“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Al despertar cada mañana, Isabel Ruiz abre Google Maps. Señala su casa en Rincón de la Victoria como punto de salida y la Universidad de Málaga, donde trabaja, como destino. El trayecto de la herramienta por la autovía A-7 suele estar plagado de color naranja y rojo, reflejo de circulación densa o incluso detenida. “Cada día hay atascos por algo diferente: una avería, un accidente, la lluvia”, indica la profesora de Relaciones Públicas. “A veces debo salir con más de una hora de antelación para un trayecto de 20 minutos”, subraya. Su calvario es el mismo que el de miles de personas que se desplazan a diario hasta la capital malagueña desde el área metropolitana. La expulsión de la población desde la ciudad a su entorno, la falta de nuevas infraestructuras y un escaso desarrollo del transporte público están en la base de un problema de movilidad que sufren miles de personas a diario: según el Plan de Infraestructuras del Transporte y la Movilidad de Andalucía (Pitma) de la Junta de Andalucía, el 85% de los desplazamientos entre municipios malagueños se hace en vehículo privado.
Cerca de la plaza de Nelson Mandela, en el corazón del madrileño barrio de Lavapiés, se pueden ver pegados sobre las fachadas de algunos comercios, todavía cerrados por el periodo navideño, carteles en blanco y negro que declaran a Javier González Herráez enemigo de Lavapiés. En el anuncio se lee que este empresario es responsable del desalojo del solar popular de la calle Valencia, donde se construyó el hotel Ibis. Ahora ha comprado los números 1 y 3 de la calle de los Cabestreros para, dicen los vecinos, especular con las fincas. “Por estos motivos lo declaramos enemigo del barrio. Fuera especuladores”, reza el cartel. Justo allí, en una esquina de la plaza, se encontraba el mítico restaurante senegalés Baobab, que se convertirá en un hostal cápsula de 288 plazas.
“Mi semen es de fuerza” es una frase que forma ya parte de la cultura pop gracias a José Ortega Cano. En 2022 el torero, que tiene 72 años, presumió en el programa de Ana Rosa Quintana de seguir pudiendo tener hijos. “¡Vamos a por la niña", exclamó ante la mujer que hoy es su expareja. Tres años después, otra figura habitual de la farándula, aunque perteneciente a un espectro alejado del folclore patrio, Ashton Pienaar, exmiembro del elenco del programa de telerrealidad Bajo Cubierta (o Below Deck, disponible en plataformas como HayU o Netflix) ha reabierto las conversaciones acerca de la optimización de la calidad del esperma.
El año que terminará con la primera edición del nuevo gran premio de F-1 de Madrid, empieza con un patrocinio deportivo de récord en la región: el gobierno de Isabel Díaz Ayuso (PP) pagará 18.271.000 euros por acoger en la capital de España una treintena de partidos del Eurobasket de 2029, cuyo duelo inaugural se disputará en un templo del fútbol como el Bernabéu. El acuerdo, recogido este miércoles en el boletín oficial de la región, y aprobado a finales de 2025 por el consejo de gobierno, según documentación vista por EL PAÍS, explicita a través de la designación de Madrid como sede del torneo continental el choque de modelos que se medirá en las elecciones autonómicas de 2027. Es el Madrid de los espectáculos que parece impulsar el PP contra el Madrid de los barrios que dicen defender Más Madrid, PSOE y Vox. El gobierno regional, explica un portavoz, nunca había pagado tanto por un patrocinio de estas características desde que Díaz Ayuso es presidenta (2019).
La presión ejercida por la comunidad judía, sobre todo de Barcelona, ha provocado que la plataforma tecnológica GoGocarto desactive de su web un mapa de la capital catalana donde -de forma colaborativa- se había identificado establecimientos, comercios y entidades próximas al sionismo. El mapa marcaba negocios cuyos propietarios son judíos o israelíes. También señalaba multinacionales o empresas proisraelíes, con sedes o franquicias en la capital catalana, acusadas de colaborar con el estado de Israel al que se acusa de practicar un genocidio sobre el pueblo palestino.
Tengo una hija de 5 años que lleva el pelo corto. No debería ser esa combinación algo muy extraño, pero se ve que sí, que ser niña, tener 5 años y no llevar el pelo largo es, madre mía, la cosa más rara nunca vista, un asunto político de primerísimo nivel.
“Admiré su talento para captar y fijar ambientes, cuerpos hermosos, vivencias y ritmos, repliegues sombríos de la noche urbana, extravagantes efusiones de la modistería, efluvios de apocados guateques, alcoholes furtivos y residuales de la pertinaz dictadura. Los carnosos años sesenta. Y, sobre todo, rostros”. Qui millor que Juan Marsé per resumir l’obra del fotògraf Cèsar Malet (1941-2014) des de la perspectiva que dona el pas del temps. Aquestes paraules daten del 2007, però l’amistat entre tots dos es va cuinar a les nits del Bocaccio, l’epicentre de la Gauche Divine, el remolí que va sacsejar la Barcelona de finals dels seixanta i principis dels setanta.
Cèsar Malet. Autoretrat. Ironia, estètica i passióFins al 24 de maig
Arxiu Fotogràfic de Barcelona
“No hubo boda”, relata Aya, cuyo nombre se ha cambiado para preservar su anonimato. “Solo miedo y un estigma que durará para siempre”, añade. En 2024, esta joven sudanesa que ahora tiene 19 años fue obligada a casarse con un soldado de las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), mientras su familia era retenida a punta de pistola en Jartum.
“Cuando tenía 17 años me di cuenta de que mi cuerpo era un lienzo en blanco, de que podía manipular cómo la gente me veía y cómo respondía ante mí. Creo que eso, en sí mismo, es arte. La gente me va a mirar de todos modos vista lo que vista, así que les doy un motivo para hacerlo”, dice Daniel Lismore por teléfono desde Londres, la ciudad a la que se mudó aún adolescente a principios de los 2000 y convirtió en su casa. “Toda esa gente increíble, Björk, Pete Burns, Boy George, Steve Strange, estaba allí, y los club kids de los noventa bailaban en la pista del Ghetto en el Soho, muchos de ellos habían vivido la epidemia del sida. Para mí esa era la cultura de Londres, y me hice en parte de ella a principios de los 2000”, recuerda.
Los dinosaurios no vieron venir el asteroide que los extinguió. Una de las preguntas que todos nos hacemos, qué hubiéramos visto de estar presentes aquel infausto día del Cretácico final, hace 66 millones de años, cuando impactó contra nuestro planeta el asteroide que acabó con una gran parte de la vida en la Tierra, la contesta con extraordinario realismo y dramatismo la paleontóloga estadounidense transgénero Riley Black en su libro Los últimos días de los dinosaurios (Capitán Swing, 2025). Entre lo más sorprendente, que ni nosotros ni un dinosaurio habríamos podido ver el asteroide en el cielo, dada la velocidad a la que llegó. Adiós, pues, a la impactante (y valga la palabra) imagen que ha poblado nuestros sueños y tantas representaciones de aquel momento terrible, la del T. Rex alzando la poderosa cabeza, abriendo las fauces y rugiendo retador hacia el firmamento en el que brilla el ojo de la destrucción del bólido asesino que se abatió sobre el mundo.
Se dice que todo artista trabaja, en el fondo, sobre el mismo problema fundamental, dando vueltas a una misma idea a lo largo de toda su trayectoria. Así, a Txema Salvans (Barcelona, 1971) siempre le ha intrigado la complejidad de la condición humana y sus contradicciones. Observa la realidad con distancia, mucha paciencia y una lucidez incómoda. Interesado en los márgenes del ocio, en esos espacios donde la sociedad baja la guardia, convierte lo cotidiano en escenas llenas de ironía y de tensión. Sus inquietudes siempre acaban siendo las mismas: esa mirada de extrañeza sobre el mundo, sobre cómo nos comportamos, qué hacemos, y cómo, al fin y al cabo, nos hemos adaptado a un sin sentido, y hemos llegado hasta aquí.
Casi todos los nombres propios de los gigantes tecnológicos —Elon Musk, Sam Altman, Mark Zuckerberg, etc.— son significantes vacíos hasta que los llenamos con información fiable y emiten entonces algo parecido a una fisonomía moral creíble. Este libro explora sobre todo la catadura psicopática y mesiánica de Sam Altman (sus héroes íntimos son la película Her y… Napoleón) y su evolución empresarial. La información privilegiada que maneja Karen Hao va desde documentos confidenciales destinados al consumo interno de Open AI —la empresa impulsora de ChatGPT— hasta infinitas entrevistas e emails intercambiados por Elon Musk —copresidente germinal de la empresa— con el propio Altman y altos directivos y trabajadores. No suele coincidir, si coincide alguna vez, la versión pública de sus intenciones idealistas y fraternas con lo que dice esa documentación reservada y confidencial sobre sus prácticas empresariales. No es extraña esa distancia pero aquí la diferencia es tan sideral que obliga a la autora a sintetizar su tesis en que en Altman alienta un proyecto de centralización imperial a través de la IA.
El imperio de la IA. Sam Altman y su carrera por dominar el mundoKaren Hao Traducción de Jorge Paredes Península, 2025 688 páginas, 23,90 eurosLínea por línea el fútbol se nutre de pequeñas sociedades que contribuyen a la mejora individual y a la continuidad del juego colectivo. Desde que Julián Alvarez aterrizó en el Atlético de Madrid, a Diego Pablo Simeone le ocupa y le preocupa encontrarle un acompañante que haga explotar todo su potencial a su delantero de cabecera. El jugador franquicia del club atraviesa una mala racha goleadora —un tanto en los ocho últimos partidos de Liga— que el técnico argentino interpreta como pasajera. Sin mencionarla, Simeone aludió este miércoles a la inquietud de su compatriota las semanas previas a su reciente primera paternidad. “A veces no hace falta hablar y otras veces conviene hablar de cosas que no son de fútbol y sí de la vida, que también son importantes. Más allá de un futbolista hay una persona, y lo importante es que la persona esté bien”, reflexionó el técnico.
Mientras el mundo mira hacia Venezuela tratando de decidir si lo que allí ocurre tiene algo que ver con la liberación de un pueblo o con una mutación del colonialismo de siempre, el fútbol español vuelve a hacer las maletas rumbo a Arabia Saudí, como esos pájaros que migran hacia zonas más cálidas cuando el frío empieza a torcerles el pico. Vuelve a Arabia, vuelve. Porque esta columna ya la hemos leído antes. Es la misma de todos los años por estas fechas desde que Luis Rubiales y compañía decidieron monetizar un “torneo que estorbaba”, si acaso con algunos matices o variaciones en el decorado.
Son espacios donde conviven tradición y gastronomía. Aunque la excusa también puede ser socializar. Todas tienen su propia personalidad, cocina popular, cuidada, acompañada de vinos, vermuts o cervezas. El encanto reside en la cercanía y en la autenticidad, así como disfrutar de uno de los iconos de la gastronomía española: las tapas, esas pequeñas porciones de sabor que permiten probar distintos platos en una sola comida. Los expertos de EL PAÍS que han participado en la elaboración de la Guía Gastro 2026 eligen una decena de casas donde disfrutar de buenas tapas.
Igual que por mucho que se pueda visitar Alejandría ya nadie volverá a ver la legendaria ciudad de los Ptolomeos, para cenar en el edificio Seagrams de Nueva York basta con reservar una mesa, pero su mítico restaurante hace ya casi una década que existe solo en el pasado. Cerró en 2016 y, aunque una parte permanece en el establecimiento que lo sustituyó después (ahí sigue su famoso estanque de mármol), ni siquiera el más minucioso trabajo de arqueología podría devolverlo. Aquel mismo año, una subasta dispersó la preciosa vajilla y los muebles. También la antigua clientela que por tanto tiempo los utilizó ha ido desapareciendo. Esta es la historia de un restaurante que ya no existe.
El nuevo lujo se llama desconexión. Una respuesta lógica a la saturación digital que padecemos. Pasamos casi siete horas al día conectados a internet. Nuestro descanso se interrumpe constantemente por notificaciones y nos persigue la ansiedad si no estamos “conectados” incluso en el rincón más remoto del planeta. En este mundo hiperconectado, se han convertido en todo un lujo las vacaciones sin wifi, sin mail, sin selfies, sin Stories, y sin consultar en todo momento a Google Maps. Esta necesidad de combatir la fatiga digital es la tendencia más potente e irreversible del turismo actual y ya hay incluso viajes en grupo para practicar el “detox digital”.
Más información en www.lonelyplanet.es
La adolescencia se presenta como una etapa especialmente difícil de acompañar con calma y empatía. En pleno proceso de definir su identidad y envuelto en una cascada de cambios físicos, psicológicos, cognitivos, sociales y emocionales, el adolescente suele adoptar conductas imprevisibles o contradictorias, marcadas por la tensión constante entre la necesidad de autonomía y el deseo de sentirse respaldado.
Hay un pequeño conflicto entre dos amigos, no se habla o no se quiere abordar, se guarda, pero no se olvida. Sucede otro, se registra junto al anterior en la mente de cada uno, no se afronta, pero no se olvida. Y así hasta que, llegado un momento, un problema que parece pequeño explota como si se tratase del mayor conflicto que han tenido. Las relaciones de amistad se pueden romper de muchas maneras, y la ruptura por deterioro es una de las más comunes, pero, a la vez, tiene la resolución más fácil a través de la comunicación. “Siempre suele haber una acumulación de conflictos que no se han resuelto bien por problemas de comunicación y mala gestión. En la amistad, lo que pasa es que no estamos tan acostumbrados a hablar de forma tan sincera, como por ejemplo en la pareja, y no se habla de expectativas, límites, compromiso o incluso sentimientos”, explica la psicóloga Núria León.