“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Figuras como Trump, Putin, Netanyahu o los líderes del régimen iraní magnetizan, inevitablemente, la atención mediática. Sus abyectas acciones políticas la exigen. No, por supuesto sus responsabilidades no son iguales, pero, sí, son todos matones. Y ante las agresiones de los matones, es esencial prestar atención a la acción de quienes intentan formar la resistencia que puede proteger a las víctimas. De esto último, de aquellos que militan con vigor y coraje en el lado correcto, se ocupará esta columna.
Querido amigo: Celebro que hayas salido del coma y aprovecho para ponerte al día. Ya sabes que nunca haré como el protagonista de Good Bye, Lenin!, que recreó el Berlín del muro y el comunismo para que su madre no se disgustara al despertar. Ganas me daban, pero esto es lo que hay.
En la fachada del Museo de Arte Antiguo, uno de los edificios icónicos en la Isla de los Museos de Berlín, hay una instalación de Maurizio Nannucci que dice: “Todo arte fue contemporáneo”. Una provocación que es verdad para casi cualquier artista, con la excepción de Anab Jain y Jon Ardern, fundadores de Superflux. Su proyecto opera estrictamente fuera de la contemporaneidad para producir recuerdos, reliquias, artefactos y espacios de un futuro que aún no ha sucedido, con la esperanza de que la experiencia nos haga cambiar de dirección. Una habilidad excepcional, y necesaria para corregir una inconveniente paradoja: el mundo que experimentamos es el resultado de las decisiones que tomamos hace décadas, y nos cuesta prevenir las consecuencias de nuestros actos que existen sólo en nuestra imaginación.
Las aguas del embalse del Giribaile, en el centro de la provincia de Jaén, han vuelto a engullir al puente de Ariza, construido a mediados del siglo XVI y considerado la más importante obra de ingeniería civil del insigne arquitecto del Renacimiento Andrés de Vandelvira. Este pantano, uno de los más grandes de la cuenca del Guadalquivir y que esta semana ha alcanzado el 75% de su capacidad, se ha convertido hoy, a consecuencia de las intensas precipitaciones de los dos últimos meses, en una gran marisma a la que han vuelto las aves migratorias, pero de donde ha desaparecido el que ha sido su principal elemento iconográfico desde que, en 1998, entró en uso el embalse. Y todo entre la desidia de las instituciones, incapaces de ejecutar el proyecto fraguado hace muchos para trasladar el puente a otro lugar que lo ponga a salvo de las aguas.
Los cánones de belleza y hasta los trucos cosméticos no son solo cosa de la era TikTok. Qué hace a alguien bello, y por qué una persona es considerada fea son cuestiones que han preocupado a lo largo de la historia del arte y que vivieron un momento crucial entre finales del siglo XV y el XVI, cuando artistas como Boticelli, Tintoretto, Da Vinci o Cranach el Viejo establecieron algunos estándares que perduran hasta nuestros días. El Palacio de Bellas Artes (Bozar) de Bruselas dedica su última exposición, Bellezza e Brutezza, el ideal, lo real y la caricatura en el Renacimiento, abierta hasta el 14 de junio, a explorar esta etapa clave en la historia y el arte.
“Nunca se acaba el peligro, no hace más que cambiar de forma. Tendremos que luchar de nuevo, y acaso después otra vez, antes de que se haya terminado”. Así se expresaba en las páginas finales de Odessa el coronel de los servicios secretos israelíes que habían logrado conjurar el peligro de los cohetes letales tipo V2 puestos a disposición de Nasser por la secreta organización nazi. La famosa novela de Frederick Forsyth (la más popular del autor después de su Chacal), publicada en 1972, transcurría en 1963, y ha hecho falta medio siglo para que la observación de aquel coronel israelí —“tendremos que luchar de nuevo”— se haga realidad. Como dice en la secuela, La venganza de Odessa (Plaza & Janés, 2026), el protagonista de la novela original, Peter Miller, el hombre que destapó la existencia de la maligna organización y que vuelve a aparecer, con 93 años, para ayudar a su nieto en una investigación similar a la que hizo él: “Era obvio que Odessa volvería. Lo cierto es que nunca se fue. No del todo”. O como reza la publicidad del libro: “Los nazis nunca fueron derrotados, solo esperan su momento”.
Son las diez de la mañana en Nueva York. Rufus Wainwright comparece puntual a la videollamada para esta entrevista, pero deja la cámara desconectada. “Aquí todavía es temprano y aún no estoy visible”, dice su voz desde la zona oscura de la pantalla donde aparece su nombre. Está inmerso en una breve residencia en el café del hotel Carlyle, donde, durante cinco días, interpreta canciones que aparecen en I’m a Stranger Here Myself. Wainwright Does Weill, su reciente disco de versiones grabado en directo con la Pacific Jazz Orchestra. “Descubrí la música de Weill con 13 años. En realidad, lo que vi fue una portada en la que una mujer, con una imagen muy poderosa y unos dientes horribles, fumaba un cigarro. Era Lotte Lenya. Compré el disco por aquella portada. Luego, al escucharlo en casa, caí rendido ante las ambientaciones musicales creadas por Weill”.
I’m a Stranger Here Myself. Wainwright Does Weill Rufus Wainwright And The Pacific Jazz Orchestra Thirty Tigers / Popstock!En las antípodas del más anodino de los cubos blancos, el CAAC de Sevilla y el C3A de Córdoba son dos arquitecturas cargadas de identidad. De un lado, la Cartuja sevillana, sede principal del museo sevillano a la espera de su próxima ampliación, y del otro, el edificio de Nieto y Sobejano en Córdoba, de un sobrio y elegante neobrutalismo. Ambos centros públicos, dependientes de la Junta de Andalucía, cierran ahora una etapa tras la marcha de su responsable desde 2022, Jimena Blázquez, y el anuncio de un concurso público para la nueva dirección. Queda, como balance provisional, una última tanda de exposiciones muy afinada, con cuatro artistas poco expuestos en los grandes museos y unidos aquí por un imaginario común en el que conviven imágenes sacras, materias híbridas y ruinas contemporáneas.
La próxima semana, Rosa Montero, presidenta del jurado, anunciará los cinco finalistas del premio Aena de Narrativa Hispanoamericana y el día 8 de abril se fallará en Barcelona. Como era previsible por su diseño y dotación (un millón de euros para el ganador, 30.000 euros para cada uno de los cuatro finalistas), la presentación de este galardón ha producido una cierta sacudida en el mundo cultural de España y América Latina. Esta sacudida ofrece una oportunidad para reflexionar serenamente sobre el mecenazgo, entendido como la aportación voluntaria de recursos económicos de empresas y ciudadanos a actividades culturales, científicas y educativas que complementan —no sustituyen— las actuaciones públicas.
“No sé cómo pronunciar su nombre: Pitarch”, dijo a su manera Thierry Henry este miércoles en una tertulia televisiva. “Me fijé en él con atención esta noche. ¡Qué partido! Corría por todos”, comentó sorprendido el exdelantero francés después del Real Madrid-City. A falta de saber qué papel puede tener cuando las estrellas regresen de las lesiones y cuáles son los siguientes pasos de este joven aún tierno (18 años), Thiago Pitarch mostró dos cualidades que escasean, y mucho, en este Madrid: no dejó de pedir el balón en las zonas más calientes, y no paró de recorrer kilómetros para presionar y ofrecerse.
Subestimar al Madrid es una mala idea. En esta ocasión el golpe sobre la mesa fue mayúsculo, porque no lo esperábamos. Nos aferrábamos a cosas de orden antiguo: al compromiso histórico, a los valores esenciales donde habita la identidad. Y debe ser verdad que en todo eso hay un poder secreto.
Joan Laporta acostumbra a desayunar en el Europa Café, muy cerca de su despacho en la Diagonal, próximo también a su domicilio y a cinco minutos del Camp Nou. La compañía y la duración del almuerzo dependen de si el hoy candidato a las elecciones azulgranas ejerce de abogado o de presidente del FC Barcelona. La tarea de ejecutivo es más rápida y solitaria mientras que la de directivo suele ocupar más tiempo y reunir a más gente, la mayoría vinculada al Barça.
El 8 de marzo de 2021, un día después de caer en las elecciones del Barcelona frente a Joan Laporta, Víctor Font (Granollers, Barcelona; 53 años) no se movió de su casa. Ni siquiera se quitó el pijama. Contestó mensajes y descansó. Había quedado exhausto después de una campaña en la que había madurado tanto el proyecto que se olvidó de madurar su perfil como candidato. Aunque todavía no había verbalizado que no pensaba bajar los brazos, su gente más cercana sabía que se daría una nueva oportunidad. Según su entorno, Font es un tipo tozudo. Tenían razón: volvió en 2026. Y volvió mejorado. Lo hizo sin necesidad de recurrir a esos coach embaucadores que supuestamente moldean la puesta en escena de los políticos. ¿Su entrenamiento? La insistencia. Una vez más.
Mercury 13 fue el nombre de un grupo de mujeres que, en 1960, superó las pruebas médicas de la NASA para viajar al espacio. Ninguna llegó a ser astronauta.
¿A qué estaría dispuesto a renunciar para vivir en un mundo en paz? ¿Y si tuviera que escoger entre libertad y felicidad? ¿Hay que poner límites éticos a la tecnología? ¿Quién los debe poner? El thriller tecnológico Day One, que Amazon Prime Video estrena el viernes 13 (3Cat la emitirá en catalán con el título Dia u), se adentra en los dilemas morales que plantea el uso de la tecnología a ritmo de thriller.
Me muestran en internet la intervención de Kevin Spacey en la Universidad de Oxford contándole a un grupo de estudiantes, con la expresividad y el estilo que identifican a los grandes intérpretes especializados en Shakespeare, cómo los estudios de cine y el circo mediático arruinaron definitivamente su carrera y su vida, aunque hubiera sido declarado inocente por los jueces tras la denuncia por acoso sexual que le puso un señor. Y también recuerda la tragedia de Fatty Arbuckle, el actor mejor pagado del cine mudo, al que el veredicto de los jueces declaró inocente de lo que había sido acusado. Ya daba igual. Te borrarán del mapa si creen que tu presencia y tu trabajo podría perjudicar a su gran negocio. Eso ocurre en Hollywood y en la Conchinchina.
Dice Carlos Alcaraz (6-3 y 6-4 a Cameron Norrie, en 1h 33m) que no es el momento de beber el Dropshot (Dejada), el cóctel oficial del Masters 1000 de Indian Wells. No todavía. Tal vez la noche del domingo, ya verá. “Aún no lo he probado, pero cuando termine el torneo probablemente lo haga para comprobar cómo sabe. Pero aún no... De momento elijo hacer las dejadas”, bromea después de lograr el pase a las semifinales el tenista de El Palmar, quien preguntado por esa especialidad que a él tanto domina, la de acariciar la pelota y dejarla muerta justo al sobrepasar la red, también escoge: “Diría que Moutet tiene el mejor toque, aunque el de Djokovic es maravilloso. Y el de Dimitrov, también”.
SABALENKA Y RYBAKINA, OTRA VEZAryna Sabalenka y Elena Rybakina, las dos tenistas más fuertes del momento, disputarán este sábado (19.00, Tennis Channel) la final de Indian Wells (categoría WTA 1000) tan solo mes y medio después del choque entre ambas en el desenlace de Australia.
Entonces venció la segunda, de perfil silencioso pero cada vez más intimidatoria. De hecho, con esta última victoria frente a Elina Svitolina (7-5 y 6-4), la kazaja (26 años) enlaza 12 victorias contra rivales del top-10. Gran desafío otra vez, por tanto, para la número uno del circuito.
Rybakina estrenará el lunes el segundo puesto mundial, el mejor ranking de su carrera, y el 31 de enero ya superó a Sabalenka. Antes lo había hecho en la final de la Copa de Maestras de Riad, en noviembre. No obstante, la de Minsk domina la rivalidad, aunque de forma muy ajustada: 8-7.
Sabalenka resolvió con autoridad el cruce con Linda Noskova (6-3 y 6-4), del mismo modo que Rybakina controló la igualdad del primer set y dosificó bien la renta en la continuación. Será la tercera final para la primera, aún sin gloria, y la segunda para la kazaja, superior a ella en la de 2023.
Por otra parte, anoche finalizó la participación de Paula Badosa en el WTA 125 de Austin. La española, de 28 años, perdió ante la canadiense Bianca Andreescu (6-2, 3-6 y 6-3, tras 2h 06m) y se quedó sin el billete para la final. Ascenderá del puesto 106 al 100.
La primera vez que vio el cartel de Zeta, su nueva película, a Mario Casas (A Coruña, 39 años) se le escapó una sonrisa. “Me vi ahí con un arma, con una explosión detrás, como el héroe de acción de una película americana. Me hizo muchísima gracia”. Posiblemente se acordó de todas las horas que había pasado viendo películas como aquella. “Soy de una generación que tiene idealizado el cine. Mi infancia fueron las películas, los videoclubs. Llegabas a casa y el plan del sábado por la noche era alquilar una peli. Yo con 13 o 14 años, mientras mis colegas jugaban al fútbol, cogía el autobús del centro comercial para ir al cine solo”.