“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Estos primeros días de enero el buen tiempo se ha dejado ver después de meses de frío, lluvias y temporal tras temporal. Una de las cosas más agradables que trae consigo el buen tiempo es pasar más tiempo en casa con las ventanas o las puertas abiertas para dejar que pase esa agradable brisa de aire que, por un lado, intercambia el aire cargado por aire limpio y, por otro lado, crea ese ambiente tan agradable del aire circulando de un lado de la casa, simulando que estamos en el exterior mientras estamos en nuestra silla ergonómica trabajando un día normal entre semana. Aunque es cierto que las puertas y ventanas abiertas no solo dejan entrar el aire, sino que muchas veces también permiten el paso a mosquitos, moscas y demás insectos que no son tan bienvenidos dentro de nuestros hogares como lo es el aire fresco.
Los cimientos de una verdadera defensa común europea se intuyen en Chipre. Varios países europeos han enviado a la pequeña isla mediterránea cazas militares, fragatas, sistemas antimisiles y antidrones y helicópteros tras el ataque de un dron iraní contra una de las bases británicas que acoge la isla. Chipre, miembro de la Unión Europea pero no de la OTAN, no ha activado aún el artículo de asistencia mutua de los Veintisiete. Sin embargo, Francia, Grecia, Italia o España se han aprestado a apoyar al pequeño país que, además, preside este semestre el Consejo de la UE.
Hussein se expresa con cautela. Está rodeado por una muchedumbre que entra y sale del edificio, un centro educativo en las afueras de Beirut que estos días hace las veces de refugio. Como él, muchas de las 1.000 familias que pasan las horas sobre una esterilla en los inhóspitos pasillos son simpatizantes de Hezbolá. Dudar de los disparos que el grupo proiraní inició el lunes, propiciando la brutal ofensiva israelí que los obligó a irse de sus casas, podría herir sensibilidades. De repente, tras aludir a los abusos que Israel comete sobre Líbano “desde hace 15 meses de tregua y décadas atrás”, Hussein se sincera: “La guerra con Israel era inevitable, pero este no era el momento”.
Julio Moreno, miembro de la tercera generación de la familia propietaria de Pastelería Mallorca, lleva en su carpeta un cuadrante, en formato A3, en el que aparecen los nombres de los empleados de cada una de las ocho tiendas que tienen en Madrid. Pero escuchándole hablar, no parece que le haga mucha falta esa especie de chuleta para conocerlos a casi todos. No en vano, lleva cuatro décadas en el negocio familiar, que ha ido adaptándose a cada época desde que abrió en 1931.
Casarse en Marruecos nunca ha sido fácil. Hay que ahorrar durante años para la dote de la novia, hasta que acepte teñirse las manos de jena o alheña, y para los suntuarios gastos de varias jornadas de festejos nupciales a lomos de una amaria o palanquín. Ahora es imposible. La huelga que han emprendido esta semana los adules, notarios islámicos ante los que se firma el contrato matrimonial, impide la celebración una media de 400 enlaces diarios en pleno Ramadán.
Mal comienzo para el espacio cultural de Peironcely, 10, en Entrevías, que pretendía convertirse en referencia para el mundo de la fotografía. El Centro Robert Capa, que gestiona el legado del fotógrafo húngaro, ha prohibido al Ayuntamiento de Madrid la utilización de su nombre después de que este diera la espalda al proyecto impulsado por una plataforma de vecinos y artistas que han luchado por salvar de la demolición la vivienda de ladrillo donde Capa tomó la icónica fotografía de la Guerra Civil aparecida en el New York Times.
Javier Cercas es el invitado esta semana en Qué estás leyendo, el podcast de libros de EL PAÍS. El autor nos recibe en la RAE y charla con Berna González Harbour en un momento muy especial, cuando se han cruzado los grandes hitos que forjan su carrera: los 25 años de Soldados de Salamina, que estrena edición; el debate sobre el 23-F, que él retrató en Anatomía de un instante, a raíz de la desclasificación de los papeles; el reciente libro sobre el papa; y la inminente obra sobre EL PAÍS. Cercas reflexiona sobre la gran literatura: “No es pedagogía, ni propaganda, sino literatura sin causas”. Analiza el fenómeno de Soldados de Salamina: “España necesitaba en aquel momento un libro como este”. Y la actualidad: “La polarización hoy es totalmente artificial, desde arriba. A la clase política le interesa que haya tensión”.
Durante el Mobile World Congress de Barcelona ha quedado patente que todo el sector tecnológico se prepara para la era de la Inteligencia Artificial (IA). Pero entre fabricantes de móviles, operadoras y otras empresas queda una gran olvidada con sus propias necesidades: la red eléctrica. La Agencia Internacional de la Energía prevé que entre 2024 y 2030 el consumo de electricidad de los centros de datos crezca un 15% anual. Cuando termine la década actual, estas infraestructuras necesitarán 945 TWh al año, el equivalente a lo que gasta Japón.
Si te cuesta explicar por qué vas a la guerra, quizás no era buena idea empezarla. Si el puñado de personas a las que suponemos al tanto de todo dan versiones contradictorias cada vez que abren la boca, estás perdiendo la primera batalla, que es la del relato. Si esto era un plan diseñado por un equipo de alto nivel de civiles y militares, o si se cocinó en alguna oscura fundación ultra de las que quieren cambiar el mundo, ya podían haber elaborado un argumentario. Si no hay un plan, si todo esto es fruto de la improvisación, el mundo está a merced del caos.
Alejandro Solano no deja de recibir mensajes en su teléfono. Son pacientes renales que, como él, alertan sobre la falta de insumos. Saben que si no reciben su tratamiento hoy, se descompensan. Para algunos, la espera ya supera las 24 horas: aparecen la hinchazón y el dolor de cabeza, síntomas de la gravedad de la enfermedad. La crisis sanitaria se ha agudizado en los últimos dos años y, lejos de resolverse, la disputa comercial lanzada por Ecuador contra Colombia ha empeorado el escenario. “Muchos de los medicamentos que usamos provienen de allá”, explica Alejandro mientras describe, uno a uno, los fármacos faltantes.
El Mobile World Congress (MWC) cerró ayer en Barcelona las puertas de una edición marcada por las tensiones geopolíticas: de la incertidumbre por la guerra en Irán a las protestas populares contra la presencia de empresas israelíes por la destrucción de Gaza pasando por la ausencia de compañías rusas debido a las sanciones internacionales que pesan sobre Moscú y sobre sus compañías desde la invasión de Ucrania.
Cada avance en la igualdad de las mujeres ha sido el fruto de la valentía de quienes se negaron a aceptar el silencio. Hoy seguimos avanzando, pese a los intentos de algunos por hacernos retroceder. Nuestra historia no empezó ayer ni termina hoy. Se construye cada día con memoria, unión y determinación. Hemos derribado muros, desafiado etiquetas y roto silencios que durante demasiado tiempo intentaron definirnos. Y seguimos aquí, más conscientes, más firmes, más unidas. Ser nosotras mismas sigue siendo un acto revolucionario. Nombrarnos, ocupar espacios, decidir sobre nuestras vidas y apoyarnos transforma realidades. No caminamos solas; seguimos las huellas de quienes lucharon antes y abrimos camino para quienes vendrán. Porque la igualdad no es una concesión; es un derecho. Y la historia, también, se escribe con nosotras.
El líder supremo de Irán desde 1989, el ayatolá Ali Jameneí, fue el sábado una de las víctimas de los ataques de Estados Unidos e Israel a su país. El régimen quedó así descabezado y, a partir de ese instante, el caos irrumpió en Oriente Próximo y ya resulta imposible intuir hacia dónde podrá conducir tanta violencia. Jameneí estaba familiarizado con el árabe, y una de las credenciales que le otorgó prestigio e influencia fue la de traducir a su lengua a uno de los grandes teóricos de los movimientos islamistas modernos, el egipcio Sayyid Qutb.
El mundo de Tamara Blanco se vino abajo como un castillo de naipes cuando recibió la llamada de la doctora: “Venid esta tarde a la consulta. Venid solos. Héctor tiene Tay-Sachs, una enfermedad rara. No busquéis nada en internet”. Blanco, el estómago hecho un amasijo de nervios, desobedeció y tecleó en su ordenador aquel nombre extraño para saber qué padecía su hijo pequeño. “La enfermedad de Tay-Sachs es un trastorno genético hereditario raro y mortal. Es incurable. Los pacientes generalmente fallecen antes de los cinco años”, decía la web. Héctor tenía entonces un año.
Las pintadas en las puertas y las pegatinas en las farolas revelan el sentir popular: “Lehen orain eta beti Araba bai!” o “Trebiñu Araba Da”. Es decir, “primero, ahora y siempre ¡Álava, sí!” o “Treviño es Álava”. Hay ikurriñas y mensajes reivindicativos en euskera, el callejero usa esa lengua cooficial y el castellano y hasta el contenedor de Cáritas lleva un mensaje en vasco. Pero es Burgos. El histórico condado de Treviño (1.500 habitantes en 48 núcleos) pertenece a esta provincia castellana, y por tanto pertenece a la Junta de Castilla y León, pero late por Álava. Su gestión depende de conciertos entre la Diputación alavesa (PNV) y la burgalesa (PP), juntas y revueltas según la época y ahora en tensión porque la de Álava amenaza con cortar los convenios en 2029, cuando vence el actual. Burgos intenta calmar las aguas y reivindica sus prestaciones mientras en Treviño miran para Vitoria, se despiden con “agur” y piden zuritos en los bares.
El actor Fernando Guallar (Córdoba, 1989) protagoniza Rompientes (del 5 al 22 de marzo en el Teatro de la Abadía, Madrid), una obra basada en dos piezas del flamenco Paul Verrept sobre una pareja que se desmorona cuando el mar arrastra hasta su puerta los cuerpos sin vida de unos refugiados.
Una de las preguntas más ingenuas y espeluznantes que se le puede hacer a una novela es “¿de qué va esta historia?”, y esa es justo la pregunta que me formulo al cerrar la página 205 de El banquete, libro firmado por la maliciosa escritora escocesa Muriel Spark en 1990. El apelativo “maliciosa” se lo puso Graham Greene. No diré que he leído las obras completas de Spark, pero sí una parte significativa, y recuerdo aún con sobrecogimiento y sonrisa amarillenta El asiento del conductor. Me pareció una narración cruel, certera y maravillosa. Así que cuando emprendo la lectura de El banquete mis expectativas son altas y, al cerrar la página 205 y formularme la esencial y espeluznante pregunta, me respondo que esta novela va sobre el destino y el azar, el gafe, el impulso de cometer un acto criminal cuando siempre se ha estado bajo sospecha y nunca se ha sido verdaderamente culpable. En este nivel de lectura correspondiente a los conceptos abstractos, el libro funciona muy bien. Pero es que El banquete también va sobre otra cosa, porque, para abordar estos asuntos de índole moral, universal y/o generalista, Spark disecciona la alta sociedad londinense, la pareja como institución, la hipocresía y esas apariencias que, como decía Wilde, nunca engañan. La buena o la mala suerte no se colocan al margen del género y la clase social, ni de cómo las actitudes delictivas y las violencias codificadas por las leyes contemplan, sobre todo, las infracciones cometidas por las advenedizas y los desclasados. La dimensión “filosófica” de la novela, en la contextualización de la trama, adquiere un relieve político.
El banqueteMuriel Spark Traducción de José María Gómez Pérez Blackie Books, 2026 208 páginas. 21 eurosEl rechazo de los españoles a la aventura bélica de Donald Trump y Benjamin Netanyahu no admite dudas. Hasta el 68,2% de los encuestados en un sondeo flash de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER rechaza el ataque a Irán emprendido por Estados Unidos e Israel. Ese repudio a la guerra va mucho más allá de los simpatizantes de la izquierda, la corriente política que se ha posicionado más claramente en contra. Apenas el 23,2% del total de los encuestados respalda la campaña contra el régimén iraní. Incluso la decisión más controvertida del Gobierno español, y la más discutida por la oposición, la de negar al Ejército de EE UU el uso de sus bases en España para el ataque, concita un apoyo mayoritario, aunque algo menos rotundo, un 53,2%%. La actuación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es aprobada por el 42,2%. Solo un 18,7% respalda la reacción del líder del PP y de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que no ha condenado la guerra y ha arremetido con dureza contra el Ejecutivo.