“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
La historia de Xania Monet se ha vendido como una pequeña revolución tecnológica: una cantante generada con IA que se cuela en las influyentes listas Billboard y firma un contrato de tres millones de dólares. Detrás del avatar hay una autora real, la poeta de Misisipi Telisha Nikki Jones, y un motor de IA generativa, Suno, capaz de convertir texto en una voz sedosa que encaja en la radio estadounidense. Su balada, How Was I Supposed to Know?, debutó en el puesto 30 de la lista Adult R&B Airplay tras pasar por el nº1 en ventas digitales de R&B, viralizarse en TikTok y acumular más de siete millones de streams en Spotify. A fecha de la publicación de este artículo son casi doce millones y medio de reproducciones.
Justicia musical (o tierra sin ley)Hoy por hoy, el marco legal avanza a trompicones. La Oficina de Copyright de EE UU insiste en que las obras generadas por IA no pueden registrarse como creaciones protegidas, y el Congreso discute leyes que pretenden blindar la voz y la imagen de los intérpretes frente a las clonaciones. Sobre el papel, el mensaje es claro, pero la práctica es otra. Las discográficas demandan a empresas como Suno por usar su catálogo y, a la vez, negocian con los productos de esos modelos. El resultado es una zona gris donde todo el mundo dice defender a los artistas mientras ajusta su posición para no quedarse fuera del próximo reparto.
Uno de los términos que las aplicaciones de citas han convertido en un clásico del léxico relacional es indudablemente el ghosting, que supone cortar repentinamente todo tipo de comunicación con alguien con quien se ha establecido algún tipo de vínculo. Tan común es este doloroso comportamiento, que deja a quien padece sus consecuencias en un situación de incertidumbre en la que la clausura le es arrebatada, que cuenta ya con mutaciones. Es el caso del ghosting pasivo, también conocido como soft ghosting.
A principios de febrero, el actor Jaime Lorente (Murcia, 34 años) sorprendía a sus seguidores en Instagram (donde tiene casi 11 millones) con un vídeo en el que les animaba a rezar. Era 2 de febrero y quedaban pocos días para el Miércoles de Ceniza, el primero de los 40 días de Cuaresma que en el año litúrgico preparan al cristiano para la Resurrección de la Pascua. En aquel vídeo, el intérprete que saltó a la fama gracias a La casa de papel se incluía dentro del reto de Cuaresma de la aplicación católica de pago Hallow, y explicaba que él mismo acompañaría a sus usuarios cada viernes en la oración y el ayuno propios de esta etapa. Unos días más tarde, el 18 de febrero (Miércoles de Ceniza), el murciano publicaba su segundo vídeo animando a la oración y asegurando que él ya había “doblado la rodilla” para rezar.
Una ley no escrita que siempre se cumple en la historia española desde 1808 dice: cuanto más patriota presuma de ser un gobernante, más dispuesto está a vender su patria, trocearla y dejar que la usen de felpudo. El patriotismo exhibido en desfiles, alardes y banderas es directamente proporcional a los grados de inclinación de la reverencia que ofrecen a los amos del mundo.
Volvió a suceder. Una persona que en sus declaraciones públicas suele duplicar sustantivos, adjetivos y pronombres cuando pronuncia términos positivos o neutrales –aunque a veces desista o se despiste porque cuesta mantener la concentración– deja de hacerlo cuando toca expresar una carga negativa. Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, escribió en X el 4 de febrero: “Nos roban la ciudad y se ríen. Vamos a plantar cara a esta minoría de privilegiados y lacayos de los ricos”.
Hace 30 años, en Pekín, la comunidad internacional consagró la igualdad de género como condición indispensable para los sistemas democráticos. Tres décadas más tarde, un 42% de la humanidad vive en autocracias que erosionan sistemáticamente los derechos de las mujeres. Es una tendencia que se expande rápidamente y a la que la agenda global de la extrema derecha abre sus puertas de par en par. En vísperas del Día Internacional de la Mujer, conviene recordar aquella mítica frase de Pekín: “Los derechos humanos son los derechos de las mujeres”.
Visitar la colección permanente de un gran museo en tiempos de turismo masivo puede resultar todo menos una experiencia satisfactoria. Grandes pinacotecas han restringido sus visitas o se están planteando hacerlo.
Los monstruos de Goya no solo desencadenan sensaciones únicas, juicios de país y turbulencias en quien los contempla, sino obras: nuevas y valiosísimas obras en torno a su vida, su pintura, su pensamiento y su herencia que siguen enriqueciendo el acervo cultural español. El genio aragonés no solo creó en mayúsculas, no solo retrató su tiempo y el nuestro, sino que él mismo desató un tsunami, un torrente de creaciones en cine, pintura y literatura que hoy suman un nuevo original obligatorio en la estantería: La hija (Alfaguara), el nuevo libro de Sergio del Molino, escritor y columnista de EL PAÍS, con quien recorremos el Museo del Prado en busca del germen, de la semilla, de la chispa que alumbró su obsesión.
Los pioneros frustrados del curling nacional se reúnen todos los años, entre el último domingo de febrero y primeros de marzo, a orillas del pantano barcelonés de Vallvidrera. El suyo es un ritual melancólico. Depositan la piedra sobre la tenue (o inexistente) capa de hielo con la esperanza de que no se hunda y les permita pasar la mañana jugando a su deporte preferido. Pero siempre se hunde.
La entrevista a Tamar Novas (Santiago de Compostela, 39 años) tuvo dos etapas. La primera fue en la cafetería Brunetti de Madrid donde llegó, compró un paquete de harina para hacer pizzas y, tras un abrazo, dijo: “Bueno, tú me dirás de qué quieres que te hable”. Porque llevaba semanas hablando de un papel que ahora se antoja algo lejano, el de Xoel, su personaje en la película Rondallas, por el que fue nominado a actor de reparto en los Goya. La segunda, esta vez en forma de conversación telefónica, fue para hablar de lo que le toca ahora, una vez celebrada la gala: el rodaje de la serie Ardora (Movistar+), la promoción de Miguel, su personaje en Caminando con el diablo, que estrena pasado mañana, y acudir al festival de Málaga. “Tengo la sensación de vivir en una simulación”, cuenta.
La crisis ferroviaria se ha cronificado en Cataluña y los vaticinios de lo que está por venir a corto plazo no son buenos. La red de Rodalies permanece inmersa en un sinfín de alteraciones, retrasos y cancelaciones, que ni siquiera ha logrado disimular esta semana durante la celebración del Mobile World Congress, con Barcelona convertida en un escaparate para visitantes de todo el mundo y registrando incidencias diversas en las conexiones de los trenes con el aeropuerto de El Prat. En toda la red hay más de 200 puntos con limitaciones de velocidad por obras o por necesidad de ellas. El arranque de las intervenciones en los túneles del Garraf se hará este mes de marzo, según ha confirmado el ministro de Transportes Óscar Puente, lo que complicará aún más la situación. Los trabajos, considerados urgentes por el deficiente estado de la estructura que soporta los puentes en varios tramos de acantilado, obligará a los trenes a circular en una única vía, lo que entorpecerá y ralentizará la circulación por el corredor sur.
El mercado de deuda sufre la amenaza geopolítica provocada por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán que amenaza con extenderse. Las colocaciones de bonos de empresas y bancos previstas en Europa y Estados Unidos han sido suspendidas hasta nueva orden. Fuentes de la banca de inversión anticipan que el mercado seguirá cerrado para el común de los emisores, salvo que la situación mejore de manera notable. En estas dos sesiones tras el ataque en Oriente Próximo, en la UE y en Estados Unidos se ha producido una escalada de más de 20 puntos básicos en toda la curva de tipos soberanos.
El número 6 de la calle Acetres, situado en el centro histórico de Sevilla, comienza a recuperar su aspecto original. En ese inmueble de tres plantas, de unos 120 metros cuadrados cada una, depositó su infancia y los primeros años de su adolescencia Luis Cernuda. Su familia se había mudado allí dos años antes, en 1900, y se marcharía definitivamente en 1914. EL PAÍS ha accedido al interior para ver cómo evoluciona la recta final de una rehabilitación que comenzó en septiembre de 2024 con un plazo de 12 meses de ejecución; ya han transcurrido cinco más.
“El arte no es un lujo, sino una necesidad”, afirma Sumayya Vally. La arquitecta sudafricana, fundadora del estudio Counterspace y responsable en 2021 del Serpentine Pavilion de Londres, es una de las figuras entrevistadas por Brad Pine en The 99 (La Fábrica), un libro impulsado por Marcella Ciacci (Panamá, 58 años) para mostrar al mundo su gran pasión: el arte moderno y contemporáneo. Ante un capuccino con leche de avena en el edificio Nouvel del Reina Sofía, Ciacci gesticula, pasa páginas, señala una imagen y recuerda lo que sintió al ver por primera vez algunos de los espacios que ha reunido. “En febrero de 2024 visité Inhotim, en Brasil. Le pregunté a Emiliano Valdés, que es uno de los curadores más influyentes de Latinoamérica, me dijo tienes que ir, y fue tan alucinante que al salir pensé por qué a mí nadie me había dicho antes que fuera. Quería compartirlo”, enfatiza mientras muestra ese gran museo al aire libre perdido en el estado de Minas Gerais.
Cuando se instauró la República Islámica en Irán en 1979, esa dictadura que hoy se tambalea decidió, encomendándose al islamismo radical que defendían, que del cine persa desaparecerían las mujeres y el amor. Pero a la vez pensaron que el cine podía ser un arma ideológica de consumo interno antioccidental y una herramienta propagandística en festivales internacionales. En ausencia de prensa libre, en cambio, la explosión creativa de esa filmografía ha servido para que el resto del mundo comprendiera la falta de libertades que ahoga Irán, que ha acabado con los principales cineastas farsíes exiliados por Europa. Incluso Mohammad Rasoulof, en redes sociales, ha celebrado la muerte del máximo líder de su nación, el ayatolá Jameneí. Uno de los países más cultos del mundo —con un prestigiosísimo museo del cine en Teherán— sufre, de nuevo, otra ola de destrucción.
Mucho antes de que la inteligencia artificial pudiese revivir a los muertos, los 091 renacieron de sus cenizas. Y, a diferencia de la tecnología de última generación, lo suyo fue real. Sigue siéndolo. “Aquí estamos. Otra vez de vuelta con otro disco”, dice con cierta sorna José Ignacio Lapido, guitarrista de la banda de Granada. Él, el cantante José Antonio García, Pitos, el bajista Jacinto Ríos y el baterista Tacho González se sientan en la sala reservada del Café Pavón de Madrid para charlar de Espejismo nº9, el nuevo álbum de este grupo que escribió una de las páginas de rock más bonitas y extrañas de la escena española entre los ochenta y los noventa y, dos décadas después, regresó para hacerla aún más bonita y extraña. “Estamos deseando que digan que el rock ha vuelto para justificar por qué seguimos aquí”, señala entre risas Tacho González.
Su participación en la semifinal de hoy frente al Athletic Club (21.00, RTVE 1) ha estado en entredicho hasta última hora por culpa de unas molestias físicas. Pero Orri Óskarsson (Reikiavik, Islandia; 21 años) no quería perderse una cita como esta en Anoeta. Sus problemas físicos han sido una constante desde que llegara a Donostia hace dos veranos gracias a los 20 millones que desembolsó la Real Sociedad para hacerse con los servicios de este prometedor delantero islandés. Oskarsson no siente presión y está convencido de que tomó la decisión correcta pese a las dudas.
El Athletic Club no solo se juega una semifinal en Anoeta ante la Real Sociedad. Se juega la confirmación de que ha sabido levantarse cuando el suelo parecía demasiado cerca. Porque no hace tanto, el equipo rojiblanco miraba más hacia abajo que hacia arriba. Llegó a estar a tres puntos del descenso, con el ruido creciendo alrededor y la ansiedad instalada en el entorno. Fue entonces cuando el presidente, Jon Uriarte, verbalizó el objetivo con crudeza: 17 puntos para alcanzar los 42 que suelen garantizar la permanencia. No habló de Europa ni de finales. Habló de supervivencia.
Los protagonistas del emotivo corto Nano y Choco. Los amigos de verdad nunca te abandonan recuerdan inevitablemente a los del libro infantil Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Este corto es una iniciativa de la Fundación porqueViven, una organización dirigida a los cuidados paliativos pediátricos integrales para niños con enfermedades graves y apoyo a sus familias en España, y a los personajes les ponen voz los actores Paco León (Nano) y José Coronado (Choco), que con sus diálogos también ponen voz al sentimiento de vacío que experimentan muchas familias cuando reciben el diagnóstico de una enfermedad incurable de su hijo.
La historia de Blanca Batanero y su madre Margarita MaldonadoEste es el caso de Blanca Batanero, de 33 años. Su madre, Margarita Maldonado, cuenta su historia a EL PAÍS en una cálida sala de la sede de la Fundación porqueViven, situada muy cerca del parque de El Retiro, en Madrid. Blanca nació aparentemente bien, pero a los días Margarita empezó a sospechar que algo iba mal. No se equivocaba. Una infección que había sufrido sin percibirla durante el embarazo afectó a su hija, que nació con una malformación congénita en el cerebro (lisencefalia) que le produjo los síntomas típicos de una parálisis cerebral: problemas de movimiento e intelectuales, retraso psicomotor y unas crisis epilépticas muy tempranas que incrementaron el daño. El resultado: incapacidad para comunicarse y una dependencia absoluta.
“Ella ha tenido una vida bastante organizada y tranquila. La llevé a un centro especializado en parálisis cerebral e iba allí cada día, como cualquier otro niño que va a la guardería. Fue a partir de la pubertad cuando se empezaron a complicar un poco las cosas, y a partir de los 20 años cuando realmente empeoró su salud: empezó a tener infecciones respiratorias graves, ingresos, momentos peligrosos para su vida… Ahí es donde empieza su calvario y el nuestro, porque se quedó encerrada en casa y nosotros con ella”, rememora Blanca. A través del Hospital Universitario Infantil Niño Jesús de Madrid, Blanca fue derivada a la fundación. “Creo que mi hija no estaría viva si no es por ellos”, prosigue esta madre, “cuando llegó a la fundación, yo no había bajado los brazos, pero sí que pensaba que mi hija se iba”. Ella sabe que nadie le va a quitar a su hija lo que tiene, pero todos sus problemas de salud han ido a mejor. “Tiene una supervisión constante entre el hospital y la fundación”, añade. Margarita también sueña con ver a su hija en las instalaciones del Centro de Atención Paliativa Pediátrica Integral de España: “Ojalá mi hija pueda ir a hacer algo que no sea verme a mí y a su padre dándole medicamentos. Eso es muy poca vida”.