrocina. Ella, un torbellino de gestos y palabras, aparece antes por el Casino de Andorra. Él lo hace más tarde y, aunque apenas levanta la voz, le pega un puñetazo a un saco de boxeo que adorna el local, uno de esos que mide la fuerza. “No me he podido contener”, resuelve. Tras el abrazo entre ambos, ríen. “Siempre competitivo”, dice Leo. “Ya me conoces”, aclara Adrián. Pero su ajetreado día a día, para ellos ya rutinario, explica que no son solo jugadores, sino que son profesionales, una vida dedicada para pertenecer a la Champions de las cartas.
El crecimiento de Vox en las encuestas ha desatado una lógica preocupación. Se busca una explicación de por qué una parte de la sociedad se muestra dispuesta a apoyar a un partido que niega el pluralismo político, siente nostalgia del franquismo, cuestiona el cambio climático y se opone a los derechos de minorías y colectivos vulnerables. La mayor parte de las explicaciones que se ofrecen tienen que ver con las condiciones económicas, sobre todo en el caso de las generaciones más jóvenes. Así, se habla de que las desigualdades, los bajos salarios, la pérdida de poder adquisitivo, el coste de la vivienda y otros factores similares son la causa de que tanta gente se sienta próxima a la extrema derecha.
La sociedad de los adultos filtra todas sus obsesiones y conductas a la sociedad de los menores. Un colegio cualquiera recibe desde el Parlamento nacional una guía de conducta, una forma de uso de la palabra y, finalmente, un calco de la moralidad imperante. Escuchamos en los últimos meses repetidas historias que suceden en los colegios españoles con un mismo patrón. Un grupo de niños, formados en áspera manada, increpan a chicos y chicas por su origen extranjero. Les insultan y les gritan que se vuelvan a sus países. Muchos de estos niños convertidos en víctimas del acoso han nacido en España y ni tan siquiera conocen más que por postal los lugares de origen de sus padres o sus abuelos. Y sin embargo reciben esa dosis de odio cafre y ventajista. Los agresores repiten los lemas que han oído en casa, en familias donde se ha reciclado el resentimiento en autoindulgencia. Pero más grave aún, les llega un clarísimo permiso de todo vale desde el voto electoral en crecimiento para las opciones excluyentes.
El ganador de las elecciones primarias para encabezar la lista a las elecciones municipales de Barcelona en comú en 2027, el ex concejal y diputado en el Congreso Gerardo Pisarello (Tucumán, Argentina, 55 años) apuesta por “frentes amplios” de izquierdas en todos los niveles: municipal, autonómico y español. No dejará su escaño en Madrid, desde donde dice que puede trabajar para hacer posibles alianzas, pero tendrá una presencia “cada vez más intensa” en Barcelona.
La izquierda de Sumar en el Gobierno hace balance positivo de una semana crucial para su futuro. Algo ha cambiado estos últimos días en el ánimo de las organizaciones, impulsado también por el interés que ha despertado la propuesta de Gabriel Rufián para unir a las fuerzas nacionalistas y estatales en unas próximas generales. Y a la vez, por cómo IU, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar han reaccionado al órdago de un político tan popular y mediático como el portavoz de ERC en el Congreso, acudiendo a su charla y dando la bienvenida a las ideas. Aunque el planteamiento de unidad para ganar escaños “provincia a provincia a Vox”, como formuló Rufián el miércoles pasado, tiene un encaje muy complejo y choca de manera frontal con los intereses de las fuerzas soberanistas —que ya han verbalizado su rechazo—, el debate abierto ha removido a los partidos del espacio, atraído a curiosos y generado una expectación que el sábado logró rebasar las previsiones de los organizadores que habían habilitado para la presentación de la alianza una sala con aforo para 400 personas que se quedó pequeña. El objetivo, ahora, pasa por construir un proyecto coherente que sea capaz de atraer a muchos más, tanto partidos como sociedad civil, insisten sus portavoces, y para eso las formaciones quieren aprovechar el impulso movilizador demostrado la semana pasada con nuevos actos. De momento, la gira empezará en Andalucía y Aragón, según han confirmado este lunes fuentes de la confluencia.
Teresa Peramato, nueva fiscal general del Estado, se someterá a su primer gran examen el próximo viernes tras el terremoto que supuso en la institución la salida de Álvaro García Ortiz, condenado por el Tribunal Supremo por un delito de revelación de secretos. Los nombramientos discrecionales siempre son objeto de controversia, pero las circunstancias que rodean esta renovación acrecientan la expectación ante el Pleno del Consejo Fiscal del viernes, donde elegirá entre más de 80 candidatos para cubrir 19 plazas, entre ellas seis en el Tribunal Supremo. Peramato llegó al puesto con la promesa de “sanar heridas” y contar con todos los fiscales y se enfrenta a la disyuntiva de mantener una política continuista o de ruptura. Fuentes fiscales consultadas por EL PAÍS indican que la fiscal general buscará el equilibrio entre las distintas sensibilidades repartiendo los cargos de forma proporcional entre la AF (Asociación de Fiscales, la mayoritaria), la UPF (la Unión Progresista de Fiscales, la segunda en número de miembros), la APIF (la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales, minoritaria) y los no asociados.
La guerra arancelaria de Donald Trump ha vuelto a sacudir el mundo entero. El magnate neoyorquino ha ignorado el varapalo judicial a sus mal llamados aranceles recíprocos, que el Tribunal Supremo estadounidense anuló el pasado viernes dejando la puerta abierta a devoluciones millonarias, y ha anunciado una nueva embestida comercial que añade más inseguridad a un tablero global ya trastocado. “Volver a la incertidumbre es lo peor que hay”, lamenta Antonio de Mora, secretario general de la Asociación de Exportadores e Industriales de Aceitunas de Mesa (Asemesa), uno de los sectores más golpeados por la guerra arancelaria de Estados Unidos.
La calle Bravo Murillo nació como una frontera social. Son dos kilómetros, un paseo de 20 minutos desde Cuatro Caminos hasta Plaza de Castilla. A un lado iban a estar los pobres y al otro los pudientes. Así se decidió tras la Guerra Civil, pero casi 90 años después se respeta ese diseño y ningún alcalde en Madrid ha trabajado para alterarlo.
“Ya puedo respirar, creía que esto era el fin del mundo”. Javier González, un pastor sexagenario, tuvo en vilo durante casi un mes a familiares y vecinos de la jiennense Sierra de Segura. La sucesión de borrascas en Andalucía dejó intransitables la mayor parte de caminos y senderos por las que se accede a su cortijo de los Huecos de Bañares, donde también se perdieron las conexiones telefónicas. El lunes pasado, coincidiendo con la llegada del anticiclón, dos agentes de Medio Ambiente y el alcalde de Segura de la Sierra, alarmados por la falta de noticias del pastor, recorrieron 17 kilómetros (ocho de ellos a pie) por terrenos inhóspitos del monte hasta que se reencontraron con Javier, sano y salvo, junto a su centenar de ovejas segureñas, unas 80 gallinas ponedoras y varios perros y gatos. “Creía que esto era el fin del mundo, lo daba todo por perdido, pero, gracias a Dios, voy a sobrevivir, voy a salir de esto”, les dijo el pastor a las tres primeras personas que veía después de un mes donde el temporal ha golpeado con severidad a esta comarca del interior del parque natural de Cazorla, Segura y Las Villas.
Uno de los libros más importantes de Manuel Vicent se titula A favor del placer, una divisa de todo lo que escribe o cuenta en este diario. En marzo Manuel Vicent cumple 90 años, y el festival de cine de Málaga lo celebra con el estreno de Mañana seré feliz, una película que es una conversación con el autor, dirigida por David Trueba y Luis Alegre. También se publica Detrás de la herida, en la editorial La Cama Sol que dirige Javier Santiso, un cuidado libro que recoge un centenar de columnas dominicales en las que Vicent despliega su prosa poética, acampañadas de obras del pintor Rafael Canogar. En esta entrevista, el autor de Tranvía a la Malvarrosa hace recuento de su relación con EL PAÍS, en el que escribe desde 1977, y con este país. No hay un renglón de su escritura que no haya sido una evocación del mundo que vive. En el caso de este diario, que este año celebra su 50ª aniversario, jamás ha dejado de relacionarse con sus lectores desde que Juan Luis Cebrián le dijo que fuera a contar qué pasaba en las Cortes Constituyentes.
El premio Nobel de Economía en 2002, el psicólogo Daniel Kahneman, sostenía en uno de sus libros más famosos, Pensar rápido, pensar despacio (Debate, 2020), que el ser humano tiene dos sistemas de pensamiento. Uno rápido, intuitivo, emocional. Y el otro lento, reflexivo y lógico. “El problema es que las redes sociales nos han habituado a utilizar el primer sistema para todo, lo que deja fuera cosas tan importantes como la reflexión, la calma, la tranquilidad, la lógica. Y claro, si perdemos eso, diríamos que nuestra humanidad se va diluyendo”, reflexiona Jordi Nomen (Barcelona, 60 años), profesor de Filosofía y Ciencias Sociales en la escuela Sadako de Barcelona y autor, entre otros, del bestseller El niño filósofo (Arpa, 2021).
“Incluso los perros se ponen tristes después de eyacular”, canta Nacho Vegas en La sed mortal, haciendo así referencia a la denominada disforia postcoital. Un término que alude a la aparición de emociones que se perciben como negativas después de una relación sexual, aunque esta resulte satisfactoria. Antonio José Sánchez Barbosa, sexólogo de Boston Medical Málaga, explica que esto sucede porque, durante el acto sexual, aumentan significativamente las sustancias que fomentan un estado de plenitud en el organismo, como la dopamina, la oxitocina y las endorfinas. Tras el orgasmo, estas sustancias presentan una caída brusca.
En toda gran historia de amor hay una figura incómoda: la persona que llegó antes y que se convierte en el obstáculo narrativo a superar por este nuevo flechazo. En Love Story, la exitosa serie de Disney+ que reconstruye el romance —y la tragedia— de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, ese papel lo ocupa la actriz Daryl Hannah (Kill Bill), antigua pareja del hijo de JFK y Jacqueline Kennedy Onassis. Pero lo que en la vida real fue una relación compleja y mediática, en la ficción se ha transformado en un romance caricaturesco en el que la artista emerge como una villana de manual. La distorsión ha llegado hasta el punto de que tanto periodistas especializados como espectadores están denunciando el retrato injusto de la intérprete de 65 años en los tres únicos episodios emitidos hasta la fecha. Un tuit célebre lo vocaliza así: “¿Qué ha hecho Daryl para merecer esto?”.
Muchos intentamos entender el crecimiento de Vox —con su carga autoritaria, xenófoba y machista— y buscamos explicaciones que, en general, nos tranquilizan más que nos iluminan. Se dice que lo votan los jóvenes porque no saben qué fue la dictadura; que lo apoyan los mayores porque la añoran; que es el partido del campo; que es el refugio de los menos formados o de los más castigados por la precariedad. La última versión sostiene que avanza porque los partidos democráticos no hacen suficiente autocrítica. El problema es que los datos no avalan esos atajos.
La brecha entre la ciudad y el campo es hoy tan evidente que puede expresarse en mundos y contarse en décadas. A nuestros efectos, existe desde siempre, pero en estos años ha alcanzado unas dimensiones ontológicas.
“El tiempo humano es diferente que el tiempo histórico”, concluye el historiador Serhii Plokhy, al afirmar que un día la guerra en su país natal, Ucrania, acabará, a la vez que enfoca la invasión rusa desde la visión de la agonía de los grandes imperios: cuando empiezan a desmoronarse, no aceptan su caída final y suelen prolongarla. En el cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania, este profesor de Harvard se declara pesimista en relación al futuro más inmediato, pero optimista a largo plazo. “La guerra ha mostrado que existe una decidida y fuerte sociedad civil ucrania, capaz de resistir y de existir por sí misma”, comenta hablando de su último libro, David y Goliat, cuyo simbólico título asimismo alude a la fe que la fuerza bruta, incluso si predomina, no es suficiente para obtener una victoria.
La Constitución de 1978 es ya la más longeva. Como la fecha exacta es de cálculo impreciso, el Congreso cuadró agendas y convocó el 17 de febrero una sesión conjunta con el Senado presidida por el Rey. Acudieron autoridades históricas y actuales, y Felipe VI subrayó que el secreto de la longevidad constitucional eran sus credenciales democráticas. Santiago Abascal, que prefirió una reunión de Patriotas por Europa, se perdió la fiesta. El líder de Vox reparte carnets de constitucionalidad, pero desprecia el respeto institucional y ya es habitual en lo de saltarse celebraciones constitucionales o plantar al Rey.