“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Birchbark Books, en Minneapolis, es una de esas estupendas librerías que, repartidas por Estados Unidos, piden a sus empleados que recomienden este o aquel título. La diferencia es que en Birchbark una de las recomendadoras, que firma sus papelitos como Louise, es algo más que una lectora con buen gusto. Porque Louise es Louise Erdrich (Little Falls, Minnesota, 71 años), la gran voz de las letras nativas y una de las escritoras más admiradas del país.
En Puig hay dos genes que han conformado desde el inicio el ADN de esta empresa catalana de perfumería, moda y maquillaje. Uno es el gen de empresa familiar: mirada larga, pensar siempre en el legado a la siguiente generación, construcción de un proyecto perdurable. El otro es el gen de empresa cotizada, que Puig ya tenía incluso antes de su salida a Bolsa en mayo de 2024: gestión profesional, frialdad y racionalidad en las decisiones, rendición de cuentas. En el nuevo salto que enfrenta ahora la familia Puig, los dos genes se vuelven a dar la mano. La posible fusión con Estée Lauder, cuyas negociaciones ambas compañías han confirmado, no es solo una operación corporativa para ganar tamaño y competir con los más grandes del sector; también es una manera de situar el proyecto familiar en una nueva dimensión después de muchos años marcados por el proceso de profesionalización de esta compañía, en el que la cuarta generación de los Puig tiene muy asumido que no tendrá ningún rol ejecutivo.
El magnesio es uno de los suplementos del momento. El hecho de que sea un cofactor enzimático que influye en más de 300 reacciones fisiológicas del organismo lo ha convertido en una píldora mágica que sirve, aparentemente, para casi todo. Según el último informe Usos y prácticas de los complementos alimenticios en España (datos de mayo de 2024), elaborado por la Asociación Española de Complementos Alimenticios (Afepadi), un 15% de los españoles habría tomado suplementos de magnesio en el último año. Aún lejos del 33% de la media europea, el magnesio, sin embargo, ha escalado ya hasta el top cinco de los complementos más consumidos en nuestro país ―solo le superan la vitamina D, los multivitamínicos, la vitamina C y los probióticos― y a partir de los 45 años pasa incluso por encima de los probióticos y su penetración roza el 20% de la población. “Siento más presión de mis amigos a los cuarenta para tomar magnesio que la que sentí en la adolescencia para tomar drogas”, escribía con ironía la periodista Marta García Aller en la red social X.
Ni por inseguridad, por suerte, ni por modernuquis, gracias a Dios, y sin monumentos para turistas en busca de un escenario para posar como mediterráneos soft. En nuestro barrio de moderadita clase media no acostumbramos a salir en portada en The New York Times. Pero hace un año, la imagen de un edificio a dos minutos del nuestro —modernismo de segunda división— abrió la edición internacional. Hacía cierto tiempo que un inversor había comprado Casa Orsola para un negocio con rentabilidad asegurada en la Barcelona de hoy y de mañana: sacar la vivienda del mercado tradicional de alquiler y destinarlo al de los extranjeros de paso.
Nadie puede saber quién va a ganar esta guerra, ni siquiera si finalmente habrá ganadores. Son mayoría los expertos que dan a China por vencedora estratégica de un conflicto que fácilmente puede dañar a quien lo ha desencadenado: a Trump inmediatamente en las elecciones de mitad de mandato, en beneficio de sus rivales los demócratas; a largo plazo, a Estados Unidos, que está desplazando los recursos militares asignados a Asia-Pacífico para competir y contener a China en Oriente Próximo, donde necesita derrotar a Irán. En el plazo más corto de los beneficios inmediatos, no hay muchas dudas de que es Putin quien está recogiendo las nueces, para disgusto y alarma de Ucrania y de sus aliados europeos.
Thierry Breton. ‘La primera guerra mundial asimétrica’ ('El Grand Continent', 27 de marzo).Thomas Graham. ‘The Iran War Is a Boon for Russia. Putin Should Still Worry’ (Council on Foreign Relations, 27 de marzo).Mark Leonard y Jana Kobzova. ‘What the Iran war means for Ukraine?’ (‘World in 30 minutes’. European Council on Foreign Relations, 27 de marzo).Noelia Castillo era una persona mayor de edad con plena capacidad para decidir sobre su vida y su muerte. Así consta en cinco (¡cinco!) dictámenes de sendos tribunales y en los informes neurológicos, psiquiátricos y psicológicos incluidos en el expediente de la comisión que evaluó su caso y le concedió el derecho a la eutanasia en abril de 2024. Pero una parte de la sociedad española, en la que se incluía a su padre, no le reconoció esa mayoría de edad. Noelia Castillo fue tratada como una niña cuya conducta puede ser reeducada, una niña que solo necesitaba cariño y atención.
Después de Noelia, algunos dilemas difíciles quedan iluminados. También el ejercicio de la condición de padres. Sabíamos que perder a una hija, a un hijo, es lo peor que le puede suceder a una persona. Adivinábamos que iba contra la ley de la vida, esa pretendida secuencia natural de las cosas: que los progenitores se van primero. Cuando en realidad no existe tal ley, sino probabilidad estadística.
Ya se ha dicho casi todo sobre la designación de Carlos Cuerpo como ministro de Economía y vicepresidente primero. A uno y otro lado del espectro político se subraya su perfil tecnocrático, su capacidad para no polarizar y su talante negociador; también su condición de no pertenecer orgánicamente al PSOE y sus potenciales disensiones con Sumar. Es decir, su pragmatismo y su adecuación a un contexto en el que la economía, el ámbito de acción política de mayor rendimiento para este Gobierno, va a ocupar el centro de la escena durante los meses que quedan de legislatura. Si a eso se añade que es una persona discreta y alejada del ruido que nos invade y tiene una gran capacidad para interactuar con sus colegas europeos, el paralelismo con Nadia Calviño resulta inevitable. Ese precedente explica, sin duda, que apenas se haya enfatizado la condición masculina tanto de él como del nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España. Eso de que, cuando vienen mal dadas, vuelve el hombre.
El autobús llevaba casi cinco horas avanzando de bache en bache por una carretera destrozada. Dentro, el calor se acumulaba y el polvo se pegaba a la piel. De repente, el vehículo se detuvo en seco a las puertas de Tibú, la capital del Catatumbo, en el norte de Colombia. En cualquier otro lugar habría sido solo eso: una parada. En el Catatumbo, no.
La Guardia Civil detuvo con casi dos toneladas de hachís en un camión a una banda de narcotraficantes que se dedicaba a introducir droga desde Marruecos a España en enero de 2025. Unos días después, el caso dio un vuelco. Uno de los enviados a prisión provisional confesó a los agentes que el costo no sólo se introducía por la frontera, sino que existía un narcotúnel. La causa permaneció bajo secreto y unas semanas más tarde los investigadores explotaron otra fase de la operación y encontraron por primera vez el conducto que funcionaba desde hacía años para pasar fardos entre Ceuta y Marruecos. El caso se bautizó como Hades (dios griego del inframundo). “Si no hubiéramos mantenido en secreto la causa no hubiéramos descubierto el túnel jamás”, asegura una fuente de la investigación.
Esa mañana Maruja Vilches se vistió con esmero. Se quitó sus mejores pendientes, desnudó sus dedos de sortijas. Se lavó la cara, eliminando todo rastro de maquillaje. Se calzó las sandalias, se enfundó en la túnica y se puso el antifaz. Tuvo que hacerlo al resguardo de miradas, pues iba a procesionar de incógnito. Llegó a la iglesia con el tiempo justo, un nazareno anónimo y presuroso por las calles de Sevilla. Era 1985.
Llega al piano bar del hotel donde quedamos, desierto a la una de la tarde, y, al verla, se produce esa sensación de conocer a alguien de toda la vida, aunque no hayas intercambiado jamás una palabra, que provocan ciertas celebridades especialmente populares. Pese a su ropa negra, su pelo negro y sus ojos negrísimos, o quizá precisamente por todo ello, su cutis resplandece, como iluminado por dentro. Educada y algo tímida de entrada, le proponemos hacer primero las fotos para charlar después tranquilamente y, delante de la cámara parece crecerse dos palmos sosteniendo la mirada en un primerísimo plano al alcance de muy pocos rostros y aplomos. El piano, y un sombrero de copa de atrezo parecen pedir a gritos participar en el festín gráfico y Ruiz no solo no pone pegas a la sugerencia, sino que la hace suya para delicia del fotógrafo. Da gusto verla actuar aunque nadie haya gritado “acción”. Le sobra oficio.
VIDAS EXTRAORDINARIASToda vida, por normal que sea, es extraordinaria porque es única. Eso sostiene Carmen Ruiz (Madrid, 51 años) sobre sus personajes y sobre su propia persona. Empezó a estudiar interpretación a los 24 años, cuando otros ya habían acabado la carrera, pero con las cosas muy claras: quería dedicarse a la escena. Y se puso a ello literalmente. Montando y desmontando escenarios con un grupo de amigos hasta ir imponiendo, a base de talento y cabezonería, su presencia en algunos de los montajes más recordados de las últimas décadas, porque su notable carrera televisiva y cinematográfica -Yo soy Bea, Mujeres, Crimen Ferpecto- le ha dado popularidad, pero la carrera teatral le ha reportado el prestigio unánime del público y la crítica. Ahora estrena, junto a su compañera y amiga Malena Alterio, La vida extraordinaria en los teatros del Canal de Madrid.
Nadie está a salvo de verse atrapado por el Madrid de los precios inmobiliarios disparados. Ni siquiera todo un gobierno autonómico. A finales de 2025, la Generalitat de Cataluña tuvo que decir adiós a su histórica sede de Alcalá, 44, al lado del Banco de España y el Círculo de Bellas Artes. La aseguradora Zurich, dueña del edificio, lo había vendido a un grupo de inversores mexicanos con el proyecto inicial de hacer un hotel de lujo. Despojada de este lugar de referencia, la representación del Govern se desplazó a un lugar mucho menos emblemático, la calle Orense en el distrito de Tetuán, donde ahora paga un alquiler de 64.945,95 euros al mes, según datos obtenidos por EL PAÍS en aplicación de la ley de transparencia. Sin embargo, la odisea inmobiliaria de esta institución no acaba ahí: el concurso que lanzó para comprar una sede en el centro de Madrid, y así ahorrar costes, ha quedado desierto. Los 33 millones ofertados no son suficientes para adquirir los 2.500 metros cuadrados que quiere la Generalitat en la zona VIP de la capital (distrito Centro o barrios de Recoletos, Goya, Lista y La Castellana). En Madrid, el precio del metro cuadrado cotiza como si los ladrillos fueran de oro.
En L’Équipe de este sábado, la viñeta reflexiva-humorística de Lasserpe. Bajo el título, “test de feminidad en los Juegos Olímpicos de 2028”, dos hombres, una tabla de planchar con ropa arrugada encima y una mujer: “Tiene cinco minutos para planchar una camisa”. La mujer, hombros caídos, fatalista, rendida, se lamenta: “Cuando hablamos de un gran paso atrás, estamos aún muy lejos de la realidad”.
Las mujeres han sido desde antiguo seres sospechosos en el deporte, una actividad social creada por y para los hombres. En los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, las mujeres tenían prohibido traspasar el río Alfeo que cruzaba el bosque sagrado de Altis, en la antigua Olimpia, bajo apercibimiento de pena de muerte. Se trataba con ello de evitar que se introdujeran en el recinto olímpico pasando desapercibidas entre la multitud que acudía al Estadio Olímpico donde los participantes, todos varones, competían desnudos.
Ewa Pajor (Pęgów, Polonia; 29 años) empezó a disparar contra una portería improvisada en la pared de un granero en su aldea de 70 habitantes. “Cuando era pequeña, siempre jugaba para marcar goles. Como lo hacíamos todos los días, todo el rato, siempre me gustó”, recuerda al sol de la Ciudad Deportiva del Barça. Nadie tuvo que convencerla de ser delantera. Los goles la arrastraron, llevándola de aquel granero a ser una de las atacantes más determinantes del mundo.
Resulta que Jessica Foster, una Tomb Raider en la guerra de Irán con camiseta de camuflaje ajustada, rubia y de ojos azules, era de mentira. Es una militar que apareció en Instagram, poniendo caritas y pidiendo un “me gusta” a “cada chico hetero a quien le guste una chica del ejército americano”. En cuatro meses tuvo un millón de seguidores, a quienes esta exhibición erótico-bélica debía de darles un subidón patriótico. La soldado Foster colgó fotos con Trump, con Zelenski, con un caza, en el desierto, en una nave (era raro que llevara tacones, pero bueno). Hasta que The Washington Post descubrió el pastel el otro día y dijo que esta señora no existía, era de inteligencia artificial. Dio igual, al rato ella puso una foto en un buque de guerra en el mismísimo estrecho de Ormuz. Como insistiendo, ya ven. Me recordó a otra Jessica, Jessica Rabbit, cuando dijo que no era culpa suya si la habían dibujado así.
Apenas 100 días antes del golpe de Estado en Argentina, del que ahora se ha cumplido medio siglo, se firmaba el Plan Cóndor, una operación secreta en la que se unían, en pleno auge de la Guerra Fría, seis países latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay) en los que imperaban regímenes militares de extrema derecha. El objetivo de los gobiernos de esos países era aniquilar a las oposiciones políticas, a las que se les denominaba “la amenaza comunista” o “los subversivos”, a través del intercambio de información, de recursos técnicos de tortura y presos políticos. Fue una reunión de sus respectivos servicios de inteligencia, auspiciada por la CIA, y dirigida por el verdugo número uno de Pinochet, el coronel Manuel Contreras, de la Dina (Dirección de Inteligencia Nacional). Durante años, la existencia de ese Plan Cóndor fue negada, pero EE UU tenía conocimiento de él desde el primer momento, a través de Henry Kissinger, secretario de Estado.
La tarda del 26 de maig de 1936, a tocar del nucli urbà de Viladrau, s’oficia el funeral del noucentisme. Eugeni d’Ors no hi és ni se l’espera, i Josep Carner i Jaume Bofill i Mates/Guerau de Liost tampoc no hi són, però de fet eren protagonistes. El poeta i polític Bofill i Mates havia mort feia tres anys, i l’acte impulsat per la Generalitat republicana, amb el conseller de cultura Ventura Gassol present, era un homenatge a qui havia convertit el poble del Montseny en un pulmó cultural. Enmig del bosc s’havia enjardinat una zona entorn de la font de l’Oreneta. El disseny era de Joan Mirambell, i hi havia dues esteles de Joan Rebull cobertes amb una senyera. En una, versos de Guerau dedicats a la font; en l’altra, un dístic de Carner en memòria del seu amic. S’hi congregaren escriptors que havien donat profunditat lírica al projecte d’institucionalització nacional més sòlid de la Catalunya contemporània. S’inaugurava aquell espai, s’acabava una època. Al cap d’un mes i mig comença la guerra. Durant la sessió es va repartir un opuscle en què s’explicava qui havia imaginat l’homenatge: un poeta, traductor i crític que es guanyava la vida a la impremta de la qual era copropietari. Marià Manent. Hi era i no es va fer notar, com si fos una ombra. Als 37 anys, a punt de tenir el tercer dels seus quatre fills, el catòlic i petitburgès Manent vivia amb la seva dona en un pis al carrer Craywinckel a Sant Gervasi. Era un edifici d’aspecte modernista on residia el seu amic Jaume Bofill i Ferro, crític i traductor que havia descobert Viladrau a Manent. Aquest altre Bofill —parent de Bofill i Mates— era propietari d’un casal enclotat a les Paitides, un dels vessants més fèrtils de la cara nord del massís. Havia servit per conservar-hi plantes medicinals. És Ca l’Herbolari.
DietarisMarià Manent Edicions 62 720 pàgines. 25 euros