“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
He pasado unos días de gran intensidad a la caza de un viejo nazi. En un ejemplo de nuevo-nuevo periodismo me he hecho acompañar de la IA, pero he de decir que las cosas no han ido como yo pensaba: hay que ver cómo la lía la IA. Todo vino de la lectura de La venganza de Odessa, la secuela póstuma de la célebre novela de Frederick Forsyth y también de haber pillado en Netflix una vieja película de 2001 en la que un tipo bastante patoso se recicla como periodista.
Durante el tiempo que permaneció sin respirar bajo el agua, el influencer Daniel Illescas intentó engañar a su mente. Mientras su cuerpo flotaba inmóvil, recreaba una rutina minuciosa: el sonido del despertador, su mano apagando la alarma, levantarse, ir al baño, lavarse la cara... “Pero después de cuatro minutos es imposible”, cuenta. “En un momento llegan las contracciones y sabes lo que estás haciendo”. Entonces ya no era momento de pensar, sino de aguantar.
Después de cada etapa de la Volta a Catalunya, varios ciclistas se quitan un pequeño aparato que llevan bajo el maillot, entre el pecho y la axila izquierda. Es el CORE, un sensor que mide la temperatura corporal en tiempo real, parámetros que ayudan a optimizar el rendimiento y prevenir el sobrecalentamiento, por más que todavía no existe la panacea para resolver esos momentos en los que el cuerpo entra en estado febril por el esfuerzo y el calor.
Noelia Castillo murió después de 601 innecesarios días de sufrimiento y humillación en los que le fue negado ejercer su derecho soberano debido al sabotaje constante de la fundación de ultraderecha Abogados Cristianos. Su caso, judicializado y televisado, ha desatado el debate sobre el derecho incuestionable a una muerte digna. Y para mi sorpresa, no ha abierto el urgente debate sobre el derecho a una vida digna de los niños y adolescentes. Y por vida digna entiendo una donde el dolor psíquico esté atendido. En estos días hemos conocido que la infancia y adolescencia de Noelia estuvieron marcadas por el dolor psíquico. Y hasta donde sabemos, dado que Noelia era española y no era rica, lo más probable es que no tuviera acceso a la atención psicológica que necesitó.
Un conseller del ram, el nom del qual és millor haver oblidat, va dir fa pocs anys —això no ho hem oblidat— que, a partir d’un moment que no va precisar, els universitaris que volguessin estudiar grec i llatí s’ho haurien de pagar de la seva butxaca. Se suposa que aquest conseller ja trobava prou mostra de munificència el fet que un govern, ja el català ja l’espanyol, pagui cap al 90% del cost de les matrícules en un establiment públic, i devia trobar aquest dispendi del tot inconcebible si allò que es sufragava eren estudis d’una cosa tan “inútil” com el grec i el llatí clàssics. (No són llengües mortes, perquè han sobreviscut gràcies als manuscrits i els llibres estampats; i són ben vives entre els que es dediquen als estudis clàssics, els millors que pot triar un estudiant de lletres avui dia, tota vegada que aquests sabers encara no estan contaminats per les abundoses, modernes ximpleries derivades dels cultural studies i de tot el políticament correcte: les diferències de gènere, el colonialisme —la Grècia clàssica no el va conèixer; l’hel·lenisme, sí—, o els sacrificis d’animals, costum religiós molt habitual a Grècia i Roma.)
Pocos son los inquilinos que no han tenido que pasar en algún momento de su vida por el filtro de un estudio de solvencia económica de una empresa de alquiler garantizado o por el escrutinio de un seguro de impago. Estas dos herramientas se han convertido en las mejores aliadas para los propietarios que arriendan sus viviendas.
Molina de Aragón tiene un nombre que se presta a confusión. En 1788, el científico alemán Abraham Gottlob Werner llamó aragonito a un mineral descubierto aquí pensando que procedía de Aragón, cuando debería haberlo bautizado castellanito, porque esto era entonces Castilla la Nueva, y hoy es Castilla-La Mancha, concretamente la provincia de Guadalajara.
El 1 de abril de 1956, el próximo miércoles hace 70 años, un grupo de universitarios hizo un llamamiento a la oposición al franquismo. No era un manifiesto normal de “los abajo firmantes”. En él aparece por primera vez un sujeto colectivo que se autoidentifica como “nosotros, hijos de los vencedores y de los vencidos”. Esa fue la novedad y la sustancia del documento que, entre otras cosas, decía, tal y como refleja el historiador Santos Juliá en Nosotros, los abajo firmantes (Galaxia Gutenberg, 2014): “En este día, aniversario de una victoria militar que, sin embargo, no ha resuelto ninguno de los problemas que obstaculizaban el desarrollo material y cultural de nuestra patria, los universitarios madrileños nos dirigimos nuevamente a nuestros compañeros de toda España y a la opinión pública. Y lo hacemos precisamente en esta fecha —nosotros, hijos de los vencedores y de los vencidos— porque es el día fundacional de un régimen que no ha sido capaz de integrarnos en una tradición auténtica, de proyectarnos a un porvenir común, de reconciliarnos con España y con nosotros mismos”.
Jaraneros y alborotadoresSería absurdo, además de falso, considerar que los detenidos por los sucesos de febrero de 1956 y los autores y primeros firmantes del Manifiesto del 1 de abril eran demócratas partidarios de una monarquía constitucional como la que ahora vivimos, y que por ella lucharon y sufrieron persecución, cárcel o torturas. El mismo mito ha formado parte de algunas de las historias escritas u orales sobre los protagonistas de la Transición. La realidad es que la mayoría de los estudiantes organizados redujeron poco a poco sus aspiraciones y convirtieron sus programas de máximos en programas de mínimos: ingresar en la comunidad europea, lo que significaba el desarrollo de todas las libertades y de un Estado de bienestar universal desconocido en otras partes del mundo. Esa ha sido su última utopía factible.
Lo resume Pradera de este modo tan directo: nuestro modelo era la democracia, pero no la representativa sino la revolucionaria; nuestro panteón no lo formaba la revolución americana, sino la francesa, las europeas de 1948, la Comuna de París, la revolución rusa de 1905 o la de Octubre de 1917. Nuestras lecturas no eran Locke o Montesquieu, Jefferson o Madison, Aron o Tocqueville, sino Rousseau, los jacobinos, Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, Sartre o Fanon; nos movilizaban la descolonización, la guerrilla urbana, Argelia, Cuba, Vietnam, el movimiento de los derechos civiles y de los panteras negras. Nuestros temas de conversación no eran la separación de poderes, el imperio de la ley, los sistemas electorales, la independencia del poder judicial, la alternancia en el poder o la protección de las minorías, sino el derrumbamiento del capitalismo, la vía parlamentaria de acceso al socialismo de Salvador Allende, los debates de la II y III Internacional, la conversión del valor de uso en valor de cambio, etcétera.
De este abigarrado mobiliario ideológico, cualquier proyecto político que no diese por supuesto el restablecimiento de la República, un breve proceso de transición hacia una economía planificada y las instituciones de una democracia popular carecía de hueco.
La Transición fue un milagro.
Para Ángela Cervantes (Barcelona, 33 años), estos han sido unos meses frenéticos. Su nominación al Goya a mejor actriz protagonista por La furia, en la que da vida a una joven que busca recomponer su vida tras sufrir una agresión sexual, la sumió en esa espiral de presentaciones, pruebas de vestuario y entrevistas que pone a prueba la resistencia de cualquiera. En su caso, pese a que esta es su tercera nominación en menos de un lustro —prueba del lugar central que ha conquistado en el cine español—, el reto se intensifica por su carácter reservado. “Echo de menos cosas de mi rutina como hacer ejercicio, cocinar rico o pasar tiempo con la gente que quiero porque este trabajo te hace desaparecer mucho. También soy bastante solitaria: a veces lo único que quiero es estar sola en casa y descansar”, explica. Ese deseo de recogimiento, sin embargo, convive con un momento profesional en plena expansión. Lapönia (en cines el 1 de abril), comedia que adapta el exitoso montaje teatral, sitúa a Cervantes en el centro de un conflicto familiar navideño repleto de tensiones y verdades incómodas. El anhelado descanso, de momento, tendrá que seguir esperando.
EstilismoPaula Delgado
Maquillaje y peluqueríaRebeca T. Figueroa (Another Agency) para Dior Beauty
ProducciónCristina Serrano
Asistente de estilismoJoana Real
Asistente de producciónMarina Marco
El tremendo embrollo político vivido en el Capitolio de los Estados Unidos este viernes no ha servido para desbloquear el cierre presupuestario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en sus siglas en inglés), que está sin fondos desde el pasado 14 de febrero, mientras que miles de funcionarios federales encadenan varias semanas sin cobrar sus salarios.
“Desde Eva ninguna manzana había representado una tentación tan grande”. La célebre frase atribuida a un periodista de The Wall Street Journal con motivo de la salida a Bolsa de Apple Computers en 1980 sigue vigente hoy en día, cuando la compañía fundada por Steve Jobs y Steve Wozniak el 1 de abril de 1976 en el garaje de sus padres en California está a punto de cumplir 50 años en perfecto estado de salud financiero, pero con múltiples retos por delante que auguran un futuro complejo.
Una vivienda que es una respuesta directa al sitio donde se ubica. Una arquitectura que responde a él, que se integra, que no se impone. Así es Casa Balma Murada, el último proyecto de Mesura. El estudio de arquitectura catalán, compuesto por cinco amigos arquitectos, es uno de los nombres con más proyección de nuestro país gracias a hits como la casa en Madrid de Javier Calvo y Javier Ambrossi, la tienda de Aesop en Barcelona con piedras de la Sagrada Familia, Casa Ter en el Ampurdán o, más recientemente, Casa Batlló Contemporary para exposiciones de arte en la mítica obra de Gaudí, una intervención que dialoga con el patrimonio barcelonés. Dentro de poco terminarán un edificio entero en el barrio de Poblenou, están avanzando en la construcción de un museo de arte digital en Riyadh para el año que viene y toda Barcelona habla de un proyecto de recuperación muy especial que tienen entre manos, pero del que todavía no pueden contar nada, aseguran. Proyectos distintos entre sí, pero unidos por una misma manera de entender la arquitectura: siempre desde el contexto, la materia y la experiencia del espacio.
La matrona Laia Casadevall (Vic, 40 años), autora de Guía para un embarazo consciente (Vergara 2021) y de Maternidad consciente (Vergara, 2024) , regresa con el que es su tercer libro, No estás sola (Vergara, 2026). Es un volumen en el que pone el foco en las dinámicas del sistema sanitario que pueden vulnerar los derechos de las mujeres durante el embarazo y el parto. A partir de testimonios reales y un análisis crítico, la también divulgadora aborda la violencia obstétrica y plantea la necesidad de transformar la atención hacia modelos más respetuosos, basados en la evidencia científica y en la autonomía de las pacientes.
Viajar en tren por Alemania hace tiempo que dejó de ser algo placentero para convertirse en una fuente de estrés y de enfado por los constantes retrasos, cancelaciones, averías, obras en las vías y el mal estado de muchos vagones que obliga a cerrarlos por falta de electricidad o por un sistema de aire acondicionado averiado por no estar preparado para hacer frente a un periodo largo de altas temperaturas. Es tema recurrente en las conversaciones donde la gente relata con frecuencia cómo perdieron conexiones o cómo no lograron llegar a algún sitio porque su tren fue cancelado. “Yo no necesito que la Deutsche Bahn (DB) me invite a un café. Lo único que pido es que cumpla con el servicio que he pagado”, se quejaba a la revisora un pasajero enojado, que le ofrecía un café gratis en un tren que había salido con retraso de Berlín.
España vive una crisis de vivienda que impide el acceso, especialmente a muchos jóvenes, a adquirir un inmueble en propiedad. La falta de nuevas promociones, unida al apetito voraz de fondos de inversión y de particulares por adquirir casas y pisos para hacer negocio, ha llevado a que cada vez haya menos casas disponibles y a que las que quedan sean más caras. Pero el problema no es solo el encarecimiento del precio de los inmuebles: el coste real de comprar una vivienda es muy superior al que aparece en los anuncios.
La respuesta cambia. A veces está en una pastelería clásica, otras en un restaurante que decide reinterpretarlas y, este año, incluso en un puesto de mercado en Vallecas, donde una pastelera ha conseguido ponerlas en el mapa gastronómico de Madrid. La torrija sigue viva, evolucionando, encontrando nuevos formatos sin perder ese recuerdo de casa.
Cualquiera que haya entrado en X (anteriormente Twitter) en los últimos cuatro días, probablemente se habrá cruzado con este mensaje:
Los tiempos siguen siendo la clave a la hora de valorar el impacto que la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz tendrán en la economía global y en la inversión. Charlotte Daughtrey, especialista en inversiones en renta variable de la gestora estadounidense Federated Hermes —con activos bajo gestión de 902.600 millones de dólares—, confía en que el conflicto finalice en las próximas semanas. Un cálculo que en su opinión anima a seguir invertido en el mercado y a esperar la remontada que podría traer la declaración de al menos un alto el fuego, una suerte de “rally de la paz” según Daughtrey. “Hemos visto algunas entradas de fondos de clientes en las últimas dos semanas, lo cual ha sido prometedor”, añade la gestora.
Terremoto en las big tech. Mientras en el mercado se sigue hablando de burbuja con la inteligencia artificial (IA), las grandes tecnológicas han sufrido un castigo durísimo en Bolsa desde finales del pasado año, que ha evaporado de las carteras de los inversores, en su conjunto, cerca de 5,5 billones de dólares (casi 4,8 billones de euros) en términos de capitalización bursátil. Las dudas sobre las fuertes inversiones comprometidas por estas compañías en IA, el impacto de esta nueva tecnología en las empresas de software y la incertidumbre sobre la guerra en Irán están lastrando a las big tech.