“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
En lo que va de temporada, la montaña se ha cobrado la vida de ocho personas en los Pirineos, la cifra más alta en tres décadas. Las dos últimas fueron el pasado 29 de enero en Cerler (Huesca) cuando dos jóvenes de 22 y 25 años quedaron atrapados en una avalancha en una zona fuera de pista. Desde la pandemia, el esquí de montaña y el freeride (esquí fuera de pistas marcadas) se han popularizado hasta el punto de que muchas estaciones promocionan abiertamente las salidas fuera pista.
El relevo de Carles Puigdemont como líder de Junts per Catalunya sigue siendo un tabú en el partido independentista y en su entorno. Lo pudo comprobar Artur Mas la semana pasada, cuando se vio obligado a rectificar en 24 horas unas muy prudentes y respetuosas consideraciones sobre el cambio de liderazgos en la derecha nacionalista realizadas en una entrevista periodística. Para los suyos, Puigdemont es intocable.
El auge de la ultraderecha global puede verse como una epidemia. No estalla de golpe: primero es una fiebre leve, casi imperceptible; luego se propaga, muta, se vuelve contagiosa; finalmente, se instala como un clima y deja de alarmar, porque se ha vuelto cotidiana. “Estamos en la fase más desarrollada de la epidemia”, dice Franco Delle Donne, el investigador argentino autor de Epidemia ultra. Del fascismo europeo a Silicon Valley: anatomía de un fenómeno que está conquistando el mundo (Península), donde defiende que las fuerzas democráticas cometieron un grave error al subestimar los brotes ultras hasta que se extendieron... y fue demasiado tarde. Ya están aquí.
A sus 60 años, Uwe Boll (Wermelskirchen, Alemania) es plenamente consciente de que su nombre muchas veces va acompañado de una descripción: “el peor director vivo”. Con el tiempo ha aprendido a abrazar ese apelativo y a encontrar su público: “Al principio es complicado que todas las críticas te pongan a caldo. Pero luego te quedas con lo positivo. De repente, décadas después, mis películas están en lo más visto en plataformas”, cuenta en inglés con su fuerte acento alemán en su visita a la CutreCon de Madrid, donde abraza plenamente el cine trash, con chistes del público durante las proyecciones de su obra, y no tomándoselo demasiado en serio.
Cuando era niño, Antonio Najarro (Madrid, 50 años) patinaba desde su casa hasta el Conservatorio. Su vocación era el baile y la desarrolló hasta convertirse en una destacada figura de la danza española y el flamenco, llegando a dirigir el Ballet Nacional de España de 2011 a 2019. No sabía entonces que el patinaje sería otra manera de darle forma y difusión al baile. Ni siquiera lo tuvo claro cuando en 2002 recibió aquella primera petición de crear una coreografía para los patinadores olímpicos franceses Marina Anissina y Gwendal Peizerat, que habían estado un tiempo por Andalucía trabajando con otros creadores de flamenco, al parecer sin mucho éxito. “Me pareció muy difícil. El flamenco es tan de tierra y de raíz, que hacerlo sobre hielo me resultaba casi una locura. Pero me pudo la curiosidad”, cuenta por teléfono a EL PAÍS. “Vieron mis trabajos y que yo también había coreografiado para moda y cine, y entiendo que esa apertura de llevar la danza más allá de la escena les interesó”.
El mundo va mal, pero al menos tenemos a Lucinda Williams. Es decir, Dios aprieta, pero no ahoga. World’s Gone Wrong, o “El mundo va mal”, es el título del nuevo álbum de la cantante estadounidense y, dentro de los grandes sinsabores y desastres que afectan al planeta, es buena noticia que aparezcan propuestas artísticas dispuestas a dar candor y, más difícil todavía, que lo hagan mirando de frente a los tiempos. Williams, una de las mejores retratistas emocionales del folk-rock norteamericano, ha compuesto un disco en el que disecciona algunos de los problemas más acuciantes de EE UU y, por consiguiente, un poco de todos, aunque solo sea por el efecto rebote de la aún primera potencia.
World’s Gone Wrong Lucinda Williams Highway 20 Records / Popstock!La muerte de Fernando Esteso el 1 de febrero ha desatado en algunos aficionados al cine una cierta llamada a la nostalgia. Y el recuerdo del llamado “cine de destape” ha asaltado algunos medios de comunicación. Los nombres de Esteso, Andrés Pajares, Mariano Ozores y los de muchas actrices (que fueron quienes, en realidad, sostuvieron aquellas películas) han regresado desde la memoria. Pero toda nostalgia encierra trampas, y esta ocasión las muestra con claridad. El cine de destape tuvo una corta vida, pero prolífica. Y sumó a las arcas del cine español abundantes entradas vendidas en las salas. No era de extrañar en un país que se asomaba al final de 40 años de dictadura. Fernando Esteso, junto con Andrés Pajares, siempre será, en la memoria, el paradigma de aquel cine, un cine popular, sí, pero también desmañado, pedestre y finalmente cavernícola.
Paseamos por la exposición que el Guggenheim Bilbao dedica a la obra poliédrica de Maria Helena Vieira da Silva con la sensación de atravesar un mundo en descomposición, sometido a un desgaste silencioso. Sus cuadros transcurren en una ciudad sin centro ni periferia, donde las líneas nunca llegan a ser avenidas y los edificios dudan entre derrumbarse o resistir. El espacio urbano, en sus cuadros, es un caleidoscopio de formas trabajosamente irregulares, poblado por bailarines exhaustos y jugadores atrapados en partidas de naipes que querrían abandonar. En la pintura de la artista portuguesa, la geometría no es la cuadrícula heroica de las vanguardias, sino un ajedrezado imperfecto y poscubista, hecho de ejes cruzados que prometen simetría solo para traicionarla.
Aissatou Ndiaye no encontraba en España, cuando llegó en el año 2000, hoja bissap, okra o querékeré para cocinar los platos de su Senegal natal. Algo similar vivió la chilena Daniela Aravena al llegar a Madrid, que se sintió perdida, sin algún rincón para refugiarse y en el que se encontrara como en su país. Domingo Cañeso no recordaba las recetas que su madre le cocinaba en Manila, pero sí los sabores filipinos, que desde entonces intenta recrear a golpe de memoria. Migrar significó para los tres, no solo dejar atrás a su familia y cultura, sino también su gastronomía, parte fundamental de su identidad.
Las sombras sobre el sector tecnológico se alargan. La inquietud del mercado por los descomunales planes de inversión y unas valoraciones que exigen unos beneficios futuros que de momento son solo promesas viene de atrás, pero ha cristalizado tras la campaña de resultados de 2025, ayudada por una acumulación de circunstancias que ha dado al índice Nasdaq un mordisco del 4,5% en tres sesiones.
Pete Carroll, el entrenador de los Seattle Seahakws que asombraron con quizás la mejor defensa de la historia del fútbol americano, será recordado por una decisión que le explotó en las manos. “Acepto un puñetazo”, dijo un par de horas después de tomarla, el 1 de febrero de 2015. Menos de una yarda separaba a su equipo del touchdown de la victoria ante los New England Patriots en la Super Bowl XLIX con 26 segundos por jugar. Y tenía al mejor running back de la liga, un tren de mercancías llamado Marshawn Lynch, para transitarla y levantar su segundo título seguido. Si había un momento para hacer lo previsto, era ese, pero eligió una jugada de pase que permitió el milagro, el de Malcolm Butler: el novato que no había entrado siquiera en el Draft firmó la primera intercepción de su carrera. Así acabó con una dinastía, la de una defensa que siguió unida, pero no volvió a ganar. Y revivió a otra, la de Tom Brady y Bill Belichick: el quarterback y entrenador que habían ganado tres títulos entre 2001 y 2004 pusieron fin a una década de barbecho y sumaron dos títulos más a aquel milagro en Arizona. Ambas franquicias se citan este domingo en San Francisco en una Super Bowl redonda, la LX.
No hace falta saber cuánto pesa Joan Laporta porque los kilos nunca han limitado su excelente cintura, acostumbrado a caer de pie, tan dichoso de poder ser el presidente del Barça que seguramente querría que el cargo fuera vitalicio, convencido como está de ganar siempre las elecciones, también las próximas a celebrar el 15 de marzo en la explanada del Camp Nou. Vive por y para el Barça. Una dedicación plena no retribuida para un abogado del despacho Laporta&Arbos Advocats Associats. Ahora no tiene más remedio que dimitir por unos días, poco más de un mes a partir del lunes 9, para volver a ser candidato, un perfil que también domina muy bien porque se trata de demostrar que nadie sabe y entiende más del Barça. No piensan igual los demás aspirantes, que son Víctor Font, Marc Ciria y Xavier Vilajoana, cuyas aspiraciones pasan por una movilización social que compita con el voto fidelizado por Laporta.
Jan Virgili (Vilassar de Mar, Barcelona; 19 años), uno de los jóvenes revelación de la temporada, dio muchas vueltas por el fútbol base catalán. Hace tan solo dos años militaba en las filas del juvenil del Nàstic de Tarragona y, el curso pasado, vivió una etapa fugaz en el juvenil del Barça —club del que siempre se ha declarado seguidor— y en su filial. Aunque llegó a entrenar con el primer equipo, Hansi Flick no contó con él para la gira de pretemporada, y el verano pasado se abrieron dos escenarios para el joven extremo: continuar en el Barça Atlètic o salir del club. En ese momento apareció Jagoba Arrasate, entrenador del Mallorca, para llevarse a Virgili al equipo bermellón por 3,5 millones de euros, con el Barcelona conservando el 50% de sus derechos y un derecho de tanteo. En menos de dos años, ha dado el salto de jugar en el juvenil del Nàstic a convertirse en una pieza clave en Son Moix.
Fue en el Santiago Bernabéu donde aprendí que el silencio de las multitudes es sólido, consistente. En esos partidos tediosos en los que el equipo jugaba como un grupo de funcionarios, el silencio se metía en la sangre y castigaba como un grito. Como si la gente entendiera que le estábamos arruinando un buen plan: el fútbol se inventó para liberarnos del sufrimiento y de la rutina de la semana, no para agregar aburrimiento y estrés. El estadio, como siempre, es un buen termómetro social.
Ser madre o padre va ligado al deseo de ofrecer lo mejor a los hijos, unido al miedo a que sufran o a no saber ayudarles a ser felices. Temores que son intrínsecos a la paternidad, pero que se ven incrementados cuando un diagnóstico de altas capacidades (AACC) llega a la familia. Sin embargo, hasta tener esa confirmación, las familias recorren un largo camino en el que la sospecha de que algo es diferente está ahí casi desde el principio, por eso tampoco es extraño que el diagnóstico se reciba como una liberación.
Allá por el año 1985 España se preparaba para entrar en la Comunidad Económica Europea, ingreso que se produjo el 1 de enero del año siguiente. En el periódico me propusieron que realizara un viaje literario por esos países que en adelante iban a ser nuestros socios. Por fin podía cumplirse el sueño de Ortega, quien no se cansó de repetir que la solución del problema de España estaba en Europa. Los españoles ingresamos en ese club, tal vez, sin haber perdido del todo el pelo de la dehesa y aunque nos fue asignado el vagón de cola, lo cierto es que nuestro país iba a la misma velocidad en aquel tren. Cuando a Churchill le preguntaron qué opinaba de los franceses contestó: “No sé. No los conozco a todos”. Pues bien, lo mismo me pasaba a mí, de modo que en aquellos viajes me ahorré el trabajo de conocer a los habitantes europeos uno a uno; en cambio, guardo todavía unos flashes evanescentes de aquella experiencia.
Vuelvo a leer, por pura supervivencia mental, dos libros excelsos del demonizado Savater titulados La infancia recuperada y Criaturas del aire. También el comienzo de Historias de Nueva York de mi amigo Enric González. Dice así: “Si hubiera podido elegir habría visto por primera vez los muelles del Hudson hacia 1960 y habría descubierto una ciudad en la que no había almuerzos sin tres martinis, ni taxistas sin corbata, se fumaba sin filtro y Times Square era Babilonia, no una encrucijada ruidosa envuelta en anuncios luminosos. Aquella de 1960 era una ciudad joven y cínica, arrogante, intacta”. Me cuenta Enric en otra tarde venturosa, como siempre, que va a publicar Historias de París. Yo anhelo su visión humorística, sentida, original de cualquier sitio en el que haya vivido o malvivido. Sus libros son un oasis en medio de infinitas crónicas en los periódicos sobre la nadería, tan mal escritos como pensados, navegando en la concepción subvencionada de que unos son los buenos y los otros, los malos.
La borrasca Marta provocará tiempo inestable en la Península este sábado, después de una semana de lluvias persistentes que colmaron las reservas hídricas y saturaron los suelos. Esta jornada se esperan precipitaciones muy abundantes en el tercio sur peninsular, un temporal marítimo y rachas de viento muy fuertes en el sur y este de la Península, según las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). En principio, es el último día del aviso especial por temporal atlántico que la agencia mantiene activo desde el miércoles y también está vigente el nivel naranja en las costas de Andalucía y Galicia. Sin embargo, se recomienda prestar atención a las actualizaciones, dado que el agua afectará a zonas muy castigadas en días previos y el domingo seguirá lloviendo.
Como casi todos los buenos relatos, este empieza con una historia de amor. “Sí tío, y preciosa, además”, dice Ruslán Mediavilla (Valladolid, 26 años), nombre real del artista que graba como Rusowsky. “A mi madre la pillaron de muy joven de cantante en un grupo folclórico de Bielorrusia. Estaban haciendo una gira por toda Europa y acabó en mi pueblo, Quintanar de la Sierra, en Burgos, justo cuando estaba allí de vacaciones mi padre, que es de Valladolid. Fue a verlo y cuando mi madre cantó se quedó loco, en plan: ‘¿Esto qué es? ¡Qué locura! ¿Quién es esa?’. Y nada, fue como: ‘¿Duyuspikinglis?’; ‘No, ja ja’; ‘Que nos vamos a bailar al pueblo de al lado, a Covaleda, bla bla, bla’. Se enamoran, mi padre se vuelve loco, se compra un diccionario de ruso y se va para allá. Luego, mi madre viene aquí, se casan y acaban en Fuenlabrada, en Loranca. Y ya está”.
Realización: Paty Abrahamsson. Dirección creativa: Fomotrauma. Maquillaje y peluquería: Gorka Larcan. Asistente de fotografía: María José Valido. Asistente digital: Olivier Paresse. Asistente del estilista: Ella Muñoz. Diseño de escenario: Irene Luna. Asistentes de escenografía: Julia Sangil y Ignacio Nevado.