“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
El referente de Aitor Ruibal (1996, Sallent de Llobregat) es su abuelo, Rodrigo. Era quien le pelaba la fruta de la merienda, le daba 20 euros cuando los necesitaba y lo llevaba todos los días a entrenar a 120 kilómetros, hasta Cornellá, el primer equipo importante de este futbolista. “Mis padres trabajaban. Si él no hubiese estado… No sé qué hubiese sido de mí”, reflexiona. Gracias a los esfuerzos de su yayo hoy Aitor puede presumir de haber ganado una Copa del Rey, disputado una final de la Conference League y lucir el brazalete de capitán del Real Betis Balompié.
La inédita reserva acumulada en los embalses de España tras el tren de borrascas del último invierno es un espejismo porque, como advierte Pedro Parias, secretario general de la asociación de comunidades de regantes de Andalucía Feragua, “queda un día menos para la próxima sequía”. El uso del agua regenerada (residuales tratadas de forma óptima) puede ser un salvavidas más para los náufragos del cambio climático, además de evitar otra denuncia de Bruselas a España, como la presentada el pasado miércoles.
El testigo protegido 215, aún con la voz distorsionada, lo dijo claro y varias veces ante el juez y los miembros del jurado: “Fuimos a robar 1.500 kilos de droga —1.000 kilos de hachís y 500 de cocaína— pero nos estaban esperando". La noche del 25 de abril de 2009, lo que supuestamente iba a ser un “vuelco [robo de droga] seguro" porque “la información la habían facilitado varios agentes corruptos de la Guardia Civil”, resultó una suerte de emboscada, “una balacera”, describió. En la refriega, murieron dos de sus compinches y compatriotas colombianos: Derian José Morales Feria, de 36 años, y Eduard Andrés Gómez Tabares, de 25 años. Han pasado 17 años de aquellos hechos y en estos días en la Audiencia Provincial de Málaga se celebra el juicio por el conocido como el “crimen de los colombianos”.
Joan Subirats (Barcelona, 74 años) aúna medio siglo de academia —es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona— y una corta pero intensa experiencia política: fue teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Barcelona con Ada Colau y llegó, durante dos años, a ministro de Universidades. Una vida dedicada al estudio de las políticas públicas, con interés en otros asuntos como la desigualdad o el municipalismo. Ahora publica el ensayo La brecha entre el saber y el hacer (Anagrama), donde explora las relaciones entre el conocimiento científico y las decisiones políticas.
Todo es mentira. Un bulo. No hay ningún niño madrileño con discapacidad intelectual ingresado por falta de plazas en Ávila, lejos de sus padres, separado por horas de carretera, huérfano de abrazos y visitas frecuentes. Corre 2001, y esa es la respuesta que obtiene Eduardo Sánchez Gatell, diputado socialista, cuando recibe la queja de una familia y pide explicaciones al Gobierno. “Y yo me he sorprendido mucho cuando he leído en la prensa que 34 niños de nuestra Comunidad se han quedado en la calle por un problema estructural de la residencia (en Ávila)”, se lamenta Sánchez Gatell cuando se destapa la verdad, según el diario de la Asamblea, en el que se aclara que en el grupo hay una decena larga de adultos. Han pasado 25 años, y aquella decisión de cubrir la falta de plazas en otras provincias aún da coletazos. Madrid acaba de licitar dos contratos para mantener la atención en Ávila y Málaga de cuatro mayores, ya que sacarlos de su rutina e integrarlos ahora en el sistema madrileño sería perjudicial. El programa, dice un portavoz gubernamental, terminará cuando se mueran.
Seguramente el canciller alemán, Friedrich Merz, no se imaginaba que cumpliría un año en el puesto en medio de tensiones con su socio de Gobierno, los socialdemócratas, por el paquete de reformas que necesita el país urgentemente, y teniendo que capear también con una nueva crisis energética y el descontento del presidente estadounidense, Donald Trump, con quien hasta ahora siempre se había vanagloriado de mantener una relación cordial y de hablar con regularidad.
La política del Reino Unido tiende a la aceleración. Los plazos se consumen a velocidad de vértigo. La popularidad del laborista Keir Starmer, que se convirtió en primer ministro hace menos de dos años con una mayoría parlamentaria aplastante, no llega hoy al 19%, según la última encuesta de YouGov. Y su futuro político depende de las elecciones que se celebran el jueves —municipales en Inglaterra, autonómicas en Escocia y Gales—, en las que todos los sondeos vaticinan un hundimiento histórico del Partido Laborista. Starmer lucha por su supervivencia mientras la izquierda británica permanece apática y fragmentada y la ultraderecha sigue en auge.
Juma Bilal, un albañil sudanés de 32 años, en mayo del año pasado, tomó la difícil decisión de huir de la guerra civil que asola su país desde 2023. Con su mujer y cuatro hijos, la familia dejó atrás Jartum, la capital, y encontró refugio en el campamento de Ajoung Thok, en el norte de Sudán del Sur. “Aquí no conocíamos a nadie, pero habíamos oído que había refugiados”, comenta, “así que decidimos venir con nuestros hijos para que pudieran encontrar una oportunidad”.
“La última vez que escuché la voz de mi madre fue la noche antes del pasado 12 de diciembre, cuando la arrestaron por decimocuarta vez”, cuenta la hija de Narges Mohammadi. La Premio Nobel de la Paz de 2023, hoy con 54 años, ha dedicado toda su vida a la defensa de los derechos humanos en Irán. En total, ha pasado casi diez años en prisión, intercalados con breves episodios de libertad. Años que han tenido un alto coste personal y para su salud. Hoy permanece inconsciente en una cama de la unidad de cuidados coronarios de un hospital en la provincia de Zanyán, su ciudad natal, la misma donde se encuentra la cárcel en la que ha pasado los últimos 140 días.
El presidente francés, Emmanuel Macron, propuso este martes como nuevo gobernador del Banco de Francia a Emmanuel Moulin, ex secretario general del Elíseo y estrecho colaborador, en sustitución de François Villeroy de Galhau. Este presentó su dimisión el pasado mes de febrero, un año antes de que acabe su segundo mandato, y dejará el cargo a mediados de junio.
Después de semanas de tensiones y sobresaltos, la Bienal de Venecia logró inaugurar este martes una de las ediciones más convulsas de su larga historia. Lo hizo con dos pabellones convertidos en focos de polémica: el de Rusia, que regresa tras dos ediciones de ausencia desde la invasión de Ucrania, y el de Israel, que vuelve al certamen después de que su exposición de la edición de 2024 nunca llegase a abrir al público, en plena guerra de Gaza. Se les sumó la retirada in extremis de Irán, anunciada el lunes a pocas horas del arranque. La 61ª edición de la bienal más antigua del mundo, fundada en 1895, vuelve a recordar que nunca fue solo una exposición, sino también una representación a pequeña escala del tablero geopolítico.
“¿Qué puedo hacer por ti?”, pregunta Elena del Rivero (Valencia, 76 años), con una taza de té en la mano, sentada en la cocina de su casa nueva de Madrid. Bueno, no es nueva, cuenta que la adquirió en 2013, pero ahora se ha mudado definitivamente allí. La artista —que ha trabajado ensamblajes, pintura, fotografía o instalaciones— ha cambiado el Village neoyorquino por Arganzuela. Le costó dar el paso, pero está contenta. “Llevaba en Estados Unidos 38 años. Y siempre pensé que moriría allí, pero la vida te hace cambiar de ideas. Mi hija está en París, quiero estar más cerca de ella. Esa es la primera razón para el cambio”, enumera, “la segunda es que, con el paso del tiempo, al hacerme mayor, veo que quiero estar cerca de donde nací, de mi hermano... Y la tercera es la degeneración de Estados Unidos en este último año, que lo ha precipitado todo para mí. Cuando llegué allí en los ochenta tuve una gran libertad para hacer lo que quise. Notaba mucho la diferencia con España, también en la actitud de la gente, ese carácter anglosajón: te mueven a hacer cosas que te ayudan, que te abren. Allí no he visto tantas envidias y me han apoyado mucho siendo extranjera, inmigrante. Yo no tenía papeles cuando llegué y, sin embargo, me ayudaron a que todo fuera posible”.
Martín Caparrós ha escrito un libro formidable que trata de Argentina en 1933, cuando estaba cerca la guerra mundial. Da la impresión de que él estaba allí. Lo cuenta todo, los personajes parecen sus confidentes, los nombres propios coinciden con algunos de los que entonces estaban vivos, y siguieron vivos cuando él, Caparrós, ya era periodista en su país y en el mundo. No hay una línea que no tenga que ver con aquel tiempo, y sin embargo es notorio que él, el cronista, el que lo cuenta, no estuvo allí.
Todo por la patria Martín Caparrós Galaxia Gutenberg, 2026 264 páginas. 21 eurosPedro Alonso (Vigo, 54 años) se levantó este lunes con energías renovadas. Había descansado bien. Salió a por un café a las calles de A Coruña, donde está grabando su nueva película, y caminó por la Ciudad Vieja. Entonces empezó a ser consciente de que esa no sería una semana cualquiera. A las 10 de la mañana estaba hablando por teléfono con EL PAÍS: “Hace un rato me decía una persona de prensa de Netflix que íbamos a tener un rato largo para charlar. Pero es que para esta conversación necesitaríamos cinco días”, adelanta. No es una entrevista más de promoción de Berlín y la dama del armiño, la nueva entrega de la serie de Netflix sobre las andanzas de su personaje antes de La casa de papel y que regresa el 15 de mayo. Pedro Alonso ha tomado una decisión: no volverá a encarnar a Berlín. Esta semana viajará a Madrid para conceder más entrevistas y seguirá el tour en Sevilla, donde están ambientados los nuevos episodios. Antes de todo eso, casi una hora de conversación pausada y en la que el actor meditará mucho sus palabras. “Siento que me va a golpear la emoción por sitios que no espero”, adelanta.
“Me acuerdo de las palabras de Rafa Nadal cuando dijo que la confrontación con Federer le ayudó a mejorar”, dijo Luis Enrique, despeinado y barbudo en la sala de conferencias del Allianz Arena, ayer por la tarde. “Se lo transmito a mis jugadores. Sentimos admiración por el Bayern. Este rival nos puede motivar a buscar nuestra mejor versión, porque llegados a este punto necesitaremos competir mejor que nunca. Aquí el reto es superar a un equipo que juega de manera sensacional”.
La redacción del plan de parto, documento oficial en el que una embarazada expresa sus preferencias y expectativas de cara al nacimiento del bebé, se ha generalizado entre las madres en los últimos años y cada vez más mujeres lo presentan cuando se disponen a dar a luz. En su segundo libro —el primero fue El arte de crearte: Desde el embarazo al parto (Espasa, 2024)— Al otro lado de la piel (Espasa, 2026), la matrona Rocío García-Viso (Madrid, 32 años) propone ir un paso más allá y dar forma también, durante la gestación, a un plan de posparto familiar que estipule los deseos de la madre y de su pareja para los primeros días y semanas de vida del recién nacido. “El posparto es algo en lo que normalmente no se piensa hasta que sucede. Y cuando sucede, a veces es muy abrumador”, sostiene la también divulgadora, experta en embarazo, parto y posparto con más de 186.000 seguidores en su cuenta de Instagram.
Todos los jueves, Tamara (40 años) queda con unas amigas. Es una costumbre que empezó en 2012 gracias a una biblioteca, donde algunas estudiaban oposiciones y otras las últimas asignaturas de la carrera, y que se ha mantenido a lo largo del tiempo y de los cambios vitales de las participantes, que ahora tienen entre 38 y 43 años. “En esos jueves se ha pasado de hablar de estudiar y primeras entrevistas de trabajo, a hipotecas, rupturas, hijos, vivir fuera, volver…”, relata.
Es sabido que en la calidad del resultado final de una serie de televisión intervienen numerosos factores, desde la producción, el guion o la selección de los intérpretes hasta el vestuario, la fotografía o las localizaciones. Pocas veces las localizaciones resultan tan condicionantes como en la serie británica Under Salt Marsh (bajo la marisma).
La salud global atraviesa un momento delicado. La situación geopolítica mundial y el recorte sin precedentes de la financiación internacional en salud amenazan décadas de avances en la lucha contra epidemias y enfermedades infecciosas. La ayuda al desarrollo para la salud cayó un 21% entre 2024 y 2025, el nivel más bajo en más de 15 años, y se espera que disminuya aún más hacia 2030.
En los últimos años, Arabia Saudí se ha consolidado como uno de los inversores más activos y ambiciosos del mundo. Desde la financiación de la ciudad futurista de Neom, a orillas del mar Rojo, hasta el fichaje de Cristiano Ronaldo para el Al-Nassr y la organización de un Gran Premio de Fórmula 1 en Yeda, pasando por su desembarco en empresas occidentales como SoftBank, Uber o Telefónica, el talonario de Riad apenas ha dejado sectores sin explorar.