“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Minneapolis despidió este sábado otra trágica jornada de protestas contra el pulso que Donald Trump está echándole desde hace semanas a la ciudad con una vigilia en memoria de Alex Pretti, el enfermero de 37 años al que unos agentes de la patrulla fronteriza a los que estaba grabando con el móvil mataron a tiros por la mañana.
Una vez más, Trump se ha echado para atrás. Ya no quiere la anexión de Groenlandia. Tampoco habrá aranceles para quienes se opusieron a sus pretensiones imperialistas. Europa ha aguantado la embestida, con la ayuda de los mercados financieros e incluso de los republicanos inquietos por el futuro de la OTAN. Nadie podrá olvidar que el presidente amenazó con invadir militarmente a un aliado, uno de los más leales y sacrificados de la Alianza. Por unos días, la muerte por asesinato de la OTAN ha ocupado la mente de todos, para máxima fruición del Kremlin.
Mark Carney. Discurso de Davos (21 de enero). Tim Bouverie. ‘Apaciguar a Hitler. Chamberlain, Churchill y el camino de la guerra’ (Debate, 2021).Alexander Stubb. ‘The Triangle of Power: Rebalancing the New World Order’ (Columbia Global Reports, 2026). Thierry Breton. 'Resistir en la era de la radicalidad: Por una unión sagrada europea' ('El Grand Continent', 21 de enero).Desde el martes a primera hora vivo entre mis recuerdos y para escribir esta columna he ido a buscar uno de los libros que me cambiaron la manera de pensar nuestra vida en común. Hacía años que no releía Algo va mal, del inglés Tony Judt, un breve y contundente alegato político de 2010. Uno de los historiadores que más admiro, obsesionado por el colapso que desembocó en la Segunda Guerra Mundial, interpretaba la crisis económica de 2008 como una amenaza para la libertad y la igualdad. Pensando la modernidad y el siglo XX, advertía de que, si la socialdemocracia no se actualizaba, podría producirse un colapso democrático, porque el neoliberalismo dominante iría gangrenando la sociedad del bienestar fundada a través del consenso de posguerra. Sus temores, joder, se están cumpliendo.
Antonio Méndez, viajero del coche 5 del Iryo: “De pronto, sentimos como si atropelláramos algo, una sensación de subir y bajar, como si pasáramos un bache o un badén, e inmediatamente después empezó a temblar el coche de izquierda a derecha. Nos agarramos a los asientos porque parecía que íbamos a volcar”. Varios viajeros de este tren coinciden: antes de empezar a bailotear como consecuencia del descarrilamiento, todos sintieron una suerte de bache.
Coordinación:Kiko Llaneras, Daniele Grasso y Brenda Valverde Rubio
Diseño:Ruth Benito
Desarrollo:Fernando Anido
Animación 3D:Carmen Castellón y Jacob Vicente
Gráficos:Yolanda Clemente
Con información de:Julio Núñez
La tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) deja 45 muertos; ha resquebrajado la confianza de los viajeros en la alta velocidad, e impacta en la imagen de un país que exporta conocimiento en infraestructuras. El ministro de Transportes, Óscar Puente (Valladolid, 57 años), recibe el viernes a El PAÍS en su despacho en la Castellana de Madrid. Le ocupa, entre otras urgencias, encontrar un mecanismo de reparación a las víctimas sin que tengan que esperar un largo juicio, pero también acaba de conocer conclusiones preliminares de la investigación técnica del siniestro. No piensa en la dimisión pese a que se disparan las sospechas sobre el raíl roto como posible causa del descarrilamiento del tren de Iryo el pasado domingo. Con ello, también es mayor la presión sobre la pública Adif, gestora de la vía y adscrita a su ministerio. “No hay ningún debate en el Gobierno sobre mi dimisión”, afirma.
El brutal accidente que el pasado domingo se cobró la vida de 45 personas abre muchos interrogantes en un país que ha convertido la alta velocidad en una de sus banderas o elementos más destacados de lo que se ha llamado Marca España: ¿Es el sistema ferroviario español seguro en términos generales? ¿Funcionan correctamente los protocolos de respuesta a una emergencia de este tipo? ¿Es suficiente el nivel de mantenimiento teniendo en cuenta el aumento exponencial del tráfico ferroviario en los últimos años? Para responder a esas preguntas, EL PAÍS ha consultado a ingenieros, expertos en materiales, infraestructuras y circulación; maquinistas y formadores de maquinistas; además de analizar los informes de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) de los últimos años y el grado de cumplimiento de sus recomendaciones y recabar los datos más significativos sobre inversión hasta la fecha.
No hay ningún cartel. Todo el que cruza las puertas automáticas de cristal las ve. No hace falta preguntar qué hacen sobre el suelo. Los trabajadores de seguridad de la estación de trenes de Huelva se encontraron este martes por la mañana con una maceta y una pequeña bolsa de cartón con margaritas blancas en la entrada. Nadie sabe quién las puso. Hacía 48 horas que la noticia del trágico accidente estaba en todas las casas y pueblos de la provincia. El último tren del domingo, el Alvia procedente de Madrid, el que llega con retraso casi siempre y pasadas las diez de la noche, había sufrido un accidente en las vías que cruzan Adamuz, un pueblo de Córdoba de poco más de 4.000 vecinos.
Un informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) aportó el viernes la primera hipótesis de trabajo oficial sobre las causas del trágico accidente de dos trenes de alta velocidad sucedido el pasado sábado por la noche a la altura de Adamuz, Córdoba. Allí murieron 45 personas en el acto y decenas siguen heridas. A los familiares de estas víctimas se les debía esta información, aunque se tarde meses en saber exactamente qué pasó. Pero no estamos en el momento de las culpas, sino de entender.
Dice Teresa Palacios que durante muchos años el AVE fue el salón de su casa. Se montaba en la estación madrileña de Atocha, a siete minutos apenas de la calle de Génova, donde ella, según los días, podía haber pasado la mañana interrogando a un narcotraficante internacional, a un terrorista de ETA o, en los últimos tiempos, redactando una sentencia. “Era sentarme en el vagón”, recuerda la que fue titular del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional y ahora preside una sección de la Sala de lo Penal, “y sentir que ya estaba en Andalucía”. “Por la amabilidad, por la comodidad, hasta por el acento; y sobre todo por la seguridad de que en dos horas menos veinte minutos ya iba a estar en Córdoba con mi familia”.
Todo empieza el martes 20 de enero. A las tres de la tarde de ese día, la estación de Renfe de la plaza de Catalunya de Barcelona está abarrotada. El temporal no cesa y decenas de trabajadores bajan casi corriendo las escaleras por miedo a quedarse sin tren para volver a casa. Un usuario advierte los avisos lanzados por megafonía sobre los retrasos en la línea 3 de Rodalies, la R3. “¿La línea de Blanes funciona?”, pregunta a un trabajador de Renfe antes de validar el billete. “Sí, sí, la R1 sí”, le responde. En la siguiente media hora, pasan tres convoyes consecutivos de la R3, pero ninguno de la R1 a pesar de que en las pantallas hay anunciado uno para las 15.02. Hasta que ese tren se esfuma de los monitores. Se oyen resoplidos: no es la primera vez que se produce una desaparición repentina de un tren en las pantallas. Pero alrededor de las 15.40 aparece, sin ser anunciado, un ferrocarril que se dirige a Blanes y que, en principio, hará parada en todas las localidades de la comarca costera del Maresme.
Afirma Julian Barnes (Leicester, 80 años) en Despedidas (Anagrama): “Este será mi último libro”. El entrevistador agarra al vuelo esa advertencia. La conversación en su casa de Londres será sobre este nuevo libro, sí, pero también sobre una carrera literaria brillante. Como ya hizo en su obra magistral, El loro de Flaubert, el autor británico retoma en el nuevo libro un estilo híbrido en el que mezcla ficción y no ficción, imaginación y erudición. Y vuelve también a jugar con las trampas del pasado y la memoria como ya lo hiciera en El sentido de un final, con el que ganó el Booker en 2011. En Despedidas, una pareja, Stephen y Jean, reaviva con poca fortuna su idealizado amor universitario medio siglo después.
“Aunque estamos en un negocio subjetivo, la verdad es que yo busco la grandeza. Sé que la gente no suele hablar así, pero quiero ser uno de los grandes”. Con el premio del Sindicato de actores en la mano por encarnar a Bob Dylan en Un completo desconocido, en febrero de 2025, Timothée Chalamet (Nueva York, 30 años) se confesó ante sus compañeros intérpretes. El actor nunca ha escondido su ambición artística, su selección de proyectos ha ido afinándose con su experiencia, y ahora se prepara para ganar su primer premio Oscar por su buscavidas Marty Mauser en Marty Supreme. Alabado por sus compañeros como Javier Bardem, ensalzado por su director, Josh Safdie, tras siete años juntos para sacar adelante el filme, ha llegado la época Chalamet en el cine mundial.
1. Desde principios de este siglo no he vuelto a recibir ninguna carta en cadena, pero a lo largo del siglo XX recibí muchas, y no es que la cosa me hiciera demasiada gracia. Eran cartas que llegaban por correo sin remitente y que empezaban invariablemente con una especie de autopresentación: “Estimado destinatario, enhorabuena por recibir esta carta. Ha llegado desde muy lejos para traerle felicidad pues forma parte de una cadena imparable que recorre el mundo para difundir el bien. Por favor, no rompa esta cadena. En cuanto lea estas líneas, cópielas veinte veces, meta cada una en un sobre y envíeselas a sus amigos, especialmente a aquellos más necesitados de buena suerte…“.
Davos escenifica simultáneamente el nacimiento de un nuevo orden y nuestra imposibilidad de detenerlo. En el mismo edificio, con horas de diferencia, Jared Kushner, promotor inmobiliario, yerno y enviado especial del presidente, proyecta un PowerPoint con rascacielos, hoteles y “oportunidades de inversión” sobre un territorio devastado: 70.000 muertos, un 80% de viviendas destruidas. Habla de “cambiar la mentalidad”, la fantasía neoliberal en su forma más pura. No hacen falta derechos; solo integración en los flujos de capital. Dame tu tierra frente al mar y te daré un infraempleo en el hotel que construiré sobre la desmemoria de un genocidio y los escombros de tu casa. “Cambiar la mentalidad” es el eufemismo contemporáneo de “civilizar”. Trump presenta una “Junta de Paz para Gaza”, una mini-ONU privatizada con asientos a 1.000 millones de dólares. “Los conozco a todos, son mis amigos”, dice sin esconderse. Un poco antes, el primer ministro canadiense, Mark Carney, invocaba a Václav Havel y recibía una ovación en pie. El poder de los sin poder es un texto fundamental para entender cómo funcionan los sistemas de dominación, que no se sostienen solo por la fuerza ni por la convicción ideológica, sino por millones de pequeños actos de conformidad. El melifluo gobernador de California, Gavin Newsom, trabaja activamente para bloquear una medida que haría pagar más impuestos a los billonarios, pero viene a Davos a decirle a Europa que hay que tener “más huevos”. Y los europeos… ¡ay, los europeos! António Costa, con la cobardía léxica de Bruselas, expresa “serias dudas” sobre la compatibilidad del plan con la Carta de la ONU. Seamos claros: la Junta viola el derecho internacional, margina a las instituciones multilaterales, trata un territorio ocupado como un solar edificable y excluye a su mermada población de las decisiones sobre su futuro.
Otro niño murió de frío en Gaza este pasado jueves. Ese mismo día, Jared Kushner, yernísimo de Trump, exponía en el Foro de Davos los planes de desarrollo turístico y comercial que Estados Unidos liderará en la reconstrucción del territorio destruido. La inspiración a seguir es Dubái, aunque el ideal de este batallón de “desviados morales”, como así los llama Andrea Rizzi, es el mismo en cualquier lugar del mundo en el que instalan su ignominiosa bandera: les gusta defecar en váteres dorados. Un niño muere de frío en Gaza esta semana; otro, Liam Conejo de cinco años, es detenido junto a su padre por el ICE en Minneapolis. Al pequeñito con cara de susto le arrebatan la mochila de Spiderman; comprensible, quién puede asegurarnos que bajo su estampa de tierna criatura no está llevando al cole una mochila cargadita de explosivos. Se lo llevan a un centro de detención en Texas. A partir de ahí, su futuro es incierto. Pero Liam no es el único niño. A raíz de la conmoción que provoca el vídeo del arresto, las maestras del distrito declaran que se han producido más detenciones de escolares en los centros educativos. Hay que cortar el problema de raíz. Como bien dijo Trump, esto no pasaría si a Estados Unidos llegaran criaturas suecas o noruegas y no inmigrantes de países de mierda.
El trumpismo afronta una creciente oposición a escala global. La semana vivida en el Foro Económico de Davos ha reforzado las filas opositoras, con el viraje de numerosos líderes europeos —incluso en el grupo de la ultraderecha, teóricamente cercano a Trump— que han dejado atrás las habituales actitudes contemporizadoras y optan ya por un firme rechazo ante sus abusos e insultos. Se suman así, aunque no de forma organizada, al lote de países que se niegan a plegarse, como China, la India, Canadá o Brasil.
Derechización, sobre todo gracias a Vox; presidencia retenida por el PP sin mayoría absoluta; debilitamiento del bloque izquierdista a causa del PSOE. ¿Es la descripción de la noche electoral de Extremadura el 21 de diciembre? Sí, pero los sondeos apuntan a que también puede ser la de Aragón el 8 de febrero. Encuestas en mano, la comunidad que integra a Zaragoza, Huesca y Teruel se encamina a un resultado que recuerda al extremeño, aunque con diferencias: el corrimiento a la derecha, aunque notable, no llegará tan lejos, y la caída de los socialistas no serán tan estrepitosa, coinciden 40dB. y el CIS en sus barómetros previos a unas elecciones que Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, quiere convertir en otro campo de batalla contra Pedro Sánchez; y Santiago Abascal, líder de Vox, en otra prueba de que los populares se equivocaron si diseñaron el carrusel electoral de 2026 para reducir su dependencia de la ultraderecha. Solo una carambola con Teruel Existe, que los sondeos no pronostican, puede librar de Vox a Jorge Azcón (Zaragoza, 52 años), presidente y candidato del PP.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé para este domingo viento fuerte con rachas muy fuertes en los litorales del Cantábrico y Mediterráneo, meseta norte, sierras del interior, arco Mediterráneo, Ibéricas e interiores del tercio este, junto con precipitaciones persistentes con acumulaciones notables en las sierras andaluzas de Cazorla, Segura y Grazalema. Últimos coletazos de la borrasca Ingrid, que dejó este sábado más de 80 carreteras cortadas.