“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Pensé con indefinible nostalgia en el aficionado del Espanyol viendo a Joan García haciendo una de las mejores paradas que vieron nunca nuestros ojos (la mano imposible al cabezazo de Pere Milla) en su antiguo campo, frente a su antiguo equipo y ante su antigua afición, que lo amaba y ahora lo odia. Pensé también en el amor, claro: en tu ex luciendo una belleza desmesurada entrando en vuestro restaurante de siempre del brazo de alguien que no eres tú. El dolor de tener algo y perderlo no es superior a un dolor aún más profundo: el de tener algo y no saber conservarlo.
Nos sucede, por lo general, tan pocas veces que tiende a convertirse en un recuerdo imborrable de la infancia. Esos instantes en los que fuimos capaces de arrastrar a nuestro padre o a un hermano mayor para que jugaran con nosotros al fútbol —o sucedáneo— dentro de casa. Cada uno en un extremo de la estancia —habitualmente, se trataba de un pasillo, ya que era el espacio más parecido a un terreno de juego, en el que las paredes marcaban el límite de las porterías y, más importante, donde había menos objetos susceptibles de ser destrozados por un balonazo—, se iban intercambiando los roles con cada golpeo de pelota. Primero chutaba uno y el otro intentaba atajar el balón. Luego, viceversa. Era un partido desigual, ya que el ímpetu y la pasión del más joven contrastaba notablemente con las ganas del mayor, que en realidad estaba allí un poco por cubrir el expediente y con la obligación moral de no detener todos los disparos y de patear el esférico con la intensidad justa para que pudiera ser detenido sin que pareciera una farsa. Pero lo más importante era, sin duda, el amor que se concentraba en aquel espacio rectangular. Un amor basado en el juego, en las conversaciones que surgían a su alrededor y en la admiración hacia el jugador más veterano.
Para entender un poco mejor quién es Edgar Canet, el piloto de 20 años que acapara todos los focos en el Dakar 2026, basta fijarse en una nota de su currículo escolar: suspenso en inglés. Pero ahora el chaval responde fluidamente a la plétora de medios internacionales que quieren contar su historia, la del chico del futuro que ya es presente en el rally más duro del planeta. “Cuando tiene un objetivo, hace lo que haga falta para alcanzarlo. Y es así con todo lo que hace, tiene muy claro dónde quiere llegar”, cuenta a EL PAÍS Albert Canet, el padre de la criatura, sentado bajo el toldo de la autocaravana donde su hijo reposa cada noche.
El president Salvador Illa despidió 2025 haciendo un balance positivo del ejercicio y pronosticando que, en 2026, a Cataluña aún le iría mejor, exponiendo la mejora de la economía, la reducción del paro o las políticas públicas para construir vivienda protegida. “Este enero van a pasar cosas”, afirmó sin concretar, aunque el anuncio evocó al vaticinio que había realizado días antes su mano derecha, el consejero Albert Dalmau, de que este enero se presentaría el nuevo modelo de financiación singular. El Govern necesita ese plan como el agua porque afronta su segundo año de mandato sin Presupuestos. Oriol Junqueras, presidente de ERC, anunció este domingo que el día 8 se reunirá con Pedro Sánchez para desbloquear el acuerdo y reiteró que no negociará las cuentas si no se desencalla también que Cataluña pueda recaudar el IRPF.
La ciudad de Sevilla estará rodeada dentro de cinco años por un enorme anillo verde y azul de 42 kilómetros con nuevos parques, humedales y senderos junto a los ríos Guadalquivir y Guadaíra, frontera natural por el oeste y el sur. Con Vitoria como espejo, la capital andaluza prevé ampliar sus zonas verdes periféricas ya existentes, añadirles otras, y sobre todo unirlas para crear un circuito que sea un imán para los ciclistas y senderistas. Hoy la ciudad vive de espaldas a los cauces naturales de los dos ríos que la rodean, una carencia que se solventará bajo el impulso del aniversario centenario de la exposición iberoamericana de 1929.
Cuando Jaime Mayor Oreja, en 1996, siendo líder del PP vasco y ministro del Interior del Gobierno de José María Aznar, predicaba un acuerdo compartido con el PNV y PSE para derrotar a ETA, solía acompañarlo de una invocación a que España debía mostrarse atractiva para aminorar la tensión identitaria entre Euskadi y el Estado. El Gobierno de Aznar (1996-2004), que llegó a implicarse en una fallida negociación con ETA en Suiza durante la tregua etarra de 1998 a 2000, no logró la aspiración de Mayor Oreja.
La intensa electrificación (vehículos, viviendas e industrias) que requiere el desarrollo económico del país está seriamente comprometida por la polémica regulación adoptada por la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) para el periodo 2026 -2031. La nueva normativa afecta decisivamente a los derechos de los consumidores residenciales y empresariales que son los que pagan el suministro eléctrico y asumen los riesgos por la falta de inversiones.
En el principio, CCR era un cuarteto llegado de un rincón californiano, El Cerrito. Y eso resultaba importante: aquella pequeña ciudad carecía del caché de su vecina San Francisco. Sus habitantes eran considerados como paletos, algo que los miembros de “la Creedence” ratificaron con sus camisas de leñador y sus descuidados pelos faciales.
Dios me libre de darle publicidad a esa pareja de explotadores demagogos conocidos como ZonaGemelos, ese par de victimarios con maneras de mafioso que se visten de víctimas cuando alguien levanta la voz, pero hete aquí que con su retransmisión de las campanadas en YouTtube hicieron más de dos millones de espectadores. Estos dos chicos (de quienes hice, sin mencionarles, una primera columna en 2024 llamada Gañanosfera) no tienen ningún talento por sí solos. Todo su mérito —si explotar a otros es un mérito— es reunir a las criaturas más desafortunadas de las redes y monetizar su humor involuntario; en otras palabras, hacer que la gente se ría de otros. ¿Por qué una cosa así ha tenido tanto éxito?
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado este domingo una advertencia a Delcy Rodríguez, que asumirá la presidencia de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por orden del Tribunal Supremo. “Si no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente más alto que Maduro”, ha dicho en una entrevista telefónica con The Atlantic Magazine.
Dos horas de bombardeos acabaron con la captura del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, y en menos de 48 horas el escenario del conflicto venezolano es otro. Estados Unidos avanza en sus planes con los dirigentes chavistas que están sobre el terreno. La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, es la sustituta encargada y Donald Trump asegura que trabajarán con ella, como si se tratara de un Gobierno aliado y tutelado por la Casa Blanca, “hasta el momento en que podamos hacer una transición segura, adecuada y sensata”. Ante las cámaras, Rodríguez se mantiene beligerante y asegura que “el único presidente de Venezuela” es Maduro, aunque ella ya ha recibido la aprobación del Tribunal Supremo para asumir esas responsabilidades.
Compartir un roscón el día de Reyes como colofón de las fiestas navideñas es una de las tradiciones más arraigadas en esta época del año, pero ni su consumo ni su origen son exclusivos de España. El origen se remonta a la antigua Roma y hoy en día se encuentran incluso en Nueva Orleans, Luisiana, donde el día 6 de enero se come un roscón morado, verde y amarillo.
A medida que se acercaban a la ciudad, el paisaje se volvía cada vez más sombrío. El último viernes de diciembre, un equipo de la ONU entró en El Fasher, capital de Darfur Norte, por primera vez desde que fue tomado por las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en octubre, en un asalto en el que cometieron una de las peores matanzas de la guerra de Sudán y de la historia reciente. Eran los primeros testigos externos en el epicentro de la tragedia.
A Pierre Niney (Boulogne-Billacourt, Francia, 36 años) no le asustan los papeles de envergadura. Tampoco los monstruos sagrados, porque ha interpretado a varios. Uno de ellos, el que le dio carta de naturaleza en el cine europeo, fue el del diseñador Yves Saint Laurent, a quien dio vida en el agridulce biopic homónimo de Jalil Lespert. Por aquel entonces Niney ya era conocido: llevaba desde los 21 años en la Comédie Française, el olimpo del teatro francés, y había obtenido dos nominaciones a actor revelación en los premios César. Su interpretación de un Saint Laurent neurótico, atormentado, genial y despótico le hizo valedor del premio a mejor protagonista. Niney tenía 25 años y era el actor más joven en lograrlo. Desde entonces no ha parado de trabajar y, el año pasado, su interpretación de Edmond Dantès en la más reciente —y, posiblemente, la más ambiciosa y lograda— adaptación de El conde de Montecristo, un taquillazo rotundo. “Fue mágico hacer esta película”, recuerda ahora, antes de confesar que, a raíz de esta película, se ha tatuado la imagen de Dantès en barca. “Lo he hecho para no olvidar lo que hemos vivido”.
Magdalenita (Córdoba, 2001) está sentada en su cuarto, en la casa de sus padres, en un pueblo de Extremadura del que no quiere decir el nombre. Han pasado dos semanas desde que se hiciera las fotos para este reportaje y la imagen en la pantalla es muy diferente a la que capturó el fotógrafo Pablo Curto. Tiene la cara lavada, el pelo recogido, una sudadera negra y unos dientes que crecen de la visera que lleva en la cabeza y que se asoman por la frente. Es un diseño del pacense Karlo Módenes, al que la artista lleva siguiendo desde hace años y con el que ha colaborado para algún que otro evento. Esa gorra, esos dientes, ese estampado de leopardo que está escondido bajo la capucha dicen mucho de ella antes de que diga nada. “Yo quería hacer el máster de profesorado, pero como en Bellas Artes está tan solicitado, fue imposible. Además, saqué superpoca nota al final de la carrera. Me pusieron un cinco en el TFG [Trabajo Fin de Grado]”, dice.
Asistente de fotografíaAna Eguizabal
Sostiene José Gil, el gran filósofo portugués, que su país está perdiendo tradiciones. Con su desaparición crece la nostalgia y disminuye la cohesión social, dos cosas que descontroladas no llevan a buenos sitios. Detrás de una tradición puede haber un sentido colectivo valioso, que consiste en recibir y traspasar un legado cultural, deportivo o lúdico. Puede que la observación de José Gil sea atinada en diversos ámbitos, pero desde luego no puede aplicarse aún a las cenas navideñas, donde el bacalao reina como un monarca longevo y querido.
Es un 16 de junio de 1999 en la británica Blackpool, ciudad de vacaciones, asediada por el público estudiantil. Las tres protagonistas orbitan alrededor de Pleasure Beach, el parque de atracciones acuáticas, intentando recuperar el control de sus respectivas rutinas. Pero la resaca se les ha pegado a la sombra y no parece que vaya a abandonar. Ayer fue una noche de escarceos románticos, con despertar lésbico incluido. Hasta aquí podría ser un coming of age cualquiera, pero su autora, Helen Palmer, no es una novelista al uso. Es una teórica multidisciplinar que, con la excusa de contar una historia de amor ‘de las de verdad’, de las que se creen hasta la médula, repasa las estanterías de la literatura universal; sin ningún miedo a usar este adjetivo: hay representatividad.
Playa PlacerHelen Palmer Traducción de Lara Alonso Corona Cielo Santo, 2025 410 páginas, 20,00 eurosVer un partido de fútbol cuando los resultados no dependen de los presupuestos, es decir, de la capacidad para fichar a los mejores, es, sobre todo, un ejercicio de fe. El forofo de un equipo pequeño elige creer: que puede ganar al que es más grande; que uno de sus delanteros puede tumbar al portero que gana chiquinientas veces más y su guardameta evitar el gol de un balón de oro. La pelota no tiene dueño hasta que empieza a rodar y los más humildes se saben el Padre nuestro igual de bien que el Papa. Después de todo, David contra Goliat es un relato bíblico. El mundo, además, sería mucho más aburrido si no hubiera gente dispuesta a apostar contra Goliat y el fútbol menos bonito y emocionante si David no ganara algunas jornadas.
Ante una carrera musical estancada, surgen diferentes caminos elegibles por el artista. Por ejemplo: retirarse, buscar canciones más comerciales o aguantar bajo el paraguas de una discográfica que fluye en contra de tus propósitos de publicar material propio. En el caso de Rachel Keen (Londres, 28 años), cantante más conocida como RAYE, su elección fue la contraria a este último ejemplo. Y, gracias a eso, ha conseguido labrarse un futuro acorde a sus expectativas. Tanto, que fue nominada en 2025 en los Grammy a mejor nuevo artista, compositora del año y mejor arreglo para álbum. Entonces no obtuvo ningún premio, pero quizá lo haga en los premios del próximo febrero; está entre los aspirantes a llevarse el Grammy a mejor película musical. Y se prevé un 2026 con un reconocimiento y fama todavía mayor: álbum nuevo, conciertos, y la búsqueda de un exitoso tema tan reconocido como el que publicó en septiembre, llamado Where Is My Husband!, que ya acumula más de 320 millones de reproducciones y que ocupa las primeras posiciones de las listas de éxitos a nivel global.