“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
El milagro puede estar ocurriendo. En los últimos años, la ultraderecha olió sangre y dominó el discurso hablando directamente a las vísceras y agitando el miedo a la inmigración y a la pérdida de identidad en un mundo cambiante donde las decisiones económicas se nos escapan. Lo saben bien Trump y una ultraderecha europea que utilizaron los recelos contra el orden legal, contra el feminismo, las nuevas libertades y el wokismo.
Se acercan las elecciones en Hungría -previstas para el 12 de abril-, una cita de importancia incalculable para el futuro de Europa. Viktor Orbán es desde hace tiempo un agente político cuyos objetivos son indistinguibles de los de Putin y Trump. Su entierro político no supondría la eliminación completa de los obstáculos para que la UE avance en el proceso de adaptación a un nuevo tiempo especialmente hostil, pero sin duda sería un extraordinario alivio que allanaría el camino reformista al menos durante un año, hasta las presidenciales de Francia. Observar el carrusel electoral en Budapest es un sano ejercicio de análisis de los enemigos del proyecto europeo. Son muchos y poderosos.
Una silla del salón, de la cocina o de la terraza bien puede servir de trinchera en el barrio de Santa María de Cádiz. Lo fue en la década de los 80, cuando Lola Delfín descubrió que bajar una silla de su partidito a la puerta de su finca cortaba “el tejemaneje” de los camellos que inundaban de droga a un barrio abandonado entonces a su suerte. Y lo es ahora cuando, la víspera de cada Jueves Santo, agarra con una cuerda el mueble venido de su piso a un busto que está enfrente del portal para que sus tres hijos, que hace ya años tuvieron que mudarse fuera de Cádiz, puedan ver salir al Nazareno. Pero este año la tradición se ha adelantado tanto que ha obligado a la Policía Local a intervenir.
Sonita Kamara está de parto, pero surge una complicación que puede ser mortal. El bebé no puede atravesar el canal del parto a pesar de las fuertes contracciones. La trasladan de urgencia al gran hospital materno-infantil de Sierra Leona. “Si no operamos en 30 minutos, el bebé podría morir”, sentencia la Dra. Rosetta Cole, la jefa de ginecología, mientras se prepara para realizar una cesárea de urgencia. Pero la operación no puede comenzar. El hospital se ha quedado sin material quirúrgico básico: suturas, anestésicos y líquidos intravenosos. La familia de Kamara corre a la ciudad para buscarlos en farmacias.
Las olas de calor ya forman parte de una nueva realidad en Alemania: los veranos son más largos, calurosos y secos. Para hacer frente al calentamiento del planeta, Berlín va a plantar miles de árboles hasta el año 2040 para tener de media un árbol cada 15 metros en las calles, siempre que sea posible, y desarrollará proyectos para transformarse en una ciudad esponja para recoger y almacenar el agua de lluvia.
La España rural se rebela contra las plantas de biometano. En Cuenca, los vecinos del pequeño municipio de Campos de Paraíso, que suma 600 habitantes repartidos entre Carrascosa del Campo, Loranca del Campo, Olmedilla del Campo, Valparaíso de Arriba y Valparaíso de Abajo, llevan meses organizándose para frenar la tramitación de tres proyectos, uno de ellos con capacidad para tratar 140.000 toneladas de residuos orgánicos, la mayoría purines de cerdos. Un volumen de desechos que, aseguran, no generan los ganaderos de esa comarca, sino que llegarán de otros puntos. Demasiados proyectos, dicen, en tan poco espacio, mal dimensionados y muy cerca de sus casas. Dos de las instalaciones ya cuentan con informes urbanísticos favorables de la Diputación de Cuenca y la tercera está en fase de evaluación ambiental.
La primera reacción que tuvieron algunos responsables de ERC al conocer los cambios en el Gobierno fue pensar que aquello no era una mala noticia. Ni entusiasmo ni desencanto. Más bien la sensación de que el nombramiento de Arcadi España como nuevo ministro de Hacienda es una oportunidad para recoser desde Cataluña las relaciones con el Ejecutivo central, aunque sin garantías. “Somos escépticos”, defienden fuentes de la cúpula republicana. El Gobierno de Salvador Illa en cambio, se muestra abiertamiente favorable al aterrizaje de un defensor de la reforma del sistema de financiación a Hacienda, como se expresó en sus tiempos como consejero de la Generalitat Valenciana. “Es un aliado”, aseguran fuentes del Govern.
“Resumiendo: sí, me gustó Sinners, y eso que iba con mucha reticencia por los vampiros”. Miquel Jurado apura su café en este Starbucks barcelonés en el que sólo con mucha imaginación te puedes creer que estás en un juke joint del Misisipi, esos locales de los negros del sur de Estados Unidos, a menudo en viejos graneros, donde se podía oír música, bailar, beber comer y hacer apuestas mientras te esperaba afuera aviesamente el Ku Klux Klan para colgarte de un árbol junto a su cruz en llamas (escúchese el tema Strange fruit, de Billie Holliday). Claro que para dar ambiente ya está aquí Miquel, un hombre que ha viajado al lado oscuro e incluso a la encrucijada del diablo (de hecho a dos) como los personajes de Sinners, la película que recientemente se ha llevado cuatro estatuillas en la última ceremonia de los Óscars de Hollywood.
Emilia García Fernández, La Pixarra, entra de la mano de Michael Robinson en el Carlos Tartiere. Dentro, ya sobre el césped, la anciana, una de las primeras seguidoras del Oviedo, se come a besos al inglés, al que llama “mi nieto”. Es una de las imágenes recuperadas por los herederos del exfutbolista y comentarista fallecido en 2018 para el Informe Plus (Movistar) dedicado al centenario del club y titulado con su histórico lema: Orgullo, valor y garra. El equipo del programa, fiel al espíritu del Informe Robinson, en el que el fútbol era una excusa para hablar de la naturaleza humana, supo ver una buena historia en la lealtad oviedista, ese vínculo ya secular entre la capital del Principado de Asturias y su afición inquebrantable: en la riqueza, cuando eran los peces grandes los que iban a pescar jugadores a aquel equipo de provincias; y en la pobreza, cuando el entrenador Antonio Rivas convirtió los retretes del Tartiere en su despacho porque no había dinero para pagar los recibos y aquel era el único sitio con luz de todo el estadio. “Nunca vamos a dejar de ser del Oviedo”, explica Andrea Suárez, bisnieta de La Pixarra ante las cámaras de Movistar plus +. “Esté donde esté y pase lo que pase”, añade, por si hubiera alguna duda. Emilia García Fernández murió en 2006, a los 99 años. Unos meses antes, directivos del equipo se acercaron a la residencia en la que estaba ingresada para rendirle un homenaje. Ella, que ya casi no reconocía a sus familiares, los recibió tarareando el himno del Oviedo. Por supuesto, a sus tataranietos no se les ha ocurrido vestir otra camiseta que no sea la azul.
Estoy en México, donde a menos de tres meses de su inicio, ya empieza a jugarse el próximo Mundial. El torneo se filtra en conversaciones, anuncios y tertulias televisivas. Y, por supuesto, en el escenario por excelencia: el ya mítico estadio Azteca. Renovado por razones de comodidad, de seguridad y de modernidad, sigue siendo reconocible en su esencia, elevando su estructura imponente al sur de la Ciudad de México. El negocio no permite que se detengan ni siquiera los estadios que son leyenda.
El nuevo álbum de Robyn suena a Robyn. Podría parecer un reproche, pero es un halago. Sexistential llega ocho años después de Honey (2018) y 16 después del celebradísimo Body Talk (2010). Ocho años de intervalo entre álbumes es un plazo holgado, pero la historia de Robyn, la artista, es siempre la de Robin Miriam Carlsson, la persona, nacida en Estocolmo hace 46 años. Y esa persona fue la que se encontró, en 2020, con la cancelación de parte de su gira debida al parón pandémico. “Me di cuenta de que pasaría tiempo hasta que volviera a lanzar un álbum, porque me metí en otros procesos”, explica por videoconferencia. “Uno fue cambiar de representante. Otro, mudarme de casa. Y empecé a plantearme la idea de ser madre. Mi forma de trabajo cambió. Normalmente suelo acabar mis canciones muy rápido. Y aquí todo era más laxo”.
SexistentialRobyn Konichiwa / Popstock!A veces, en la vida, no hace falta decir nada. Lo saben los adultos. Los aprenden pronto los niños. Y lo entienden cada vez más también los libros. Porque, en la selección de la mejor literatura infantil y juvenil de libreros de distintas Comunidades Autónomas para este mes, en muchos casos las palabras escasean. O incluso se ausentan. Poesías visuales, ilustraciones arroladoras, álbumes silenciosos. A veces, basta con una imagen. Y con la confianza de los autores en la inteligencia del público. Tenga la edad que tenga.
A Berghain se solía ir de fiesta. Ahora también se puede ir a ver arte. En la Halle am Berghain, monumental nave adosada al club más famoso del mundo —nueve metros de altura, pilares de hormigón y acero, escala de catedral industrial—, una estrella del arte europeo como Pierre Huyghe presentó hasta hace pocos días su última instalación, Liminals. Llegamos hasta allí caminando entre ruinas de la antigua RDA, con la utopía socialista transmutada en escenario de ciencia ficción distópica. Aun así, la vieja central eléctrica de los años cincuenta que alberga el club desde 2004 sigue en pie, más joven que nunca. En la oscuridad casi total del recinto, una pantalla gigantesca proyectaba un vídeo en el que una figura sin rostro avanzaba por un paisaje posapocalíptico, como si fuera un fondo marino devuelto a la superficie tras una catástrofe geológica.
Atraído por el misterio de lo cotidiano, el periodista Javier Cáceres lleva dos décadas persiguiendo a futbolistas profesionales retirados, leyendas eternas, respetables especialistas, próceres de barrio o memorables cromos perdidos, para someterlos al autoanálisis que supone toda discriminación: “¿Podría usted pintarme su gol más importante?”. Al cabo de más de 150 encuentros con las deidades, el autor publica El gol de mi vida (Libros Cúpula), una selección de dibujos única, obra hilarante, fronteriza entre el álbum de anécdotas y el tratado de antropología.
[Este artículo contiene spoilers de la película]
He pasado unos días de gran intensidad a la caza de un viejo nazi. En un ejemplo de nuevo-nuevo periodismo me he hecho acompañar de la IA, pero he de decir que las cosas no han ido como yo pensaba: hay que ver cómo la lía la IA. Todo vino de la lectura de La venganza de Odessa, la secuela póstuma de la célebre novela de Frederick Forsyth y también de haber pillado en Netflix una vieja película de 2001 en la que un tipo bastante patoso se recicla como periodista.
Durante el tiempo que permaneció sin respirar bajo el agua, el influencer Daniel Illescas intentó engañar a su mente. Mientras su cuerpo flotaba inmóvil, recreaba una rutina minuciosa: el sonido del despertador, su mano apagando la alarma, levantarse, ir al baño, lavarse la cara... “Pero después de cuatro minutos es imposible”, cuenta. “En un momento llegan las contracciones y sabes lo que estás haciendo”. Entonces ya no era momento de pensar, sino de aguantar.
Después de cada etapa de la Volta a Catalunya, varios ciclistas se quitan un pequeño aparato que llevan bajo el maillot, entre el pecho y la axila izquierda. Es el CORE, un sensor que mide la temperatura corporal en tiempo real, parámetros que ayudan a optimizar el rendimiento y prevenir el sobrecalentamiento, por más que todavía no existe la panacea para resolver esos momentos en los que el cuerpo entra en estado febril por el esfuerzo y el calor.
Noelia Castillo murió después de 601 innecesarios días de sufrimiento y humillación en los que le fue negado ejercer su derecho soberano debido al sabotaje constante de la fundación de ultraderecha Abogados Cristianos. Su caso, judicializado y televisado, ha desatado el debate sobre el derecho incuestionable a una muerte digna. Y para mi sorpresa, no ha abierto el urgente debate sobre el derecho a una vida digna de los niños y adolescentes. Y por vida digna entiendo una donde el dolor psíquico esté atendido. En estos días hemos conocido que la infancia y adolescencia de Noelia estuvieron marcadas por el dolor psíquico. Y hasta donde sabemos, dado que Noelia era española y no era rica, lo más probable es que no tuviera acceso a la atención psicológica que necesitó.