“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
La aprobación por unanimidad de una ley de amnistía en Venezuela es un acontecimiento histórico. La Asamblea Nacional, controlada en su gran mayoría por el chavismo y nacida de unas elecciones fraudulentas, ha acordado una medida destinada a poner fin a la persecución penal de quienes estuvieron en las cárceles o en el exilio por razones políticas. El gesto, que sobre el papel permitirá liberar a cientos de presos políticos y cerrar causas judiciales por motivos de disenso y protesta, marca un punto de inflexión en un país desgarrado desde hace más de 25 años.
Se trata de compartir. Y no sólo en los despachos intelectuales o en los pasillos de la política. Se trata de compartir la existencia y las necesidades de la gente. Debemos compartir el pan, el agua, las palabras en las conversaciones, los recuerdos, las inquietudes y la esperanza con la que respondemos a las dificultades de la vida. El verbo compartir invita a que la vida sea una convivencia, el desnudo un abrazo, las soledades una búsqueda de compañía y los secretos un deseo de claridad. Compartir supone repartir, distribuir, colaborar, y supone también hacer partícipe al otro de algo que es nuestro, porque comprendemos que el yo forma parte del nosotros. Necesitamos coincidir, ayudar, comulgar. No se trata de ser homogéneos, sino de reconocer lo común, de encontrarnos en los demás.
El vídeo dura algo más de 30 segundos. Suena una melodía de piano mientras una niña rubia contempla la lluvia desde la ventana de su casa. “Mamá, ¿cuándo volverá papá?”, pregunta. La madre cocina cerca. La siguiente secuencia muestra a un grupo de soldados arrodillados en un campo anegado por la lluvia. Tienen los ojos vendados. Frente a ellos, lo que parece un oficial de un ejército enemigo pasea con una pistola en la mano. Su uniforme recuerda al del ejército alemán. Dispara. Un hombre se desploma, y cae de su mano la foto de la niña. Una voz en off sentencia: “La guerra arrasa con todo. No dejes que los demás decidan el destino de tu familia. Fidesz es la única opción segura”.
El Pacto Verde europeo, la ruta para dejar los combustibles fósiles y las emisiones de efecto invernadero, está en el punto de mira de la extrema derecha. Donald Trump lo llamó “nueva estafa verde” hace un mes en el Foro de Davos. Y la semana pasada Vox volvió a la carga con una proposición en el Congreso para su derogación. Aunque el partido se quedó solo en esa votación, en algunas comunidades la extrema derecha ha logrado el apoyo del PP para declaraciones similares. La comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall (Vilhelmsson, Suecia, 53 años), sin embargo, cree que el Pacto Verde sigue vivo y es el camino. En su visita de la semana pasada a España, esta política del Partido Conservador sueco, de centroderecha, hizo un alto para esta entrevista en la que aboga por una simplificación de la aplicación de algunas normas medioambientales. Pero no por dar marcha atrás.
M. A., directivo egipcio de 40 años, ya camina libre después de que la Audiencia Nacional haya decidido rechazar su extradición a Arabia Saudí. A. era contable del Grupo Saudí Bin Laden, una multinacional de la construcción y la gestión de activos que fundó, en 1931, el padre de Osama Bin Laden, cerebro de los atentados del 11-S en Estados Unidos. Las autoridades de Riad le acusan de haber colaborado en una operación fraudulenta que hizo perder al grupo, que cuenta con más de 100.000 empleados, el equivalente a unos 68 millones de euros. Pero la documentación remitida a España sobre el caso es muy deficiente y por esa razón el tribunal ha frustrado la entrega.
Sobre los problemas que acechan al mundo rural, las instituciones tienen una larga lista de tareas pendientes. El Gobierno vasco ha añadido una más: los perjuicios provocados por la población de las ciudades que se muda a los pueblos y que se queja de los inconvenientes de convivir con el trabajo de agricultores y ganaderos. “En muchas zonas rurales, la actividad agraria ha pasado a ser residual. Incluso molesta, y estamos empezando a tener problemas derivados de las expectativas que cada ciudadano pone cuando va a residir a la zona rural”, ha declarado Amaia Barredo, consejera de Desarrollo Rural y Agricultura del Gobierno vasco, en referencia a quienes proceden de las ciudades.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (PP), lleva una legislatura y media insistiendo en una misma idea: la ciudad que él gobierna fue, es y será la capital mundial del deporte. Esto se ha materializado en la promoción de grandes eventos, como la Fórmula 1 o más partidos de la Liga de Fútbol Americano, la inauguración de cinco nuevos polideportivos ―todos menos uno de gestión privada― y en una cifra, anunciada la semana pasada: 410 millones de euros invertidos desde 2019. Este Madrid vibrante en lo deportivo choca con el que describen los usuarios y trabajadores de las instalaciones, y el que denuncian sindicatos y oposición. Techos que se caen, saunas que se incendian, humedades, grietas, cierres constantes, empresas de mantenimiento externalizadas centradas en reducir costes, inspecciones que no se realizan o que resultan desfavorables, ausencia de sanciones y una larga lista de desperfectos y deficiencias de mantenimiento que no para de crecer.
Hacer realidad la mayor promesa electoral de Isabel Díaz Ayuso en materia de vivienda tiene un precio: concretamente, que los accionistas de las empresas seleccionadas para levantar con su dinero y sobre parcelas públicas los edificios del Plan Vive de alquiler accesible obtengan una rentabilidad financiera media calculada del 6,8%, lo que se traduce en 4.857 millones de euros de beneficio neto estimado entre todas las empresas y todas las parcelas licitadas (que no adjudicadas) al final de los entre 50 y 75 años que tendrán las compañías para explotar esos terrenos. Así consta en documentación pública consultada por EL PAÍS y recogida en el portal de contratación de la Comunidad de Madrid. La Administración regional defiende que el gobierno de España va a seguir ahora el mismo modelo y define como “moderado” el margen de las compañías, que corren con los costes de poner en el mercado 14.000 pisos, una cifra aún alejada de los 25.000 que Díaz Ayuso prometió en 2019, durante su primera campaña como candidata del PP, y también justo después de ser elegida presidenta de la Comunidad de Madrid. Ahora, con 83 parcelas adscritas al plan, y 53 incardinadas en concursos ya resueltos, según consta en el portal de contratación, la oposición considera el modelo un escándalo.
Robert Walser encontró la muerte en la nieve. Solo, tumbado boca arriba, con el sombrero separado unos palmos de su cabeza, las huellas de sus últimos pasos hundidas en la nieve. El escritor fetiche de Kafka o Walter Benjamin, el escritor que mejor enseña a escapar del rebaño y a sentir pasión por lo que uno hace y no por aquello que le reporta —“Sólo se quiere un futuro cuando no se tiene un presente”—, vivía en un sanatorio mental desde hacía veintitrés años. Aquella mañana de Navidad del año 56 había salido a dar un paseo. O a perder la vida congelado, quién sabe. En la fotografía de su cuerpo inerte todo es blanco, solitario, poético. Recordé esa estampa brutal cuando el esquiador noruego Atle Lie McGrath también se adentró solo en la nieve, también caminó dejando atrás sus huellas, también se quitó su sombrero en forma de casco de competición, y también rezumaba soledad, fatalismo y final cuando quiso desaparecer del mundo. ¿Por qué nos fascina ver perder?
Walter El Rifle Pandiani (Montevideo; 49 años) se mueve calzado con botas de tacos entre dos decenas de futbolistas sobre el pasto artificial una fría mañana de invierno en la Tierra de Campos. “No quiero que corras así. Ya te lo dije el otro día. Eso no es fútbol”, le grita a un jugador que trotaba hacia atrás, y le muestra cómo hacerlo, perfilado hacia la pelota. Alrededor del antiguo delantero del Depor, Mallorca, Osasuna y Espanyol, ganador de tres Copas del Rey, semifinalista de la Champions, discurre un partidillo de entrenamiento del Palencia CF, el equipo al que dirige desde hace un mes. Abandonó el verano austral uruguayo para ocuparse de una plantilla que compite en 3ª RFEF, el quinto escalón en España. “Unos días antes estaba en la playa, en el río, con 40 amigos y la familia. Espectacular”, recuerda.
Se ha viralizado oportunamente un fotograma del Osasuna-Real Madrid que muestra a Vinicius y a Mbappé en la misma posición del campo, con Güler dando vueltas sobre sí mismo con la pelota antes de que le estalle la cabeza, como si le hubiesen mojado los cables. Es una imagen formidable. Están los dos ahí parados esperando el autobús. Mbappé ocupando el carril de Vini y, Vini, detrás, mirando a Mbappé sin saber qué hacer. Por un momento parece que Vinicius Junior se va a ir al banderín del córner a ponerse a bailar. Yo es lo que hubiera hecho. Lo mismo así lo ve Mbappé, se va para allá a abrazarlo y a Güler lo acabamos sacando del campo con camisa de fuerza.
Saher, palestino, sabe que cada vez que un grupo de judíos israelíes religiosos quiere visitar la Tumba de Yosef en su ciudad, Nablus, él va a pasar unas cuatro horas en la calle con su esposa y sus hijos, haga el tiempo que haga. Una entidad privada y un consejo de colonos organizan las excursiones en autobús, fuertemente protegidas por el ejército israelí y que suelen acabar en disturbios (a veces con víctimas mortales) con los jóvenes de la zona. Como el derecho de los fieles a rezar en la Tumba de Yosef (sobre la que no existe consenso arqueológico y que veneran varias religiones) importa mucho más que el de Saher a tener una vida normal, “entre 20 y 30 soldados” se plantan cada vez en su casa sin avisar, y los echan.
En un año potente para el cine español, los dos buques insignia, las dos películas que más aplausos se han llevado de la crítica y del público y que mejor recorrido han hecho en festivales, son también las que más nominaciones han logrado en la 40ª edición de los premios Goya. El próximo sábado en Barcelona, Los domingos (13 candidaturas), de Alauda Ruiz de Azúa, y Sirât (11), de Oliver Laxe, encaran un duelo que, visto el ex aequo de 2025, incluso podría acabar en empate.
Con una gala capitaneada por la bailaora local Manuela Carpio, comenzó el pasado viernes la XXX edición del Festival de Jerez, un evento dedicado al baile flamenco y a la danza clásica española, que se extenderá hasta el 7 de marzo con más de 40 representaciones. En el arranque del evento, destacan los espectáculos de dos formaciones, privadas ambas —el Nuevo Ballet Español (NBE) y Estévez/Paños y Compañía—, con obras en las que el baile y las coreografías grupales son protagonistas como vehículos expresivos de las historias que las inspiran, algo que no es nuevo desde el nacimiento de la danza-teatro flamenca, pero cuyo ejercicio es siempre admirable.
“Entonces, ¿por dónde íbamos?”, dijo la estrella televisiva italiana Enzo Tortora cuando regresó de forma puntual a las pantallas en 1987, tras haber cumplido varios años de condena por un delito que no había cometido. Un trasunto de la frase atribuida a fray Luis de León, víctima de la Inquisición española, y a Miguel de Unamuno, exiliado durante la dictadura de Primo de Rivera, definió el calvario y la personalidad de un hombre que protagoniza Portobello, la miniserie de Marco Bellocchio que acaba de estrenar HBO Max.
El pasado miércoles, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, mantenía en un despacho del Congreso una reunión con la portavoz parlamentaria de EH Bildu, Mertxe Aizpurua. Era un encuentro más de la dirigente política vasca con un miembro del Ejecutivo para abordar cuestiones pendientes. En el transcurso de la conversación, Aizpurua recordó a Montero que, una vez superada la mitad de la legislatura, seguía atascada la reforma de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana del PP, la conocida por sus detractores como ley mordaza, a pesar del acuerdo firmado entre ambas formaciones en el otoño de 2024 para impulsarla. Fuentes del Gobierno aseguran que la vicepresidenta se limitó a tomar nota de la queja. Desde EH Bildu han declinado hacer declaraciones sobre lo tratado en aquel encuentro.
Hace 20 años, en enero de 2005, decidí empezar a medir mi felicidad con el objetivo de analizar qué cosas me hacen más feliz y tratar de repetirlas. Cada noche, desde que tengo 18 años, apunto en un bloc de notas un número en una escala del 0 al 10 que representa cómo me he sentido ese día; 0 representa el peor día posible, 10 el mejor y 5 un día normal. Hoy tengo 39 años, y sigo haciéndolo. Junto a esa cifra, escribo también un diario en el que anoto qué he hecho, con quién he estado o qué he sentido, para poder saber qué se repite los días en que estoy bien y qué afecta más a mis días malos. Hace un tiempo, en un artículo en este periódico, publiqué algunos de los hallazgos de este proyecto. Pero en aquel artículo dejé fuera uno de los hallazgos más importantes sobre la felicidad, que en los tiempos que corren ha acabado tomando una relevancia que no esperaba.
Tú puedes ser lo que te propongas en la vida, reza una de las frases motivacionales más utilizadas. Pero no. Una persona puede proponerse, por ejemplo, ser Michael Jordan, y por mucho interés que le ponga será bastante difícil que lo consiga. No dispondrá de la alineación de virtudes —altura, agilidad, potencia o carácter— necesaria para convertirse en uno de los mejores deportistas de todos los tiempos. Cada deporte tiene al menos un factor físico diferencial -no entraremos aquí en cuestiones económicas, que también son importantes- que abre o cierra las puertas de la élite. En el caso del baloncesto, es la altura. Porque hay que entrar en esa pista de 28 metros de largo por 15 de ancho y verse rodeado de cuerpos que, tanto en la NBA como en la ACB, rondan los 1,99 metros de media. Y ahora, por un segundo, imaginarse entrando a canasta y encontrarse de frente con esos mismos cuerpos con los brazos extendidos para tapar una posible canasta.