“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
El Gobierno había logrado recuperar el pulso de la agenda política gracias sobre todo a la guerra en Irán, que ha colocado a Pedro Sánchez en una posición mucho más clara de rechazo que la del PP. El “no a la guerra” ha sido políticamente muy importante para reactivar la iniciativa de un presidente que se mueve siempre cómodo en la escena internacional y ve cómo el rechazo rotundo a Donald Trump, el 81% de los españoles y el 71% específicamente de los votantes del PP lo ven como la principal amenaza para la paz en el mundo, según la reciente encuesta de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER.
Cuando a los programadores de televisión se les abre un agujero en la parrilla, o necesitan cuadrar la audiencia del mes, el trimestre o el año entero, desempolvan Pretty Woman de su filmoteca, la meten en antena un martes tonto y salvan el culo dos horas. Da igual los años que tenga y las veces que lo pongan; el cuento siempre triunfa. Un tiburón de las finanzas interpretado por Richard Gere contrata los servicios de una prostituta, encarnada por Julia Roberts, la aloja en un hotel de superlujo, la viste de señora fina y la lleva con él a las fiestas de su círculo como si fuera su novia hasta que alguien los descubre; él la niega y la humilla; ella, herida en su dignidad, le deja; él recapacita y, finalmente, acaban juntos y felices mirando a cámara sonriendo a toda piñata mientras el sol se pone por Sunset Boulevard.
Últimamente, hablamos tanto de generaciones —y resulta que todos tenemos por lo menos una—. Quizá la culpa es de la democracia. Hubo tiempos en que solo pertenecían a una generación los que habían hecho algún mérito: hablábamos de la generación —de narradores y pintores— del 98, de la generación —de poetas— del 27, por ejemplo. Pero llegó el populismo y trajo generaciones para todos. Dicen que la precursora fue una periodista neoyorquina, Sylvia F. Porter, que notó, a principios de los cincuenta, que el Central Park rebosaba de nenes y entendió que eran el resultado de la euforia amable de la posguerra, cuando el Mundo Libre estaba en pleno boom de coches y neveras y bombas atómicas. Entonces se le ocurrió llamarlo baby boom, y el concepto fue un boom tamaño baño —recuerdo de unos días, como estos, en que Estados Unidos lo resolvía todo a fuerza de bombazos—.
Creí haber esquivado los ritos de la Semana Santa cuando, al doblar una esquina y a traición, me choqué con el Cristo Resucitado en Málaga. Mi alma castellana asocia los pasos a la espera, la nocturnidad y el frío, y no a un encuentro casual en una mañana de calor esplendoroso. Pasada la sorpresa me dejé llevar, junto al resto de personas, por la vista de la catedral, el movimiento de una figura que parecía navegar entre olas de gente, el olor a incienso, las cosquillas del sol en la cara y un himno especialmente épico que la acompañaba. El hechizo se deshizo en cuanto me di cuenta de que estaba siendo víctima, cual campesina medieval, del magistral manejo de los estímulos supernormales de la Iglesia Católica.
Las elecciones de marzo en Castilla y León dieron pie a una paradoja para Vox. Por un lado, el partido obtenía su mejor resultado histórico en cualquier convocatoria. Al mismo tiempo, defraudaba las expectativas generadas por sus logros en Extremadura en diciembre y Aragón en febrero. ¿Qué había pasado? ¿Era un buen resultado solo lastrado por no haber superado el listón del 20% ni haberle comido terreno al PP? ¿O era el síntoma de algún problema en Vox, incluso de una interrupción de su ascenso?
Cuando las encuestas reflejan desde hace tiempo un cierto distanciamiento de los ciudadanos con la política, son pocos los cargos públicos que no necesitan presentación. Dos de ellos, Irene Montero y Gabriel Rufián, se reúnen este jueves en Barcelona para hablar de la unidad de la izquierda —un debate que de momento los partidos afrontan cada uno desde su trinchera—, de cómo encarar las próximas generales y ser capaces de frenar el avance de la derecha y la extrema derecha en un contexto geopolítico marcado por las guerras que impactan también en la economía y el debate doméstico.
Los equipos de Isabel Díaz Ayuso y María Corina Machado llevaban semanas preparando la visita a Madrid de la opositora venezolana. El enorme despliegue de seguridad que rodea a Machado y la cantidad de compromisos que tendrá la semana que viene, durante su visita a España, ha obligado a los asesores de ambas ha mantener una continua comunicación. La sintonía entre ellas es total, explican en Sol.
La Fiscalía Anticorrupción asegura que la investigación contra el empresario venezolano Alejandro Betancourt —dueño, entre otras empresas de la rentable marca de gafas Hawkers— está “incompleta” y, por eso, ha recurrido el archivo que el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz acordó el pasado 25 de marzo. El ministerio público sostiene que existen indicios de que Betancourt y otros cinco sospechosos introdujeron dinero en Europa procedente “de un fraude” de 4.350 millones de dólares (3.778 millones de euros) derivado de un “supuesto préstamo que se firmó en marzo de 2012 por parte de la petrolera estatal venezolana PDVSA y la empresa privada Administrador Atlantic”. El instructor dio carpetazo al procedimiento después de confirmar que el supuesto fraude ya había sido enjuiciado y archivado en Venezuela, pero para el fiscal esto no es motivo suficiente para dejar de investigar en España y urge a tomar declaración a más testigos.
Viktor Orbán es un pionero y un ejemplo a seguir para la internacional ultra. En pleno auge mundial de la extrema derecha, el primer ministro nacionalpopulista tiene como credenciales la construcción de un sistema iliberal que le ha funcionado durante cuatro mandatos consecutivos. Hungría se ha convertido en el pilar europeo de una red mundial reaccionaria de corte autoritario con centro en el Washington de Donald Trump. Budapest exporta doctrina política, forma a nuevas generaciones y ofrece apoyo logístico y económico. En las elecciones que se celebran este domingo no está solo en juego el futuro próximo de Orbán, el dirigente con más años en el cargo en la UE y en la Hungría poscomunista. Su éxito o derrota importa más allá de sus fronteras.
Cada vez que un usuario doméstico, industrial o agrícola abre el grifo paga en su recibo del agua una parte para financiar obras de saneamiento. Es lo que se conoce como canon del agua, generalizado en las comunidades autónomas. El actual presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), lo derogó en 2022 tras calificarlo de “fraude”. Un año después rectificó y lo reimplantó con un 30% de subida para sumar 23,4 millones de euros a los 156 que recaudaba antes de la efímera supresión. La norma que lo establece especifica que su finalidad es “posibilitar la financiación de las infraestructuras hidráulicas” y responde a las continuas sentencias y advertencias de la UE y de organismos reguladores por las deficiencias en el tratamiento de las aguas, por las que España acumula multas millonarias. A pesar de la presión de estas sanciones, la Junta de Andalucía ha decidido este año volver a modificar la norma para desviar los fondos a otras obras no relacionadas con el saneamiento.
“Brutalidad”. Así es como define una sentencia lo que hizo un hombre a su esposa en pleno proceso de separación en Madrid. El marido le dio tres mordiscos en la cara que provocaron que se quedara colgando la piel y parte del labio de la víctima y después la agredió con un cuchillo. Los hechos sucedieron en la casa que compartían y en la que también se encontraban los padres de ella y los dos hijos de ambos, mayores de edad, que acudieron alarmados al oír los gritos.
Prestamos atención a qué comemos, observamos qué alimentos son o no saludables, hacemos cambios en nuestras cestas de la compra, estamos siempre pendientes de las noticias sobre alimentación… pero ¿cómo comemos? ¿Nos fijamos en el momento de la comida, en el acto de comer en sí, o solo en el contenido del plato?
Sucedió hace un año. Jaime Zatarain (49 años, Santander) veraneaba con sus amigos en Zahara de los Atunes cuando lo empezaron a reconocer por la calle. Era un caso curioso: el éxito le llegaba en diferido. En 2024, el actor había protagonizado la miniserie Ángela estrenada en Atresplayer. Un año más tarde Antena 3 decidió emitirla en abierto y unos meses después se estrenó por tercera vez en Netflix. Allí se convirtió en número uno. “¡Qué vergüenza! La gente me paraba, me decía cosas. Hijo, ¿qué te voy contar? Pues me hizo ilusión. Y quien te diga lo contrario, miente”, espeta con una sonora carcajada desde una terraza en la Plaza de las Comendadoras.
La edad de oro de las comedias románticas (finales de los noventa y comienzos de los dos mil, si tenemos en cuenta la cantidad de taquillazos que logró el género en esos años) cada vez queda más lejos. Este año se cumplen 25 años del estreno de éxitos como Amélie, de la adaptación cinematográfica de Bridget Jones, y casi 30 de Tienes un e-mail o Notting Hill, sin que el cacareado regreso de las rom-coms se haya terminado de producir. En su lugar, cobran cada vez más fuerza las historias definidas como dark romance, “romance oscuro” en español. No es que no haya espacio para la comedia romántica, pero según Noemi Subiela y Laura González, analistas senior en la consultora audiovisual y digital Barlovento Comunicación, “el momento cultural actual parece favorecer narrativas más intensas y extremas. Las tramas que incorporan peligro, suspense o conflicto psicológico suelen resultar más fácilmente comerciales porque generan mayor conversación y engagement”.
“Al ver Sensación de Vivir, me llamó la atención la cantidad de dientes raros y de expresiones faciales que hay”, comenta Noelia Ramírez en el episodio ¡Guapa! Fascismo del cuerpo volumen III del podcast Amiga date cuenta. La mítica serie de los 90 era ajena a la omnipresencia de las carillas que ahora prima en Hollywood, donde la inmensa mayoría tiene exactamente la misma sonrisa. Una sonrisa blanquísima, perfectamente alineada y para qué negarlo, tan carente de imperfecciones que apenas tiene personalidad. “Por más feos que tengas los dientes no te lo hagas. Yo me arrepiento todos los días de mi vida”, dijo Bad Bunny. “Parece que no eres artista hasta que te hagas los dientes”, aseguró con lástima el cantante. De hecho es tan extraño que una estrella no tenga una sonrisa perfecta que fueron precisamente las imperfecciones de la de Aimee Lou Wood las que hicieron de ella, que ahora es imagen de Versace, una de las preferidas de la tercera temporada de The White Lotus.
El museo del Wadsworth Atheneum de Hartford (EE UU) conserva una de las joyas de la pintura española barroca, el San Serapio que pintó Francisco de Zurbarán en 1628. A modo de trampantojo, un gran hábito blanco ocupa buena parte de la composición. Detrás de la tela, la cabeza del santo expira con la boca abierta mientras sus manos de obrero permanecen atadas en esta gran obra maestra del martirio y la empatía humana, sin el artificio de la sangre. Hace unos años el conservador del museo se comprometió a prestar el cuadro a una exposición temporal en Europa. Antes quiso restaurarlo para que luciera mejor, sin saber que la mano derecha del santo había sido repintada por completo durante una mala restauración del siglo XIX, por lo que, al eliminar el repinte, despareció. Ya decía Goya que los cuadros, más allá del agua o del fuego, no los arruina el tiempo, sino los malos restauradores; ¡cuánta razón tenía!
La capacidad de las teorías para hacernos ver aquello que parece ausente, y que puede modificar el mundo, no pasa siempre por describir lo visible; a veces, consiste en crear las condiciones para que algo sea posible, y, silenciosamente, emerja. Cuenta Tim Berners-Lee que cuando presentó la propuesta de lo que hoy conocemos como la World Wide Web, su jefe, Mike Sendall, la describió como “vaga pero emocionante”. La mezcla de escepticismo y curiosidad fue suficiente. La propuesta no fue rechazada ni celebrada: fue tolerada. Y esto permitió que Berners-Lee trabajara en ella silenciosamente en paralelo con sus tareas corrientes en el CERN de Ginebra. Antes de convertirse en la red que habitamos, la World Wide Web fue una hipótesis de organización del conocimiento. Era difícil imaginar entonces cuánto cambiaría el mundo aquella idea todavía imprecisa. Lo que comenzó como una necesidad técnica de orden y estructura terminó por modificar radicalmente nuestra manera de vivir, comunicarnos y pensar.
La primera vez que escuché la palabra relativismo fue en boca de un cura de mi colegio. La pronunció como si estuviera señalando una plaga. Dijo que era uno de los grandes males de la humanidad. Yo no entendí bien qué significaba, pero entendí el tono: peligro. Años después busqué la definición y pensé que, si aquello era un mal, era también el mío. Para mí, el relativismo siempre ha sido una tabla de salvación: la posibilidad de que las cosas puedan mirarse desde más de un lugar; la sospecha de que una sola verdad es, en el mejor de los casos, incompleta.
Sucede en Galicia, pero podría suceder (incluso ahora mismo) en cualquier parte de España. Un vídeo no para de circular estos días por WhatsApp, Facebook e Instagram. Resulta que en Cambados —en la capital del albariño, poca broma— dos de sus casi 14.000 vecinos han mantenido una lucha por una linde durante 10 años. Una linde en España es la línea invisible que separa el cielo del infierno. El caso es que, al fin, la justicia ha dictado sentencia. Pero —siempre hay peros con las lindes y más cuando, en teoría, ya están delimitadas— se ha armado la marimorena entre estas dos mujeres de unos 80 años que viven pared con pared, comparten calle y, en definitiva, una aparcaba el coche en la puerta de la otra —ay, ay, ay— porque no había más remedio. Ya. La Tercera Guerra Mundial se queda corta.
“Hace 40 años, Geli era una de las chicas más brillantes de nuestra pandilla; hoy, es una superviviente de violencia machista que se enfrenta al desamparo absoluto porque las instituciones no le dan una respuesta a tiempo”. Es así como las antiguas amigas del instituto Valle Inclán de Pontevedra empiezan a desgranar, en la plataforma de micromecenazgo Donio, ese “infierno de violencia de género que aisló por completo del mundo” a esa compañera que ahora tiene 54 años. Todas y todos la recordaban como “una de las alumnas más aplicadas”, “inteligente, responsable, profundamente buena” y “también muy guapa”, pero habían perdido su rastro hacía décadas. Nadie supo nada hasta el año pasado, cuando un excompañero se la encontró en Facebook.