“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Resumiendo: sí, me gustó Sinners, y eso que iba con mucha reticencia por los vampiros”. Miquel Jurado apura su café en este Starbucks barcelonés en el que sólo con mucha imaginación te puedes creer que estás en un juke joint del Misisipi, esos locales de los negros del sur de Estados Unidos, a menudo en viejos graneros, donde se podía oír música, bailar, beber comer y hacer apuestas mientras te esperaba afuera aviesamente el Ku Klux Klan para colgarte de un árbol junto a su cruz en llamas (escúchese el tema Strange fruit, de Billie Holliday). Claro que para dar ambiente ya está aquí Miquel, un hombre que ha viajado al lado oscuro e incluso a la encrucijada del diablo (de hecho a dos) como los personajes de Sinners, la película que recientemente se ha llevado cuatro estatuillas en la última ceremonia de los Óscars de Hollywood.
Emilia García Fernández, La Pixarra, entra de la mano de Michael Robinson en el Carlos Tartiere. Dentro, ya sobre el césped, la anciana, una de las primeras seguidoras del Oviedo, se come a besos al inglés, al que llama “mi nieto”. Es una de las imágenes recuperadas por los herederos del exfutbolista y comentarista fallecido en 2018 para el Informe Plus (Movistar) dedicado al centenario del club y titulado con su histórico lema: Orgullo, valor y garra. El equipo del programa, fiel al espíritu del Informe Robinson, en el que el fútbol era una excusa para hablar de la naturaleza humana, supo ver una buena historia en la lealtad oviedista, ese vínculo ya secular entre la capital del Principado de Asturias y su afición inquebrantable: en la riqueza, cuando eran los peces grandes los que iban a pescar jugadores a aquel equipo de provincias; y en la pobreza, cuando el entrenador Antonio Rivas convirtió los retretes del Tartiere en su despacho porque no había dinero para pagar los recibos y aquel era el único sitio con luz de todo el estadio. “Nunca vamos a dejar de ser del Oviedo”, explica Andrea Suárez, bisnieta de La Pixarra ante las cámaras de Movistar plus +. “Esté donde esté y pase lo que pase”, añade, por si hubiera alguna duda. Emilia García Fernández murió en 2006, a los 99 años. Unos meses antes, directivos del equipo se acercaron a la residencia en la que estaba ingresada para rendirle un homenaje. Ella, que ya casi no reconocía a sus familiares, los recibió tarareando el himno del Oviedo. Por supuesto, a sus tataranietos no se les ha ocurrido vestir otra camiseta que no sea la azul.
Estoy en México, donde a menos de tres meses de su inicio, ya empieza a jugarse el próximo Mundial. El torneo se filtra en conversaciones, anuncios y tertulias televisivas. Y, por supuesto, en el escenario por excelencia: el ya mítico estadio Azteca. Renovado por razones de comodidad, de seguridad y de modernidad, sigue siendo reconocible en su esencia, elevando su estructura imponente al sur de la Ciudad de México. El negocio no permite que se detengan ni siquiera los estadios que son leyenda.
El nuevo álbum de Robyn suena a Robyn. Podría parecer un reproche, pero es un halago. Sexistential llega ocho años después de Honey (2018) y 16 después del celebradísimo Body Talk (2010). Ocho años de intervalo entre álbumes es un plazo holgado, pero la historia de Robyn, la artista, es siempre la de Robin Miriam Carlsson, la persona, nacida en Estocolmo hace 46 años. Y esa persona fue la que se encontró, en 2020, con la cancelación de parte de su gira debida al parón pandémico. “Me di cuenta de que pasaría tiempo hasta que volviera a lanzar un álbum, porque me metí en otros procesos”, explica por videoconferencia. “Uno fue cambiar de representante. Otro, mudarme de casa. Y empecé a plantearme la idea de ser madre. Mi forma de trabajo cambió. Normalmente suelo acabar mis canciones muy rápido. Y aquí todo era más laxo”.
SexistentialRobyn Konichiwa / Popstock!A veces, en la vida, no hace falta decir nada. Lo saben los adultos. Los aprenden pronto los niños. Y lo entienden cada vez más también los libros. Porque, en la selección de la mejor literatura infantil y juvenil de libreros de distintas Comunidades Autónomas para este mes, en muchos casos las palabras escasean. O incluso se ausentan. Poesías visuales, ilustraciones arroladoras, álbumes silenciosos. A veces, basta con una imagen. Y con la confianza de los autores en la inteligencia del público. Tenga la edad que tenga.
A Berghain se solía ir de fiesta. Ahora también se puede ir a ver arte. En la Halle am Berghain, monumental nave adosada al club más famoso del mundo —nueve metros de altura, pilares de hormigón y acero, escala de catedral industrial—, una estrella del arte europeo como Pierre Huyghe presentó hasta hace pocos días su última instalación, Liminals. Llegamos hasta allí caminando entre ruinas de la antigua RDA, con la utopía socialista transmutada en escenario de ciencia ficción distópica. Aun así, la vieja central eléctrica de los años cincuenta que alberga el club desde 2004 sigue en pie, más joven que nunca. En la oscuridad casi total del recinto, una pantalla gigantesca proyectaba un vídeo en el que una figura sin rostro avanzaba por un paisaje posapocalíptico, como si fuera un fondo marino devuelto a la superficie tras una catástrofe geológica.
Atraído por el misterio de lo cotidiano, el periodista Javier Cáceres lleva dos décadas persiguiendo a futbolistas profesionales retirados, leyendas eternas, respetables especialistas, próceres de barrio o memorables cromos perdidos, para someterlos al autoanálisis que supone toda discriminación: “¿Podría usted pintarme su gol más importante?”. Al cabo de más de 150 encuentros con las deidades, el autor publica El gol de mi vida (Libros Cúpula), una selección de dibujos única, obra hilarante, fronteriza entre el álbum de anécdotas y el tratado de antropología.
[Este artículo contiene spoilers de la película]
He pasado unos días de gran intensidad a la caza de un viejo nazi. En un ejemplo de nuevo-nuevo periodismo me he hecho acompañar de la IA, pero he de decir que las cosas no han ido como yo pensaba: hay que ver cómo la lía la IA. Todo vino de la lectura de La venganza de Odessa, la secuela póstuma de la célebre novela de Frederick Forsyth y también de haber pillado en Netflix una vieja película de 2001 en la que un tipo bastante patoso se recicla como periodista.
Durante el tiempo que permaneció sin respirar bajo el agua, el influencer Daniel Illescas intentó engañar a su mente. Mientras su cuerpo flotaba inmóvil, recreaba una rutina minuciosa: el sonido del despertador, su mano apagando la alarma, levantarse, ir al baño, lavarse la cara... “Pero después de cuatro minutos es imposible”, cuenta. “En un momento llegan las contracciones y sabes lo que estás haciendo”. Entonces ya no era momento de pensar, sino de aguantar.
Después de cada etapa de la Volta a Catalunya, varios ciclistas se quitan un pequeño aparato que llevan bajo el maillot, entre el pecho y la axila izquierda. Es el CORE, un sensor que mide la temperatura corporal en tiempo real, parámetros que ayudan a optimizar el rendimiento y prevenir el sobrecalentamiento, por más que todavía no existe la panacea para resolver esos momentos en los que el cuerpo entra en estado febril por el esfuerzo y el calor.
Noelia Castillo murió después de 601 innecesarios días de sufrimiento y humillación en los que le fue negado ejercer su derecho soberano debido al sabotaje constante de la fundación de ultraderecha Abogados Cristianos. Su caso, judicializado y televisado, ha desatado el debate sobre el derecho incuestionable a una muerte digna. Y para mi sorpresa, no ha abierto el urgente debate sobre el derecho a una vida digna de los niños y adolescentes. Y por vida digna entiendo una donde el dolor psíquico esté atendido. En estos días hemos conocido que la infancia y adolescencia de Noelia estuvieron marcadas por el dolor psíquico. Y hasta donde sabemos, dado que Noelia era española y no era rica, lo más probable es que no tuviera acceso a la atención psicológica que necesitó.
Un conseller del ram, el nom del qual és millor haver oblidat, va dir fa pocs anys —això no ho hem oblidat— que, a partir d’un moment que no va precisar, els universitaris que volguessin estudiar grec i llatí s’ho haurien de pagar de la seva butxaca. Se suposa que aquest conseller ja trobava prou mostra de munificència el fet que un govern, ja el català ja l’espanyol, pagui cap al 90% del cost de les matrícules en un establiment públic, i devia trobar aquest dispendi del tot inconcebible si allò que es sufragava eren estudis d’una cosa tan “inútil” com el grec i el llatí clàssics. (No són llengües mortes, perquè han sobreviscut gràcies als manuscrits i els llibres estampats; i són ben vives entre els que es dediquen als estudis clàssics, els millors que pot triar un estudiant de lletres avui dia, tota vegada que aquests sabers encara no estan contaminats per les abundoses, modernes ximpleries derivades dels cultural studies i de tot el políticament correcte: les diferències de gènere, el colonialisme —la Grècia clàssica no el va conèixer; l’hel·lenisme, sí—, o els sacrificis d’animals, costum religiós molt habitual a Grècia i Roma.)
Pocos son los inquilinos que no han tenido que pasar en algún momento de su vida por el filtro de un estudio de solvencia económica de una empresa de alquiler garantizado o por el escrutinio de un seguro de impago. Estas dos herramientas se han convertido en las mejores aliadas para los propietarios que arriendan sus viviendas.
Molina de Aragón tiene un nombre que se presta a confusión. En 1788, el científico alemán Abraham Gottlob Werner llamó aragonito a un mineral descubierto aquí pensando que procedía de Aragón, cuando debería haberlo bautizado castellanito, porque esto era entonces Castilla la Nueva, y hoy es Castilla-La Mancha, concretamente la provincia de Guadalajara.
El 1 de abril de 1956, el próximo miércoles hace 70 años, un grupo de universitarios hizo un llamamiento a la oposición al franquismo. No era un manifiesto normal de “los abajo firmantes”. En él aparece por primera vez un sujeto colectivo que se autoidentifica como “nosotros, hijos de los vencedores y de los vencidos”. Esa fue la novedad y la sustancia del documento que, entre otras cosas, decía, tal y como refleja el historiador Santos Juliá en Nosotros, los abajo firmantes (Galaxia Gutenberg, 2014): “En este día, aniversario de una victoria militar que, sin embargo, no ha resuelto ninguno de los problemas que obstaculizaban el desarrollo material y cultural de nuestra patria, los universitarios madrileños nos dirigimos nuevamente a nuestros compañeros de toda España y a la opinión pública. Y lo hacemos precisamente en esta fecha —nosotros, hijos de los vencedores y de los vencidos— porque es el día fundacional de un régimen que no ha sido capaz de integrarnos en una tradición auténtica, de proyectarnos a un porvenir común, de reconciliarnos con España y con nosotros mismos”.
Jaraneros y alborotadoresSería absurdo, además de falso, considerar que los detenidos por los sucesos de febrero de 1956 y los autores y primeros firmantes del Manifiesto del 1 de abril eran demócratas partidarios de una monarquía constitucional como la que ahora vivimos, y que por ella lucharon y sufrieron persecución, cárcel o torturas. El mismo mito ha formado parte de algunas de las historias escritas u orales sobre los protagonistas de la Transición. La realidad es que la mayoría de los estudiantes organizados redujeron poco a poco sus aspiraciones y convirtieron sus programas de máximos en programas de mínimos: ingresar en la comunidad europea, lo que significaba el desarrollo de todas las libertades y de un Estado de bienestar universal desconocido en otras partes del mundo. Esa ha sido su última utopía factible.
Lo resume Pradera de este modo tan directo: nuestro modelo era la democracia, pero no la representativa sino la revolucionaria; nuestro panteón no lo formaba la revolución americana, sino la francesa, las europeas de 1948, la Comuna de París, la revolución rusa de 1905 o la de Octubre de 1917. Nuestras lecturas no eran Locke o Montesquieu, Jefferson o Madison, Aron o Tocqueville, sino Rousseau, los jacobinos, Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, Sartre o Fanon; nos movilizaban la descolonización, la guerrilla urbana, Argelia, Cuba, Vietnam, el movimiento de los derechos civiles y de los panteras negras. Nuestros temas de conversación no eran la separación de poderes, el imperio de la ley, los sistemas electorales, la independencia del poder judicial, la alternancia en el poder o la protección de las minorías, sino el derrumbamiento del capitalismo, la vía parlamentaria de acceso al socialismo de Salvador Allende, los debates de la II y III Internacional, la conversión del valor de uso en valor de cambio, etcétera.
De este abigarrado mobiliario ideológico, cualquier proyecto político que no diese por supuesto el restablecimiento de la República, un breve proceso de transición hacia una economía planificada y las instituciones de una democracia popular carecía de hueco.
La Transición fue un milagro.
Para Ángela Cervantes (Barcelona, 33 años), estos han sido unos meses frenéticos. Su nominación al Goya a mejor actriz protagonista por La furia, en la que da vida a una joven que busca recomponer su vida tras sufrir una agresión sexual, la sumió en esa espiral de presentaciones, pruebas de vestuario y entrevistas que pone a prueba la resistencia de cualquiera. En su caso, pese a que esta es su tercera nominación en menos de un lustro —prueba del lugar central que ha conquistado en el cine español—, el reto se intensifica por su carácter reservado. “Echo de menos cosas de mi rutina como hacer ejercicio, cocinar rico o pasar tiempo con la gente que quiero porque este trabajo te hace desaparecer mucho. También soy bastante solitaria: a veces lo único que quiero es estar sola en casa y descansar”, explica. Ese deseo de recogimiento, sin embargo, convive con un momento profesional en plena expansión. Lapönia (en cines el 1 de abril), comedia que adapta el exitoso montaje teatral, sitúa a Cervantes en el centro de un conflicto familiar navideño repleto de tensiones y verdades incómodas. El anhelado descanso, de momento, tendrá que seguir esperando.
EstilismoPaula Delgado
Maquillaje y peluqueríaRebeca T. Figueroa (Another Agency) para Dior Beauty
ProducciónCristina Serrano
Asistente de estilismoJoana Real
Asistente de producciónMarina Marco
El tremendo embrollo político vivido en el Capitolio de los Estados Unidos este viernes no ha servido para desbloquear el cierre presupuestario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en sus siglas en inglés), que está sin fondos desde el pasado 14 de febrero, mientras que miles de funcionarios federales encadenan varias semanas sin cobrar sus salarios.
“Desde Eva ninguna manzana había representado una tentación tan grande”. La célebre frase atribuida a un periodista de The Wall Street Journal con motivo de la salida a Bolsa de Apple Computers en 1980 sigue vigente hoy en día, cuando la compañía fundada por Steve Jobs y Steve Wozniak el 1 de abril de 1976 en el garaje de sus padres en California está a punto de cumplir 50 años en perfecto estado de salud financiero, pero con múltiples retos por delante que auguran un futuro complejo.