“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Si te cuesta explicar por qué vas a la guerra, quizás no era buena idea empezarla. Si el puñado de personas a las que suponemos al tanto de todo dan versiones contradictorias cada vez que abren la boca, estás perdiendo la primera batalla, que es la del relato. Si esto era un plan diseñado por un equipo de alto nivel de civiles y militares, o si se cocinó en alguna oscura fundación ultra de las que quieren cambiar el mundo, ya podían haber elaborado un argumentario. Si no hay un plan, si todo esto es fruto de la improvisación, el mundo está a merced del caos.
Alejandro Solano no deja de recibir mensajes en su teléfono. Son pacientes renales que, como él, alertan sobre la falta de insumos. Saben que si no reciben su tratamiento hoy, se descompensan. Para algunos, la espera ya supera las 24 horas: aparecen la hinchazón y el dolor de cabeza, síntomas de la gravedad de la enfermedad. La crisis sanitaria se ha agudizado en los últimos dos años y, lejos de resolverse, la disputa comercial lanzada por Ecuador contra Colombia ha empeorado el escenario. “Muchos de los medicamentos que usamos provienen de allá”, explica Alejandro mientras describe, uno a uno, los fármacos faltantes.
El Mobile World Congress (MWC) cerró ayer en Barcelona las puertas de una edición marcada por las tensiones geopolíticas: de la incertidumbre por la guerra en Irán a las protestas populares contra la presencia de empresas israelíes por la destrucción de Gaza pasando por la ausencia de compañías rusas debido a las sanciones internacionales que pesan sobre Moscú y sobre sus compañías desde la invasión de Ucrania.
Cada avance en la igualdad de las mujeres ha sido el fruto de la valentía de quienes se negaron a aceptar el silencio. Hoy seguimos avanzando, pese a los intentos de algunos por hacernos retroceder. Nuestra historia no empezó ayer ni termina hoy. Se construye cada día con memoria, unión y determinación. Hemos derribado muros, desafiado etiquetas y roto silencios que durante demasiado tiempo intentaron definirnos. Y seguimos aquí, más conscientes, más firmes, más unidas. Ser nosotras mismas sigue siendo un acto revolucionario. Nombrarnos, ocupar espacios, decidir sobre nuestras vidas y apoyarnos transforma realidades. No caminamos solas; seguimos las huellas de quienes lucharon antes y abrimos camino para quienes vendrán. Porque la igualdad no es una concesión; es un derecho. Y la historia, también, se escribe con nosotras.
El líder supremo de Irán desde 1989, el ayatolá Ali Jameneí, fue el sábado una de las víctimas de los ataques de Estados Unidos e Israel a su país. El régimen quedó así descabezado y, a partir de ese instante, el caos irrumpió en Oriente Próximo y ya resulta imposible intuir hacia dónde podrá conducir tanta violencia. Jameneí estaba familiarizado con el árabe, y una de las credenciales que le otorgó prestigio e influencia fue la de traducir a su lengua a uno de los grandes teóricos de los movimientos islamistas modernos, el egipcio Sayyid Qutb.
El mundo de Tamara Blanco se vino abajo como un castillo de naipes cuando recibió la llamada de la doctora: “Venid esta tarde a la consulta. Venid solos. Héctor tiene Tay-Sachs, una enfermedad rara. No busquéis nada en internet”. Blanco, el estómago hecho un amasijo de nervios, desobedeció y tecleó en su ordenador aquel nombre extraño para saber qué padecía su hijo pequeño. “La enfermedad de Tay-Sachs es un trastorno genético hereditario raro y mortal. Es incurable. Los pacientes generalmente fallecen antes de los cinco años”, decía la web. Héctor tenía entonces un año.
Las pintadas en las puertas y las pegatinas en las farolas revelan el sentir popular: “Lehen orain eta beti Araba bai!” o “Trebiñu Araba Da”. Es decir, “primero, ahora y siempre ¡Álava, sí!” o “Treviño es Álava”. Hay ikurriñas y mensajes reivindicativos en euskera, el callejero usa esa lengua cooficial y el castellano y hasta el contenedor de Cáritas lleva un mensaje en vasco. Pero es Burgos. El histórico condado de Treviño (1.500 habitantes en 48 núcleos) pertenece a esta provincia castellana, y por tanto pertenece a la Junta de Castilla y León, pero late por Álava. Su gestión depende de conciertos entre la Diputación alavesa (PNV) y la burgalesa (PP), juntas y revueltas según la época y ahora en tensión porque la de Álava amenaza con cortar los convenios en 2029, cuando vence el actual. Burgos intenta calmar las aguas y reivindica sus prestaciones mientras en Treviño miran para Vitoria, se despiden con “agur” y piden zuritos en los bares.
El actor Fernando Guallar (Córdoba, 1989) protagoniza Rompientes (del 5 al 22 de marzo en el Teatro de la Abadía, Madrid), una obra basada en dos piezas del flamenco Paul Verrept sobre una pareja que se desmorona cuando el mar arrastra hasta su puerta los cuerpos sin vida de unos refugiados.
Una de las preguntas más ingenuas y espeluznantes que se le puede hacer a una novela es “¿de qué va esta historia?”, y esa es justo la pregunta que me formulo al cerrar la página 205 de El banquete, libro firmado por la maliciosa escritora escocesa Muriel Spark en 1990. El apelativo “maliciosa” se lo puso Graham Greene. No diré que he leído las obras completas de Spark, pero sí una parte significativa, y recuerdo aún con sobrecogimiento y sonrisa amarillenta El asiento del conductor. Me pareció una narración cruel, certera y maravillosa. Así que cuando emprendo la lectura de El banquete mis expectativas son altas y, al cerrar la página 205 y formularme la esencial y espeluznante pregunta, me respondo que esta novela va sobre el destino y el azar, el gafe, el impulso de cometer un acto criminal cuando siempre se ha estado bajo sospecha y nunca se ha sido verdaderamente culpable. En este nivel de lectura correspondiente a los conceptos abstractos, el libro funciona muy bien. Pero es que El banquete también va sobre otra cosa, porque, para abordar estos asuntos de índole moral, universal y/o generalista, Spark disecciona la alta sociedad londinense, la pareja como institución, la hipocresía y esas apariencias que, como decía Wilde, nunca engañan. La buena o la mala suerte no se colocan al margen del género y la clase social, ni de cómo las actitudes delictivas y las violencias codificadas por las leyes contemplan, sobre todo, las infracciones cometidas por las advenedizas y los desclasados. La dimensión “filosófica” de la novela, en la contextualización de la trama, adquiere un relieve político.
El banqueteMuriel Spark Traducción de José María Gómez Pérez Blackie Books, 2026 208 páginas. 21 eurosEl rechazo de los españoles a la aventura bélica de Donald Trump y Benjamin Netanyahu no admite dudas. Hasta el 68,2% de los encuestados en un sondeo flash de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER rechaza el ataque a Irán emprendido por Estados Unidos e Israel. Ese repudio a la guerra va mucho más allá de los simpatizantes de la izquierda, la corriente política que se ha posicionado más claramente en contra. Apenas el 23,2% del total de los encuestados respalda la campaña contra el régimén iraní. Incluso la decisión más controvertida del Gobierno español, y la más discutida por la oposición, la de negar al Ejército de EE UU el uso de sus bases en España para el ataque, concita un apoyo mayoritario, aunque algo menos rotundo, un 53,2%%. La actuación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es aprobada por el 42,2%. Solo un 18,7% respalda la reacción del líder del PP y de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que no ha condenado la guerra y ha arremetido con dureza contra el Ejecutivo.
El turismo empieza reflejar el impacto de los ataques a Irán, el cierre del espacio aéreo en varios países de Oriente Próximo como consecuencia de la respuesta iraní, así como las represalias contra Israel y aquellos países que tengan bases militares de EE UU en su territorio. Los operadores turísticos registran ya las primeras cancelaciones de viajes en la zona. Y un efecto colateral que empiezan a anticipar los empresarios del sector es el trasvase hacia España de turistas que tenían como destino lugares como Egipto y Turquía. Esa mejora de perspectivas se produce en un contexto de enfriamiento de las llegadas en enero, que solo crecieron un 1,2% interanual, por el descenso experimentado por Alemania y Francia.
Micah P. Hinson (Memphis, 44 años) se ha convertido en un buen vecino del barrio madrileño de Carabanchel. Y, quizá para él, un músico estadounidense criado en Texas que ha trotado por medio mundo y sobrevivido a más de una batalla existencial que casi acaba con él, sea todo un logro. “Llegué a ser capaz de aislarme mucho. Y pensé que era eso la vida”, confesará durante un momento de la larga charla en su piso, un coqueto apartamento de no más de 70 metros cuadrados con amplios ventanales y en el que cuelgan de las paredes ilustraciones hechas por él mismo, un monopatín y sombreros que le gusta vestir. Es un miércoles por la tarde y, después de contestar por el telefonillo con un simple “bajo” en español, aparece por el descansillo sin sombrero, dejando ver una rígida cresta oscura sobre su cabeza rapada y llevando su propia llave para abrir el portal. “Hola. Bienvenido a Carabanchel”, suelta en su español juguetón de marcado acento inglés mientras estrecha la mano con una radiante sonrisa, que se abre como un abanico sobre sus gafas de pasta haciendo titilar los largos pendientes de pluma de sus orejas. “He bajado por las escaleras, pero creo que para subir al tercero es mejor hacerlo por ascensor”, añade ya en inglés. El ascensor es uno de esos antiguos y diminutos elevadores propios del edificio de vivienda social de la parte alta de Carabanchel en el que aguarda la morada de este nuevo vecino del barrio. “Me gusta mucho este vecindario”, afirma antes de abrir la puerta de su casa. “Me siento de Carabanchel”, sentencia.
Hay artistas que trabajan con materiales y otros con ideas, si es que son cosas distintas. Laia Estruch (Barcelona, 45 años) recurre a su propio cuerpo, porque es su material más cercano y también su gran idea. “Hago performance porque implica trabajar con la vida en lugar de representarla, y eso me parece lo máximo”, asegura. Inaugurará su segunda exposición en la galería Ehrhardt Flórez de Madrid durante la semana de ARCO. En unas fechas en las que los aficionados al arte contemporáneo irán a la carrera, su propuesta requerirá de ellos más atención de lo habitual. El espacio estará ocupado por un conjunto de piezas concebidas para ser experimentadas antes que observadas: tres grandes puertas hinchables, membranosas, que obligan al visitante a perder el equilibrio, a medir fuerzas y a mantenerse alerta. Esta vez será el público quien ejecute la performance, no la propia artista.
Hace ya ocho años de aquellas masivas movilizaciones que convirtieron el 8 de marzo de 2018 en un día histórico para el movimiento feminista español. Bajo el lema “si las mujeres paramos, se para el mundo” se convocó una huelga para detener el consumo, la educación y, por supuesto, el trabajo. Se llamaba a las mujeres a parar no solo en el empleo remunerado, sino también en todos esos trabajos domésticos y de cuidados que tantas realizan fuera de los circuitos del mercado. Las marchas convocaron a millones de personas en grandes y pequeñas ciudades, en núcleos urbanos y zonas rurales. No solo fueron extraordinariamente multitudinarias, sino también enormemente diversas y plurales. Las calles se abarrotaron tanto de personas mayores como de jóvenes, así como también de muchos hombres, y esa evidente transversalidad del feminismo consolidó la idea de que estábamos ante uno de los movimientos sociales más masivos del siglo XXI. Hoy, casi una década después, abundan los artículos, las encuestas y los análisis que constatan una involución en esa capacidad del feminismo para interpelar masivamente a la sociedad. En estos años ha crecido el auge de los discursos reaccionarios que señalan al feminismo como enemigo de los hombres, una inquietante reivindicación —también por parte de algunas mujeres— de feminidades tradicionales y una reacción beligerantemente antifeminista entre los más jóvenes. ¿Es que el feminismo nos hace menos falta que antes? No lo parece, desde luego. No si echamos un vistazo al panorama actual y a la obscena ostentación de poder patriarcal que protagonizan los principales líderes de la política internacional. Parece difícil encontrar un ejemplo más paradigmático que Trump de lo que el feminismo lleva siglos señalando como su enemigo. ¿Acaso hay alguien que represente de forma más desnuda y arquetípica al maltratador impune, al matón que humilla a “los perdedores”, al jefe acosador o al señor feudal que toma simplemente lo que desea?
Ninguna contienda bélica ha solucionado nunca nada en ningún lugar, como mucho ha reordenado el tablero geopolítico, redefinido relaciones de poder y establecido nuevas fronteras, esas cicatrices de la historia. Lo que no es poco, pero después de las atrocidades del siglo XX, la escalada nuclear y la destrucción absoluta que puede acabar con la humanidad entera, parecía que habíamos llegado al consenso unánime de que hay otras formas de solucionar los conflictos. Un consenso por otro lado desmentido por la existencia de violencia en muchos países durante todo este tiempo que hemos venido llamando paz. ¿La paz de quién? Cuando Vladímir Putin invadió Ucrania se repitió hasta la saciedad que era la primera guerra en suelo europeo desde la Segunda Mundial, como si Bosnia perteneciera a otro continente. Las contiendas que ocurren en otros países tampoco rompen ese espejismo tan presente en el imaginario occidental. El “no a la guerra”, en este sentido, parece una proclama dúctil que se enarbola en función de los intereses de cada momento. Muchos pacifistas no lo son para todo. Y la atención de los medios también parece condicionada por intereses variables y no por la gravedad de los conflictos.
Rosanna Rosario es esteticista en Santander, donde gestiona un negocio de belleza junto a su sobrina Yosanna, manicurista. “Cuando llegué a España me dedicaba a cuidar personas mayores, pero vi que no era lo mío. Entré en el mundo de la belleza con mucho esfuerzo y estoy muy contenta. Puedo decir que no ha sido nada fácil”, relata esta mujer dominicana de 48 años. Como autónoma y extranjera, Rosario forma parte de un colectivo al alza en España. Los últimos datos de afiliación a la Seguridad Social muestran que los trabajadores foráneos por cuenta propia han superado por primera vez la barrera del medio millón. La cifra se ha más que triplicado en las dos últimas décadas, con avances especialmente intensos desde la pandemia.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sellado la tregua con los rectores de las universidades públicas al firmar un plan de financiación plurianual, aunque algunos sindicatos lamentan que la nueva consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo, todavía no les haya contactado para conocer la situación en los centros educativos de Primaria y Secundaria desde su nombramiento el 16 de febrero. “Está muy bien que se preocupe por los campus, pero también tiene que prestar atención a los colegios e institutos”, expresa el responsable de CSIF Educación, Miguel Ángel González. “Son una olla a presión”, resume la secretaria general de la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras, Aida San Millán. Exigen que resuelva con celeridad las cuentas pendientes que deja Emilio Viciana, su antecesor en el cargo. Y no son pocas.
Si usted lleva al menos un año de empadronamiento en Málaga, no tiene un piso en propiedad, carece de pareja y cobra hasta 4.400 euros brutos al mes puede optar a una de las 62 viviendas de protección oficial (VPO) de alquiler que promueven la compañía Lagoom Living y el Ayuntamiento de Málaga junto al campus universitario de Teatinos. Es lo que indican las bases, publicadas este miércoles en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP), que en caso de una pareja permiten que entre los dos sumen hasta casi 6.000 euros brutos de sueldo mensual. Se trata de residencias en régimen de alquiler que incluyen garaje, trastero y piscina comunitaria, cuyo plazo de solicitud arranca el próximo 16 de marzo. La iniciativa cuenta con una subvención de 25 millones de euros procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia financiado por la Unión Europea.
Málaga entrega solo dos VPO en todo 2025El Ayuntamiento de Málaga entregó durante el año pasado solo dos VPO, según una respuesta del equipo de gobierno al grupo municipal Con Málaga (formado por Izquierda Unida y Podemos). En el documento incluyen que durante el último lustro —de 2021 a 2025— solo se dieron las llaves de 109 viviendas protegidas en toda la ciudad. Para la portavoz de Con Málaga, Toni Morillas, el dato es “escandaloso” y muestra “el fracaso de las políticas de vivienda del PP en un tiempo en el que los pisos turísticos se han multiplicado, como el precio de alquileres y compra. Las cuentas municipales indican que desde el año 2000 han sido algo más de 5.300 viviendas de protección oficial las entregadas, es decir, poco más de 200 al año. El ayuntamiento señala que hay millar de estas viviendas en construcción y se tramitan 4.200 más, aún sin plazo definido.
José María Fernández Seijo (Madrid, 60 años) ingresó en la carrera judicial hace 35. Su último destino fue el Juzgado de lo Mercantil 11 de Barcelona. Lo echa de menos. Y también “poner sentencias”. Se convirtió en vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en julio de 2024 y se ha destacado como líder natural del bloque progresista. Dice que los primeros esfuerzos se dedicaron a reflotar un órgano “desprestigiado, que se había convertido en un contrapoder” y se hizo con grandes consensos que acabaron descarrilando. Eso le llevó a dimitir el pasado octubre, pero la presidenta del CGPJ, Isabel Perelló, no aceptó su renuncia. Ahora cree que hay que cumplir objetivos porque “una mayoría progresista debería permitir determinados ajustes”, por ejemplo, en los nombramientos de la cúpula judicial: “No se trata solo de jugar los partidos, también de ganarlos”.