“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Todos los viajes tienen sus estribillos. Las guías turísticas señalan monumentos, museos, miradores, lugares que nos reclaman de manera repetida cuando visitamos las ciudades. A veces los estribillos tienen un carácter más personal. La canción de mis viajes suele estar marcada por el estribillo de las librerías en las que busco primeras ediciones de los poetas que admiro. Es un orgullo encontrar ejemplares que marcaron las ilusiones de García Lorca, Whitman o Borges cuando tuvieron por primera vez uno de sus títulos más respetados en las manos. Algunos libros condensan y justifican el orgullo de sentirse escritor. Pero en mi último viaje por Puerto Rico y Buenos Aires, el estribillo lo ha marcado la actualidad de los castigos que las universidades públicas están recibiendo de los gobiernos neoliberales. Lo que ocurre en Madrid o en Andalucía, los recortes para las universidades públicas en favor de las privadas, caracteriza también las políticas extendidas por Trump y Milei desde sus gobiernos.
Ni tramas incendiarias ni fatalidad irremediable. Las pesquisas judiciales apuntan a que la chispa que originó el segundo mayor fuego de la historia de Galicia prendió en el caos de los despachos. El incendio de Oímbra (Ourense), que el pasado verano arrasó más de 23.000 hectáreas entre el 12 y el 31 de agosto e hirió de gravedad a tres jóvenes brigadistas, fue provocado por unas negligentes tareas de desbroce contratadas por la Xunta y el Ayuntamiento que nunca debieron realizarse. Desde Santiago, un director general de la Consellería de Medio Rural mandó parar los trabajos por las condiciones meteorológicas, pero la orden se perdió por el camino hacia Oímbra. Los operarios que tenían que dirigir y ejecutar esas tareas aseguran que nadie se la transmitió y que el mismo día de la tragedia recibieron incluso el encargo expreso de continuar.
Alcossebre es una pedanía costera que se asoma al Mediterráneo en el norte de Castellón, entre calas, pinares y urbanizaciones de baja altura. Pertenece al municipio de Alcalà de Xivert, y aunque apenas roza los 2.000 habitantes censados, en los meses de julio y agosto la población se multiplica. Es un destino clásico del veraneo valenciano, donde la vivienda turística marca el pulso del mercado inmobiliario. Tener casa aquí es, para muchos, una forma de asegurarse un refugio junto al mar. Un enclave de atractivo incuestionable, especialmente para jubilados que buscan comodidad y buen clima.
Organizar festejos taurinos para luchar contra la despoblación. Esa es la apuesta del Gobierno cántabro que, por tercer año consecutivo, ha convocado una línea de ayudas para financiar hasta en un 90% la organización de corridas de toros, novilladas y otros espectáculos taurinos populares. Así lo recoge el Boletín Oficial de Cantabria (BOC) del pasado 28 de abril en una convocatoria que, en línea con las ediciones anteriores, fija en 14.500 euros el dinero máximo destinado a las corridas de toros, 10.000 en el caso de las novilladas, hasta un presupuesto total de 41.000 euros.
El futuro de las lagunas de Ambroz se ha convertido en una partida estratégica en la que cada actor juega su mejor baza. A los planes del Ayuntamiento de Madrid de levantar un barrio con más de 18.000 viviendas y a la propuesta ecologista de crear la Casa de Campo del Este, ahora se suma otro contrincante: la Comunidad de Madrid. El Gobierno dirigido por Isabel Díaz Ayuso ha anunciado esta semana que está ultimando los trámites para prorrogar la concesión minera de Tolsadeco, que explotó entre 1977 y 2007 la empresa Tolsa, sin actividad desde hace dos décadas. El Ejecutivo autonómico ha vinculado la operación con la creación de empleo y con la extracción de sepiolita de máxima pureza, un material crítico que permite desarrollar aplicaciones vinculadas a la autonomía industrial europea. Unos argumentos que no convencen al Grupo para la Conservación de las Lagunas de Ambroz, que ya ha anunciado que presentará alegaciones a la propuesta de aprobación. El Ayuntamiento, por su parte, evita pronunciarse sobre si el proyecto de la Comunidad de Madrid puede afectar o no a la Nueva Centralidad del Este.
Si el objetivo real de la izquierda madrileña es vencer a Isabel Díaz Ayuso hay que conectar y generar confianza, simpatía y alianzas con amplias mayorías sociales en Madrid. Para conseguirlo, lo primero, es escuchar y dar voz a toda esa gente que quiere cambiar Madrid. Hagamos una apuesta valiente y ambiciosa: facilitar que todos los demócratas con convicciones sociales, que viven y son mayoría en Madrid, tengan la oportunidad de elegir los candidatos y proyectos que quieren para sustituir a Ayuso.
Hace no tanto tiempo, en las últimas décadas del pasado siglo, la ONU era el árbitro de la legalidad internacional, y su secretario general, un pacificador casi a tiempo completo. Hoy las negociaciones para resolver guerras y conflictos recaen en empresarios amigos del presidente Donald Trump o en terceros países, a menudo potencias emergentes (Qatar como mediador en Gaza o Pakistán en la guerra contra Irán), que han cooptado la histórica labor de interlocución de la organización. En vísperas de elegir a su próximo secretario general, la dimensión pacificadora de la ONU cobra especial relieve por la parálisis acumulada ante los más recientes conflictos: Ucrania, Sudán, Gaza, Irán, Líbano...
El futuro de la mayor colonia africana de España, abandonada hace medio siglo, se decide a puerta cerrada. El Consejo de Seguridad de la ONU ha revisado en la última semana de abril las funciones de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) 35 años después de su despliegue. Marruecos, que controla el 80% del desértico territorio, y el Frente Polisario, exiliado en Argelia, están llamados a reanudar este mes en Washington la negociación sobre el futuro del territorio lanzada en febrero en Madrid por Estados Unidos. La diplomacia norteamericana ha activado al mismo tiempo la mediación directa entre Rabat y Argel mientras impone una estricta ley del silencio en el diálogo sobre el futuro del Sáhara Occidental
Dentro del variado catálogo de ofertas museísticas hay una especialidad que cada día cuenta con más devotos. Son los conocidos como museos de autor, creados en el mismo lugar donde el artista vivió y creó su obra. La recreación más o menos realista de estos espacios cautiva a un público cada vez más numeroso, porque no solo están llenos de claves que enriquecen el conocimiento de los investigadores. También los visitantes consiguen una experiencia que les hace sentirse más próximos a la obra del artista.
Hay restos de un decorado hundidos en el barro, entre trozos de madera y lonas de plástico. Una pierna bajo la mesa de un restaurante, en la que se distingue un moratón discreto e inquietante. Un vertedero de lavadoras abandonadas en un solar árido y un busto clásico ampliado en una valla publicitaria, en medio de un paisaje rural sin épica. Son algunas de las viñetas reunidas en la primera gran exposición dedicada a la fotografía de Yorgos Lanthimos (Atenas, 52 años), que puede verse en Onassis Stegi, el centro cultural de la Fundación Onassis en Atenas, hasta finales de mayo.
Llega a la cita Sonia Almarcha (Pinoso, Alicante, 54 años) y viene feliz: el día anterior había sido su cumpleaños; el 8 de mayo estrena Yo no moriré de amor, última ganadora del festival de Málaga; el 29 de mayo le toca salir a salas con A la cara; y pronto retornará a Madrid, tras una primera temporada, con la obra Personas, lugares y cosas. Ahora sonríe, después de un 2025 complejo, y porque con estos dos últimos lanzamientos ha sumado desde 2024 nueve estrenos en cine. Esa chispa en los ojos esconde un “me lo merezco” de manual.
Hay una solución infalible para los momentos de bajón: la música de Django Reinhardt (1910-1953). Todo en el hombre era prodigioso: nacido en una familia gitana, supo conquistar un lugar en la sociedad paya. Su lema podría ser: “Si el cielo te manda limones, haz limonada”. En 1928, sufrió grandes quemaduras cuando se incendió la caravana donde vivía, perdiendo el uso de dos dedos de su mano izquierda. Hospitalizado durante meses, su hermano le trajo una guitarra que aprendió a ajustar a su minusvalía. No hay mal que etc... Se libró del servicio militar.
Existe un dicho que asegura que el mejor alpinista es aquel que llega a viejo. Los hermanos Iker (49 años) y Eneko Pou no son viejos, exactamente, pero apuran sus últimos años en la élite conscientes de un doble éxito: han sabido sobrevivir a su actividad y son los únicos alpinistas españoles capaces de vivir de sus patrocinadores. Recientemente anunciaron un sorprendente cambio. Tras 20 años mostrando el logo de The North Face, en el equipo de Alex Honnold o Benjamin Védrines, la pareja de Vitoria cambia de escuadra y abraza La Sportiva. Tuvieron que jurar en sus redes que no se retiraban, que aún tenían medios para seguir rindiendo aunque el ritmo sea otro. Solo el fenómeno Kilian Jornet, gracias al trail running, puede rivalizar con los Pou en el ranking del patrocinio para alpinistas de este país.
La afición del Sevilla, realmente lo único que le queda a una entidad envuelta en una crisis eterna, ha reaccionado de manera ejemplar para arropar a su equipo en el partido ante la Real Sociedad que este lunes cierra la jornada 34 de Liga (21.00, Teledeporte). Acompañó a su equipo en el último entrenamiento previo al choque, empapeló de mensajes motivadores y banderas la ciudad deportiva y miles de rollos de papel higiénico, como el pasado miércoles en el Metropolitano, darán un colorido espectacular al Sánchez Pizjuán. Todo, para que su equipo gane un partido clave en la pelea por la permanencia, que el Sevilla (34) afronta a dos puntos de la salvación, que marca el Alavés con 36. No hay vuelta atrás. Si gana, el equipo hispalense saldrá de los puestos de descenso. Habrá lleno ante la Real. Esta semana, el club ha recurrido a emblemas como Pablo Alfaro o Joaquín Caparrós para animar a un grupo alicaído. “Nos hierve la sangre roja”, declararon ambos. “Es una auténtica final”, proclama Luis García Plaza, el segundo técnico del curso.
Escribo este texto en la mañana del viernes 1 de mayo, Día del Trabajador. Me he despertado a primera hora y, acompañado de un café bien cargado, me he sentado frente al ordenador para teclear esta columna que quiero dedicar a Ernesto Valverde, un hombre al que admiro y quiero, y que este sábado cumplía 500 partidos al mando del Athletic Club. Pero llevo más de dos horas levantándome a cada rato, mirando por la ventana, paseando por el balcón, volviéndome a sentar para escribir un poco y borrarlo todo. Empiezo de nuevo, una y otra vez, intentando encontrar el tono adecuado y las palabras con las que explicar las razones de mi cariño personal y de mi admiración profesional hacia ese gran tipo. A veces es más difícil escribir sobre lo que a uno le toca el corazón. Quizá por eso estoy empezando con este párrafo metaliterario, que no deja de ser, como casi toda la metaliteratura, un viejo truco: el del mago que distrae al público con una mano para apartar su mirada del lugar exacto donde ocurre la trampa.
Robert Millar fue, en la España de los 80, el escocés del pendiente, una expresión homófoba que justificaba, hace 40 años, la tirria que se le tenía durante la Vuelta al ciclista de Glasgow, porque nuestro héroe, Perico Delgado, no lograba derrotarle en la Vuelta. Lo consiguió solo a costa de una gran coalición de todos los equipos españoles capitaneada desde las ondas por José María García, que renunciaron a sus objetivos particulares por un bien mayor y volvieron loco al equipo Peugeot de Millar en la travesía de la sierra de Navacerrada. Perico ganó la Vuelta y Millar encontró aún más razones para alimentar su bien ganada fama de borde y arisco.
Era cuestión de tiempo que la complejísima obra de David Robert Mitchell (It Follows, Under the Silver Lake), repleta de capas, pura posmodernidad cinematográfica, inspirase, o se convirtiese en el punto de partida de un nuevo tipo de terror —y no solamente terror—, uno nuevo en un sentido clásico, poderosamente estético y narrativamente saturado. La primera muestra, y muy brillante, es la miniserie-milagro de Haley Z. Boston, Algo terrible está a punto de suceder (Netflix). Hay en ella el plano fijo y lejano de John Carpenter (Halloween) que David Robert Mitchell reinventó en It Follows, conversaciones aparentemente absurdas que sin Tarantino (Reservoir Dogs, y, sobre todo, Kill Bill) no existirían de la forma en que lo hacen, y el alma de todo el terror escrito (y dirigido) por mujeres este siglo XXI.
Algún medio sacó el video de la llegada de María Iborra a casa de su madre, Verónica Forqué. María iba con mallas, una bomber y gafas de sol. Los flashes la ametrallaban con la misma ráfaga sonora que los hubiera acompañado en una alfombra roja, pero el sonido era bien diferente; la ocasión también lo era.
Nadie entendió el regalo porque parecía que no había nada que entender. Una camiseta negra. Letras blancas. Sin dibujo, sin ironía. Bonita. No parecía esconder una historia. Pero la camiseta era de Vetements, de aquella época en que la marca —bajo la dirección de Demna antes de ser el director creativo de Gucci— convirtió la tipografía industrial y las referencias privadas en alta costura. El texto decía: FICKEN 3000. SHARE THE BLAME. Ficken significa follar en alemán. Comparte la culpa es una contraseña. Vetements entendió antes que nadie que lo contemporáneo no era provocar, sino no traducir. Eso era la camiseta: negra, letras blancas y la referencia directa al club gay de Berlín Ficken 3000. Fue mi primer regalo a Javi Calvo como ex. En su primer cumpleaños separados.
La previsión social colectiva (PSC) es un paraguas para tus empleados que incluye una serie de seguros (riesgo, vida, accidentes y enfermedad), planes de pensiones de empleo, planes de previsión social empresarial y los nuevos planes de pensiones de empleo simplificados, enfocados a su protección y bienestar. “Es una herramienta estratégica, no un beneficio accesorio que combina protección, salud, ahorro y fidelización, y un diseño correcto importa tanto como el producto”, concreta Ricardo Ruiz, responsable de desarrollo de ventas EB.