“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
El Gobierno vasco cuenta con seis anteproyectos para construir un total de 189 apartamentos dotacionales sobre los tejados de 65 viviendas de titularidad pública, principalmente Viviendas de Protección Oficial (VPO). Es la fórmula por la que está apostando el Departamento de Vivienda para combatir la escasez de oferta residencial en País Vasco: levantar pisos sobre edificios públicos sin ocupar suelo, sin tocar el planeamiento urbanístico y sin incrementar la edificabilidad. De este modo, los nuevos alojamientos construidos mediante piezas modulares de madera o metálicas añadirán una o dos alturas sobre la cubierta de los edificios ya existentes.
Fernando Cabellos, vecino del barrio de Monte, situado al norte de Santander, avisó el lunes al 112 del mal estado de la pasarela por la que cayeron apenas 24 horas después siete jóvenes cuando hacían una ruta por los pequeños acantilados de la zona. Cinco de ellos fallecieron. Un dispositivo de búsqueda intenta encontrar todavía a otra chica desaparecida y una séptima se recupera de la caída en la UCI del Hospital Valdecilla de la ciudad. “El suelo cimbreaba”, explica Cabellos. “Vine para casa y llamé al 112″, relata.
Reto del día: pasar la jornada con una actitud más compasiva hacia el dolor ajeno. Y más paciente ante personas que juzgamos molestas. Según un estudio publicado el pasado diciembre en Journal of Personality, ejercitar conscientemente la compasión y la paciencia puede, en primera instancia, hacer que afloren sensaciones desagradables. Pero resulta probable que, al irnos a la cama, nos sintamos mejor que si hubiéramos afrontado el día torciendo la vista ante el sufrimiento de los otros. O impacientándonos a la primera de cambio cuando la gente no actúa de acuerdo a nuestras expectativas.
Las mujeres dj viven su mejor momento profesional, pero no ha sido ni es fácil llegar a lo más alto. Recientemente, una serie de acusaciones de agresión sexual a varios artistas de música electrónica en redes movilizó al sector, especialmente a las que abanderan el género, creando una especie de Me Too en las cabinas entre las pinchadiscos y una red de apoyo contra la inseguridad que, dicen, sufren en la escena. “Condeno cualquier forma de abuso, agresión y comportamiento depredador. Esto me ha afectado profundamente, estoy conmocionada y devastada”, reaccionó Sara Landry. “Estamos cansadas. Nos hemos visto obligadas a ser nuestra propia seguridad. Muchos hombres cruzan los límites, pero lo más doloroso para mí son todos los ‘bros’ que no hacen nada y se ríen”, remató Amelie Lens. Ambas suman cuatro millones de seguidores solo en Instagram y son dos claros referentes y líderes de la música techno, a pesar de todo.
Francis Galton, primo de Charles Darwin, fue el primero que propuso que las teorías darwinistas debían aplicarse a la especie humana. Acuñó el término “eugenesia” en 1883. Consistía en hacer todas las acciones necesarias para mejorar las cualidades raciales de la especie humana. Si se podía mejorar el ganado mediante la cría selectiva, lo mismo debía hacerse con la especie humana, impidiendo la reproducción de los menos aptos, según criterios intelectuales o psicológicos. Darwin siempre fue muy crítico con estas ideas. En su obra El origen del hombre (1871) reconoce que en la sociedad moderna se permite la supervivencia de personas con enfermedades o discapacidades hereditarias, pero la compasión también era un producto evolutivo y no debía ser ignorada.
El argumento de los más productivos— La base científica del darwinismo social ha sido ampliamente desacreditada, pero su influencia sigue muy presente. Es fácil encontrar sus postulados en algunas doctrinas económicas ultraliberales que presentan el mercado como una selva donde solo sobreviven los “más productivos”, o en políticas donde las ayudas sociales son vistas como algo “antinatural”.
— Cuando se sugieren políticas que discriminan a determinados grupos bajo la excusa de “estar menos preparados”, vemos el rostro de Galton y Spencer. Incluso en libros de autoayuda que utilizan argumentos de “biología del éxito” que reciclan los tópicos del darwinismo social.
Alcalá Norte, grupo revelación del último año y medio dentro de la música española, comienza a trazar el camino de su segundo disco. Hoy jueves ha publicado la primera canción, El hombre planeta, de un álbum que llegará en septiembre u octubre. El 20 de febrero de 2027 presenta en directo esta nueva colección de canciones en el Movistar Arena de Madrid, en el concierto de pago más multitudinario de su corta carrera. El debut de Alcalá Norte, de título homónimo y publicado en 2024, ocupó el primer puesto de los mejores del año de numerosas publicaciones especializadas y generalistas, entre ellas la del suplemento cultural de EL PAÍS, Babelia. Allí se incluía el himno La vida cañón, un lema que se ha convertido en consigna para definir momentos solaces y en recurso para titular libros, como La vida cañón: La historia de España a través de los boomers, de Analía Plaza. En el disco también se incluyen piezas como La calle Elfo, La sangre del pobre o Los Chavales, coreadas por un público intergeneracional que va de los 20 a los 50 años.
La mala noticia es que a partir de los 30 años el cuerpo comienza a enviar señales tan sutiles como constantes de cambio, siendo una de las más significativas la que ocurre bajo la superficie: la masa muscular inicia un descenso progresivo que, si no se atiende, puede impactar fuerza, energía y calidad de vida, así que con el paso del tiempo, ganar músculo deja de ser una tarea sencilla. El esfuerzo requerido aumenta década tras década, especialmente cuando se trata de las fibras de contracción rápida. A diferencia de los músculos de resistencia —las fibras de contracción lenta son las que permiten mantener actividades prolongadas—, estas fibras rápidas tienden a deteriorarse con mayor facilidad y exigen entrenamientos más específicos para mantenerse activas. Alejandro Maroto, entrenador personal de Sanitas, da nombre a este fenómeno: la sarcopenia. “Se trata de la pérdida progresiva de masa muscular y fuerza asociada al paso del tiempo, la cual se acelera con el sedentarismo, el descanso insuficiente o con una alimentación pobre en proteínas. Suele expresarse como menor potencia, peor estabilidad, fatiga temprana y una mayor facilidad para lesionarse”.
La guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu contra Irán, además de violar el derecho internacional, es de una extrema peligrosidad por sus potenciales efectos económicos globales y la más que probable extensión de la violencia por parte del régimen iraní a todo Oriente Próximo. Tiene razón el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su exigencia ayer a Estados Unidos, Irán e Israel para que pongan fin inmediatamente a las hostilidades y utilicen las vías diplomáticas para resolver el conflicto. Carece de fundamento y razón, en cambio, el desaforado ataque de Trump a España y sus toscas amenazas de bloqueo comercial, como si se tratara de un país enemigo en vez de un aliado de la OTAN y el anfitrión en su territorio de dos importantes bases militares de gestión conjunta.
Se ha dicho hasta la saciedad que la culpa es de los yanquis. Que todo habría sido distinto sin el embargo. Se omite, claro, que el embargo nunca ha sido tal, que Cuba ha comerciado con muchísimos países. En el mismo sentido, se ha llevado a alturas mitológicas el argumento de los logros que el régimen castrista alcanzó a tener en salud y educación. Menudos logros subsidiados por el totalitarismo soviético. Valiente educación que ordenaba a los lectores qué leer y qué no leer. La verdad es otra.
Las cárceles que elegimos (Lumen, 2018), el libro que recoge varias conferencias impartidas por Doris Lessing en 1985, comienza explicando dos historias. En la primera, la autora cuenta que, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, conoció a un sabio granjero que pertenecía a la minoría blanca gobernante de Zimbabue, antes Rodesia del Sur, país donde se crio. Poseía algunas de las mejores vacas del país, y otros granjeros acudían a él buscando consejo. El hombre, cuenta Lessing, decidió importar un semental escocés que le costó 10.000 libras esterlinas. Aquel toro debió ser un espectáculo: enorme y majestuoso, pero muy manso. Tenía su propio cuidador, un niño negro de 12 años a quien un día el animal, repentina e inexplicablemente, mató. El granjero decidió que había que sacrificarlo: “El toro ha matado, el toro es un asesino y debe ser castigado. Ojo por ojo, diente por diente”, dijo. Un pelotón de fusilamiento acabó con él. El granjero “no era ni un paleto ni un ignorante”, explica la escritora, “pero su acto —el de condenar a un animal por haber cometido una maldad— se remonta al más remoto pasado de la humanidad, es tan antiguo que no sabemos dónde empezó, pero sin duda ya ocurría en aquellos tiempos lejanos en que el hombre apenas sabía diferenciar entre seres humanos y bestias”.
Uno. En Sin conexión en Teherán, un testimonio de la brutal represión en Irán durante las protestas de enero publicado en Letras Libres, la autora muestra su asombro cuando personas muy distintas preguntan “cuándo viene Trumpy”. Eso no va acompañado de simpatía por Trump ni por Estados Unidos, sino por el rechazo a un régimen tiránico y la desesperanza porque parece que nada puede desalojarlo. Sorprende ver, allí y en otras regiones, una especie de aceptación: el orden liberal no funcionaba o era solo una pantalla para camuflar intereses y edulcorar la ley del más fuerte; si impera el planteamiento abierto de la ley del más fuerte, hay que aprovecharlo cuando perjudica a mi adversario. En realidad, piensan algunos, el mundo había cambiado hace tiempo, y, nos guste o no, debemos reconocerlo. Por supuesto, el realismo es una de las máscaras del autoengaño. Otra es asumir que el mundo que hemos conocido es el estado natural de las cosas y que el cambio solo es un incómodo paréntesis.
“Una colección es un autorretrato hecho con obras de arte”, dijo el añorado medievalista Jaime Barrachina, conservador del Museo Castillo de Peralada, en una memorable conferencia pronunciada en la Universidad de Barcelona en 2015. Con su inconfundible voz de oboe y vestido con un polo oscuro con la marca de una conocida fábrica cubana de puros habanos, Barrachina diseccionó durante una hora el coleccionismo con su gracia y maestría habituales. Habló de la necesidad de estudiar el coleccionismo desde otros ángulos, como la forma en que se distribuyeron las obras en el espacio en la posguerra, lo que él denominaba el “estilo Parador”, en alusión a la cadena hotelera pública creada por Alfonso XIII; un estilo que abarcaba alfombras y tapices de alta época, donde lo auténtico se mezclaba con lo falso, lámparas facticias con pie de columna barroca y pantalla de pergamino recortada de un cantoral, y que influyó en la decoración de muchos hogares de la época. También reivindicaba las colecciones hechas por mujeres que por entonces comenzaban a salir a la luz. Y las colecciones de los historiadores del arte, poco conocidas, por la aversión de los mismos a que nadie pudiera decir que se aprovecharon de sus conocimientos para construirlas, algo absurdo: “¿No se aprovecha de sus conocimientos un médico para vivir mejor o un arquitecto para tener una mejor casa?”, argumentaba Barrachina. Los historiadores del arte o los anticuarios suelen tener casas donde las piezas dialogan entre ellas y crean un clima visual que explica bien la persona que allí habita. Una casa es un refugio, una guarida, y la huella de la vida queda marcada en los objetos, en el arte, en los libros de sus propietarios. No hay nada peor que una casa vacía, un hogar convertido en habitación de hotel, algo que hoy abunda. Y no es una cuestión de dinero —a partir de 50 euros puedes comprarte un grabado, y un original por lo que vale una buena cena—, sino de educación, voluntad y gusto.
El Gobierno no ha autorizado el uso de las bases estadounidenses en España para atacar Irán. Se trata de esa operación llamada Furia Épica, un nombre que también valdría como título para una película paródica sobre la segunda presidencia de Donald Trump.
Mamadou habla con rabia contenida. Se nota hasta por teléfono. Desgrana su día a día con calma, sus estudios, sus ganas de trabajar, pero… cuando le preguntan por el fútbol, un coraje embridado llega a través del auricular desde Tenerife a Madrid: “Ya no voy a ir a entrenar más. Como no va a dar tiempo para la siguiente temporada, no sé si volveré a entrenar. Ya no voy”, dice el senegalés de 17 años, cansado de que no le hagan la ficha para poder jugar contra otros equipos. Ha tirado la toalla. El muchacho tiene su residencia española, obtenida no sin esfuerzos burocráticos, pero ahora la FIFA dicta reglas nuevas: los menores migrantes que llegaron solos y que no hayan solicitado asilo no pueden competir con otros clubes.
Melba Escobar (Bogotá, 48 años) recibe en su casa de Madrid, barrio de Chamberí, la tarde soleada del primer lunes de marzo. Abre una ventana para fumar después de la sesión de fotos. Publica en España una historia personal, Las huérfanas (Temas de Hoy), que se publicó en Colombia hace dos años. Es un libro de arranque explosivo: Melba, última de cuatro hermanas, le anuncia a su madre que ha tenido su primera regla. Entonces su madre, Myriam de Nogales, la sienta para contarle que una vez abrió las ventanas del cuarto y se tiró al vacío. “Me invitó a un té, no a un cacaolat: me trató como a una mujer, yo tenía 12 años”. No se mató, como pretendía. Ya tenía dos hijas. Pasó un año en el psiquiátrico. Luego tuvo dos hijas más, la hermana de Melba y Melba. Cuando nació la prima de Melba, la bautizaron Myriam de Nogales en honor a la superviviente del suicidio. Y esa chica, la segunda Myriam, se suicidó al cumplir 30 años.
La seguridad digital, que sostiene desde la transacción bancaria más habitual hasta las conversaciones en plataformas de mensajería o el entramado de criptomonedas o las infraestructuras críticas, se fundamenta en las claves criptográficas, cadenas de caracteres cifradas por un algoritmo. La dificultad para descifrarlas depende de la factorización, la descomposición de una expresión algebraica en forma de producto, es decir: seis es igual a tres por dos. Pero esta simple operación se hace extraordinariamente compleja si el número dado supera una cantidad relativamente pequeña de dígitos, como 261980999226229. Ya en 1994, Peter Shor, matemático del Instituto de Tecnología de Massachusetts, demostró que un ordenador cuántico podrá resolver el problema de factorización de manera eficiente. Este vaticinio empieza a ser real. “A finales de esta década, un ordenador cuántico criptográficamente relevante será capaz de romper el cifrado que sustenta nuestra economía global”, advierte Anand Oswal, vicepresidente de Palo Alto, la entidad considerada como la mayor proveedora de servicios de ciberseguridad. Los expertos urgen a prepararse.
Barcelona anunció en 2024 su intención de cerrar los 10.500 pisos turísticos que hay en la ciudad en 2028. Casi dos años después, la prohibición se extiende por los municipios del entorno: de los 12 colindantes con la capital catalana, cinco actuarán como Barcelona. Son L’Hospitalet de Llobregat (que tiene 523), Sant Adrià de Besòs (280), Esplugues de Llobregat (18), Cornellà (89) y Sant Feliu de Llobregat (15): su intención es cerrarlos. Todos tienen alcaldes del PSC, como Barcelona. El alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, afirmó el lunes que también los prohibiría, una decisión insólita en un alcalde del PP, pero este miércoles matizó sus palabras: prohibirá abrir más, pero mantendrá los 223 existentes, dijo. Del resto de municipios pegados a Barcelona, El Prat de Llobregat, que tiene 20 pisos turísticos; o Sant Cugat (gobernado por Junts), 94, mantendrán los que tienen y también las restrictivas condiciones que fijan para abrir más. En el caso de Cerdanyola del Vallès (11 viviendas de uso turístico) y Santa Coloma de Gramenet (47), los consistorios no han abierto el debate sobre el horizonte de 2028. Y Montcada i Reixac (12) y Sant Just Desvern no han respondido a la pregunta de este diario.
En un momento en que en la mayoría de municipios planea la amenaza de cierre de aulas por el descenso demográfico, ciudades como L’Hospitalet y Girona, y Sant Cugat en menor medida, viven una situación inédita en que debe buscar plaza debajo de las piedras para poder recolocar los alumnos vulnerables que tendrán que dejar las escuelas que separan niños y niñas, vinculadas al Opus Dei, después de su decisión de pasar a privadas el curso que viene, ya que perderán la financiación de la Generalitat por segregar por sexo. El problema que tienen sobre la mesa ayuntamientos y Departamento de Educación no es menor: en Girona cuentan que tendrán que redistribuir casi 250 alumnos y en L’Hospitalet, otros 200. Para lograrlo, la capital gerundense ha creado 13 nuevos grupos y la ciudad barcelonesa, 10.
El año 2025 terminó trágicamente para una familia de Mallorca. Dos niños de cuatro y cinco años murieron días después del accidente que tuvieron el 29 de diciembre en Cercs, en el Berguedà. La madre y el padre de los menores resultaron heridos de gravedad al igual que el único conductor del otro vehículo con el que chocaron frontalmente. La noticia impacta e indigna a partes iguales. Dos pequeñas vidas segadas una vez más en el fatídico kilómetro 101 del Eix del Llobregat o C-16. Nueve meses antes una mujer barcelonesa de 59 años ponía fin a su vida en el mismo tramo, como tantas otras gravemente heridas o muertas los últimos años.
Las Bolsas son estos días una ventana a la destrucción económica de la guerra. Cientos de miles de millones en valor volatilizados en horas, a la vista de todos, ante la perspectiva de un mundo con más inflación, menos crecimiento, y en definitiva, más incertidumbre. Pero hay otro impacto, más difícil de cuantificar, sin dígitos cambiando cada segundo, pero igualmente devastador: el de pequeñas, medianas y grandes empresas no cotizadas, el grueso de aquello que llaman tejido productivo, que ven acercarse una ola cuyas dimensiones todavía no aciertan a medir del todo.