“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Leonardo Sbaraglia (Buenos Aires, 55 años) es un hombre sensible, encantador, educado... y tremendamente emotivo. Tanto que, durante la hora que dura nuestra entrevista, se le saltan las lágrimas dos veces. La primera, hablando del papel que nos ha traído a esta charla: Raúl Rosetti, un director de cine en plena crisis creativa, el papel fundamental de Amarga Navidad, la nueva película de Pedro Almodóvar, y el alter ego del director.
Se ha liado un poco en Alemania porque una nueva ley de la mili obligaba a los hombres de entre 17 y 45 años a pedir permiso para salir del país más de tres meses. Menos mal que el Parlamento ha reculado y ahora dice que mientras no haya guerra pueden ir y venir a su antojo. Lo que sí recibirán los hombres y mujeres alemanes mayores de 18 años es un formulario para evaluar su motivación y aptitud para el servicio militar. Lo recibirán también las mujeres, pero solo ellos tendrán la obligación de responder, además de pasar un reconocimiento médico y decir dónde viven para que puedan estar localizables en todo momento. Y yo me pregunto: ¿por qué la idea de someter exclusivamente el cuerpo de los varones a la guerra no hace que toda Europa ponga el grito en el cielo?
El conflicto bélico en Oriente Próximo ha destruido la calma de los hipotecados a tipo variable: ha roto una racha de dos años consecutivos en los que las revisiones anuales habían abaratado las cuotas y aliviado la carga hipotecaria de las familias. El euríbor a un año, utilizado como principal referencia para fijar el tipo de interés, se situó en marzo en el 2,565%, frente al 2,221% del mes anterior. Tomando como referencia los últimos 12 meses, el índice registra un aumento de 0,167 puntos.
Tal vez por haber crecido cerca del océano Índico, el mayor pensador de Portugal siempre ha mirado hacia su país desde varias periferias. La geográfica fue la primera: José Gil nació en 1939 en Quelimane, Mozambique, donde el desembarco de Vasco de Gama, siglos atrás, derivó en un colonialismo que se prolongó hasta que la Revolución de los Claveles lo enterró de una tacada. La distancia se agrandó cuando Gil se refugió en Francia para huir de la noche oscura del régimen que inauguró Salazar en 1933. Cambió las Matemáticas por la Filosofía en la Sorbona, en París, donde se convirtió en discípulo de Gilles Deleuze, vivió el Mayo del 68 y publicó sus primeros ensayos en francés. Y ahí surge la periferia idiomática, en la que se mantuvo hasta 2004 cuando escribió en portugués un libro referencial sobre la parálisis existencial de una sociedad formateada por cinco décadas de represión, Portugal, hoy. El miedo de existir. Ha sido profesor en el Colegio Internacional de Filosofía de París y catedrático de Estética en la Universidade Nova de Lisboa, donde dio su última lección en 2010. En su treintena larga de libros ha reflexionado sobre la filosofía del cuerpo, la estética en el arte o la poesía de Pessoa. Siempre ha esquivado la sobreexposición mediática en un país que fabrica comentaristas en serie, pero sin rehuir la reflexión política sobre el presente. Tras recogerlo en el portal de su casa, un edificio modesto de Alcántara, el barrio donde creció Amália Rodrigues y que aún resiste a los estropicios del turismo, conversamos en un café pequeño y ruidoso. Vaticina un futuro sombrío y totalitario si no se reinventa la democracia y se prioriza la lucha climática.
Entrar en la vivienda-estudio de Joaquim Aubert Puigarnau —Kim por su nombre de guerra— en el Eixample barcelonés es ir a parar a una babilonia multicolor de viñetas, papelotes, libros, cuadros, lápices, pinceles y cachivaches varios. Ahí el retrato de dos putas en un portal del Barrio Chino, al lado una pintura del histórico Café Zurich de plaza de Cataluña, enfrente una cama encajada entre estanterías, al fondo la terracita con vistas a la catedral, la Torre Agbar y el patio de un colegio, al lado el ‘minúsculo’ estudio de trabajo con la mesa inclinada. Y en un recodo… un cartel de la Legión y una carta dedicada desde la cárcel por el teniente coronel Antonio Tejero Molina-quieto-todo-el-mundo (no se alarmen, Tejero, como otros paladines y simpatizantes del fascismo celtibérico, acabó amando a Kim gracias a su personaje-fetiche de Martínez el Facha, parido en las páginas del semanario El Jueves en 1977, los designios del Señor son, ya se sabe, inescrutables). Y, por supuesto, revistas y revistas, y carpetas y carpetas apiladas llenas de las ilustraciones que este barcelonés de 84 años hizo para combativas y transgresoras publicaciones del posfranquismo, de Vibraciones a Por Favor y de Mata Ratos a Rambla, Makoki… y, claro está, El Jueves, de la que fue miembro fundador.
Pocos visitantes al pueblo piamontés de Ivrea se imaginan que en el extrarradio de este enclave milenario se alza la memoria viva del primer Silicon Valley de la historia. Es el centro espiritual de un proyecto que amalgamó a partes iguales innovación, producción humanista y urbanismo ético. La idea fue madurando desde principios del siglo XX en la mente de Camillo Olivetti (Ivrea, 1868 - Biella, 1943), el patriarca de una saga de ingenieros de la burguesía local con raíces judías. Pero no fue hasta mediados del siglo pasado que la semilla floreció. La firma se convirtió en los cincuenta y sesenta en la mayor fabricante europea de máquinas de escribir y, más tarde, pionera de los primeros ordenadores personales y otros artilugios de informática.
La enrevesada historia del príncipe Enrique, el hijo menor del rey Carlos III de Inglaterra, con sus negocios y obras benéficas no hace más que complicarse una y otra vez. Ahora, en una nueva y sorprendente vuelta de tuerca, la fundación que creo él mismo en honora la labor humanitaria de su madre, Diana de Gales, y cuya presidencia abandonó hace un año, le ha demandado ante los tribunales. Desde Sentebale le acusan de ser nada menos que “el artífice una campaña de comunicación adversa, con un significante impacto viral, que ha desencadenado una avalancha de ciberacoso contra la organización y sus dirigentes”.
El Patronato del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el mayor centro del cáncer en España, ha acordado este viernes por mayoría absoluta dar el visto bueno al nombramiento de Cristina Navarro Enterría como nueva directora gerente de esta fundación. Es la primera mujer que se pone al frente de esta dirección del CNIO. Sin embargo, el nombramiento se produce en plena investigación de la Fiscalía Anticorrupción por una presunta trama que habría podido robar hasta 20 millones de euros en dinero público.
En España, uno de cada ocho jóvenes deja el sistema educativo sin completar estudios postobligatorios. Detrás de ese dato —un 12,8% de abandono escolar temprano en 2025— hay una transformación profunda: hace apenas 15 años, la cifra superaba el 30%, y todavía en 2015 se situaba en torno al 20%. La caída ha sido sostenida y significativa, hasta alcanzar el nivel más bajo de la serie histórica; pero ese progreso no cuenta toda la historia.
Los ataques contra depósitos de petróleo y refinerías en torno a Teherán (Irán) han generado estos días enormes columnas de humo y lo que los residentes han descrito como “lluvia negra”, una manifestación visible de la combustión de crudo, combustibles pesados y materiales industriales. Estas emisiones incluyen partículas finas, carbono negro, óxidos de azufre y nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles y otros contaminantes altamente tóxicos, entre ellos sustancias cancerígenas como el benceno.
¿Y si hubiera un “Ozempic natural”? Una sustancia con todos los beneficios que han probado los fármacos basados en GLP-1, pero sin sus contraindicaciones. Sería una panacea que algunas marcas e influencers en las redes sociales quieren atribuir a un complemento llamado berberina. Aprovechan que este suplemento ha demostrado algunos beneficios metabólicos, pero no es Ozempic, no actúa como Ozempic y no sirve para lo mismo.
Las modas pasan, pero Alaska y Nacho permanecen. María Olvido Gara Jova (Ciudad de México, 62 años) e Ignacio Juan Canut Guillén (Valencia, 68 años) se conocieron en 1977, cuando ella tenía 14 años, y él, 19. En vísperas de la explosión de la Movida madrileña, formaron la banda de punk rock Kaka de Luxe junto a Carlos García Berlanga, Fernando Márquez, Manolo Campoamor y Enrique Sierra. Tras su disolución, crearon Alaska y los Pegamoides. A comienzos de los ochenta, con la eclosión del pop español, se convirtieron en los “archirrivales” de Mecano. Luego vino Dinarama y, desde 1989, Fangoria. A lo largo de este casi medio siglo han hecho de todo: rock, punk, pop, electrónica, dance. Sus estilos cambian, pero ellos siguen siendo los mismos. Una década después de Canciones para robots románticos, vuelven con un nuevo LP, La verdad o la imaginación, un regreso al sitio del que nunca se han ido, puro y duro eurodance.
“Lleno, por favor”. Cuando me detenía a repostar en una gasolinera, solía regresar a la carretera con el depósito a rebosar. No se trataba solo de posponer al máximo el siguiente repostaje; con ello, también buscaba sentir un halo de plenitud. Hoy ya no dispongo de coche, pero puedo reconocer aquella sensación en otras situaciones. Pienso, por ejemplo, en las celebraciones navideñas, cuando la abundancia se torna sinónimo de generosidad y, al tiempo que las mesas se llenan de suculentos platos, en los salones de las casas se amontonan los regalos. Ambas situaciones calman y colman los apetitos, de ahí que ambas situaciones despierten una sensación de plenitud.
Estas bolitas de calabacín son una suerte de albondiguillas vegetales, unidas con huevo como cualquier albóndiga, pero con el calabacín como estrella de la función. El calabacín se ralla y se escurre a conciencia antes de formar la masa, que ya sabemos que contiene muchísima agua. Con huevo y pan para amalgamar, y un especiado con gracia, estas bolitas son una delicia que, como todos los bocados pequeñicos, te resultarán un poco adictivas.
En menos de una semana, el rapero Kanye West (Atlanta, Georgia, EE UU, 48 años), también conocido como Ye, ha sufrido un duro varapalo comercial y también una gigantesca inyección millonaria a sus ya desmesuradas arcas. Por un lado, el gobierno de Reino Unido le ha denegado el permiso para viajar al país con motivo de su actuación el próximo junio en el festival Wireless, que iba a encabezar durante tres noches. La administración ha argumentado que “su presencia no iba a ser favorable para el bien público”, como condensación rápida de los muchos problemas que apareja su figura, a destacar sus manifestaciones públicas inequívocamente nazis (con una canción titulada Heil Hitler, de hace menos de un año, además de otras acciones como la comercialización de camisetas con esvásticas) y antisemitas.
Donald Trump pasó de amenazar a Irán con destruir su civilización milenaria a anunciar una tregua de última hora. Después de semanas de bombardeos, miles de muertos y una región al borde del colapso, todavía no está claro para qué ha servido esta guerra, ni quién puede decir de verdad que ha ganado algo.
El Ministerio de Vivienda ha puesto en el punto de mira la nueva ley urbanística de la Comunidad de Madrid al considerar que abre la puerta a un modelo más próximo al mercado que al interés público. El departamento que dirige Isabel Rodríguez ha presentado alegaciones a una norma impulsada por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso que, bajo el paraguas de la agilidad y la simplificación, introduce cambios de calado en el control del suelo y la planificación urbana. Según explica una nota del ministerio a la que ha tenido acceso este periódico, esas modificaciones abren la puerta a la “especulación”, a la “privatización del suelo” y a los “pelotazos urbanísticos”.
En un par de años, Lectura fácil, una novela de Cristina Morales, cumplirá una década. Su irrupción en el mercado causó mucho revuelo. En el texto se alternaban voces muy distintas que entraban y salían de temas complejos con gracilidad. Esos asuntos abrían el diálogo social a debates en torno a la farmacologización forzada, la locura y la diversidad funcional, tanto motriz como psicológica, en un grupo de mujeres dentro de una jaula. El estilo era —y es— voluptuoso, se acercó con mucho descaro al lenguaje, y la lente de aumento desde la literatura hacia la realidad generó una incomodidad nueva en el lector. Todo era estupendo, vale, pero ¿podría esa forma de narrar sostenerse en el tiempo?
Muere, papá Greta García Tránsito, 2026 120 páginas. 23,95 euros