“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Donald Trump es un visionario, lleva dentro un magnate inmobiliario, no lo puede evitar. En su caso, es casi una cuestión genética porque heredó la condición —de magnate— de su padre, Fred Trump, y eso siempre deja huella. De hecho, cambió el negocio de la promoción inmobiliaria, de la compra y venta de propiedades y terrenos, de la financiación de las obras y la gestión del suelo por el negocio de la política cuando llegó a la Casa Blanca por primera vez, en enero de 2017. Y ahí sigue nueve años después. Seguramente por eso cuando el presidente de Estados Unidos mira el mapa del mundo ve algo distinto de lo que vemos el resto de los mortales, algo más parecido a un catálogo inmobiliario, lleno de oportunidades de inversión. Como cuando se propuso hacer de la Gaza bombardeada y masacrada por Israel un resort turístico de lujo y difundió un dosier con imágenes creadas por inteligencia artificial para recrear la futura Riviera de Oriente Próximo. Hay que ponerle mucho empeño y tener madera de magnate para ver la oportunidad de negocio entre tanto escombro y tanto campamento de refugiado. De ahí que ahora le haya resultado tan fácil poner precio a la última propiedad a la que le ha echado el ojo: Groenlandia.
Isaac Asimov lo imaginó ya hace casi 100 años: el hombre, recoge su obra literaria, debe asegurarse de regular su relación con los robots. Esa idea está en el corazón de un proyecto público impulsado en España para estudiar la interacción entre los humanos y las entidades artificiales, según documentación consultada por EL PAÍS en el portal de contratación estatal. Para lograrlo, la administración nacional gastará 175.452,42 euros vinculados al Fondo Europeo de Desarrollo Regional en equipar un laboratorio con seis minirobots y un robot de forma semihumanoide. Una máquina alejada del R. Daneel Olivaw que imaginó Asimov como uno de los personajes centrales de su obra, pero bien representativa de los retos tecnológicos, económicos, sociales, éticos y morales que plantea la IA en el siglo XXI. De hecho, el laboratorio en el que se integra este trabajo se centra, entre otras tareas, en dotar de “inteligencia social, solidez cognitiva y responsabilidad ética” a estos sistemas inteligentes, según un portavoz del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Ni esas “yuntas” de ancianos “lentas, silenciosas y arrebujadas” que fotografía en Venecia ni los miembros de la familia que perdió a sus hijos en el mar en El Havre; ni el perito en balística que se presenta ante el tribunal con un cráneo metido en una bolsa de plástico de supermercado ni la mujer de 98 años de edad que dejó de fumar hace tres para cuidar su cutis: Yasmina Reza no tiene favoritos y trata a todos por igual, ya sean adultos que han cometido un crimen o niños que no dejan leer a sus abuelas.
Casos realesYasmina Reza Traducción de Regina López Muñoz Alfaguara, 2026 216 páginas, 20,90 eurosAqqaluk Lynge (Groenlandia, 79 años) saca su propio mapa de entre las estanterías para hablar de geopolítica, de Donald Trump y del miedo a que Groenlandia se convierta en la próxima Venezuela. Esta imagen que desdobla con cuidado es un plano cenital del planeta donde Groenlandia está en el centro y apenas se ve Estados Unidos y Europa. En los años ochenta soñaba con que esa isla gigante del Ártico fuera en algún momento independiente de Dinamarca. Él fue una de las voces centrales de esta identidad milenaria —que representa el 90% de la población— y quien sentó las bases de la Ley de Autodeterminación, instaurada en 2009. Hoy, con Trump buscando “conquistarla”, el expresidente del Consejo Circumpolar Inuit reconoce que su sueño de la independencia “se ha esfumado”: “El mundo ha cambiado mucho y el independentismo hoy solo interesa al movimiento MAGA [Make America Great Again, el lema de Trump], quien tendría más fácil invadirnos. La unión con Dinamarca es nuestra única forma de hacerle frente. Así funciona ahora”.
Jovana Ríos es la directora ejecutiva de Women’s Link. La abogada Gema Fernández, es su directora legal para Europa. Esta ONG, que está asesorando y acompañando a las denunciantes de Julio Iglesias, ha presentado ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional la denuncia de dos extrabajadoras del cantante. Es una denuncia por agresión y acoso sexual y trata de seres humanos con fines de imposición de trabajo forzado y servidumbre. Ríos y Fernández explican en una entrevista por videollamada con EL PAÍS qué esperan de este proceso y por qué lo consideran tan importante para otras víctimas de violencia sexual. La Fiscalía escuchará como testigos protegidas el testimonio de Rebeca y Laura (nombres ficticios) las dos extrabajadoras del cantante que relataron a elDiario.es y Univision el clima de terror en el que vivieron a sus órdenes.
Es el primer artista que superó la barrera de los 150 millones de oyentes mensuales en la plataforma Spotify y, en una época en que se compran menos discos que nunca, figura entre los 30 más vendedores de toda la historia de la música, superando a, por ejemplo, Bruce Springsteen y U2 con una cifra estimada de 236 millones de discos despachados. Posee 16 premios Grammy y ha colocado nueve temas en el número 1 en EE UU. Lleva diez años sin publicar un álbum a su nombre, pero, en 2025, protagonizó la canción más escuchada en el mundo en Spotify (Die With A Smile, un dueto con Lady Gaga) y la tercera (APT, junto a Rosé). Con estas credenciales, se puede certificar que Bruno Mars (Honolulú, 40 años) es uno de los artistas de más éxito del pop contemporáneo, y que su inminente cuarto álbum, The Romantic -previsto para el 27 de febrero- es uno de los lanzamientos más esperados del año. También su correspondiente gira, que le traerá al Estadio Metropolitano de Madrid el 10 y 11 de julio, nueve años después de su anterior visita al mismo recinto, pero ahora por partida doble.
La reina Sofía está haciendo frente a uno de los momentos más difíciles de su vida. Con apenas unas semanas de diferencia, ha despedido a dos de las personas más importantes que siempre la acompañaron: su mejor amiga Tatiana Radziwill y su hermana pequeña Irene de Grecia. En sus 87 años, la emérita no ha tenido un extenso círculo de amistades, pero aquellas con las que ha contado las ha cuidado hasta el final. Precisamente por ese motivo, estas dos nuevas ausencias suponen un jarro de agua fría en su vida y, sobre todo, en su día a día.
El 17 de febrero, Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, Chile, 1929) cumplirá 97 años. Todavía faltan unas semanas para su aniversario, pero el artista asegura que ya sabe los tres deseos que va a pedir cuando sople las velas: tiempo, tiempo y más tiempo. “Quiero vivir 15 años más para seguir haciendo lo que estoy haciendo: vivir placenteramente”, explica en videoconferencia con El País Semanal desde su casa en París. Tiene tantos proyectos entre manos que le cuesta enumerarlos. “Pregúntele a mi mujer”, dice señalando a su esposa, la artista Pascale Montandon, que estará a su lado durante toda la entrevista.
Un soplo de viento repentino despeja los jirones de niebla para dejar a la vista el atormentado paisaje de El Hierro: los acantilados azotados por el océano, las playas de arena negra, las coladas de lava, los senderos al abrigo de aristas volcánicas que evidencian, en definitiva, la apoteosis geológica de su origen. Hay una extraña quietud en la más pequeña y remota de las islas Canarias, un silencio compacto como si se pudiera trocear, una soledad tan tajante que llega a estremecer. Solo las ráfagas de los alisios, de tanto en tanto, agitan este sosiego.
Potente, la historia debía saltar a la gran pantalla: un grupo pionero de cinco amigos enganchados al salto con traje de alas que se desintegra en accidentes fatales. Hoy solo queda vivo Armando del Rey, que se considera “un superviviente, totalmente”. La película La fiera (dirigida por Salvador Calvo y producida por Atresmedia y Mod producciones), que se estrena el próximo 6 de febrero en los cines, recoge la trayectoria de amistad, pasión y duelo de Manuel Chana, Álvaro Bultó, Darío Barrio, Carlos Suárez y el propio Armando. En palabras del productor Fernando Bovaira, es una “película única en la historia de nuestro cine” y en boca de Armando, “un regalo”. Y se explica: “Cuando vi la peli me sobrecogió… no era casi consciente de todas las vivencias que he pasado, de ese cúmulo de desgracias a mi alrededor… qué aguante… Convivo con ello porque tengo el don de poder archivar las desgracias de mi vida para poder seguir adelante”, reconoce.
No es solo una tradición española, pero es una tradición muy española no concederle nada al adversario político. El refrán “Al enemigo, ni agua” no se inventó en Canadá. Un punto de desencuentro muy visible ha sido siempre el del callejero, tantas veces usado con el propósito de honrar a los tuyos y, mucho más interesante, chinchar a los demás. En su portentoso libro sobre Palma, Valentí Puig cuenta cómo actuaban los gobiernos del XIX con las esfinges del paseo del Born: los conservadores les cubrían los pechos y los progresistas volvían a descubrírselos en cuanto regresaban al poder. Así una vez tras otra. Hoy, la cizaña continúa y, por ejemplo, hay una estación de AVE —la de Burgos— que honra a la socialista Rosa Manzano, mientras que sería impensable una estación dedicada a la popular Loyola de Palacio. En cicatería compiten izquierdas y derechas, pero las sensibilidades políticas se escoraron a la izquierda apenas hecha la Transición. Y eso explica en parte que hoy cierta derecha se ponga tontorrona con Felipe González, mientras que hay que hacer espeleología en los archivos hasta ver que la izquierda reconoce algo a, pongamos, un Aznar. Ignacio Sotelo, socialista oveja negra, le otorga “una leve reducción del paro” y “una Administración un poco más eficiente”.
Una mujer consigue trabajo. Para ella es la única oportunidad de salir de la pobreza, de iniciar un camino que le dé, quizá, un lugar en el mundo. Cuando llega, en aquel ambiente laboral se respira impunidad y cautividad. Podrá salir de allí cuando él, su jefe, lo estime oportuno. La libertad de movimiento no es una opción, sino el capricho de quien la ha contratado con unas condiciones y unos horarios que espantarían a cualquier abogado laboralista. Pero qué va a saber ella, si solo quiere dejar de ser pobre, si solo le han hablado de obligaciones y no de derechos, si es que los tiene.
A Faride se le pinta el miedo en el rostro cuando recuerda lo ocurrido en la ciudad iraní Tabriz durante la última semana. “Golpes, disparos, muchas detenciones”, dice en voz baja y subrayando sus palabras con los ojos muy abiertos. Ella, su marido y una amiga de la familia, los tres de unos 60 años, acaban de cruzar el puesto fronterizo de Kapiköy, un paso entre montañas nevadas a diez grados bajo cero. Han viajado casi 300 kilómetros en medio del temporal, pero por fin se encuentran en Turquía, lo que significa que, por primera vez en una semana, tienen acceso a internet. Eso es lo que buscan.
Entre los propósitos de Alberto Núñez Feijóo si es elegido presidente del Gobierno está el de ofrecer un sistema de financiación autonómica que contente a todas las comunidades. El PP desdeña a bombo y platillo la propuesta “insolidaria” ofrecida por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que ha echado a andar solo con el apoyo de Cataluña y que el ministerio quiere tener aprobada para finales de este 2026. En el caso de que el modelo entrara en vigor tras el acuerdo con los socios de investidura, el Partido Popular asegura que derogará la futura ley y la sustituirá por una nueva en menos de un año desde que Feijóo se sentase en La Moncloa. Pero, ¿cuál es su esquema alternativo? ¿Tienen redactado ya un texto con puntos y comas? ¿Cómo aunar las demandas de sus 12 autonomías? Mientras ese documento ve la luz, en Génova reconocen el reto de responder a las distintas demandas de los territorios. Y además asumen que no pueden garantizar que sus barones no se acojan voluntariamente al planteamiento de Montero en el supuesto de que este llegue al BOE.
El Ministerio del Interior acaba de aprobar el primer protocolo “para la prevención, protección y atención” a los reclusos que sean víctimas de violencia sexual dentro de las prisiones tanto por parte de otros presos como de funcionarios o personas colaboradoras de Instituciones Penitenciarias. El objetivo, plasmado en un documento interno al que ha tenido acceso EL PAÍS, es “garantizar y proteger, de forma integral, el derecho a la libertad sexual de las personas privadas de libertad y erradicar toda la violencia sexual de los establecimientos penitenciarios”, así como “adoptar medidas de sensibilización, prevención, detección y sanción” de este tipo de agresiones y procurar la “atención inmediata y recuperación” de las víctimas. El preámbulo detalla que con esta medida se da cumplimiento al mandato recogido en los artículos 15 y 30 de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual ―la conocida coloquialmente como ley del solo sí es sí― que obliga a los diferentes órganos de la Administración a poner en marcha protocolos específicos para identificar y actuar ante casos de violencia sexual y formar al personal en perspectiva de género.
Esta semana el gobierno ha anunciado un nuevo decreto ley para intentar contener el precio de los alquileres, un mercado desbocado que se ha convertido en una emergencia social. Entre otras medidas, Pedro Sánchez quiere bonificar en el IRPF al 100% a los caseros que congelen los precios y endurecer el uso de contratos temporales.
Presentado porAna Fuentes
Diseño de sonidoNacho Taboada
EdiciónAna Ribera
CoordinaciónJosé Juan Morales
DirecciónAna Alonso
SintoníaJorge Magaz
“He intentado aguantar, pero esto es demasiado deprimente”, dice Alina Sorochka, una mujer ucrania de la provincia de Kiev. El lunes tuvo en su casa tan solo cuatro horas de luz. Desde noviembre sufre apagones diarios similares, pero el termómetro marcó aquella noche -22 °C. De día, la temperatura media esta semana es de -12 °C. Sorochka volvió a su país tras tres años residiendo en el Levante español. Quería permanecer en Ucrania hasta marzo, para cuidar de sus padres. Pero este enero volverá a hacer las maletas con sus hijas de 6 y 11 años: “Las niñas me piden constantemente que marchemos, por las explosiones, por el frío”. La campaña rusa de bombardeos contra el sistema energético hace de su vida un suplicio.
El portugués José Mota tenía 106 años cuando cumplió varios sueños de una tacada. El primero fue visitar al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, en el palacio de Belém, residencia oficial. En la conversación, José Mota explicó que su compañía cotidiana era la cadena TVI. El jefe del Estado se las arregló con facilidad para que una periodista del canal donde él mismo había triunfado con un comentario semanal sobre actualidad y libros acudiese al palacio a cubrir el encuentro. “¿Hay algo más que quiera hacer?”, inquirió el presidente. “Ir en avión, nunca he ido”, confesó Mota. “Tenemos que solucionar eso”, respondió Rebelo de Sousa. Y lo hizo: aquel portugués de vida longeva voló de Oporto a Lisboa en compañía del presidente.
Dos semanas después de la operación militar estadounidense que culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, Venezuela permanece inmersa en una fase de incertidumbre que no da ninguna señal de estar encaminada a una eventual transformación democrática del régimen chavista. Más que el inicio de un cambio, lo que se percibe es una acumulación de decisiones inconexas, difíciles de leer como parte de una estrategia coherente. Sin embargo, la Casa Blanca reiteró ayer mismo su satisfacción con el actual Gobierno venezolano al mismo tiempo que Donald Trump recibía a la opositora María Corina Machado para almorzar.