“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Trump no es irracional. Es irreverente, obstinado y performativo. Un hombre fuerte, narcisista y con tendencias autoritarias, que solo entiende el lenguaje mercantilista. Utiliza la prueba y el error para condicionar a sus rivales, en una lucha por el poder y el protagonismo. Sus últimas acciones ayudan a definir los contornos de la nueva política exterior de Estados Unidos, y lo que nos exaspera no es la imprevisibilidad de sus acciones, sino que sean consecuentes con sus exabruptos, hablados y escritos.
La propuesta de financiación recién presentada tiene un incierto futuro. No está claro su recorrido legal, ni la disposición de las partes a aceptar cambios que acaben desnaturalizando lo pactado. Pese a los reproches de unos y otros, la propuesta presentada que se conoce no supone un nuevo sistema de financiación. No es singular para Cataluña. No sale ésta del régimen común. No es el fiel reflejo del acuerdo de investidura del presidente Illa. No es un pacto con concierto solidario. No se compromete con la deseada ordinalidad. No es tampoco la propuesta por la que trabajó durante casi un año la comisión catalana de reforma de la financiación que impulsó la Generalitat de Cataluña. No es un modelo basado en las capacidades fiscales de cada Comunidad. No incorpora responsabilidad fiscal efectiva en ingresos, migrando del modelo garantista de estimación de necesidades de gasto. No es cierto que salde los déficits de las balanzas fiscales y salga gratis a las comunidades ricas ya que tarde o temprano deberán pagar con impuestos los déficits públicos adicionales que genere.
Ojalá no tuviera que escribir hoy esta columna, porque eso significaría que las 45 personas que fallecieron en el accidente de Adamuz seguirían enredadas en sus vidas cotidianas. Unos estarían aguardando la nota de los exámenes de la oposición a la que se presentaron en Madrid y otros, saboreando los recuerdos de ese partido soñado en el Bernabéu. Todos estarían con sus familias y sus amigos, transitando por esas rutinas que a veces vivimos como un lastre, pero se convierten en un tesoro cuando constatamos que un drama como el vivido estos días puede fulminarlas de golpe. La tragedia de Córdoba nos marcará a todos, pero, paradójicamente, nos regala el mejor y más reciente ejemplo de cómo una ciudadanía más formada y solidaria, junto al trabajo de instituciones responsables y reactivas, puede convertir las redes sociales en el mejor instrumento de comunicación y apoyo en una situación de emergencia. Contrariamente a lo que sucedió en octubre de 2024, cuando la dana de Valencia arrastró casas, vidas y también una parte sustancial de la verdad, en esta ocasión el ruido no ha ganado la partida.
Lo podría llamar el contrato social del PAU madrileño. El crecimiento a base de barrios del tamaño de una capital de provincia como la inminente colonización de Los Berrocales promete a los compradores una nueva vida con garaje, piscina y jardín, a cambio de largas esperas hasta que funcionen los coles, centros de salud o el Metro. Sin embargo, hay algo aún peor. Los pioneros, quienes inauguran la zona, padecen condiciones extremas de las que poco se habla. Es la historia de madrileños como Virginia, Tonín, Juanma o Raquel, los primeros vecinos del último PAU (Programa de Actuación Urbanística) que se estrenó en Madrid, en marzo hará diez años, El Cañaveral. Literalmente, estos pauers empezaron un barrio desde cero, en mitad de la nada.
Cuando Meritxell Mayans planeó la llegada al mundo de su hijo Kai, compró su ropita y empezó a prepararse para la maternidad, jamás imaginó que acabaría dando a luz a su hijo muerto. A las 22 semanas de gestación, debido a complicaciones graves de salud, tuvo que interrumpir el embarazo y el mundo se le vino abajo. Nadie le dijo que podría cuidar y velar a Kai, hacerle una foto, tomarle las huellas o mantenerlo en brazos. Tampoco que esos rituales podían ayudarla en el duelo posterior. En ese momento crítico, coinciden los expertos, los pacientes están aún más susceptibles a la autoridad del equipo médico. Cada palabra o silencio cuenta.
Manuel Lozano Leyva, físico sevillano, catedrático emérito y asesor del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), cumple 77 este año y dice que no tiene edad para que le dé miedo decir lo que piensa. Por eso, afirma sin titubeos que “[Donald] Trump está desquiciado” o aboga por la restauración del servicio militar obligatorio o defiende la energía nuclear. Una anécdota que recuerda entre risas este nieto de cochero, de quien heredó la pasión por los caballos (acoge a 66 en la finca de ocho hectáreas donde vive en Dos Hermanas), resume su estrategia vital: durante una competición campo a través le tocó montar a Opinión. Le sorprendió que fuera recibido entre risas y aplausos en la salida y pronto comprobó por qué. El animal era conocido porque no paraba de rehusar y era especialista en alcanzar la meta el último, cuando llegaba. Pero esta vez consiguió completar el recorrido y, por primera vez, no en el último lugar.
El vuelo silencioso de las lechuzas se ha alejado de la Comunidad de Madrid. Aficionados del avistamiento de aves les han perdido el rastro pese a que en una época no muy lejana era común verlas en graneros o campanarios, muy cerca de los humanos. Así lo comentan algunas personas en un grupo de Facebook enfocado en la ornitología, la rama de la zoología que se dedica al estudio de las aves. “En Móstoles, hace 20 años que no veo una lechuza. Y se veía alguna dentro de la ciudad”, dice Oliver García. “Hace 30 años, siempre escuchaba una desde mi casa, en Alcalá de Henares. Empezaron a tirar casas antiguas para construir pisos y nunca más se supo”, sigue Lilith. Y aunque organizaciones dedicadas a la conservación animal han intentado reforzar la población de la lechuza en Madrid mediante la liberación de ejemplares criados en centros especializados, el siseo de estos rapaces está dejando de escucharse en las noches. Expertos coinciden en que “sería una tragedia” perder la especie en Madrid, un riesgo que, como el aleteo de la lechuza, sobrevuela silenciosamente.
El primer Barbazul de la historia no tenía la barba azul, sino la sangre. El mariscal Gilles de Rais luchó junto a Juana de Arco en la liberación de Orleans, pero murió sin honores en la horca acusado de violar, torturar y asesinar a decenas de niños en su castillo de Champtocé. Dos siglos y medio después, Charles Perrault adaptó las atrocidades del aristócrata francés en sus Cuentos de antaño, de los que se sirvió más tarde Maurice Maeterlinck para escribir el drama que daría origen a la ópera Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas.
“La gente ha llegado psicológicamente al límite de su tolerancia. Ya no pueden silenciar sus gritos; incluso frente a las balas de este régimen brutal se mantienen firmes y gritan para recuperar con sus voces los derechos perdidos y lograr sus reivindicaciones”, cuenta a EL PAÍS Parinoush Saniee sobre la situación actual de Irán. Socióloga y psicóloga de formación, novelista por necesidad, Saniee se ha convertido en la autora iraní más leída y traducida del mundo, mientras sus libros siguen rigurosamente prohibidos en su país. Ahora, la reedición en español de Una voz escondida y El libro de mi destino (Alianza) devuelve al centro del debate una obra que dialoga de forma directa con las protestas que desde hace años, y especialmente en las últimas semanas, sacuden las calles del país.
Leo que hay treinta propios contratados para espolear el voto a Sirât en los Oscar; treinta “relaciones públicas”, rezaba el titular. Ojalá la película se los lleve. Muy a favor de que el cine español gane premios. Pero lo interesante de Sirât, más allá que la propia película, es el personaje que nos ha descubierto.
Conviene ponerse en alerta: ya están preparándose los reportajes, escritos y audiovisuales, sobre el medio siglo del punk rock. Y es que en 1976 se publicaron los estrenos discográficos de los Sex Pistols, los Ramones, los Damned o la primera versión de Blank Generation, el himno de Richard Hell.
Hay señales que actúan como termómetro de medición de la magnitud de los desafíos que cada invierno tienen que encarar los equipos que se miden en el Mundial de Fórmula 1. El más revelador son las bajas que se acumularán en la primera tanda de pruebas, que dan comienzo este lunes, en Montmeló, y que se alargarán hasta el viernes. La complejidad de los monoplazas, acordes con un reglamento completamente nuevo, ha tensionado todavía más el periodo del año más frenético en las fábricas. Eso, combinado con algunos estrenos en el campeonato, como el de Cadillac; y otras maniobras tan relevantes como las de Red Bull o Aston Martin, que cambian de suministrador de motores, explica que la mayoría de estructuras se presenten en el Circuit sin saber muy bien qué esperar, y con una actitud mucho menos desafiante de lo habitual. La tropa energética, con Max Verstappen como abanderado, ya destapó su RB22 hace diez días, en Detroit, mientras que el lujoso fabricante de Silverstone (Gran Bretaña), dirigido ya a pleno efecto por Adrian Newey y con Fernando Alonso al volante, lo hará el próximo día 9 de febrero.
Hay una escena que se repetía: un niño salía del colegio y en la puerta lo esperaba su abuelo. Llevaba un pastelito, el mismo de siempre, comprado en la pastelería de siempre, en el barrio de Rheydt, al sur de Mönchengladbach. El viaje hasta donde entrenaba la cantera del Borussia duraba cerca de 10 minutos. Así eran las tardes entre Marc-André Ter Stegen y su abuelo, Opa, como lo llama. “Me llevaba a los entrenamientos, en los días soleados y también en los más duros. Nunca falló. Él fue mi figura paterna: siempre discreto, sin hacer ruido… pero presente, constante, cariñoso. Y para mí, ese fue el camino correcto”, recuerda el portero alemán.
El Consell ha redactado una nueva ley del suelo para poner fin a la “carrera de obstáculos” que supone aprobar un plan urbanístico en la Comunidad Valenciana con la ley en vigor, que aprobó en 2014 un Gobierno autonómico también del PP. El Ejecutivo de Juanfran Pérez Llorca esgrime que es necesario para simplificar la burocracia en la gestión del suelo, pero desregula los procesos de urbanización de este. Flexibiliza la obligación de reservar suelo para la vivienda protegida y dotacional en un momento de déficit severo y muchos de los artículos remiten a un desarrollo reglamentario posterior que escapará al posible control parlamentario. Son las principales críticas vertidas tras el análisis del texto. La Generalitat niega la mayor de la desprotección e incide en que el modelo es “excesivamente rígido”.
En el último juego de su partido contra Taylor Fritz, Stan Wawrinka, de 40 años, devolvió a duras penas un servicio del poderoso estadounidense, de 28. Fritz le arreó a la derecha de Wawrinka, y luego se empecinó con el revés del suizo. Son cinco reveses a una mano de Wawrinka, uno detrás de otro. Hay que buscar y ver ese vídeo porque es un trozo del pasado que se derrumba ante nuestros ojos, y además un pasado mejor: el que recuerda la lejana y elegante hegemonía del revés a una mano.
Corría el 70 cuando saltó al campo. Había disputado unos minutos antes, pocos, apenas una docena, en un partido con el primer equipo. Pero aquellos fueron lejos de casa, así que, aunque no era su debut con el club, sí la primera vez que jugaba ante los suyos, en su estadio. El partido era el más importante de lo que llevábamos de curso, de modo que no se trataba de uno de esos ratos puramente testimoniales que a veces los entrenadores regalan a los jóvenes para que se vayan fogueando y pierdan el miedo escénico. Todo lo contrario: el momento era clave y el mensaje del míster de confianza clara. La grada reaccionó en consecuencia. Cuando aquel delantero centro de apenas 20 años puso el pie sobre el césped, el estadio, desbordado con más de 50.000 almas, estalló al unísono, jaleándolo.
Aunque a veces no lo parezca, la vida es insólita. Especialmente en sus detalles cotidianos. Basta pararse un minuto en cualquier esquina de cualquier ciudad del mundo y observarla con detenimiento. Al aplicar una cierta distancia en la mirada se descubrirán gestos y acciones que pasaban desapercibidos. Al asombro inicial de encontrarse con lo extraordinario le seguirá la aceptación de lo rara que es la realidad.
Un dato inesperado de la filósofa Seyla Benhabib (Estambul, 1950), galardonada en diciembre con el prestigioso premio alemán Hannah Arendt de pensamiento político: forma parte de la diáspora zamorana. Como explica en el libro Dignity in Adversity (dignidad en la adversidad, sin publicar al español), su “ancestro más antiguo conocido” se llamaba Jacob Ibn Habib, rabino de Zamora durante la segunda mitad del siglo XV. Ibn Habib nació y vivió en esta ciudad castellana hasta que el edicto de expulsión de los judíos de 1492 lo obligó a exiliarse, primero a Portugal y después a Salónica, donde pudo establecerse y llevar a cabo su reconocida obra de recopilación talmúdica Ein Yaakov. Siglos más tarde, los descendientes de Ibn Habib se vieron obligados a exiliarse nuevamente. Esta vez, cuenta Benhabib, encontraron refugio, “como miles en aquel periodo,” en el Imperio Otomano.