“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
“Año de la unidad, la paz y el desarrollo”
Hay un debate global en curso sobre la democracia, y también está ocurriendo en España, con el foco en América Latina. No es una disputa académica, sino un conflicto sobre qué voces existen políticamente, quién las reconoce y con qué criterio. Mientras Lula aterrizaba en Barcelona para reunirse con una docena de líderes progresistas, Ayuso espetaba a Vox en la Asamblea de Madrid: “La región está de moda”. Presentaba su proyecto político como categoría de consumo y lifestyle: Madrid como marca aspiracional, un espacio que sustituye ciudadanos por consumidores. En Madrid “caben todos los acentos”, señaló frente a Vox. Pero lo suyo no es generosidad, sino pura gestión de marca. Vox estropea el producto con su tosquedad mientras ella finge cuidarlo. El inmigrante que cabe es el que no desafina en el escaparate, y su acento es literalmente la marca sonora del origen. Suena inclusivo, pero es reconocimiento selectivo disfrazado de apertura. Ayuso no es antilatinoamericana; es selectivamente latinoamericana. Elige qué América Latina reconoce: la de los empresarios venezolanos del Barrio de Salamanca, la de los que llaman dictadora a Sheinbaum. Al contrario que Feijóo, Ayuso no espera a gobernar España para tener política exterior. Y no la construye desde los cauces convencionales sino desde el mismo circuito donde Meloni y Milei forjaron su proyección: una internacional que no necesita instituciones porque piensa que son el enemigo.
Antonia dio un suspiro, que fue el último, y se marchó tan discretamente como había vivido. Pero sus frases flotan ahora en nuestra memoria. Antonia decía, “Ave María Purísima”, cuando entraba en una casa, y “Que la Magdalena os guíe”, cuando nos íbamos. La imaginabas luego sumida en sus recuerdos. Los recuerdos de Antonia podrían parecerse a los de tantas mujeres anónimas que vieron interrumpida su niñez por la guerra. Nacida seis años antes del 36 tuvo que abandonar la escuela y rumió para siempre el complejo de quien no sabía leer con fluidez y escribir con soltura. Se decía de esa generación que trabajaba en sus labores, entendiendo que las labores de una mujer eran sinónimo de no trabajar verdaderamente, pero Antonia, como tantas otras, cargó como una mula con los hijos, con la casa, con la recogida de la oliva, y con procurar a la caída de la tarde y al amanecer el bienestar de los hombres, porque para ellas los ratos de ocio no estaban previstos en el contrato nupcial.
1. Tras la publicación por parte de la NASA de la lista de reproducción escogida por los astronautas de la misión Artemis 2 —diez canciones que les sirvieron de despertador durante los primeros días del mes de abril—, se ha difundido con gran entusiasmo el papel de dichas canciones, con especial predilección por Under Pressure de Queen y David Bowie. No es de extrañar, ya que es un tema que sigue siendo tan actual hoy como si se hubiera compuesto ayer mismo. Pero no fue por simple espíritu de contradicción por lo que yo opté por melodías muy diferentes para acompañar esos momentos tan extraordinarios. Preferí, en cambio, recordar Lua Bonita en la voz llena de saudade de Raúl Seixas, cada vez más escuchado y más querido.
Esta es la historia de un máster, una asesora y dos cartas. La historia de la Universidad Complutense, La Moncloa y algunas empresas del Ibex-35. De un juez polémico y de dos años de imputación de la esposa del presidente del Gobierno. Si con esta historia hoy hubiera que escribir un relato de hechos probados para una condena o una absolución —atendiendo a los más de 5.000 folios (28 tomos de información) que componen el sumario— sería una tarea ardua. La versión y la visión del juez instructor Juan Carlos Peinado y de Begoña Gómez sobre la conducta de esta última son diametralmente opuestas. Algo que puede ser común en muchas causas. Y algo que no lo es tanto: los tres abogados de las defensas acusan abiertamente al magistrado de mentir y retorcer los hechos para que encajen en el Código Penal. Además, los letrados que ejercen la acusación (la Fiscalía pide el archivo) ni siquiera están de acuerdo en qué delitos deben ir a juicio y quiénes deben sentarse en el banquillo.
Es junio de 2021 cuando, sentado con un enorme archivador repleto de papeles sobre las rodillas, el inspector jefe Manuel Morocho desgrana ante el magistrado Manuel García-Castellón la infinidad de perrerías que le hicieron dentro de la propia Policía Nacional para que sus averiguaciones sobre el caso Gürtel no llegaran a buen puerto. El principal investigador de la trama de corrupción que anidó en el corazón del PP, minucioso y exhaustivo, ofrece durante horas al juez los detalles de cómo varios de sus superiores se alinearon con las presiones políticas de los conservadores para ralentizar sus indagaciones, sacar nombres clave de sus informes (como el de Mariano Rajoy), apartarle de su unidad e, incluso, tratar de comprarlo con un destino mejor. “Hablando claramente, se buscaba una situación que fuera insostenible personalmente y profesionalmente para que yo abandonara la investigación y les dejara expedito el campo para que pudieran manejarla como ellos pensaban hacer”, remacha Morocho.
Magistrado en excedencia, catedrático de Derecho en la Universidad de Sevilla y doctor por la de Bolonia, letrado del Tribunal de Justicia de la Unión Europa, socio de prestigiosos bufetes de abogados… Nadie, tampoco compañeros de facultad a gran distancia ideológica, cuestiona la trayectoria y los conocimientos jurídicos de José María Sánchez García. El currículo del diputado de Vox reluce, sobre todo cuando le expurga algún borrón, como un fugacísimo y nada exitoso paso por el primer Gobierno de Aznar, en 1996, de la mano de un PP al que ahora ataca sin piedad.
La política económica del Gobierno de coalición ha sido muy criticada por los empresarios españoles. “Intervencionista”, “contraria a la unidad de mercado”, “propia de regímenes autoritarios”, “asfixia normativa” o “trilera” son conceptos empleados por la CEOE para definir distintas propuestas del Ejecutivo en los últimos años. Esa críticas no se han repetido ante el instrumento para la regularización masiva de extranjeros pactada con Podemos, aprobada en el último Consejo de Ministros y que prevé formalizar la situación de en torno a medio millón de personas que ya residen en España. La organización que preside Antonio Garamendi no ha emitido un comunicado para valorar la medida, que apoya con algunas reservas, frente al respaldo entusiasta de la mayoría de patronales sectoriales consultadas por este periódico. La construcción, el campo, la dependencia, la hostelería o el transporte se frotan las manos ante las potenciales contrataciones que facilitará la regularización y que, consideran, ayudarán a sus negocios.
Apoyo sindicalUGT valora “positivamente” la propuesta de regularización de extranjeros. “Desde el punto de vista humano y de derechos, ninguna persona es ilegal”, indica el sindicato liderado por Pepe Álvarez en el comunicado que emitió al conocerse la decisión. “La regularización es un paso para afrontar la gran bolsa de empleo irregular que existe en nuestro país, que es estructural, parte del sistema de acumulación de beneficios en algunos sectores y genera espacios de explotación laboral”, agrega UGT, que reclama dotar de recursos extraordinarios a los servicios públicos de extranjería.
CC OO también reacciona con entusiasmo a la regularización. “En la derecha son perfectamente conscientes de que las personas sin papeles son vulnerables. Y no quieren ciudadanos, quieren esclavos. Es más fácil explotar a un temporero cuando no te puede denunciar”, dijo recientemente el jefe de CC OO, Unai Sordo. Considera que algunas patronales están de acuerdo con este tipo de regularizaciones porque “saben que pueden ser una herramienta para tirar a la baja los salarios”. “Esto hay que evitarlo y se puede evitar. Hay que garantizar la aplicación de convenios colectivos y esto se hace mejor si están legales que irregulares. Es un desafío de país que requiere intensas políticas públicas”, añadió. El sindicato ha anunciado que habilita sus sedes para ayudar a los migrantes que pidan la regularización y que activará vías de información telemática.
A inicios de siglo, cuando se mudó a España con 28 años, Alina Tudose se sintió invisible. Esta enfermera, que ahora tiene 53, tomó un bus en el año 2000 desde Buzau —en el sureste de Rumania— y arribó a Castellón, en la Comunidad Valenciana, con un visado alemán que le había costado mil marcos (unos 500 euros). Llegó solo con un trozo de papel y un número de teléfono, sin hablar ni comprender el idioma. “No existía, era invisible. Y eso que mido 1,78”, cuenta. Para remediarlo, aprendió español limpiando casas, fregando hoteles y cocinando en bares, los trabajos con los que se ganaba la vida. Fueron casi cuatro años de “desesperanza y frustración” hasta que logró homologar sus estudios como sanitaria. “Fue una alegría enorme”, dice Tudose, quien ahora lleva 25 años viviendo en el país del que hace un mes por fin es ciudadana.
El cerebro de una mosca tiene el tamaño de un grano de arena, pero la neurocientífica española Lucía Prieto Godino está convencida de que ese órgano diminuto esconde claves del colosal sistema nervioso humano, capaz de crear El Quijote, la vacuna de la viruela y la pirámide de Keops. La investigadora, nacida en Madrid hace 42 años, dirige en el Instituto Francis Crick de Londres su propio laboratorio, dedicado a estudiar los circuitos neuronales: las conexiones entre células de las que dependen los pensamientos, los recuerdos y los comportamientos. “En los últimos años hemos aprendido muchísimo sobre cómo funciona el cerebro, pero todavía no entendemos casi nada sobre cómo evoluciona. Esa es la gran pregunta de nuestro laboratorio”, proclama.
Hace un par de semanas, brujuleando por X, me saltó uno de sus desternillantes monólogos interpretando a un pijo, pijo, vasco, vasco entre tierno y cascarrabias, luchando por la “integración de la gente normal”. Le escribí ipso facto por Instagram para proponerle una entrevista. Contestó al minuto: acababa de regresar desde Bilbao, donde nació y prosperó, a Miami, donde vive con su esposa y sus tres hijas asesorando a ricos y famosos a “gestionar el éxito”. Pero tenía previsto regresar al País Vasco para asistir al octogésimo cumpleaños de su padre, y no le importaba pasar antes por Madrid para vernos. “Será por pasta”, bromeaba a medias. Dicho y hecho. Así que aparece en la Redacción de EL PAÍS 10 minutos antes de lo acordado, cargado de regalos: unas gafas como las que él utiliza en sus monólogos y una camiseta con la leyenda “Soy una pija aspiracional” para la entrevistadora, la primera en la frente, y un libro precioso: Humano. Un volumen de sus poemas ilustrado con pinturas de su amigo José Bellido, que se autoeditó en 2013 con una idea muy concreta: dejarles a sus hijas algo bello como legado aunque no vendiera un ejemplar ni a los íntimos. Tiene un ojo verde y el otro pardo. Camaleónico sí parece.
LEO Y SUS AMIGOSLeo, Leonardo, es el personaje principal con el que Ignacio Isusi (Bilbao, 54 años) ha creado una saga de arquetipos sociales de la buena sociedad a la vez en lucha contra la ordinariez y a favor de la integración social a través de una desternillante Plataforma por la Integración de la Gente Normal. El empujón de nombres notables del mundo de la cultura, como el escritor Arturo Pérez-Reverte y el cineasta Santiago Segura, ha sido determinante para el despegue de esa serie que lleva unos meses creciendo seguidor a seguidor en YouTube, X e Instagram. Detrás de todo ello, el talento interpretativo y creativo de Isusi, un abogado y empresario vasco que dice haber encontrado su sitio en el teatro y la actuación pasados los 50 años. En junio, estrena en el teatro Muñoz Seca de Madrid la obra Las cenizas de mamá. Cuenta los días.
El viejo orden internacional se derrumba y, en el campo de ruinas de las guerras ilegales y vulneraciones de los derechos humanos, el nuevo desorden amenaza con multiplicar los riesgos y catástrofes para la humanidad. La cumbre de líderes progresistas convocada este fin de semana en Barcelona por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha aportado algunas respuestas en defensa de la democracia, el multilateralismo y la igualdad, aunque este esfuerzo difícilmente será eficaz si no se ensancha más allá del campo progresista.
No nos engañemos. Alberto Núñez Feijóo es la ultraderecha, pues se comporta como si lo fuera: la existencia es la esencia. Él le abre paso. Él la presenta en la buena sociedad y le enseña a besar la mano de las señoras. Él acuerda con ella sus programas. Él la legitima. Él es quien pacta con ella en provincias, que así no se infecta, sino sus Guardiolas. Quien la entroniza donde pueda, a ver si le pagan con igual duro sevillano y le insertan en La Moncloa, su pasión única.
Treguas frágiles, temporales e incluso contradictorias, en vez de un alto el fuego generalizado y luego la paz que merece la región. Romper treguas es un antiguo y salvaje deporte que todos practican allí donde una forma u otra de guerra persiste desde hace al menos cien años. Pese a su precariedad, su inicio es un momento de alegría y esperanza que explota en las calles y apenas empaña la obstinación de quienes la consideran compatibles con su derecho a seguir bombardeando, demoliendo viviendas y ocupando territorios ajenos, como hace Israel, o lanzando misiles contra el país vecino, como Hezbolá.
Seyed Hossein Mousavian. 'America and Iran’s Long Road to Peace'. ('Foreign Affairs', 17 de abril). David Remnick. 'A Genocide Scholar Asks ‘What Went Wrong’ in Israel'.('The New Yorker Radio Hour'. 17 de abril). Tanya Goudsouzian e Ibrahim al-Marashi. 'Oriente Medio se adentra en su primera Gran Guerra: un nuevo orden posible'. (Real Instituto Elcano, 16 de abril).Mohsen Milani. 'Iran’s Rise and Rivalry with the US in the Middle East'. (Oneworld Publications. 2026).Dos días antes de la disolución anticipada de la Asamblea, María Guardiola subió al escenario del Gran Teatro de Cáceres. Sábado 25 de octubre. El aforo del teatro, que se inauguró hace exactamente un siglo, es de 553 personas. Minutos antes, en la calle San Antón, había una cola considerable para entrar. No había para menos. Aquel iba a ser el evento cultural más vistoso del año 2025 en Extremadura: se iba a conceder el Premio de Novela de la Bienal Mario Vargas Llosa. En los meses anteriores, cuando se supo que la Junta patrocinaría aquel prestigioso certamen literario por 650.000 euros, la oposición hizo de oposición. Lo consideró “disparatado, sectario, opaco e innecesario”. No sé. Veo a las autoridades en primera fila y los finalistas sentados en un palco esperando el veredicto. Ganó el nicaragüense Sergio Ramírez, exiliado en nuestro país, uno de los nuestros.
Al hablar de ricos y pobres el lenguaje popular los distingue con adjetivos peculiares muy sutiles, así que al referirte a unos y a otros para marcar las diferencias deberías decir: los ricos se resfrían, lo pobres se constipan; los ricos tienen fiebre, los pobres tienen calentura; los ricos se enfadan, los pobres se cabrean; los pobres tienen hambre, los ricos tienen apetito; ante un regüeldo inesperado en la sobremesa los ricos piden perdón, los pobres dicen: ¡que aproveche!; los ricos obran, los pobres hacen de vientre; a los lavabos los ricos los llaman la toilette, los pobres el escusado; las joyas falsas que lucen los ricos parecen auténticas, y las auténticas que lucen los pobres siempre parecen falsas; los ricos pueden plantarse una flor en el ojal, los pobres aspiran con suerte a tenerla en el culo; los ricos al morir entregan el alma, los pobres se limitan a palmar y a estirar la pata; los ricos asaltan los bancos por el despacho del director en la séptima planta con un falso proyecto de negocio, los pobres lo hacen por la puerta que da a la calle con un pasamontañas y una pistola de plástico; al hablar por el móvil los ricos lo hacen con la mandíbula levantada porque lo usan para mandar, los pobres contestan mirando al suelo porque lo usan para obedecer; los pobres necesitan morirse previamente para ser los primeros en el reino de los cielos, los ricos ya gozan del cielo en la tierra por adelantado y al final también superan la prueba del camello que pasa por el ojo de una aguja; los ricos bautizan a sus grandes mansiones de campo con nombres humildes, el nido, la madriguera, la choza, el refugio, y sus yates se llaman el cangrejo, el renacuajo, el chanquete, en cambio los pobres para sus humildes chamizos eligen nombres fastuosos, el paraíso, el olimpo, el edén y para sus barcas de remos Poseidón, Argos, Apolo; en las guerras los pobres ponen bombas, pero los ricos bombardean. Y así hasta ver quién se sienta a la diestra del Dios padre.
Ocurre en el periodismo como con la maleza entre los cultivos: cuando no se cortan de raíz las malas prácticas, lo contaminan todo. En un periódico, la mala hierba es la imprecisión en el origen de las informaciones. Eso ocurre cuando, por un exceso de celo al proteger sus fuentes, el redactor utiliza muletillas que, pese a no aportar nada, pasan el filtro de la supervisión.
De todas las combinaciones químicas que se producen en una persona cuando se pone frente a una obra de arte, hay una que, tal vez, en pocas ocasiones, siente ese espectador. Es el trámite emocional que ha tenido que superar un director de museo, una comisaria, una coordinadora de exposiciones o de conservación hasta conjugar lo deseable con lo verosímil. Es decir, para llegar a ese consenso interior por el que los profesionales asumirán que esa obra que iba a cerrar el relato de una exposición se quede ahí, en la lista de aspiraciones. Es en ese momento cuando la ciencia prevalece sobre algunas pasiones (también las políticas) porque la pieza, por decenas de razones, no ocupará el espacio en esa pared. “Es importante que el público entienda que un cuadro no se pide, se enrolla, se mete en una caja y viaja”, sentencia Estrella de Diego, historiadora del arte y comisaria. “Antes de presentar la lista final, el comisario debe tener claro lo probable, lo imposible y lo que, siendo un préstamo difícil, se puede intentar solicitar”.
Rosario, Gemma, Marga y Melanie. Inquilinas de Barcelona afectadas por empresas del negocio inmobiliario. Hace un mes las cuatro quedaron para participar en la protesta contra el primer intento de desahucio de Txema, el vecino de Gràcia a quien el fondo de inversión New Amsterdam Developers (NAD) quiere echar de su casa. Ahora, tras la movilización popular, el rechazo del Ayuntamiento y la Generalitat, la mediación del Síndic de Greuges, que ha conseguido una tregua de tres meses, están convencidas de que el aplazamiento marca un antes y un después. Creen que los inquilinos han convertido Barcelona “en la capital de la lucha contra los colivings y la especulación”, y que que “se acabó la impunidad” con la que hasta ahora han actuado fondos que compran edificios, los vacían de vecinos y sustituyen los alquileres residenciales en alquiler de habitaciones o temporada.
Ahmed, de 35 años, originario del Sáhara Occidental, ha trabajado el viernes por la mañana en un hotel de cinco estrellas. Por la tarde, al finalizar su turno, ha regresado a la cabaña que se ha construido con maderas y cartones en un terreno salpicado de infraviviendas situado en la zona de Sa Joveria, junto al hospital de Can Misses de Ibiza. La historia de Ahmed es la de otros muchos y se replica desde hace años. Trabajadores que malviven en casetas construidas con maderas, en caravanas en dudoso estado de conservación o en tiendas de campaña compradas en una popular tienda de artículos deportivos. Cocinan al raso con bombonas de butano, cogen el agua para abastecerse de las fuentes públicas y se asean en polideportivos, gimnasios o en sus lugares de trabajo. Es el único recurso que decenas de personas han encontrado en una sociedad salvaje que reclama casi la totalidad del salario para obtener un alquiler legal.