“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Con palas o escarbando con las manos, una veintena de agentes de Policía Nacional se afanaban en la tarde del pasado domingo para buscar y desenterrar un cargamento récord de cocaína escondido en una montaña de sal. Estaban en una de las bodegas del United S, un carguero con bandera de Camerún y medio siglo de historia, que llegó remolcado hasta el Puerto de Santa Cruz de Tenerife con los 13 miembros de su tripulación detenidos. En su interior, se contabilizó el mayor alijo de cocaína intervenido en alta mar por este cuerpo policial: 9.994 kilos, casi diez toneladas. El trabajo para sacar a la luz esos fardos, que los agentes se iban pasando uno a uno formando una cadena humana, duró unas seis horas. Terminaron pinchando con varillas todo el terreno para comprobar que no había nada más que sal.
El Tribunal Supremo revisa este jueves la decisión del magistrado instructor, Leopoldo Puente, de enviar a prisión provisional al exministro de Transportes José Luis Ábalos y al que fuera su asesor, Koldo García, por el presunto cobro de mordidas a cambio de adjudicaciones públicas para comprar mascarillas en plena pandemia, al apreciar un “riesgo extremo” de fuga.
Son dos golpes de realidad en apenas tres días para el poderoso PP de Madrid, que lidera Isabel Díaz Ayuso. Lunes: el Constitucional tumba el veto de la mayoría absoluta conservadora a que una diputada del PSOE preguntara sobre las amenazas de Miguel Ángel Rodríguez, el jefe de gabinete de la presidenta, a una periodista de eldiario.es, medio que había revelado el caso de presunto fraude fiscal que afecta a la pareja de la baronesa, Alberto González Amador. Miércoles: el tribunal ampara a Más Madrid frente a la inadmisión de una decena de iniciativas que buscaban reprobar al alto cargo o investigar el modelo de colaboración público privada en sanidad, ámbito en el que trabaja el novio de Ayuso. Las dos decisiones no implican que esas iniciativas vayan a salir adelante ahora. Sin embargo, sí certifican que el Constitucional se ha convertido en la instancia en la que se juega gran parte del presente y el futuro de la política madrileña, con elecciones en 2027: sus integrantes también decidirán si es constitucional la ley que aprobó el PP de Ayuso en 2023 para controlar la Cámara de Cuentas, el Consejo de Transparencia y Telemadrid.
La madrugada del 8 de julio de 2010, LeBron James protagonizó en un plató de televisión uno de los momentos más recordados de la historia reciente de la NBA. El por entonces alero de los Cleveland Cavaliers, franquicia que lo había seleccionado en primera posición del draft de 2003, acudió a un programa especial de la cadena ESPN —The Decision; La Decisión, en español— para anunciar ante las cámaras su incorporación a los Miami Heat. En Florida, James cambió el dorsal 23 por el 6, conquistó junto a Dwyane Wade y Chris Bosh dos títulos de la NBA y completó cuatro temporadas que, todavía hoy, muchos señalan como sus más esplendorosas sobre una pista de baloncesto.
Para María Álvarez, residente en Madrid, estar con una persona del mismo sexo es lo mejor que le ha pasado. “Ojalá lo hubiera hecho antes”, suspira. Después de una vida de relaciones con hombres y de una reciente ruptura con ingredientes de novela negra, este descubrimiento ha sido una bendición. Ha encontrado “el cuidado de pequeños detalles”. Y resuelve: “Creo que necesitaba algo así”. La periodista Esther Yáñez es otro ejemplo. Hasta hace nada, solo había tenido experiencias sexoafectivas con hombres. Pero eso se desvaneció cuando conoció a una mujer y, poco a poco, mensaje a mensaje, empezó “a sentir cosas”. “Solo había tenido algún rollo pasajero antes, sin acostarnos, y salió muy natural, muy bonito”, rememora, destacando una comprensión “especial” y diferencias lógicas a “nivel físico”. “Fue algo nuevo, pero sé lo que busco, lo que necesito, en un compañero o compañera de vida. Y, en ese sentido, me da igual lo que seas. No me guío por el género, sino por la persona”, remata.
Solo hay una ley que permite a Donald Trump hacerse con Groenlandia, y esta es la ley del más fuerte. Por eso la amenaza es inaceptable para la Unión Europea, potencia normativa basada en el derecho, la cooperación multilateral y el consenso entre socios, que perdería todo su sentido de ser y su autoridad si cediera en una cuestión tan fundamental. Las razones de seguridad y recursos naturales esgrimidas por Washington pueden ser atendidas e incluso sobradamente satisfechas en un diálogo abierto y civilizado, exactamente lo que el presidente de Estados Unidos y sus corifeos han excluido, al señalar que no se conformarán con nada que no sea la propiedad soberana de la isla.
El mundo —si es que existiera “el mundo”— se ha sacudido en estos días porque el desaforado presidente norteamericano mandó secuestrar a un colega suyo y ahora dice que quiere ocupar los dos millones de kilómetros cuadrados más fríos de la Tierra y si acaso, para compensar, alguna isla tropical. Así que nos declaramos —e incluso nos sentimos— sorprendidos y asustados por esta muestra de poder que lanzó en estos días estos Estados Unidos. Pero quizá nos equivoquemos y todo esto sea una muestra brutal de su nueva impotencia.
A Pedro Sánchez se le ha aparecido un cisne negro. Se rumoreaba que el Gobierno estaba esperando un suceso sobrevenido para salir de la parálisis política y, de repente, Donald Trump agitó el avispero del mundo. El PSOE organizará este primer semestre una “Conferencia por la Paz”, considerando que será el principal tema de 2026, pero hay una estrategia clara de fondo: el no a la guerra es transversal en la opinión pública española y un gancho para intentar sostener la legislatura bajo el mantra del enemigo externo.
“Acabo de comprar un palacio de siete dormitorios, 10 baños, en las afueras de Caracas por 115.000 dólares. Todo al contado, sin verlo. Iré en verano. Apuesto por la recuperación. No me llaméis imperialista. Solo soy un inversor”. Este mensaje fue escrito en X el pasado 3 de enero, pocas horas después de que EE UU bombardeara Venezuela para llevarse a Nicolás Maduro. Otro tuit de ese mismo día muestra un fajo de billetes junto al texto “yo, como expatriado americano contando todo el dinero que voy a usar para gentrificar Venezuela y comprar propiedades en Isla Margarita”. Más mensajes de esos primeros momentos: “500 metros cuadrados de casa por 100.000 euros. Venezuela allá voy”; “Alguien que conozca Venezuela a fondo debería comprar tierra barata en una selva tropical o en Isla Margarita y montar un centro de retiros. Si entra un líder tipo Bukele, se va a disparar. Parcelas con vistas al mar por 15.000 dólares. Un acre en primera línea marítima por 230.000”. Junto a las noticias de última hora, circulaban pantallazos de anuncios inmobiliarios de apartamentos en primera línea de playa por el precio de un coche. Ni siquiera se sabía quién iba a hacerse cargo del país cuando decenas de mensajes, vídeos en TikTok, Instagram y YouTube y grupos de Telegram discutían oportunidades de negocio viables en un país que alguien definía, por su riqueza geológica, como una mezcla de “Texas hace 100 años pero con las playas de Florida”. Aún no se había reunido Trump con los representantes de las grandes petroleras y los criptocolonialistas ya fantaseaban con AirBnBs en Caracas.
Barack Obama recibió el Nobel de la Paz nada más llegar al cargo: estaba infracualificado para lo sobrevalorado, escribió Christopher Hitchens; la idea era presionarlo para que no iniciara nuevas guerras. Donald Trump, como sabemos, se llevó un disgusto por no ganarlo.
Un momento: solo estamos a 15 de enero. De un tiempo a esta parte, existe cierta rivalidad entre los años: 2020 trajo la pandemia, 2022 la invasión rusa a Ucrania, y 2026… vete a saber, pero ya ha dado sus primeros pasos. Y qué pasos. La frase de Mariano Rajoy —son todas buenísimas— “cuanto peor para todos, mejor” se aplica a rajatabla. 2026, en fin, lleva dos semanas y parece ya un siglo. Que si Estados Unidos captura a Nicolás Maduro en Caracas. Que si Groenlandia. Que si Irán está patas arriba. En fin. ¿Y Cáceres? ¿Qué narices pasa en Cáceres? En teoría, poca cosa. Hay una bella alameda en pleno centro, que se llama paseo de Cánovas y que va a ser reformada. Esta debería ser la noticia cacereña para 2026. Pero —siempre hay peros en los inicios del año– los dos concejales de Unidas Podemos en la ciudad extremeña, de casi 100.000 vecinos y gobernada por el PP, han propuesto que el Ayuntamiento, que tiene 25 ediles, declare hoy a Donald Trump persona non grata. Poca broma.
Donde el domingo había un ábside mudéjar hoy hay una enorme boca negra sobre toneladas de escombros. Los ladrillos naranjas del siglo XII descansan sobre las contemporáneas baldosas blancas; la misa dominical quedaría ahora a expensas del vendaval que hace resonar las bandas de “Prohibido el paso” alrededor de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo en Muriel de Zapardiel (Valladolid, 100 habitantes), Bien de Interés Cultural (BIC) y Monumento Nacional. Estatus inútil cuando este lunes el muro semicircular colapsó y desnudó las entrañas del templo, además de destruir un valioso conjunto arquitectónico. Los expertos en patrimonio señalan las evidentes grietas, humedades y ladrillos desgastados, criticando la “dejadez” institucional en una Castilla y León donde estos daños patrimoniales son recurrentes, mientras el dueño, el Arzobispado, niega “indicios” o causas concretas.
El meteorólogo Rubén del Campo es una de las víctimas habituales de mensajes tóxicos en las redes sociales contra comunicadores del clima. Como cuenta el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en los últimos años se ha tenido que acostumbrar a que le llamen mentiroso o que le digan que va a acabar en la cárcel simplemente por dar información científica sobre el tiempo o comentar aspectos del calentamiento del planeta de forma rigurosa. A diferencia de otros compañeros o divulgadores climáticos, a él no le han amenazado nunca, pero sin llegar a esos extremos, sí le afecta este permanente runrún de odio. “Aunque soy consciente de que mi puesto implica una gran exposición, cuando ves mensajes con tu foto atacándote, a veces incluso por cosas inventadas que no has dicho, pues te sientes mal”, reconoce. En una carta enviada este miércoles, el Ministerio para la Transición Ecológica ha remitido finalmente a la Fiscalía General del Estado “el alarmante aumento de discursos de odio y ataques en redes sociales dirigidos contra profesionales de la divulgación climática, de la meteorología y científicos dedicados a este ámbito”. En la mayoría de los casos, son comentarios maliciosos, insultos o simple desinformación que busca desprestigiar. La cuestión es: ¿se puede actuar legalmente contra este tipo de mensajes en las redes? Si bien no parece tan grave llamar a alguien mentiroso o decir que va a ir a la cárcel, hay un hecho que resulta mucho más preocupante: desde hace unos años, otros colegas meteorólogos son hostigados con comentarios similares en países tan distintos como EE UU, Australia, Reino Unido, Italia, Hungría, Croacia... No son ataques aislados de alguna gente crítica, sino que se trata de un fenómeno organizado.
Desveló su identidad hace cuatro años. “Antes me tenía que desdoblar y ahora cada vez me voy pareciendo un poco más a mí mismo”. Hasta entonces y desde 2016 había sido Malacara, un personaje virtual que ponía a hablar “en andaluz” a Harry Potter y hacía los memes más descacharrantes y certeros de Internet. Ahora, gracias a la relevancia que alcanzó su creatividad, trabaja haciendo la comunicación de una gran empresa cuyo nombre no puede desvelar. En octubre, Lucas Melcón (Puerto Real, 35 años) fue portada de la revista The Sevillaner (una versión hispalense del clásico neoyorquino ilustrada por talentos andaluces) porque se ha convertido un representante posmoderno de una cultura, la meridional en general y la de su ciudad en concreto, que él y otros muchos de su generación han convertido en pura modernidad. Hoy, en su barrio de Sevilla, las señoras le paran para preguntarle si es un influencer y decirle que se presente a alcalde. “Te lo dicen de broma, aunque siempre te queda la duda: ‘¿Lo haré mejor yo?”.
“En cualquier momento puede saltar la liebre y nos ponemos en el foco internacional”. Manuel Fernández, el veterano alcalde de Aldeaquemada (550 habitantes, Jaén) suspira ante la posibilidad de que el subsuelo de esta pequeña población sea un pequeño tesoro industrial por explotar. Cerca de Despeñaperros, en la frontera con Castilla La Mancha, estos montes puede albergar altas concentraciones de minerales estratégicos, entre ellos las tierras raras que hoy polarizan el debate político mundial. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esas zonas están en un Lugar de Interés Comunitario (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves.
El Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) ha decidido dar un paso adelante en la ejecución de la sentencia que obliga a devolver las pinturas románicas del monasterio de Santa María de Sijena. En su programa de actuaciones para este año ha incluido una partida de 81.000 euros para los trabajos de traslado de las denominadas pinturas “profanas”, para lo que prevé sacar a concurso este primer trimestre de año la licitación, con una duración estimada de 12 meses. Si se cumple los cálculos, esa parte de los murales podrían estar en el cenobio oscense en 2027. Fuentes de la institución señalan que han remitido a la jueza que se encarga del caso el pliego de condiciones, que demandó en diciembre, por lo que ahora está en sus manos aprobarlo e iniciar así el proceso de restitución.
Desde la resaca que siguió a la pérdida de la alcaldía de Barcelona, los comunes han entrado en una fase creciente de desconcierto con pérdida manifiesta de presencia en la escena política. Mientras el presidente Salvador Illa va consolidando la iniciativa, con su estilo más bien contenido, pero con presencia mediática permanente, las voces que deberían dar protagonismo al espacio que se sitúa a su izquierda han perdido presencia y entidad. No es un problema exclusivo de Cataluña. En la política española también se han ido apagando las pulsiones exhibicionistas del mundo de Podemos, un espacio cada día más fraccionado, con protagonistas de segundo nivel a la sombra del PSOE. No es ninguna rareza ni ninguna casualidad. La historia está llena de situaciones de crisis que provocan un estallido que parece que va a catapultar nuevos protagonistas que, en la realidad, se desfiguran antes de consolidarse. Y así ha ocurrido desde que en 2014 Pablo Iglesias y compañía parecía que iban a comerse el país.
Vinc de l’hort. Mentida. De fet, visc a l’hort. Solsona és un hort fecund on les novetats solen néixer sota terra com els trumfos. L’altre dia, fa un mes i pico, sota un parell de ponts del camí de la Mare de la Font van aparèixer dues misterioses rajoles eròtiques. Molt eròtiques. Excessivament eròtiques. Una obra d’un mal gust exquisit feta amb un bon gust genuí. Més enllà del disseny, del refrany i de la quantitat de titoles i vagines festives més recargolades que l’orella d’un boxejador, vaig pensar: “I això... qui ho ha fet?».