“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Cajas y cajas de cartón con cientos de expedientes acumulados ocupan el suelo de una habitación en un edificio de Kiev. Corresponden a casos de posibles crímenes de guerra cometidos por los rusos durante la gran invasión de Ucrania desatada desde febrero de 2022. Estas instalaciones destartaladas de varios pisos de altura bien podrían ser el escenario de una película de suspense. Tras la puerta de otra estancia, sorprende un despacho de dimensiones estrechas pero reformado y bien iluminado. Un gran mapa de los alrededores de la capital ucrania, lleno de marcas e indicaciones, cuelga de la pared. Alrededor de la mesa, hay dos hombres, Artur y Dmytro (el de este segundo no es su nombre real), y una mujer, Alla. Son policías dedicados en cuerpo y alma durante estos cuatro años a tratar de desentrañar todos esos casos. “Tenemos 3.000 expedientes para ocho agentes”, se quejan. Haciendo referencia a la escasez de efectivos en el ejército, dan a entender que este es otro frente en el que andan muy necesitados de ayuda.
La directora y guionista Chloé Wallace abrió un melón en redes sociales hace unos días: en un mensaje en Instagram tras la gala de los Oscars, expresaba su “rabia” por el retorno de la delgadez extrema como ideal de belleza. “Cada alfombra roja, cada evento, cada vez que abro Instagram, ahí están, más delgadas que la semana pasada (...), más y más, como si hubiera una competición que nadie nombra, pero todas están jugando”, planteaba. Era el elefante en la habitación. “Antes era no comer, contar, restringir. Ahora es una inyección semanal que suprime el hambre. Es la vuelta de la delgadez como capital. No es estética, es política. Y lo más perverso es que viene disfrazado de salud, de bienestar”, advertía.
En 2015, Andreas Lubitz bloqueó la puerta de la cabina del vuelo 9525 de Germanwings. Después inició una trayectoria descendente que provocó la muerte de 150 personas. La conmoción consecuente alcanzó a todas las áreas de transporte. También al Metro de Madrid, según cuenta uno de sus maquinistas. “A raíz de eso, del piloto que estrelló el avión, alguien dijo en broma: ‘Anda que si eso pasa en Metro...’ Y Metro se lo tomó en serio”. La compañía pública, que niega esa conexión con el accidente, viene pagando desde hace años un servicio psicológico para sus nuevos empleados. Este martes, coincidiendo con el aniversario de la catástrofe aérea, licitó un nuevo contrato, este de 390.000 euros, que atenderá progresivamente a todo el personal relacionado con la circulación de los trenes, según precisa un portavoz. Los maquinistas son profesionales sometidos a presiones extremas. Sobre ellos pesa la responsabilidad de llevar a miles de pasajeros en cada convoy. También el desgaste de trabajar bajo tierra, sin luz natural, mezclando la oscuridad de los túneles con los neones de los andenes. O el temor a vivir un atropello. Y peor: el horror de haberlo vivido.
Mientras sonaba la elegante música de Bruce Broughton y los créditos finales de El secreto de la pirámide se deslizaban por la pantalla, veíamos un carruaje avanzar sobre la nieve, el mismo carruaje desde el que su protagonista, un joven Sherlock Holmes, se había despedido del fiel Watson. O eso creían los espectadores despistados. La sorpresa llegó cuando, tras adentrarse en un hotel, contemplábamos por fin el rostro del viajero y leíamos su firma en el registro de huéspedes: Moriarty. Un caramelo para cualquier seguidor de la obra de Conan Doyle, que acababa de descubrir el origen de un personaje esencial. ¡El enemigo de Holmes no había muerto y además se iba a convertir en su futura pesadilla! ¿El problema? Que en ese momento la mitad del público había abandonado la sala.
Apple nunca ha sido una marca asociada a los portátiles —ni, en realidad, a ningún otro dispositivo— baratos. Durante años, entrar en el ecosistema Mac implicaba asumir una inversión considerable, con modelos que rara vez bajaban de los mil euros. Por eso, con la presentación del MacBook Neo muchos usuarios han reaccionado con la misma pregunta: si cuesta bastante menos que otros Mac, ¿significa eso que también es mucho más limitado? ¿Merece la pena? Tras probarlo durante varios días, la respuesta es que sí puede ser suficiente, pero no para todo el mundo. La clave está en entender para qué tipo de uso está pensado este portátil.
Ella es la cofundadora y socia de la plataforma multimarca de firmas españolas Es Fascinante, un proyecto que ha puesto a muchos diseñadores patrios en el radar de los grandes compradores globales. Él lleva 16 años especializado en poner en marcha nuevos proyectos en IFEMA, donde estaba al frente de la línea de negocio de música y entretenimiento. “Nos dimos cuenta de que la propuesta estaba fuera del estándar que se requiere hoy en día. Hacía falta un perfil experto y transversal que nos ayudase y que supiera de retail, de moda española, que estuviera en contacto con diseñadores y otras pasarelas de todo el mundo”, dice Asier Labarga (Donosti, 48 años), el nuevo director de la Madrid Fashion Week. Valentina Zuloaga (Madrid, 32 años), la nueva directora creativa de la semana de la moda se incorporó como “una baza para emocionar”. Hace un año, con un proyecto diseñado por ella como hoja de ruta, se pusieron mano a mano a dar un cambio de rumbo a la pasarela. En la segunda edición ya han conseguido que se respire moda en toda una ciudad llena de espectadores internacionales.
La jardinería rara vez figura entre los talentos que se asocian a los españoles: normalmente, se piensa que esa es una destreza inglesa. “Cuando yo empecé, se tenía la idea de que en España estábamos muy limitados en comparación con Inglaterra; de que mientras que allí la lluvia permite crear jardines frondosos y variados, nuestro clima no ayuda y la paleta de plantas es muy reducida: romero, lavanda y algún rosal”, explica Fernando Martos, fundador de uno de los estudios de paisajismo más destacados en España. Y añade que, cuando era joven, él decidió emigrar para empezar su carrera en un jardín inglés.
Cuando la guerra contra Irán declarada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu está a punto de cumplir un mes, el pleno del Congreso abordó ayer un conflicto que vulnera el derecho internacional, sacude la estabilidad del mundo entero, se ha cobrado ya centenares de víctimas e incide de forma directa en la vida y el bolsillo de los españoles, tanto por los ataques de Estados Unidos e Israel como por la respuesta de Teherán en toda la región. Era un debate muy esperado y su mejor conclusión —acaso la única positiva— fue el amplio rechazo a la guerra que mostró la Cámara Baja, congruente con el sentir mayoritario de los ciudadanos.
El 19 de marzo supimos del fallecimiento de Umberto Bossi, uno de los ciclones que recorrió la política italiana en los primeros años noventa. Nacido en una localidad de la provincia de Varese, inició su carrera política a principios de la década de 1980 como un activista del minúsculo autonomismo lombardo, influido por los ejemplos del autonomismo del francófono Valle del Aosta, y en parte por el autonomismo véneto. Era en sus inicios un nacionalismo subestatal con componentes culturales y etnolingüísticas, basado en parte en la revitalización del lombardo —lumbard—, y con muy escasas perspectivas electorales en la Italia de posguerra, donde la hegemonía del nacionalismo italiano risorgimentale estaba reforzado por la matriz antifascista de la república nacida en 1946. Fuera del potente autonomismo surtirolés, con amplio arraigo en la población germanófona de la región del Trentino-Alto Adige y con capacidad de negociar con Roma un statu quo beneficioso, en la República italiana los nacionalismos subestatales ciertamente existían; pero eran casi anecdóticos, y su agenda mayormente moderada, desde el autonomismo valdostano al sentimiento de identidad siciliana —aplacados los circunstanciales ardores independentistas de la inmediata posguerra— y el persistente, pero minoritario, nacionalismo sardo, dividido entre el autonomista Partito Sardo d’Azione y un minoritario independentismo de izquierda de vocación anticolonial.
A la urgencia y a la parálisis las separa una línea muy fina. Basta verse en el ojo de un huracán informativo para sentir cómo uno va perdiendo gradualmente la capacidad de reaccionar ante los desastres que pueblan el grotesco espectáculo del mundo. Los conflictos pariendo más conflictos, los líderes autoritarios cebando con más y más odio sus delirios, las bombas, las ruinas, el abismo insalvable entre el dolor y la reparación. Todo va demasiado rápido, y nosotros, como bajo el efecto de luces estroboscópicas, nos movemos demasiado lento.
El fallecimiento, hace dos semanas, del historiador palestino Walid Khalidi, a la impresionante edad de 100 años, fue el final de una trayectoria intelectual dedicada a documentar la experiencia palestina y preservar su memoria histórica. Nacido en Jerusalén en 1925, en el seno de una destacada familia palestina de intelectuales, Khalidi fue testigo de la destrucción de su sociedad, primero a manos de la potencia mandataria británica, durante la Revuelta Árabe (1936-1939), y luego durante la Guerra de 1948, que dio paso a la Nakba palestina.
Hay una izquierda que dice combatir a los “poderosos”, pero que hace las delicias de los llamados fondos buitre mediante sus políticas. Es esa izquierda que dice que no hay que construir para que bajen los precios de la vivienda en España, pese a que cada vez más informes hablan de la relación entre escasez de oferta y subida de precios. Es la que ha hecho del intervencionismo en el mercado del alquiler prácticamente su única bandera. Son quienes afirman ir contra los especuladores, obviando que sus medidas también perjudican a familias humildes, que no pueden hoy permitirse alquilar ni comprarse un piso. Es esa izquierda que Irene Montero o Gabriel Rufián buscan reconstruir, pero, curiosamente, aún no han llegado a la conclusión de que su progresiva desaparición del tablero político también tiene que ver con el fracaso de sus relatos en materia de vivienda.
Cualquier persona que supiera algo del sector eléctrico, a las pocas horas del apagón, citaba entre las causas la inestabilidad de las fotovoltaicas y la escasez de energía nuclear. Había habido problemas antes: un informe de Redeia alertaba del riesgo de “desconexiones de generación por elevada penetración de las renovables”. Unos audios de mediados de abril de 2025 muestran que la empresa reconocía problemas en la fotovoltaica. Para ganar tiempo, los primeros días se ofrecieron vaguedades, incluso se jugueteó con la hipótesis claramente falsa del sabotaje. Expertos europeos de Entso-e han emitido un informe. Nosotros no, y mira que tenemos expertos. Nadie ha asumido ninguna responsabilidad política.
Manuel Vicent ha acompañado a varias generaciones de lectores desde las primeras páginas del diario. Este mes ha cumplido 90 años y desde EL PAÍS queremos celebrarlo con una selección de textos memorables del autor: desde las favoritas de los suscriptores hasta las crónicas de la Transición, los daguerrotipos o las entrevistas a grandes personalidades. Un recorrido para asomarse a una de las voces decisivas del periodismo español.
‘La llave del Gobierno’1977 [Imagen: Marisa Florez]‘Aquel día de la Constitución’1978 [Imagen: Marisa Florez]‘Los pájaros huyeron de Valencia’1981 [Imagen: Manuel Pérez Barriopedro/EFE]‘Felipe y la computadora’1982 [Imagen: Marisa Florez]‘Mal absoluto’1997 [Imagen: Bernando Pérez]‘El dulce sueño de Dolores Ibárruri’1981 [Retrato: Ricardo Martín]‘Rafael Alberti, con los bolsillos llenos de sal marina’1981 [Retrato: Ricardo Martín]‘Maruja Mallo, la diosa de los cuatro brazos’1981 [Retrato: Raúl Cancio]‘José Maldonado, último presidente de la República’1981 [Retrato: Ricardo Martín]‘El baúl de Concha Piquer’1981 [Retrato: Ricardo Martín]Coordinación y edición:María Sánchez Rubio y Sara Campos Román
Diseño:Ignacio Povedano
Desarrollo:Alejandro Gallardo
Formato:Guiomar del Ser y Brenda Valverde
Edición fotográfica:Inés Arcones
Escribir Para toda la humanidad es como inventarse un libro de historia que nunca sucedió. La serie, que comenzó su sinopsis en 1969 con los soviéticos adelantándose a los estadounidenses en la llegada a la Luna, alcanza en su quinta temporada ya el año 2012, un hito en 50 capítulos que la hace un proyecto sin parangón en televisión. Como si fuera el Cuéntame de una tierra alternativa, la serie de ciencia ficción ha repasado el devenir global durante cuatro décadas, y no piensa quedarse ahí, sino que en su sexta y última temporada alcanzará un presente paralelo al nuestro.
Pese a las iniciativas de algunos obispados por la inclusión y la existencia de sentencias favorables a la igualdad en la Semana Santa, algunas hermandades mantienen su veto a las mujeres. El rechazo de los cofrades de Sagunto (Valencia) a las nazarenas es singular, pero no único. Nuestro Señor Jesucristo en Su Santo Sepulcro de Aguilar de la Frontera (Córdoba, 13.500 habitantes), cuya festividad ha sido declarada de Interés Turístico Nacional, lo establece en sus estatutos: “Es esta una Hermandad constituida por miembros masculinos”. Las únicas mujeres permitidas en la agrupación son una docena que, de acuerdo con las normas de la entidad, representan “las 12 mujeres que siguieron a Cristo en su vida y pasión”. Pero su presencia “es simplemente de carácter simbólico” y solo podrán formar parte “viudas o hijas solteras de los hermanos difuntos del Setenta y Dos”. Este 72 es el núcleo central y fundacional de la hermandad y se designó en memoria del pasaje del Evangelio de San Lucas (10:1-24) donde se relata que Cristo eligió a este número de seguidores para preparar su llegada a los pueblos.
“El sistema educativo está muy mal: ratios altas, niños con más dificultades, sueldos bajos, padres sobreprotectores… Si quieres ser maestro no es por el sueldo o las vacaciones, sino porque amas el trabajo. Si buscas dinero o fama coges otra profesión. Pero se nos tiene que cuidar porque estamos educando el futuro. Las cosas siempre han estado mal, pero ahora lo que pedimos son mejores condiciones”. No son declaraciones de uno de los miles de profesores que la semana pasada se manifestaba por las calles catalanas. Se trata de Txell, una alumna de 1º de Educación infantil de la Universidad Autónoma de Barcelona, que a pesar de la juventud y virginidad profesional tiene muy claro el futuro que le espera y las dificultades con las que se topará en pocos años.
Con la tendencia que el género cultiva en torno a libros intercambiables y con cierta planicie literaria, cuando no ausencia de cualquier estilo, vamos en esta ocasión con cuatro apuestas que están en las librerías y que nos prueban que hay mucho más allá. Y no dejan de ser novelas muy bien hechas y que les robarán horas de sueño. Casi todas han salido en las últimas semanas, porque si no seguiría hablando de Mr Fox de Joyce Carol Oates o de la última entrega del gran Ricardo Cupido a manos de Eugenio Fuentes, por ejemplo, o de El rey de las cenizas, de S. A. Cosby (en la lista larga de finalistas del Pen Faulkner, ya que hablamos de literatura). Pasen y lean.
Ante la dificultad de entender e interpretar los miles de datos públicos publicados en el Portal de Transparència de la Generalitat de Catalunya, un ingeniero catalán, Gerard Giménez, creó hace un mes dos buscadores digitales para facilitar el acceso de la ciudadanía: uno sobre contratación pública (Contractes.cat) y otro de subvenciones (Subvencions.cat). La iniciativa ha tenido tanto éxito que fue citada en el último pleno del Parlament, ha descubierto sin querer una fuga de datos personales que ahora la Autoritat Catalana de Dades investiga, y ya ha sido replicada por otro proyecto paralelo (Menjòmetre) que cuestiona el actual sistema de subvenciones públicas. La aparición de estos buscadores ha reabierto el debate sobre la forma de presentar los datos públicos y quién construye el relato sobre los gastos de la Generalitat y su idoneidad.