“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Las batallas religiosas ya no se libran solo en los templos. También circulan en autobús. Desde hace días, la publicidad del Festival de la Esperanza con el predicador estadounidense Franklin Graham recorre Madrid en vehículos de la Empresa Municipal de Transportes (EMT). En los carteles, que ocupan el lateral de los vehículos, aparece una invitación directa: “Compartir el amor de Jesucristo con personas de todo Madrid”. El evento, que se prevé multitudinario, se celebrará los próximos 30 y 31 de mayo en el Palacio Vistalegre y, según la web, reunirá a iglesias evangélicas de toda España en torno al hijo del histórico televangelista Billy Graham.
Cuando este viernes nos disponemos a conmemorar el 81º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa, es evidente que Alemania va a volver pronto a ser la principal potencia militar europea. La previsión para el año que viene ya indica que su gasto en defensa será equivalente a los de Francia y Reino Unido sumados y se prevé que sea mucho mayor para 2030. El objetivo explícito del Gobierno alemán es tener “el ejército convencional más fuerte de Europa”. Por supuesto, Francia y Reino Unido disponen de armas nucleares, pero eso significa menos dinero para los demás aspectos de la defensa. De modo que la pregunta no es si lo va a lograr; salvo acontecimientos imprevistos, lo logrará. La pregunta, sobre todo coincidiendo con este solemne aniversario, es cómo podemos garantizar que, esta vez, el aumento del poderío militar alemán sea un avance positivo para toda Europa.
Hay nombres tan bien puestos que evocan exactamente a quien nombran tanto en su versión completa como en su hipocorístico. Nunca sabremos por qué sus padres, Purificación y José, decidieron llamarla como la llamaron, pero dieron en el clavo. Soledad Gallego-Díaz Fajardo firmó sus noticias, crónicas, reportajes, entrevistas y tribunas de periodista de pies a cabeza como Soledad, pese a que todo el mundo en el oficio la conocía como Sol, a secas. Daba igual. Ambas formas la retrataban a fondo. Soledad: de sola, de adusta, de única. Sol: de iluminadora más que luminosa, de necesaria, de incandescente. No. No fue nunca Sol la alegría de Miguel Yuste, 40. Fue mucho más que eso. Fue, es, el tuétano, la médula, el ADN que corre por la columna vertebral del periódico y de sus periodistas sin ser siquiera conscientes de ello. Otros han glosado sus gestas profesionales. A mí me gusta imaginármela de joven, una mujer libre poseída por la pasión y la curiosidad por el prójimo que no la abandonaron nunca, que vivió y trabajó como quiso en tiempos oscuros y reservó su corazón para las suyas y los suyos.
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, de 83 años, será designado candidato a ocupar la silla L de la Real Academia Española (RAE) en el pleno que se celebra este jueves, han confirmado tres fuentes de la institución a EL PAÍS. La plaza quedó vacante desde el fallecimiento del escritor hispanoperuano Mario Vargas Llosa, el 13 de abril de 2025. La candidatura de Ramírez, premio Cervantes en 2017 —el primer centroamericano en ganarlo—, es posible porque tiene la nacionalidad española desde 2018, condición sine qua non para optar a una plaza de académico de la lengua.
El encuadre para la televisión del mitin el martes en Dos Hermanas (Sevilla) de Santiago Abascal, presidente de Vox, estaba repleto de jóvenes. Desde que arrancó la precampaña, su candidato, Manuel Gavira, insiste en una idea: el PSOE y el PP abocan a los jóvenes a marcharse de Andalucía. Si en marzo llegó a afirmar que se ven forzados a “repetir el exilio de sus abuelos”, este lunes en el debate en RTVE remarcó su voluntad de que “nuestros jóvenes” puedan “formar una familia aquí”. Con los canales del partido difundiendo a todas horas mensajes como estos, Rodrigo Alonso, cabeza de lista por Almería y portavoz nacional de Trabajo y Campo de Vox, ha afirmado que “los menas”, como se refieren despectivamente a los menores migrantes no acompañados, se quedan con las ayudas que deberían ir a “los jóvenes”.
La salud del sistema español de pensiones es una cuestión sobre la que se siembran dudas de forma recurrente. Aunque sus números rojos (cerca de 7.400 millones, el 0,4% del PIB, en 2025) están en el nivel más bajo desde 2011, este es solo el déficit visible. Actualmente, prácticamente uno de cada cuatro euros que abona el sistema a los pensionistas (incluyendo todo tipo de prestaciones) procede de los impuestos generales y no de las cotizaciones que aportan empresas y trabajadores. Si se excluyeran las transferencias del Estado, la Seguridad Social presentaría en 2025 un déficit que sobrepasaría los 50.000 millones de euros, según cálculos realizados por la autoridad fiscal (Airef). Incluso quedaría por encima de los 60.000 millones, de acuerdo con las estimaciones de los economistas de Fedea. Cualquiera de estas cantidades sería muy superior al déficit público total español.
Primero fue un destacado asesor diplomático presidencial de Emiratos criticando en público, como nunca antes, la respuesta de los países árabes del Golfo a los ataques lanzados por Irán en represalia por la ofensiva bélica de Estados Unidos e Israel. Luego, el envío de una representación menor para asistir a la cumbre regional de más alto nivel celebrada desde el comienzo de la guerra. Y, por último, el anuncio de su adiós a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Los países de Oriente Próximo no se habían visto en una situación económica tan crítica en décadas. Algunos de ellos, nunca. El doble cerrojo que pesa sobre el estrecho de Ormuz ha hundido sus exportaciones de petróleo y gas a mínimos de muchos años, reduciendo sus ingresos, obligándoles a pedir ayuda externa ―al mismo país, Estados Unidos, que, junto con Israel, ha convertido una vez más a la región en un enorme polvorín― y a buscar a la desesperada alternativas para poder vender su producción fósil. Sin esas exportaciones, difícilmente podrán aguantar muchas semanas más sin que el daño financiero pase a mayores.
Un anglicismo de tres palabras, que bien podría estar sacado de una película de ciencia ficción, resume a la perfección la forma de operar de las refinerías europeas desde hace semanas: max jet mode. Todos los esfuerzos se encaminan a aumentar la producción de combustible para aviones (jet fuel, en inglés), el nudo gordiano de la crisis energética desatada por el inédito bloqueo de Ormuz y que, de no resolverse pronto, amenaza con desembocar en un caos sin precedentes en los cielos continentales. La escasez está ahí, al acecho.
Lo malo de charlar con Éric Zemmour (Montreuil, 67 años) podría ser tener que escuchar determinadas afirmaciones islamófobas y etnicistas. Lo bueno para un periodista, sin embargo, es que no se molesta en disimular algunas de sus inclinaciones, como suele hacer la mayoría de la extrema derecha europea. No hay trampa. “Los pueblos occidentales han entendido que estaban muriendo y siendo sustituidos por los pueblos árabe-musulmanes”. Y a partir de aquí se desarrolla todo.
Hangzhou, la ciudad donde nacieron el gigante tecnológico Alibaba o el modelo DeepSeek y uno de los escaparates de la ambición china en inteligencia artificial (IA), ha lanzado una advertencia judicial sobre los límites laborales de esa misma tecnología. El Tribunal Popular Intermedio de esta urbe del este de China ha declarado ilegal el despido de un empleado al que su empresa intentó sustituir por IA después de degradar su puesto y rebajarle el salario un 40%. El fallo, difundido en vísperas del Día Internacional de los Trabajadores como parte de una serie de casos paradigmáticos sobre la protección de derechos laborales en el sector, marca una línea roja en un país decidido a liderar esta nueva revolución tecnológica, pero cada vez más atento a que sus costes no erosionen la estabilidad social.
¿Le gustan las películas de gladiadores? El comandante Ramon Vallès no pilla de entrada la referencia a la tan políticamente incorrecta escena de la desopilante Aterriza como puedas en la que el capitán Oveur (Peter Graves) le suelta maliciosamente la pregunta a un niño invitado en la cabina de su avión. Él contesta que sí, que es fan de Ridley Scott. Pero es igual, Vallès (Piera, Barcelona, 59 años) es el piloto que uno querría tener empuñando los mandos cuando allá arriba las cosas se ponen mal y las turbulencias te hacen recordar el padrenuestro, el credo y hasta la salve marinera. Extrovertido, simpático y gran comunicador, a Ramon Vallès le conocen y saludan todas las personas con las que se cruza camino de la entrevista. “¡Qué tipo, un grande!”, se escucha a sus espaldas. Piloto de líneas aéreas con 30 años de experiencia, es muy activo y popular en redes y ahora publica el libro ¡Bienvenidos a bordo!, les escribe su comandante (Geoplaneta, 2026), subtitulado “Todo lo que siempre quisiste saber sobre volar”.
El bronceado ideal es una contradicción en sí misma: favorece, pero envejece la piel; disimula imperfecciones, pero puede acentuarlas; es símbolo de estatus y, al mismo tiempo, motivo de burla. Con la llegada del calor vuelve la tentación de utilizar un autobronceador. Y también la duda, porque pocos cosméticos generan tanta desconfianza.
“Los hombres quieren su prepucio de vuelta”, titula Bianca Bosker a un artículo publicado en The Cut en el que habla del caso de un hombre llamado David Floyd, que a través de diferentes foros descubrió el concepto de “restauración prepucial” (foreskin restoration, en inglés). Al cumplir 18 años se compró un TLC Tugger, un dispositivo médico no quirúrgico diseñado para la restauración del prepucio (utiliza silicona y tensión para estirar la piel residual del pene y promueve el crecimiento de nuevo tejido). Esta es una opción popular para hombres que buscan recrear el prepucio tras una circuncisión. Pero no fue suficiente. A lo largo de los años, intentó todo tipo de fórmulas para recuperar su prepucio hasta que el pasado invierno, decidió pasar por el quirófano abogando por la cirugía experimental. Asegura que cuando tuvo relaciones con su marido tras la operación, lloró de la emoción.
La crisis por el brote del virus de los Andes en el crucero antártico MV Hondius empezó el 20 de marzo, cuando unas 170 personas embarcaron en Ushuaia (Argentina) para disfrutar de una expedición por las aguas antárticas en un buque reforzado para el hielo. Un mes y medio después, se ha convertido en un problema de salud pública focalizado por ahora en un barco, y con riesgos de contagio reducidos entre humanos, que no debería dejar espacio para los egoísmos nacionales en cuestiones de salud pública, y debería servir para mejorar la coordinación ante brotes como este.
Sole era, ante todo, solidez. No solo por su nombre, sino por su forma de estar en el mundo y de ejercer el periodismo. No hablaba por hablar. Hablaba cuando tenía algo que aportar y entonces decía exactamente lo que quería decir, con una precisión que hoy resulta casi excepcional, midiendo cada sílaba con la exactitud de quien sabe que el lenguaje es la herramienta más sagrada y, a la vez, más peligrosa de la convivencia. Tenía esa virtud casi mística de atinar siempre con la esencia del asunto, de ir directa al centro de la noticia sin perderse jamás en el decorado. En un tiempo dominado por la velocidad, la inmediatez y el exceso de opinión, Sole elegía la pausa, la reflexión y la razón.
Como casi todo el mundo, yo la conocía sobre todo de leerla. como corresponsal, como defensora del lector, como columnista en Ideas. Admiraba su claridad, rigor e inteligencia; el criterio a la hora de escoger los temas y las fuentes o datos para abordarlos; el peso de su trayectoria. Se había ganado la admiración de sus compañeros de Redacción y de profesión; era creíble y respetada por el público: tenía, como ha escrito Maruja Torres, auctoritas. Residía en su trabajo como periodista y en su forma de entender el oficio como servicio público, en su compromiso con el feminismo y en una visión izquierdista no sectaria; en su idea de que había que defender las instituciones y de que examinarlas y criticarlas era la mejor manera de cuidarlas.
Junto a muchos otros lectores, el pasado fin de semana me acerqué a celebrar el 50º cumpleaños de EL PAÍS al Matadero de Madrid. Allí conseguí un facsímil de su primer número, el del martes 4 de mayo de 1976, que nunca había visto impreso. Lo leí con detalle, fijándome en las cosas en las que habitualmente me fijo, como las ligerezas o el cambio social y tecnológico. Entre el reformismo institucional, las declaraciones editoriales, los atentados de ETA y la cobertura sobre el Sáhara, me entero de que a Félix Rodríguez de la Fuente se le había escapado un halcón valorado en un millón de pesetas: me imagino al equipo de El hombre y la tierra observando, literalmente, volar el dinero. Pero lo que más me llamó la atención fue que se dedicaran dos páginas a la cartelera de Madrid, y una y media a publicitar los estrenos del momento, como ¿Quién puede matar a un niño?, de Chicho Ibáñez Serrador. Solo en la zona de Gran Vía hay 22 cines, algo que me parece relativamente lógico, siendo el momento de esplendor de las salas y su principal núcleo en la capital. Pero también aparecen listadas ocho salas en Vallecas, o 18 entre Usera, Carabanchel y Latina, barrios del sur que hoy son casi eriales cinematográficos. En total, 144 cines en Madrid. También me entero de que en Usera se proyectan películas los domingos en la Asociación de Vecinos de Orcasitas, un edificio de ladrillo rojo que fue construido por los vecinos durante los fines de semana y que posee sala de reuniones, biblioteca y asesoría laboral, pero también retretes públicos y duchas para los asociados que no disponen de sanitarios en su casa. Los ciudadanos peleaban por tener los servicios mínimos en sus barrios; eran los años dorados del asociacionismo, y el periódico entrevistaba a sus líderes.
Mi primer recuerdo es el de una mañana de mucho sol. Debo tener tres años. En el corredor de la casa, la Mercedes Alvarado, la muchacha que ayuda a mi madre en todo, me alza de la batea donde me ha bañado, y me deposita sobre la tapa de la máquina de coser. Me seca, me envuelve en una sábana, y se va a botar el agua jabonosa sobre las plantas del patio.